domingo, 21 de julio de 2013

Nilda Antonia Pigazzini-Argentina/Julio de 2013

LA MÁSCARA DEL ARTE

Sometidos de idealismo  limitamos los placeres,
Vivimos en soledad …
Perdemos la coordinada entre el espacio y el tiempo
Con máscaras de silencio disfrazamos las carencias
Aprendemos a ocultarnos a mentirnos …
Afectando, el arte de ser nosotros
Sin el valor a elegir… Por el temor a perder
Lo mediocre y vulnerable.
Escapamos del amor , el tiempo  la libertad
Somos restos ,  retazos de personajes
Prejuicios inapelables unidos por un cordón.
Caretas contaminantes .Nos enaltecen los premios
Vanidosos del aplauso , perfeccionamos coronas
Olvidando los valores ---
El ego es parte del juego, nos devora el personaje …
Personajes que deambulan sin valores rescatables
Cada vez mas solitarios ,cada vez más insondables
Somos…La sombra de aquellos ,
 los que guían el pincel  los que
 transportan   el lápiz …
Aceptamos con orgullo , la profesión  de  no ser
Y el dolor de no ser nadie .


Ascensión Reyes (comentario libro)-Chile/Julio de 2013

DE ALEJO CARPENTIER

            Alejo Carpentier Valmont, escritor cubano (1904-1980). Nació en Lausanne Suiza, hijo de padre francés y madre de origen ruso. A temprana edad, su padre quiso emigrar hacia América buscando nuevos horizontes, y Cuba fue el destino final. La familia vivió en el campo como clase acomodada y mientras su padre le enseñaba literatura, su madre lo iba adentrando en los secretos de la música. Su abuela materna fue una gran concertista y su padre también tocaba el chelo. Durante su infancia, pudo conocer de cerca la vida campesina, sus carencias y la opresión en que vivía aquella gente. Posteriormente siendo un joven de 17 años, el padre abandonó a su familia y debió dejar el colegio al que asistía y emigrar nuevamente al viejo continente, a Francia, donde terminó sus estudios musicales como becado. Allí tomo contacto con importantes intelectuales de las artes, de aquella época. Posteriormente regresó nuevamente a la Habana, donde debió sufrir todo el período convulsionado que vivió Cuba durante la dictadura de Gerardo Machado. Por su formación tanto musical como literaria, en el viejo continente, y sus años de niñez, conociendo la realidad de su país de adopción; su inclinación fue claramente orientada hacia ideas de izquierda. Participó activamente en la Revolución Cubana de Fidel Castro. Uno de los tantos grandes premios que le fueron otorgados durante su carrera literaria, fue el Premio Cervantes. La parte económica, la donó enteramente en beneficio de la Revolución. Además participó activamente en el plano periodístico, literario y musical del régimen.
            En lo literario, su producción fue bastante importante, algunas de sus obras: ¡Écue-Yamba-O! (1933) Novela en francés en donde emplea el lenguaje creole que hablan los negros (Una mezcla de lenguas de la raza negra). Otra de las más conocidas, es El Siglo de las Luces (1962), También: Viaje a la semilla (1944) El reino de Otro Mundo (1949), Los pasos perdidos (1953) y otras tantas, siendo la última novela: “El Arpa y la sombra” (1979). Aparte de numerosos Ensayos y Libretos de ópera. 
            Carpentier, es considerado por muchos investigadores (Paul Valery entre otros), como el iniciador y creador de un lenguaje nuevo dentro de la literatura latinoamericana; un mundo real maravilloso que se convierte en realismo mágico cercano a lo fantástico, atemporal, simbólico, donde predominan diferentes voces y una retórica rica. Además influenciado por obras musicales, con una clara influencia francesa, pero a la vez teniendo como base la realidad de los pueblos nuevos de América, especialmente Cuba.



