domingo, 20 de febrero de 2011

Beatriz Minichilo-Buenos Aires, Argentina/Febrero de 2011

Final
 
 
A veces pienso
que me gustaría
en ésa,
mi última hora
poder decir esa palabra
que nunca fue expresada,
inventarla con el sonido
del eco de una flauta
entre las montañas
y luego irme,
desdibujada
como una imagen
en un papel mojado
sin dejar nada.
Ni siquiera el papel.

Jorge Zanzio-La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Febrero de 2011

RETORNO    


Llegaré a casa
y todo será igual que ayer,
todo estará igual que ayer,
el mismo aliento en el paciente paso,
el mismo árbol que vio nacer y morir a mi padre,
la misma desnudez;
inanición de paraísos para los huesos,
quietud de patria,
heridas indelebles en la dignidad humana.
La ceniza que barrunta el sueño recurrente
estará ahí, exacta  y sola
espiando por las rendijas
donde se descubre el umbral estremecido.
Llegaré una vez más
cerrando como sentencia la puerta a mí paso,
dándole de nuevo la espalda a la tierra,
al circunspecto horizonte.
Colgaré del perchero
mis lágrimas de silex
hasta el inicio de la próxima jornada
y beberé del vino agrio.
Bailaré el último vals con la sombra que siempre espera
el renacer de su lobo desdentado.
Llegaré a la gravedad del silencio
al miedo
al dolor
a la rudimentaria furia.
Llegaré y veré en el espejo
la cara de un pequeño dios, imperceptible,
tallado sólo para el olvido.
Y el reflejo huirá de mí,
otra ves huirá de mí.
Y el Olor
y el hambre
y el sexo huirán de mí.
Hasta la última encrucijada la belleza.
Y aunque mi lengua nada sepa de manjares
el banquete  estará listo para la negra bocanada;
monótona simetría de sal y almíbar.
Llegaré a casa en otoño
con una bala anónima entre las manos
y una estrella de sangre en la solapa.
Llegaré a ese breve universo de éxodos
donde no existe el adiós ni la victoria,
donde nunca fui
donde pude haber sido el que siempre he anhelado.
Llegaré a casa desde el polvo,
Llegaré desde la cruz y el misterio

Teresita Medina-Miramar, Florida, Estados Unidos/Febrero de 2011

HAY   QUE  SOÑAR


No  hay  nada  más  personal  que  soñar
Es  un  secreto  que  podemos  controlar
Si  lo  deseas  compartir: es  compartido
Pero  sino  lo  llevas  escondido

Sueñas  despierta  y  sueñas  dormida
Pero  siempre  sueñas
A  través  de  ellos: El  anhelo, La  esperanza
Como  también  las  viejas  añoranzas

Aquello  que  se  fue… y  creo  que  olvidé
Pero  en  pesadillas  regresan…y  te  viran  al  revés
Pues  vivo  nuevamente  lo que  un  día  pasé
Y  al  despertar  Doy  gracias,  que  sólo  un  sueño  fue

Pero  hay  que  soñar,  no  dejes  de  soñar
Quien  no  sueña  no  puede  desear
 Como  tampoco  puede  amar
 Los  sueños son  parte  del  vivir
Y  el   anhelo  que  deseamos  conseguir
Siempre  recuerda  que ellos  tuyos  son
Llévalos  guardado  en  tu  corazón
Para  convertir en  realidad  vuestra  ilusión.

Héctor Labonia-Miramar, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Febrero de 2011

EN EL SENDERO DE LOS SUEÑOS

En el sendero
de los sueños
derramo inspiración.
Encamino mi vida toda.
No tengo dueño.
Libremente pienso.
Y mi escritura
vuela y delira,
se posa en la tierra,
anda por las nubes
y las galaxias.
Hurga el fondo del mar,
en impenetrables
selvas se adentra.
Todo bajo el influjo
de mi libertad
de soñar y vivir,
existir realmente
y alucinar virtualmente
en poemas inspirados
creativos e ilusionados.
En fin, es mi sino...
Cohabitar en poesías.

