viernes, 23 de agosto de 2013

Marta Susana Díaz-Buenos Aires, Argentina/Agosto de 2013

ENCUENTRO

Pasaba todas las mañanas frente al ventanal.
Caminaba despacio ayudada por el trípode desde que sufrió la fractura.
Una enfermera de la geriátrica vecina la acompañaba en el paseo.
Cada paso que daba lo hacía con muchísimo cuidado, lentamente, con temor de volver a caer.
Eran muchos los ancianos que pasaban por la vereda frente al ventanal, pero ella era especial.
Tenía los ojos azules y una sonrisa apenas dibujada en el rostro surcado por numerosas arrugas.
Un prolijo rodete sostenía sus cabellos canosos arriba de la nuca.
Los anteojos modernos, sin marco, terminaban de darle un aspecto de bondad que emanaba de su anciana figura.
Por conversaciones en los negocios del barrio se supo que en otros tiempos fue una afamada artista, protagonista de numerosas películas y obras de teatro.
Un martes me animé.
Me puse las mejores galas. Me perfumé. Tomé el bastón y pasé por la florería.
Decidido a verla por fin, llegué a la residencia.
En recepción me preguntaron a quien buscaba.
Le dije que quería ver a la señora de los ojos azules.
La empleada me miró con asombro, pero cuando le aclaré que le traía una orquídea y que hoy, casualmente, era martes, comprendió.
La vi. venir sonriendo, apoyada en el trípode.
Entonces supe que ese atardecer iba a cumplir el sueño de estar un rato compartiendo mi vejez solitaria con la enamorada de toda mi vida.

Claudia Díaz-Buenos Aires, Argentina/Agosto de 2013


                                    Dices que me amas





Dices que me amas... son solo palabras...
porque tu obrar.. .deja mucho que desear.
Dices que me amas... ¡con el corazon!...
y yo me siento a mirarte...
¡y me río!...de verte como sos.
Dices que me amas... dices que me amas...
¡oportunista de mi hoy!...
¡y yo me hago la tonta!... pero no te voy... a decir adiós.
Dices que me amas... son solo palabras...
¡pero no me voy de tu lado!...
para seguir tu diversión...
¡y espero que reflexiones!... ¡por qué llorarás!... ¡lágrimas!... pero...
muchas de dolor.
Dices que me amas.... ¡hasta me causa risa!...
¡yo lo tomo!... de quien viene...
¡y no  enfermo!... a mi mente.
Dices que me amas... son solo palabras...
¡porque el caminar de un héroe!...  ¡como tú dices!...
¡no se equivoca!... cada día... con su obrar...
poco inteligente.
Dices que me amas... ¡tienes el rostro de piedra!...
es una mezcla también... ¡de mármol!...
¡muy bien!... trabajado.
Dices que me amas... ¡se lo decís a todo el mundo!...
¡algunos te creerán!... ¡y otros!... dudarán...
¡porque muchos te conocen!... porque has vivido siempre...
¡de palabras!... y nada más.
Dices que me amas... ¡inteligente en la deslealtad!...
¡pero yo sigo escuchándote!...
¡porque sos un protagonista de novela!.. .y nada más.
Dices que me amas... ¡y yo te sigo escuchando!...
¡porque me gusta!... ¡aturdirme!...
¡porque algún día!...¡con tu vida!...¡escribiré!... un relato.

Ángel Catalano-Buenos Aires, Argentina/Agosto de 2013

BURBUJAS

Tiembla mi canción, quiere estar en ti,
Igual que un duende curioso
Jugueteando en un jardín.

Nunca olvidaré el minuto aquel
Que en la playa me besaras
Comenzando a sonreír.

Sentirás la sensación de burbujas de cristal,
Que pretenden estallar dentro de tu corazón,
Temblarás con mi canción, te embellecerá el rubor
Y mi amor te llamará, ven...

Tiembla mi canción, juega sobre el mar,
Es una barquita alegre
Mojada de yodo y sal.

Nunca olvidaré el minuto aquel
Que en la playa me brindaras
Mieles por primera vez.

