OH MUNDO!
Oh mundo!
Esto no es un verano
donde florecen rosas, alelíes, magnolias,
esto es un vergonzoso invierno de muertos
como frutos verdes o maduros
arrancados del vigoroso árbol de la vida.
Oh mundo
Demente, desvariado, desalmado,
estoy aquí a pesar
de haber muerto tantas veces.
Estoy aquí a pesar, sí
a pesar de tantos chacales
devorando cadáveres y moribundos.
Oh mundo!
Viejo patrón soberbio,
socio de la mañosa muerte,
estoy aquí ,estoy en ti
porque Ella es un motor indestructible,
porque Ella es mi motor
porque Ella me empuja, me apura
me sumerge en sus palabras
para no claudicar.
La Amo porque de amor
un día mi vida nació,
porque con Ella,
que está en Ellos,
no podrás
es la energía que atrapa
para no abandonarte.
Oh Mundo!
No podrás extinguir mi fuego
No podrás!
aunque me mandes tanto frío.
martes 31 de enero de 2012
Cristina Villanueva-Buenos Aires, Argentina/Enero de 2012
Paisaje
-caricia
La mano se arquea
apenas, busca la suavidad, las señales de la vida del otro, roza la
cara, toma el pelo, se despliega, lo inunda de un vaivén casi canto o
cuna.
Sobre esa
cabeza, las uñas rojas de ella rozan, con magia, las ideas y las
sensaciones del interior de él, se toca con los sueños los bordea, los
aviva La mano protege, libera, se ilusiona, se pierde en los laberintos del
otro. Hechicera, ella aprende, se entibia, se transforma. Los
dos transmiten un idoma extraño como formado por lo
inexplicable
Visto desde lo
alto son colinas surcadas por hilos de nieve con diez
fuegos encendidos, alumbrando.
Stella Maris Taboro-Buenos Aires, Argentina/Enero de 2012
El tiempo de las fresas
La luz caía como puñal desprendido del cielo. La
claraboya devoraba la claridad y la ponía delicadamente en la alcoba de Elisa.
Ella despertaba de un sueño sin sueños.
Había intentado atrapar la magia del bosque cercano. Buscó más de cien veces conversar con las hadas, con los gnomos y hasta con las luciérnagas antes de dormir. Pero ahora que despertaba a la adolescencia, otras sensaciones le recorrían. Entonces soñaba estando despierta, plasmaba en los espejos frases con perfumes a fresas, aunque a veces asomaban algunas niñerías de su infancia pasada, las sorpresas de las navidades, los cumpleaños cargados de dulzuras, colores, risas y juegos, sus berrinches, los cuentos de la abuela, los consejos de mamá… Todo se mezclaba en ese puente hacia lo desconocido, el ser mujer, tener tacones, como había ensayado con los de mamá. Pintarse los labios, sombrear sus ojos, mirarse mil veces al espejo, ensayar mil firmas y no decidirse por ninguna. Sentirse alegre y a veces melancólica.
Qué extraña situación estaba viviendo, le habían hablado de un príncipe azul, pero a ella le gustaba alguien que nada tenía de azul. Le habían dicho que se trata de la edad del pavo, pero ella se sentía una reina recién nacida o una princesa como la de los cuentos, viviendo en un castillo de ilusiones, de esperanzas, con espejos de ideas cambiantes y sin miedos. Le gustaba revelar en su diario íntimo todo lo que quería y sentía y estaba segura que allí quedaba guardado en secreto, el mayor secreto del mundo. Nadie accedería a esas hojas que en silencio guardaban todo lo que ella vivía en ese, su tiempo de fresas.
Había intentado atrapar la magia del bosque cercano. Buscó más de cien veces conversar con las hadas, con los gnomos y hasta con las luciérnagas antes de dormir. Pero ahora que despertaba a la adolescencia, otras sensaciones le recorrían. Entonces soñaba estando despierta, plasmaba en los espejos frases con perfumes a fresas, aunque a veces asomaban algunas niñerías de su infancia pasada, las sorpresas de las navidades, los cumpleaños cargados de dulzuras, colores, risas y juegos, sus berrinches, los cuentos de la abuela, los consejos de mamá… Todo se mezclaba en ese puente hacia lo desconocido, el ser mujer, tener tacones, como había ensayado con los de mamá. Pintarse los labios, sombrear sus ojos, mirarse mil veces al espejo, ensayar mil firmas y no decidirse por ninguna. Sentirse alegre y a veces melancólica.
Qué extraña situación estaba viviendo, le habían hablado de un príncipe azul, pero a ella le gustaba alguien que nada tenía de azul. Le habían dicho que se trata de la edad del pavo, pero ella se sentía una reina recién nacida o una princesa como la de los cuentos, viviendo en un castillo de ilusiones, de esperanzas, con espejos de ideas cambiantes y sin miedos. Le gustaba revelar en su diario íntimo todo lo que quería y sentía y estaba segura que allí quedaba guardado en secreto, el mayor secreto del mundo. Nadie accedería a esas hojas que en silencio guardaban todo lo que ella vivía en ese, su tiempo de fresas.