Martha Muñoz-Buenos Aires, Argentina/Febrero de 2011




Delirio

Cuando la noche azota con su gélida ventisca,
los fantasmas insomnes, entibian mis desvelos,
vislumbro el jade de tus ojos ausentes,
ilusiva percibo el ocre de tu piel.

Sobre la arena salobre, las margaritas deshojan
sus pétalos platónicos, como lágrimas de sal,
se aquietan en el remanso, mientras la noche cae,
se ahuecan en mi almohada, las caracolas del mar.

Tu copa zigzaguea, con licor añejo
de corales y algas,
se derrama en mi vientre como impetuoso caudal
y lo lamen los abstemios, alquimistas de la noche,
con sus pasiones bohemias, ebrios de libertad.

Martín Román Nemesio-Arias, Provincia de Córdoba, Argentina/Febrero de 2011

Despertar     (Versión original)

"... la vida es sueño,
y los sueños, sueños son"
Pedro Calderón de la Barca

Soñaba. Siempre soñaba
inventó un mundo irreal...

Mágico árbol, -el niño-
de nácar, jade y cristal.
Entre el follaje, los nidos,
en aves florecerán.

El niño quiso ser pájaro;
con ansias se echó a volar.
Fue amo y señor del espacio,
sin fin, de la Libertad.

Luego creyó que era río
y se encaminó a la mar;
nubes, gaviotas, navíos,
saludaban al pasar.

Soñó y soñó con ser hombre
¡se le hizo realidad!
¡Pobrecito!... desde entonces...
¡Ya nunca pudo soñar!

Primer Premio, género Lírico.
Primer Certamen Regional de Poesía y Cuento, Arequito 2004.
Organizado por La Escuela de Educ. Técnica Nº 388 y el Taller Literario “José Mauro de Vasconcelos”.

Deb Stofen-Buenos Aires, Argentina/Febrero de 2011

Selva y sus “capri”                         


Podrás olvidarte del lugar donde se vieron por primera vez. De la ropa que ella usaba. De si fue verano o invierno. Pero lo que nunca vas a poder olvidarte es de qué modo ella te cautivó, Turco.
Recuerdo ahora que te acercaste y lo primero que te salió fue un: Permítame decirle que su cul... y seguiste con tura, me impresiona. Ella tenía libros sobre la mesa y leía, y como estaba sentada, y pudiste desviar en el momento justo, zafaste. Como otras veces, Turco. Como tantas veces.
-¿Por qué? te preguntó, levantando la vista y abriendo con la o de por qué la boca, con un gesto tan sensual que anunciaba lo que aún no habías podido ver o no habías tenido tiempo de fijarte.
-¿Cómo por qué ?- respondiste sonriendo y al mismo tiempo pensando de qué modo seguir el verso.
-Porque la veo, perdón que te tutee, sos una criatura, te veo frecuentemente aquí en La Diva, con libros, apuntes, concentrada, levantándote tan pocas veces de la silla... (lamentable, pensaba el Turco, porque si algo había que el Turco esperaba antes de volverse al laburo era mirar a esa morocha pararse, darse vuelta y enfilar para el baño).
Ya casi era una costumbre, sin poder precisar cuánto tiempo. El bar era el de siempre, y antes, el Turco se habría fijado seguramente en alguna rubia, pelirroja o morocha que le llamara la atención, pero sin darle la mayor importancia. El Turco, era mirón, pero tranquilo. No era de decir cosas por decir, ni de andar piropeando. Pero ver pararse a Selva, verla correr la silla hacia atrás, bajarse el sweter de hilo ajustado al cuerpo, darse vuelta para caminar, era realmente un capítulo aparte.
Es hora de decirlo. Selva no tenía un culo, Selva tenía un culo y medio quizás o un culo y tres cuartos. Y no es que el Turco o yo, que soy tan amigo del Turco seamos unos guarangos y por eso digamos lo que decimos. Tampoco tiene que ver tan sólo con el tamaño o con la forma; aunque dicho sea de paso el bombé del culo de Selva era realmente perfecto y el tamaño, interesante
Era el modo en que Selva llevaba tan preciado tesoro.
Selva, pasaba bastante tiempo sentada a la mesa del bar, estudiando. De modo que si alguien miraba, probablemente no advirtiera más que una linda morocha, como tantas otras que se ven por allí.
Pero si algún hombre entraba cuando ella decidía que era la pausa para ir al toilette, ahí sí había riesgo de accidente.
Yo mismo he visto a un mozo atajar una bandeja que se ladeaba, a otro tirarle encima un café vienés a una señora. He presenciado una discusión de una pareja que ingresando a La Diva había decidido sentarse en una mesa, y el marido, llevado por el culo de Selva, terminó acomodado al lado de los sanitarios, con la lógica queja de su mujer.
He visto y he oído tantas historias alrededor de ese culo, que debería hacerles una raya en el medio para separar las buenas de las malas, las divertidas de las aburridas, las ciertas de las inciertas.