Gonzalo Carabajal-Buenos Aires, Argentina/Agosto de 2013



Mirada pendiente

Se oyen unos pasos en el interior de una calle solitaria… solitaria por donde se la mire. Un caminar lento y apaciguado descubre a un hombre con un destino fijo. Sus ojos y su mente llevan el mismo pensamiento.
Al encontrarse con un edificio antiguo, el hombre desvía su mirada hacia él con un sentimiento de culpa y vergüenza; sus manos empapadas en sudor comienzan a  temblar y su alma desesperada se encontraba pendiente y a la expectativa de lo que podría ocurrir en el instante que él y Belén (que vivía en el edificio) volvieran a encontrarse después de su triste separación.
Mientras que en el interior del edificio, cinco pisos arriba y en el pequeño departamento “E”, Belén sin pensar en su futuro inmediato, se encontraba sentada en su sillón preferido.
Recoge su pelo salvajemente peinado y tira para atrás de su frente las mechitas rebeldes que no llegan a conectarse con la hebilla, se recuesta en el sillón y observa la pared…, silenciosa, en la cual se reflejan pequeñas manchas de humedad en su parte superior. Ella, pensando en una respuesta por la cual, la vida de los dos había tomado caminos distintos e irregulares sin reconocer el momento de su reencuentro.
El hombre, cruza el portón e ingresa por un pasillo oscuro, porque tuvo que ayudarse con sus manos, interminable, porque justamente en ese instante su cuerpo se sentía pesado y deprimido…. Las puertas del ascensor estaban duras, porque tuvo que hacer fuerzas para abrirlas y cerrarlas.
Sus pensamientos revolucionaron su mente, dibujando solo un momento, el momento en que su corazón fue destruido; por una simple mirada, un simple gesto que sin decir nada pudo describir todo.
La pared observada detalladamente por la mujer, señalaba una silueta que trataba de descifrar una imagen dispersa.
Ya en el quinto cerro la última puerta tijera con cautela y angustia, sus piernas le pesaban como si estuviera aguantando el mundo sobre sus hombros…. Rápidamente comenzó a ser presa fácil de un pánico que recorría todo el contorno de su temeroso cuerpo. Caminó hasta el mono-ambiente acompañado por las luces poco claras que se iban extinguiendo a medida que llegaba a destino.
Se escucharon dos golpes secos y tímidos del otro lado de la puerta, Belén despertó vagamente del sueño en el que estaba envuelta, y al sentir el sonido por segunda vez, dejo su sillón y acelero sus movimientos para atender. Su asombro no fue tan grande como el que Franco esperaba ver en sus ojos delicados
·         ¿Puedo pasar? Pregunto tímidamente.
Sin una respuesta, observó la pared, volvió a su amado y entreabrió la puerta.
En el instante en que Franco cerro sin trabar la puerta. Los dos intentaron premeditar su dialogo y trataron de observarse el uno al otro pero sus miradas no llegaron a cruzarse,
Ella, memorizando momentos vividos con la persona que hasta ese instante seguía amando,  volvió al pasado con imágenes recorridas como un flash en fracción de segundos.
Él, arrogante como todo hombre que quiere comenzar la charla y no tiene motivos suficientes para romper el silencio tan pacíficamente creado en el lugar.
Los dos, inocentemente levantaron sus cabezas para observarse como si fuesen movimientos ensayados y se dieron cuenta que sus miradas no eran las mismas como cuando se encontraban juntos.
- Perdón¡¡¡¡ Se le escucho decir a Franco.
- No hay porque perdonar, las cosas tenían que suceder así. Se le escuchó decir a Belén
Y dolorida por lo que dijo conscientemente corrió hacia la ventana con lágrimas naciendo en sus mejillas enrojecidas. Franco sin saber que hacer quiso acompañar a su amada pero en la mitad del camino detuvo su marcha y dijo:
-No puedo verte llorar, si te lastimo estando contigo será mejor no vernos.
Belén, dio vuelta su mirada hacia él, mientras que su cuerpo sufría de ganas de ir a abrazarlo y su orgullo trataba de frenar sus movimientos.
-No quiero volver a sufrir. Suspiro desgarradamente.
Un manto de silencio invadió el lugar como si los ruidos fueran desconocidos para ese par de personas mirándose y buscando culpabilidad a una relación inexplicable… Hasta que la armonía fue quebrada por un movimiento brusco de Franco, quien se apuro para abrir y cerrar la puerta, bajar por el ascensor, recorrer el pasillo y cruzar finalmente el portón que tanto le había costado hacer al entrar.
La mujer desde la ventana divisaba el alejamiento del hombre corriendo por la calle solitaria  hasta que le fue imposible, luego se sentó en su sillón con unos movimientos lentos y su garganta se sintió anudada como si la estuviesen ahorcando internamente.. Encendió uno de sus cigarrillos que siempre guardaba en el bolsillo derecho de su camisa descosida y permaneció fumando y pensando como en tan poco tiempo, admiro sus momentos de gloria y sufrió repentinamente este desastre de prisión en su cuerpo.
Minutos después cuando la brasa del tabaco quemaba sus dedos cerró los ojos y vació sus pulmones de aire contaminado con una exhalación interminable, abrió rápidamente sus ojos, rezó interminablemente para que nunca más su alma volviera a sufrir y trato de detener su corazón…… su ruego fue cumplido en el momento que su mano caía flojamente del apoyabrazos del sillón y la colilla del cigarrillo se soltaba de sus dedos.
Cruzando una esquina un hombre irritado y llorando tristemente sentía la ausencia de algo que su cuerpo no podía descifrar, un hombre que tomo un camino y nunca podrá determinar si fue el correcto.