EL ACOSO. DE: ALEJO CARPENTIER 

1956- Editorial Lozada- Buenos Aires y otras

            Estamos ante una novela relativamente corta, de algo más de cien páginas, y en ellas se vive toda la tragedia del momento convulso que vive un país en estado de dictadura, en este caso es Cuba. Los ideales se polarizan y surgen las conveniencias personales en las que se ve envuelto nuestro protagonista. Es una ficción in media res, que comienza mientras este hombre, un joven guerrillero, está escondido en una butaca de un teatro de la Habana, escuchando la Sinfonía Heroica de Beethoven. Él, es un fugitivo a quien el régimen y sus propios compañeros deben eliminar por las acciones a las cuales fue impelido, anudándose su vida en una suerte de sino trágico, llegando al estado en que se encuentra, mientras se desarrolla el concierto. El lector se posesiona de la historia a través de las percepciones que capta el protagonista, del ambiente y de los personajes que lo rodean. Luego de un racconto, pincelado de imágenes desde que volcó su vida hacia ideales políticos, reaccionarios al régimen dictatorial, hasta el momento en que impulsado por las circunstancias, la más importante, sobrevivir, debe cometer bajezas que no califica, sólo hay una subjetiva descripción que llevan al lector a formar su propio juicio.
            Son 46 minutos en que el protagonista recuerda desde su precario escondite, en el teatro de La Habana, su  vida anterior. Uno de los más importantes, El Mirador, aquella mansión que tuvo días mejores, y hoy sólo es recuerdo de una grandeza que se desintegra. Una anciana moribunda que en niñez fue su nodriza, lo amamantó y le dio parte de su vida, sin embargo, el hambre lo impulsa a robar el poco alimento destinado a la vieja mujer que agoniza en soledad. La iglesia tampoco fue un refugio seguro, ni su familia, ni su pareja, desembocando en un estado de aislamiento tal que se convierte en un sobreviviente del acoso, así como un animal que actúa por instinto.
            En un inicio, su pecado fue cometer actos terribles en aras de justicia, como aquel en que debe colocar explosivos en un funeral, sumados a otros atentados tan cruentos como este; hasta que es detenido y debe denunciar a sus amigos para conservar su vida, que en esos momentos es sometida a tormentos casi al linde de lo bestial. En este rodeo que da la historia para comenzar y terminar el racconto, captamos la angustia del hombre. Necesita alimento y más que nada dormir, descansar es su único objetivo inmediato. No se advierten sentimientos de redención, sólo los acontecimientos que han sido su devenir. Esta especie de sino trágico lo marca hasta que ya no tiene escapatoria.
            El lenguaje es rico en matices  e imágenes, una prosa metafórica que no es fácil de captar en una lectura rápida. Carpentier ocupa símbolos que sólo un lector acucioso logrará detectar, detalles que poco a poco tocarán la subjetividad de quien se adentra en su lectura y mediante un monólogo y voces diversas logrará captar sentimientos y posesionarse del drama que vive el protagonista.
            El desenlace es imprevisto y simbólico,  el fugitivo decide pasar la noche en el teatro, como lugar seguro, sólo por esa noche, es decir lo inmediato, sin embargo, sus perseguidores han detectado sus intenciones y finalmente lo ajustician, sin que tenga la más mínima posibilidad de escape, tras haber escuchado una de las obras musicales que hablan de ideales, de combate y de redención.
            Hay estudiosos que han considerado esta obra como una revelación de la Trinidad, o la Pasión que debe sufrir el hijo de Dios en manos de los hombres. En todo caso su religiosidad queda muy de manifiesto a lo largo del desarrollo de este drama atemporal, cuyos componentes se pueden trasladar a cualquier tiempo y lugar.

Ascensión Reyes (Cuento)-Chile/Julio de 2013



REGALO  OBLIGADO

            A toda velocidad corre la ambulancia por las concurridas calles de la ciudad. Su bocina parece reclamar en forma imperativa y urgente el derecho de paso. En su interior va don Mamerto. Su boca y nariz están ocultas por una mascarilla conectada a un tubo de oxígeno que emite un ruido de sorbete. El rostro cetrino e inanimado hace suponer que su vida escapa. Sin embargo su expresión es de paz y hasta se podría pensar con algo de alegría. Sus ojos entreabiertos y sus cejas enarcadas parecen indicar que su último estado de conciencia, fue grato.
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            Don Mamerto, proviene de una familia de inmigrantes que llegaron al país en una época casi perdida en el tiempo. Se instalaron en una casa vieja de la capital, casi  con lo puesto, pero en su maleta llevaban, además de sus escasas pertenencias, muchas ilusiones de cambiar el futuro de sus descendientes.
            Desde sus inicios, el comercio fue la actividad preferida por todos los miembros de la familia. Los estudios universitarios, si es que alguno tuvo la oportunidad de acceder a ellos, el enmarcado diploma fue olvidado en una pared, y su dueño se dedicó a la actividad comercial. El éxito como comerciantes, a todos los parientes les permitió vivir holgadamente y formar familias sin ninguna estrechez económica. Esto sucedió a los padres de Mamerto, a sus abuelos y bisabuelos. Él fue hijo único, y sus padres lo pudieron acompañar hasta cuando, “su muchachito”, había traspuesto la barrera de la tercera edad. La mayor inquietud antes de partir, fue que su Mamertito, dedicado a los negocios, nunca quiso formar una familia propia y la soledad sería su compañía cuando ellos ya no estuvieran.
                                                                       