Es que Selva, como te estaba contando, pasaba horas sentada. De modo que uno podría deducir que, al levantarse, mostraría un plato chato para frutas y verduras, un plafond para colgar del techo, o una palangana para lavar la ropa. Pero no. Selva se ponía de pie y todo su culo se paraba. Era una secuencia rápida. Como cuando hacemos gato enojado y gato contento. Pero en ella, el gato, digo el culo, estaba siempre contento. Siempre levantado, cachete con cachete, como dice la canción. Porque Selva tenía por culo, dos grandes pomelos pegados entre sí, a los que se les había quitado apenas una tajadita en el medio, jugosos y de cáscara bien gruesa. Pero además, Selva los llevaba protegidos, dentro de pantalones capri de distintos tonos, con blusas cortas a la altura de la cintura, ajustados al cuerpo con el cierre de costado, como se usaban en esa época, te estoy hablando del año cincuenta y ocho, cincuenta y nueve.
Además Selva medía un metro setenta y cinco. Y al levantarse iba subiendo y subiendo, y el culo te quedaba a la altura de tu nariz.
¡No, qué va!, no lo digo de asqueroso, lo digo de verdad como para que te des cuenta por la distancia que hay entre ojos y nariz que era muy fácil sentir esa atracción. Daba la sensación, incluso, que no eras vos el que miraba, sino que era su culo, el que te hacía señas para conversar, para pedirte fuego, que le alcances una servilleta o una taza , para darte una mano si te veía con gesto serio o acariciarte la barbilla si estabas de humor.
Claro, que después Selva se daba vuelta y eso, eso ya daría para otra historia. Pero quiero contarte aunque sea el inicio. Cuando ella te dijo hola, cuando al abrir la boca le viste los dientes, blancos y parejitos y los labios gruesos pero naturales, pintados de rojo, y al hacerle un chiste, le dijiste: -qué bocaza nena-, cuando ya habían entrado en confianza. Cuando bajaste la vista por la camisa floreada, mangas cortas, con voladito en la cintura suelta, y te quedaste en la virgencita que le colgaba del cuello. Cuando se soltó el pelo, se quitó la hebilla y sacudió la cabeza preguntándote si le quedaba mal. Cuando al fin cerró los libros y los cuadernos y te dijo:
-Sentáte, dale. No espero a nadie.
Y a vos Turco, a vos sí te esperaban y nunca se lo quisiste decir porque era un secreto de estado, te sentaste y le pediste tímidamente que, por favor, se parara despacito cuando lo volviera a hacer. Despacito, para no provocar accidentes.
Y Selva te hizo caso, aunque no entendió el por qué, ni supiera cual era tu historia ni cual sería la suya a tu lado, Turco.


De Papando moscas

Fidel Alcántara Lévano-Perú/Febrero de 2011

LA AGONÍA DE MI SER


Si untas mi piel con tu afecto
Y brota mi energía como el sol
 me sacudo el polvo de mis años
Y  escondo mi aureola
Despertando del reposo
Al ser  inerte
Con mi lanza a cuestas,
Mientras la noche
Sensibiliza su dolor
Y busco la soledad
Aferrado a mis sueños
Y me escapo del humo gris
Del averno acogedor
Y vuelvo a reír
Con la sonrisa de ayer
Y vislumbro mi dicha
Aferrado al goce eterno
De tu esencia
Desde la ventana
de mi ser sin vida.