miércoles, 22 de julio de 2026

Iván Pozzoni/Julio 2026

 

 

LA HERENCIA

 

En una familia burguesa de la honorable sociedad

sucedió, entre la cabeza y el cuello, una sorprendente herencia

una anciana tía que todos conocen, incluso yo, en secreto, aplaudimos su muerte al morir,

dejó a sus sobrinos dinero, apartamentos y joyas en una caja fuerte

y los sobrinos, inteligentemente, lejos de comenzar a brindar

empezaron a discutir.

 

Los sobrinos entraron corriendo con las llaves del apartamento con la idea

de recuperar las joyas con un récord digno de Mennea

sin considerar la insignificante circunstancia

de haber actuado sin avisar al notario ni a todos los primos.

 

Reacciona acaloradamente la esposa del obrero cromador de Carate

ocupada en pagar su quiebra a plazos:

quien se folla tres cucharas es un ladrón

quien no paga la t.f.r. a sus trabajadores es un santo.

 

El hermano del nuevo Arsenii responde con orgullo:

mis hermanos han dejado sus chequeras

y todos, indignados, se escudan en la obstrucción

para decidir qué apartamento se les asignará a cada uno.

 

Los primos del Véneto acostumbrados al altiplano

quieren los cinco apartamentos de Bassano a toda costa;

los primos de Monza no lo aceptan: parecen temerosos

de que las casas alquiladas de Brianza escondan a morosos.

 

¿Cómo acabará esto? Empiezan las negociaciones cara a cara

dignas del Tratado de Cateau-Cambrésis todos denuncian robos y traman estafas

como si fueran huéspedes de Maria De Filippi.

 

La única desgracia negra es mi situación:

mi madre, sobrina como todas, una maldita vaca

¡aún no se ha enterado de la muerte de su tía!

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