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            Habían pasado muchos años desde esa instancia familiar, y su quehacer en los negocios se  había trasmutado insensiblemente en un depender: de enfermeras, pañales y comidas blandas. Sin embargo, su mente, aún en la nebulosa de su deterioro físico, trabajaba reconociendo su entorno y dando a entender a sus cuidadoras sus gustos o disgustos.
            Un día lo visitó uno de sus sobrinos junto a su mujer. Además de llevarle un sinnúmero de embelecos dulces y varios paquetes de pañales, le dejaron sentada frente a él una muñeca; seguramente el juguete había sido pertenencia de alguna de sus hijas, ya adulta:
             - Tío aquí le dejamos a esta señorita para que le haga compañía. Especial para esos momentos en que debe quedar solito. Ella lo cuidará sin hablarle, es muda. Pero como podrá observar, es hermosa.
             Mamerto escuchó aquello, pero no pudo encontrar palabras para manifestar su malestar:
            -¡Qué se habrán creído estos g…! Acaso creen que no me doy cuenta que es una muñeca. Y tan sólo si fuera nueva. Es un cachureo que no pudieron encajarle a otra persona. ¡Y encima me la traen a mí como compañía!... ¡Mal nacidos! - Y en su mente siguió aquella corriente de la conciencia que siempre lo acompañaba.  –Ya verán estos hijos de p…, apenas pueda, tan hermosa compañía, la tendré en mis manos, y sólo encontrarán hilachas. Como lo hice cuando chico, con la muñeca de la prima Isabelita, esa niña mañosa y peleadora. ¡Cuánto lo gocé! Supe que pasó una semana llorando por su muñeca regalona. Mis padres debieron devolverle una nueva y a mí me castigaron con una semana sin ir al cine. ! Pero igual lo disfruté!
            Y así transcurrió el tiempo, mientras las enfermeras procuraban, hacerle grato de su pasar, viendo televisión, juegos que inventaban para distraerlo y juguetes que él anciano  manoseaba sin interés. A veces, en días de sol, en su silla de ruedas lo llevaban de paseo al parque cercano. No obstante, apenas lo sentaban en su sillón, Mamerto fijaba su vista en aquella figura odiada al máximo, por la intención que suponía como regalo. Y en su mente afloraba su monólogo. –¡Hola, de nuevo estás aquí! Ya sabes el destino que te espera, apenas logre tenerte en mis manos, toda tu belleza la convertiré en pedazos que irán directo al tacho de la basura.
            Cierto día en que el viejo la miraba y divagaba pensamientos de odio hacia la figura inanimada, escuchó que de la roja boquita salían sonidos; al comienzo pensó que era su  mente que ya le hacía desvariar. Pero ¡No!, él la escuchaba nítidamente.
            - ¡Hola Mamerto!... ¿Cómo has amanecido hoy?... Te cuento, yo me llamo Linda…Así me pusieron porque soy hermosa. ¿No te parece? Mira que lindas trenzas tengo y el rosa de las cintas hace juego con mi delicado vestido de organdí…-Humm…Así que también puedes hablar - ¡Por supuesto!, tu también me has estado hablando sin mover los labios, pero yo soy capaz de llegar a tus pensamientos - ¡Ah, sí! Así es que ya te habrás enterado de mis intenciones de hacerte hilachas - ¡Sí, ya lo sé! Y eso me extraña, porque yo no te he causado ninguna molestia. Solamente soy tu compañía permanente, mientras las enfermeras te deben dejar solo. - ¡Así será!, pero a ti te trajeron porque en casa de tu dueña ya no tenías cabida, y antes de llevarte a las obras de caridad te trajeron a la pieza del viejo chiflado de Mamerto. - Es posible que ese fuera el propósito, pero ambos ya estamos aquí. Te propongo que nos hagamos amigos ¿Qué te parece? - ¡Humm! No lo sé - Para conversar, para recordar y ¿quién sabe? para cobrarnos mutuo afecto. -¡Humm… no sé, lo voy a pensar! - gruñó el anciano poco convencido.
