miércoles, 24 de abril de 2013

Cecilia Collazo/Abril de 2013


                                  
                                     Detrás


                            Detrás de lo que tu boca calla
              se encuentran las miradas, los gestos, los detalles.

                 Eso que no puede ser dicho y expresa a la vez.
                       Son formas, sin palabras, sin lenguaje.

               Lo guardado para siempre o desde hace mucho.

                              Lo diario, lo cotidiano,
                los sentidos, lo oculto detrás de la vergüenza.

                                 Listo a ofrecerse,
                     como si no supiéramos que ocurre.

                     Pero acontece, no puede ser tapado.
               Negro y rojo a la vez, es pasión y es tormenta.

                                Descubrir tu mirada,
                                  es mi única tarea.

                                    Ese encuentro,
                        es fuego que quema lo que toca.

Gonzalo Carabajal-Buenos Aires, Argentina/Abril de 2013

“La paz de los nombres sin hombres”

Gracias por existir,
porque al hacerlo te busco, te intento
en lugares de muestras delgadas y viejas culturas

Cuando los fuegos se siguen a segundos,
entre telas blancas, aforrándote a tu esperanza,
mediando conquistas,
y hacer madurar a la competencia

Gracias por florecer,
en cada niño, árbol o verso
donde lo clásico es extraño pero domina

Multiplicas desde bases sin publicidad,
enaltezco tu sola fructificación

Gracias por estar,
sabiendo puro,
oliendo rico te pruebo

No hay versos que te sirvan
ni agradecimiento tan grande
¿qué alabanza será de tu importancia?
¿qué importancia que no creas las alabanzas?

Gracias por saber,
humanizar la cosificación digitada
llamas a tu enemigo el miedo
a luchar en sus centros

Vivir sin miedo es más fácil,
donde habitas te lo dicen
donde sigues luchando te imploran
¡ven que te quiero ver llegar¡
¡ven que te quiero con coraje¡

Te seguiré con una condición,
 entiéndeme soy humano
pero lo pido por todos;
no tengas hombres;
¡solo ten nombre!

¡Gracias por ser paz¡


Justina Cabral-Argentina/Abril de 2013

ESCARCHA Y NOCHE

Rosas de viento,
noches sin fondo,
cielo sin día,
luna de polvo.

Cuerpo flotando
sobre la muerte,
musgo en la sangre
que el agua bebe.

Almas sin alma
buscando nido,
frentes cubiertas
de refucilos.

Inciertos mundos
que no respiro
y otros tan ciertos
y tan finitos.

¡Un universo
que siento vivo
al trote llega
en un suspiro!



Miriam Brandan-Es argentina y reside en Estados Unidos/Abril de 2013

                                                  FANTASMA

Por las arenas desiertas de esta playa solitaria,
camino sin rumbo fijo, temprano en la madrugada.
La suave brisa me envuelve y me acaricia la espalda,
haciéndome recordar cuando mi amor me abrazaba.
Algunos me ven y corren… dicen que soy un fantasma…
yo solo espero a mi amado, que se marcho una mañana
rumbo al mar y aun no ha vuelto, dejándome desolada.
Mis ojos enrojecidos por las lágrimas saladas
vieron, apenas zarpo, como el mar se lo tragaba.
Entonces, enloquecida me arroje a las frías aguas
y al intentar rescatarlo… yo también fui devorada.
Desde entonces  no lo veo… no lo encontré bajo el agua,
por eso es que yo regreso a caminar por la playa
con la esperanza de hallarlo y ya no dejar que se valla.
Debe saber que en mi vientre un ángel pequeño estaba
esperando a que el regrese del mar esa madrugada,
pero las olas feroces, me impidieron que lo hallara.
Y aquí estoy desde ese día, deambulando solitaria,
mi largo vestido blanco se moja con estas aguas
que me ven pasar sin rumbo, temprano… cada mañana.