Saúl Buk/Agosto de 2013



El sapo


Con los ojos fuera de los cuencos.
Y la mirada fija,
Se desorbitaba.
Un hilo unía los globos, a sus cajas.
Esto, solo le ocurría,
Cuando pasaba  por delante de él,
La mosca loca,
Otros, la tenían agarrada,
Apretada en sus bolsillos,
Y  la soltaban  sutilmente,
Para que el sapo la viera pasar.
El infeliz saltaba, lo más alto que podía,
Pero nunca  la alcanzaba.
La hembra le señalaba  por donde
Volaba la mosca loca.
Y el siempre caía, pesado como una piedra,
Sobre su panza.
Ya no saltaba, estaba chatito.
 ¡Ay! Enormes  ruedas  de caucho,
 Hicieron  rodar al camión.
 Lo estaban  velando,
Cuando todos vieron
 Sobre su frente
Posarse a la mosca loca.

Miriam Brandan-es argentina y reside en Estados Unidos/Agosto de 2013

EL ROMANCE DE LA LUNA

La luna salio una noche
Toda vestida de blanco,
Paseaba entre las estrellas
Y escucho un canto lejano.

Quiso saber quien cantaba,
Se fue acercando despacio,
Y entonces lo pudo ver
Entre las piedras saltando.

Escondida entre las nubes
Lo miraba suspirando,
Pensó en ir a saludarle
Pero temió su rechazo.

El continuaba corriendo
Y entre las piedras cantando,
Ella aliso su vestido
Y se asomo disimulando.

De pronto la vio en lo alto
Y prendado de su encanto
El arroyo se detuvo
A esperarla en un remanso.

Ella paso indiferente...
El canto un poco más alto...
Ella sonrió muy coqueta
Y el le sonrió enamorado.

Juntos están desde entonces
En el tranquilo remanso,
El le regala canciones
Y ella se duerme en sus brazos.

Nora Agustino-Comodoro Rivadavia, Provincia de Chubut, Argentina/Agosto de 2013

                                     El mar


Cuando los problemas cotidianos me superan, cuando la angustia crece,

cuando nada está claro en mi mente, me refugio en el mar.

Contemplando el vaivén de las olas se abre un abanico de colores para dar

lugar a mis fantasías. Junto a mi musa inspiradora  logro escribir poemas o

mágicos cuentos.

Si el mar es apacible,  mis pensamientos se convierten en sutiles y dulces

palabras para versos de amor.

Una borrascosa tormenta sondea mi mente y reviven recuerdos de una lejana

Infancia, escribiendo una crónica para reír o llorar.

El sol reflejado en el agua me llena de luz, y crecen a borbollones

pensamientos dormidos,  para una oración de perdón o agradecimiento.

Solo el mar necesito para aliviar las penas, para curar heridas y recobrar la

calma. Entonces tomo mi pluma y puedo escribir lo que me dicta el corazón 

con la simpleza del alma.