            Y fueron pasando los días, ya había  transcurrido un par de años. La salud de Mamerto, dentro de su indiscutible deterioro, estaba más o menos estable. Sólo tuvo un serio contratiempo depresivo, sucedió en una temporada en que la enfermera, desinformada dejó la muñeca olvidada en un closet. Felizmente la más antigua de ellas se dio cuenta y, después de lavar su vestimenta y colocarla primorosamente arreglada, la muñeca volvió de nuevo al sillón acompañando a Mamerto. El anciano demostró una curiosa mejoría, incluso pareció recobrar algunos sonidos para indicar agrados o desagrados y su vista siempre estuvo fija en la figura inanimada de Linda. Por mucho tiempo en el silencio de la pieza, se entablaba el siguiente diálogo, sólo audible para ellos.
            – ¡Hola mi querido amigo! ¿Cómo has amanecido hoy?, te veo más recuperado, sigue así. Mueve tus dedos, tus pies y si puedes, mueve tus brazos. Te hará bien. –Humm, ¿o sea que además de muñeca eres terapeuta? - ¡Por favor, hazme caso! - ¡Bueno, bueno!, si es para mi bien, eso haré, y para que veas que soy obediente.- ¡Mira!, observa como lo intento con mis dedos, ahora con mi brazo derecho, pero…!ay, ayayay!… qué dolor. ¡No!, no puedo más, por hoy basta.- Pero, ¿y tus pies?- Mira niña abusadora, te estás aprovechando de mí – ¡Porfa! , solamente mueve ambos pies sólo un poquito. – ¡A ver, veamos!… ¡Sí!, claro que puedo moverlos. Pero parece que viene un calambre. ¡No, no! por hoy basta. Mañana lo intentaré de nuevo.
            Y así apenas quedaban solos, Mamerto y Linda, daban comienzo a su silencioso diálogo y ya el anciano podía mover con facilidad sus dedos, subir sus brazos y sólo faltaba la fuerza para sujetarse. Sus piernas, ya tenía la soltura para moverlas hasta las rodillas y poco a poco sus muslos iban adquiriendo la musculatura necesaria para mantenerse de pie. Este secreto era de los dos. Nunca las enfermeras y menos los parientes a cargo de él, pensaron que Mamerto podría pararse y caminar, aunque fueran unos cortos pasitos.
            Pero un buen día, instigado por Linda. – ¡Sí, querido amigo! Casi estás listo para llegar hasta mí…y luego tomarme entre tus brazos. - ¿Qué te parece si te incorporas? A ver, así lentamente… ¡Ves, ya estás de pie! Ahora un paso…otro paso…! Sujétate!…sujétate en el brazo de la silla. Así, ¡ves que puedes!, ya casi has llegado… Ahora agáchate un poquito… ¡Así, así!  Listo cógeme suave, porque si caigo al suelo, mi rostro ya no será tan bello como ahora… ¡Por fin, estoy en tus brazos!... Ahora de nuevo al sillón…así, lentamente… ¡No, por Dios!, no tambalees. Ya estás llegando. El anciano alcanza a sentarse, cuando siente en su pecho que algo explota y un dolor intenso lo hace perder el sentido. Su cuerpo se desmadeja igual que el de la muñeca.
            -¡Don Mamerto!.... don Mamerto, por Dios qué le ocurre. ¡ ¿Y la muñeca cómo llegó hasta sus brazos?! ¡Dios!, debo llamar inmediatamente al servicio de urgencia. Y la mujer saca su celular del bolsillo entre acelerada y confundida, pidiendo acudan de inmediato a examinar al enfermo. Presume que es una emergencia gravísima.