Sol Baral-Provincia de Mendoza, Argentina/Abril de 2013

El duelo



Elena tiene un hueco en la cama,

un espacio vacío, una mitad arrancada.

Sus fanales azules se ven grises y apagados,

cansados de habitarla.

El dolor la lleva por un sendero de huellas

que la deja perdida.

Y cuando vuelve del silencio,

toda su piel es como un ánfora vacía.

Elena calla. Elena herida.

Su compañero durante sesenta y cinco primaveras,

murió hace unos días.

Caducan blandas lágrimas por mejillas vencidas.

Y ella, sumida en un mar de tristeza,

se va entregando, como Alfonsina.


Victoria Asís/Abril de 2013

Palimpsesto

A partir de las letras de Cuauhtémoc Molina Monroy





Éxtasis


Es un concreto viaje a su espesura
el que realizo;
desde sus letras hacia el centro mismo
de mis pasiones.

Es al otro lado de la luna, en lo oscuro,
en la penumbra de lo incierto y anhelado
que se refugia mi piel sedienta de caricias.

La espera aumenta mi adrenalina,
al presentir  sus manos y su boca llegando
a saciar tantas ansias contenidas.

Y mi apertura, espacio de musgos y de efluvios
gozosa y en nocturnal alcoba ve la luz
que lo precede, se torna llama iluminando 
el encuentro que se funde en duplicado beso. . .


Alejandro Méndez Casariego/Abril de 2013

Prólogo de Alejandro Méndez Casariego para la edición electrónica y para la segunda edición (aumentada) soporte papel, del poemario “Desecho e Izquierdo” de Rolando Revagliatti.


***



DESE AL DIGESTO POÉTICO NACIONAL





La tentación de acotar mi comentario a estos textos de Rolando Revagliatti, de referirme específicamente a ellos y a sus características puntuales, es grande. Es lo que solemos hacer: ver qué hay aquí, en este corpus poético, cuáles son sus aristas más notables. En fin: describir esta obra en particular, haciendo malabarismos  para separarla del resto. Tal vez porque esta tarea me exceda, o porque hace tiempo vengo rumiando algunos aspectos más generales de la poética de Rolando, o incluso porque en este libro esté inequívocamente advertible la configuración relevante de su forma de decir,  pero sobre todo porque el autor  me lo permite, opto por abocarme a una lectura un poco más amplia.


Si tuviera que buscar una expresión concisa para definir la poesía de Rolando Revagliatti, afirmaría que se trata de una caricatura profunda. Caricatura, porque como en ese arte, se trata de exagerar la virtudes o defectos del objeto – o sujeto – retratado, de tal modo que, despojándolo de todo aquello que no es significativo, destaque lo que lo hace diferente de lo demás, lo que lo hace único. La ironía es uno de los recursos más eficaces para lograrlo. Pero la ironía no debe ser gruesa, no debe ser superficial, si lo que pretendemos es destilar la esencia;  no basta con señalar este o aquel rasgo, o con enumerar cualidades, atributos, comportamientos de mayor a menor, según un orden de jerarquía que establecemos desde una formulación caprichosa. El ojo del observador debe estar atento; a la manera de los yoghis, debe permanecer pasivo y alerta  ante lo que contempla. Pasivo, para no alterar con nuestro trajín, con nuestros forcejeos intelectuales, el flujo de lo que es y ocurre. Y alerta para no perderse nada. Sólo de esta manera el fenómeno se nos revela en plenitud. Hasta aquí, todo el esfuerzo previo: el poeta ha pesado, medido y evaluado su materia prima . Podemos imaginarnos a Rolando, como él mismo diría, “extasiado escudriñando” lo que pasa a su alrededor, como una lupa gigante que clasifica, desecha y selecciona, que no se conforma hasta llegar al meollo.

Al meollo intento remitirme yo también, entonces.