Luis Tulio Siburu-Buenos Aires, Argentina/Enero de 2012
NO HAY POESIA SIN
MUSICA INTERIOR
Tratá de que
alrededor
no haya ruido alguno.
Concentráte.Bajá la
cabeza.
Apoyá la oreja sobre
la blanca hoja
donde duerme un
poema.
Escuchá bien en su
interior.
Te parecerá oír mudas
cuartetas.
Es música , aunque
vos no la percibas.
Ansiedad y
creatividad silenciosas.
Sin esa insonoridad
dentro suyo
el poeta no se
inspira,
los versos no nacen,
los sonetos no
coinciden.
Musicalidad que
existe y
es necesario que así
ocurra.
No hay un instrumento
que la lleve al
viento,
pero sí una orquesta
virtual
que la deposita en el
alma.
Y desde ella fluye el
mensaje,
se destilan las
emociones ,
se conjugan corcheas
con letras,
clave de sol con
pálida luna,
bemoles con rimas,
doremifasollasi
cayendo
disímiles , como
gotas de llovizna.
Blancas y negras
conviviendo ,
sin angustia de
discriminación.
Fusas y semifusas en
el ambiente
sórdido de un dolor
difuso.
Tonos y semitonos con
acentos
esdrújulos,graves y
agudos.
Alegría y tristeza en
diferentes ritmos.
Ahora ya lo
comprendés.
Sentirás entonces
que de las cuerdas
paralelas
del pentagrama ,
está naciendo una
melodía.
Esa mezcla de obóes y
violines
es aspirada ,
apetecida ,
por un poeta sin
sordera.
Y en el gramófono de
papel y tinta ,
comienza a vibrar una
poesía.
Néstor Javier Salinas Soto-Chileno, reside en España/Enero de 2012
PRESTO
Límpiate los oídos
con
un palo borracho
Casi en un acto masturbatorio,
excítalo
al refregar
sus espinas con los bordes
de
tus canales,
Es hora de escuchar y no
vivir
con
las alas plegadas
con la alerta adornando tu carne
y con el cerebro en los sartenes
donde esperan los que no quieren escuchar
alimentando a los vivarachos sin cara
con lengua eléctrica
y corazón
de espalda,
que te dan mano de cinco bocas
Y te
van devorando
Poco a poco.
Ana Romano-Buenos Aires, Argentina/Enero de 2012
Laberinto
Furioso
masculla
La bronca
avanza
trepa
se expande
La oscuridad
aturde
Adormece
el
acoso
el raciocinio
El pánico
vigila
Corre
La puerta
se abre.
Carmen Rojas Larrazabal-Venezolana, reside en Los Ángeles, California, EEUU/Enero de 2012
ES INVIERNO EN
EL ALMA
"Me dejas como una sombra al lado del camino.
Y es invierno en el alma;
Y no llueve,
Y tengo miedo de morir sin haber conocido Paris de tu mano..."
Pepe Sánchez
Es Invierno en el alma.
Estos atardeceres van quemando sus metales
entre los incandescentes rojos del recuerdo.
En despedida inhóspita, te habito,
en un sagrado ritual de pasión irreverente,
en el último grito que susurra un beso
cuando debe morir sin conocer tus labios
para tan solo desangrar de olvido
entre los ecos idos de tu frente.
Es invierno en el alma.
Y hoy pierde su razón, el horizonte,
no se hasta donde viajan sus tristezas,
solo se que la mía en ti se queda
detrás de cada lluvia que aun no llega
y en el ultimo abismo de tus noches.
Es invierno en el alma.
Y han callado a mil voces, tu mirada,
deshilando los hilos de mi entrega,
hasta el fondo de un sueño que se queda,
bajo el llanto de los pasos que se marchan.
Es invierno en el alma.
Y no tengo respuestas para el aire
que se niega a respirar tu adiós,
que me roba la brisa-altura de tus cimas
y me lanza al valle-olvido donde casi siempre
agoniza el corazón.
Es invierno en el alma.
Y escucho los sonidos lacerantes de tu angustia,
me encuentro en los abrazos de tu aliento
tras la mágica palabra que apresura los silencios
para que cada herida vaya desnudando sus verdades
y salvarme así, de esta lluvia que te busca.
Es invierno en el alma.
No estas solo bajo nubes grises,
ni ha llovido sin testigo en tus caminos,
en tus huellas y en tu invierno, sobrevivo,
anhelando tu agua fresca en mis raíces.
Es invierno en el alma.
Y no te olvido.
Ni que mojen la memoria de tus besos,
ni que llueva a puro fuego en tu silencio,
ni que se declare de otoño el frío invierno
para encender los colores de tu ausencia.
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