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            La ambulancia con el enfermo casi agónico, llega por fin al servicio de urgencia. Al anciano cuerpo a cada instante parece escapársele la vida, así como una avecilla a punto de emprender el vuelo. Al revisar sus manos, los paramédicos descubren enredada entre sus dedos una cinta color rosa. En un rinconcito de su mente, Mamerto está seguro que Linda lo aguarda.

Eduardo Rojas Díaz (Erodi)-Chile/Julio de 2013



EL VIEJO BAILARIN           

Juan José y Ascención sostenían una acalorada conversación sobre la sexualidad. Juan José defendía la potencialidad de los varones, mientras ella, contra atacaba, poniendo el ejemplo de un escritor y poeta caliente, que a sus 89 años, manifestaba públicamente sus libidinosos deseos, pero sólo deseos ¿Viste Ascensión?... Y los chicos y chicas piensan y creen que los viejos no vemos ni una, ni siquiera en sueños, pero la cuestión no es así.  Te cuento una anécdota que me sucedió hace poco tiempo.

 El año pasado, en pleno verano, un inolvidable día viernes 13 de febrero de 2011, nos invitaron a un matrimonio en el
 hotel Gala en la ciudad de Viña del Mar.  Previo a la manifestación social, a las 20 horas se realizó la ceremonia nupcial en la parroquia de Viña, a templo completo y realzada con un magnífico acompañamiento de música y canto por un destacado grupo musical. Todo estuvo a la altura de los novios, ambos destacados abogados. Magnífica ceremonia religiosa, completísima manifestación social, impecable presentación personal de los varones y de las damas, todo un desfile de modas, con espectaculares trajes provocativos en las más jóvenes, donde destacaban los colores pastel, las diminutas mini faldas y los escotes que no dejaban nada  a la imaginación. En resumen, te puedo decir que todo estuvo re bueno.
Ya en los salones del Hotel, durante el cóctel comenzaron a formarse grupos entre los invitados más conocidos. En el mío,  habíamos puros mayores de 65 y al parecer, ninguno apto para una fiesta que prometía movimiento. ¡Ninguno movía las extremidades inferiores ni menos el esqueleto!  El tema recurrente eran los típicos dolores de la edad y los remedios. Pero, siempre en estas ocasiones hay un pero, a veces bueno. Una de las viejujas, familiar del novio, estaba con dos de sus hijas, una de 20 años, estudiante de inglés en una universidad de la capital, y la otra de 25, enfermera profesional en ejercicio. La conversa estaba aburrida para mi, que como tu sabes, me gusta el tandeo a pesar de mis años, y las chiquillas bosteza que bosteza.
Sabiendo que mi mujer no baila, porque no le gusta, a pesar de aquello le sugerí salir a bailar...¡'Tai más loco! -me dijo- si sabís
 que a mi no me gusta bailar, baila tu solo... Y ninguna de las otras viejujas y viejujos se atrevieron a salir a bailar. Yo, de reojo miraba a las chicas, que a su vez se miraban, me miraban y sonreían, quizás pensando en que  a lo mejor este viejujo revoltoso las invitaría a bailar.  Entonces la madre de las nenas dijo una cosa grandiosa: ¿Y por qué no saca a bailar a mis chiquillas que están con tantas ganas?  -¡Cómo se le ocurre que ellas van a bailar con un  viejujo como yo, no faltaba más! - le respondí. Pero cuál no sería mi calculada sorpresa, cuando ellas a coro exclamaron: ¡Sí, nosotras bailamos con usted!  ¿Le da permiso señora para que baile con nosotras este caballero, es decir, su marido? -¡Por supuesto!  les dijo mi esposa - si a él  le encanta bailar. Pero vamos a ver cuánto dura . Y todos rieron de buena gana señalándome con el dedo acusador. ¡En el medio lío que te metiste, viejito! - apuntó uno de los invitados, con esa típica risa del que cree que cagó al acusado...