La poesía de Rolando no define cosas, no reflexiona sobre lo que ve, no saca conclusiones. Las personas y los sucesos discurren en su propio terreno, en su aura original, rodeados, impregnados por sus códigos, intocados por la parcialidad inevitable de aquel que cae en la tentación de contaminarlos con un toque de opinión o juicio. No ocurre ese distanciamiento fatal que la mediación produce a veces con el hecho por exceso de notoriedad del creador. Utilizando una expresión futbolística – que Rolando seguramente celebrará por lo futbolística, más que por lo acertada – el árbitro más presente es aquel que pasa más desapercibido; el mejor será el que logre que los únicos protagonistas sean los jugadores. Esta tarea no es fácil.

Con naturalidad o con esfuerzo – esos son los secretos más íntimos del poeta, en los que no conviene hurgar – Rolando evita detenerse en los porqués , en los porqués subjetivos de él, Rolando escribiendo- para entrar frontalmente en los qués. Están, sí, y en abundancia, los porqués de sus criaturas, pero ese es otro cantar. En este contexto, el qué vendría a ser algo así como “la cosa en sí”, lo que acontece sin necesitarnos más que como espectadores.


La profundidad  tiene mucho que ver con lo anterior. Según mi lectura, que a  mi entender no es más que otra lectura, la profundidad está lograda a través de la dualidad, la tensión angustiosa y obsesiva que prepondera en estos textos entre lo trágico y lo cómico de los sucesos de la vida. Solemos creer que una existencia mediocre se resalta por la ausencia de tragedia, por un transcurrir sin sobresaltos: el hombrecito gris portando una vida gris. La poesía de Rolando exhibe impúdica, implacablemente, la certeza de que en la mediocridad reside, emboscada o explícita,  la peor de las tragedias: la de no ser, y para colmo, no saberlo.

Dice en uno de los poemas, significativamente titulado “No concilio”:

“El desasosiego de la conservación
me templa tristemente”

para luego concluir

“Y mi no soñar
también miente
que estoy vivo

¡Recuérdenme!”



Tal vez el único posicionamiento serio para abordar ciertas encerronas, sea con la mentada ironía  porque la solemnidad resulta siempre sospechosa, o porque, si de mediocridad hablamos, lo más trágico es que resulte cómica. Lo sabemos aquellos que, un tanto distraídos,  caminamos papando moscas por la calle sin advertir el poste inoportuno: no nos duele tanto el golpe, por fuerte que sea, como la risa, apenas contenida, de los espectadores. Pero como en esos casos, en la escritura hay un recurso casi infalible,  hasta diría una sola alternativa: reírnos nosotros primero. Porque – y eso trasuntan los poemas de este libro – todos cargamos a cuestas a ese mediocre  Aquí impongo un aparte para poner en duda el menoscabo del  término utilizado: “mediocre”. Porque se trata, en definitiva, de ese punto medio, que a todos nos incluye, entre nuestras miserias y nuestra integridad.

Hay, en la obra de Rolando, una especie de tierna crueldad por sus personajes atrapados en esta trampa sofocante, desesperante de la vida. Sin juzgar -  porque ese es otro de los secretos que no se puede, ni es necesario, desentrañar – la impronta con la que el poeta se involucra en los temas, considerando el uso, como recurso o como verdadera comunión, de la primera persona en la mayoría de los poemas – cuando hay un tercero, en general, es un tercero referido a uno-, se percibe una íntima solidaridad, no tanto en el sentido de compartir los variados – y a veces aborrecibles – puntos de
vista de los sujetos retratados, sino en el conocimiento hondo, minucioso de la condición humana. Porque en esta sucesión de equívocos, bloopers, parodias e instancias absurdas, es en definitiva esta execrable y adorable condición humana la que nos salta al cuello, cuando vamos un poco más allá de la peculiar sonoridad o de los gags insólitos bajo cuyo envoltorio se nos expone.

Léase, ríase, llórese, archívese cuidadosamente y dese al Digesto Poético Nacional.





ALEJANDRO MÉNDEZ CASARIEGO
Buenos Aires, 2009