 A mí, qué me dijeron, si estaba esperando demostrar mis dotes de bailarín, ¡Venga el desafío! ¡Manos a la obra cabrito! dije, y tomando a la mayor de ellas de la mano, partimos al ruedo. Ni te cuento. Las niñas eran espectaculares, preciosas y graciosas, además de muy liberales, tanto por su conversación como por sus trajes. Y vamos bailando, que la noche es corta carajo..."el galeón español se va... " , "loco loco loco..así me llama la gente..", y cuanta cumbia y baile movido  se les ocurrió tocar a los de la orquesta que animaba la fiesta. Poco a poco, la fui empujando hacia el centro de la pista para no ser tan observado. Mientras bailabamos y reíamos, también algo conversábamos...¿Su esposa no se molesta? No m'hija, para nada. ¿Y tu tienes pololo o eres casada? ¡Soltera pero no fanática!  -me gritó al oído y me besó en la mejilla...¡Afírmate viejo, que vamos a galopar! -me dije.
Luego de cuatro bailes al hilo, la chica me preguntó: ¿Y no va a sacar a bailar a mi  hermana? Estoy un poco cansada. Bueno, cambiemos de pareja, respondí complaciente.  Fuimos a la mesa a tomar un refresco y volví a la pista con su hermanita. Las niñas podrían ser candidatas a reinas, eran bellas y encantadoras, sin complejos. Bailamos la otra tanda completa, hasta que también me pìdió descansar un poco. Pregunté intrigado ¿Tan joven y ya cansada?  -Le voy a contar la verdad...¿Cómo me dijo que se llamaba? -Me llamo Juan José, mi amor. Ah, ya lo recuerdo. ¿Sabe?  es que las dos andamos con zapatos nuevos y...¡Ah! no me diga nada, ya entiendo, los están amansando..Sí, esa es la verdad, pero déjeme descansar un poco y después seguimos.  Y así estuvimos bailando y cambiando de pareja hasta las 4 de la madrugada.

 Entre bebidas y algunos tragos, el calor iba en aumento y el corazón casi se me salía por la boca. La orquesta cambió el ritmo de los bailes por canciones de la Nueva Ola, tangos  y boleros. ¡Que suerte! -me dije -ahora descansaré un poquito con ritmos de mis tiempos.  Como un caballero, respetuoso,  tomaba a las niñas de la cintura, con mucho tino,  tratando de mantenerlas a cierta distancia para que no se sintieran invadidas,  pero las niñas se las traían entre manos. No tenga miedo, me decían, esto se baila más apretadito...así...así...que bien ¿No ve que no mordemos? -Y con su seductora y fascinante sonrisa  me animaban.  Sentía sus acariciadoras voces y su cálido aliento cerca de mi boca, y luego, apoyaban sus suaves mejillas junto
 a mi cara, haciendo sentir su calor y sus tersos pechos contra mi cuerpo erguido y electrizado de deseos inconfesables...Parecía que ambas se hubieran puesto de acuerdo en su manera de actuar. Pensé con inquietud - como son tan jóvenes y tienen la costumbre de "poncear", no sea cosa que la orquesta interprete esos ritmos endiablados y yo tenga que hacer el ridículo. ¡Dónde se habrá visto a un viejujo en medio de un ponceo...es ridículo!  En eso estaba, bailando con la más chica,  cuando cambiaron a una hermosa melodía de la película  Titanic, y me preguntó: ¿No le molesta si le doy la espalda y me toma como en la película, como lo hacen las otras parejas? -No, por favor, no te preocupes, hazlo como tu quieras...estoy para servirte...
La chica se acercaba demasiado a mi con un movimiento cadencioso de caderas, rozando mis partes púdicas, a estas alturas firmes como un  madero de ébano y haciéndome sentir  ese calor que brotaba de su cuerpo juvenil y encendía mi pasión de joven, que a estas alturas de la vida guardaba en el baúl de los recuerdos...  Ya en la exacerbación de  la líbido...lancé un grito, no, un aullido  feroz...
¿Qué te pasó Juan José, estás  con pesadilla?  Sí...  errr  no...sólo estaba soñando que llegaba al cielo y que era algo espectacular... maravilloso ...Y todos rieron y celebraron mi trágico despertar.  Después de tantos tragos, me había quedado dormido recostado en un cómodo sillón de cuero negro del salón, escuhando el sonido de la orquesta y la algarabía de los bailarines.

 Allí estaban las niñas, frente a mí, sentadas en otro sillón junto a su mamá... durmiendo...con su carita angelical...con una sonrisa enigmática de una boca encantadora que me recordó esos versos del poeta español:  "la dulce boca, que a gustar convida..."

 ¿Viste Ascención? tienes toda la razón, todos los viejos son cortados por la misma tijera...




Roxana Rosado-México/Julio de 2013



Helenka Wierzbicki
Sin Tìtulo
 Tecnica: Acrilico s/tela.
Medida: 55x80 cm.





QUÉ FÁCIL ES PARA TI

Qué fácil es para ti
pedir perdón y decir –olvídame-
alguien me advirtió que no es lo mismo a los veinte
que veinte años después,
una desilusión a cualquier tiempo
es una daga en el pecho
pero hay ocasiones en que es mortal
un desamor, un golpe, un delirio.

Tuve el infortunio de comprobarlo
de quienes menos esperé un desdén
pero la vida es así, va y viene
a veces da y quita,
si algo hice en el pasado
contigo lo pagué
con tu silencio y tu mortal despedida
con tu adiós sin explicación y sin tregua.

Por supuesto que no sé lo que tú padeces
jamás me has dicho cómo carajos te sientes
mis dotes de adivina las perdí en esta vida
da la casualidad, estúpido ignorante
que yo sí sé lo que sufro,
pero lo que tu lloras,
si es que es cierto
no lo sé.

Y la verdad me duele que tú sufras
pero no sufres por mí, sino por tu tonta decisión,
por haber sentido que redimías mi alma
como Pilatos al decidir por mí también,
pero da la casualidad que él no decidió por Jesús
lo dejó para que fuera carne de cañón
y tú si decidiste por mí,
por mi futuro
¿y ahora vienes a decirme que mis palabras te matan?

Eso casi lo viví yo cuando me dijiste adiós
porque cuando uno ama como te amé yo
y lo digo con orgullo, no con pena
al recibir un adiós tan frío
tan cruel como el tuyo
lo único que se quiere es morir en el acto,
sin embargo te tengo una noticia
pero no te daré el gusto.

Sufras o no por tu pendejismo
yo sigo aquí y seguiré luchando
por la única persona en este mundo que lo vale
por la única que en verdad lo merece,
es una mujer que todos los días miro en el espejo
y me sonríe, sabedora que detrás de la puerta
habrá un tesoro más valioso que el tuyo.

Qué fácil es para ti
pedir perdón y decir –olvídame-
alguien me advirtió que no es lo mismo a los veinte
claro que no lo es, no puede serlo
porque ahora el hombre que esté conmigo
será el rey de mi principado
y tú, hombre de poca fe, solo podrás contemplarlo
como ve alguien algo muy valioso
y mira sus bolsillos vacíos,
alejándose porque no puede comprarlo.
 

 

José Santana Prado-México/Julio de 2013


AZUL ETERNO
Añoro en demasía el carrusel de estrellas
que  invoca la hermosura de tus ojos,
bajo   la guedeja que ondulaba a merced del viento.
El fuego húmedo y nectárico de tus labios
recién  pintados para besar mi boca.

Aún escucho la voz azul fragante
que  comunicaba poemas a mi oído,
como el río poetiza su líquido caudal
y da plenitud a los campos,
en tanto los árboles lloran sus hojas
para que el otoño tenga sentido
y cumpla siempre con la promesa de antaño.

Hoy, echo de menos cada fibra de tu cuerpo,
contadas y medidas por mi afán
dentro de las noches y los días,
en un siempre amanecer y en todos los ocasos,
rosa que hemos tú y yo cultivado.

Guardo con eufórico pensamiento
tu risa en vendaval y tus palabras,
el mar bellamente iluminado con metáforas;
gotas de amor obsequiadas
a la triste figura de mi ser,
que hoy construye un monumento
al espacio vivido con ternura por los dos.

A  tu recuerdo y en  tu nombre
que llevo tatuado en mi piel antigua
entre los confines  del ayer y el mañana;
y si existe la inmortalidad o lo eterno,
ahí estaré de nuevo junto a ti,
caminando como si fuera
tu  auténtica y propia sombra.


Javier Úbeda IbáÑez-España/Julio de 2013



Las palmas de tus manos

Las palmas de tus manos
guardan el secreto de nuestro amor;
el amanecer de un hermoso para siempre.

En las palmas de tus manos,
una nube pletórica
se encarga de dibujar ríos, mares y soles,
que descienden hasta tus pies en cascada
fundiéndose con la húmeda hierba del camino.

En las palmas de tus manos
se puede escuchar cómo cantan los astros
sus canciones eternas y cómo susurran
“quédate conmigo, siempre”.