lunes, 24 de octubre de 2011

Carmen Rojas Larrazabal-Venezolana, reside en Los Ángeles, California, EEUU/Octubre de 2011

Lluvia, refugio de tu ausencia

Corro a encontrarte entre la brisa,
mis pasos alertando, sin querer,
con la breve diana de las hojas secas,
a mi soledad,
en sorprendida desnudez.

Reflejos de luz sobre mi piel.
El agua-olvido de sanar recuerdos
va delineando en su lluvia
cada huella de mi alma
y la infinita historia de su sed .

Como húmedo escultor
defines mi silueta
recordándome quién soy
si no soy árbol.
Elevando mis pies sobre las piedras,
reflejando pinceladas de agua clara,
mientras mis azules y naranjas
deciden revelar su noche y día
en el alto contraste de la espera.

Me descubro entre tu breve melodía
con el polvo que en arcilla me moldea
en la historia de verde centinela
que en claro retoño invita, sin querer,
a los nuevos colores de la tierra.

Lluvia, que al caer, has despertado
las breves líneas que revelan, sin pensar,
dónde habitan los silencios de mi alma,
dónde suenan los segundos que me quedan,
dónde vive el manantial que aún te espera.

Rolando Revagliatti-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

Habla Gloria



          En bombacha hace flexiones en la barra (un metro y setenta y siete centímetros de muy buena madera) engrampada en la pared lila. Hoy es viernes feriado nacional y nuestra kinesióloga no trabaja ni concurre al seminario de post-grado. Pudo haber ido a un pic-nic con gente del hospital, en Virreyes. No se suspendía por lluvia y garúa desde el amanecer. Pudo haber presenciado el ensayo de "Los Húsares" en el Centro Dramático Buenos Aires. Hoy es viernes y Ernesto no apareció a las diez de la mañana, feriado el día completo desaprovechándose. Hace flexiones con ímpetu admirable. Nuestra tromba se llama Gloria y desde el martes el zócalo de frente a la puerta del baño, ha quedado salpicado con gotas de su sangre menstrual. ¡Gozó tanto con Ernesto durante las escandalosas cuatro horas en que la sangre parecía no importar!... Había sido desnudada a manotazos, todo convenido, sólo "por las malas". La alfombrita añil también quedó manchada. La primera embestida incluyó a esa alfombra. Fantástico fue cuando él le rescató bucalmente el clítoris con tamaña dulzura. Si no recordaba mal, Ernesto fue el único que tras merodear en la zona en esas condiciones, además se instaló. ¡­La pucha! Así le gustaba a Gloria, la ráfaga del Cono Sur. Será por tanta emoción y gratitud que otro "clinch", meduloso y vehemente, culminó con la felatio más exhaustiva de su trayectoria, tolerando con naturalidad aquel precioso semen en su boca. Lo escupió en el inodoro, un par de buches con la pasta dental y retornó a Ernesto. El prometía "redactar un poema que le haga justicia a tus labios". Labios. Todos reparaban en sus labios. Tomaron whisky en la cama (él, con hielo) antes de renovar el frenesí. Ella encima de él acababa como una locomotora, el vapor (de la locomotora) los aureolaba, lo estaba haciendo bolsa al flaco, ­¡ay! si se pudiera circular con este pedazo hirviente, con este irredento entre las piernas, así aferradas las tetas, insistentes y malévolas las yemas de bibliotecario hundiéndome los febricitantes pezones, pensaba huija pero no lo exclamaba, y Ernesto sucumbió en la cumbre, aunque siguieron, había con qué, un rato.
          Concluye la sesión de flexiones, al tiempo que un largo tema del Gato Barbieri, del que abundan pequeñas láminas y pósters en su bulín, aun en los armaritos de la cocina. Suena el teléfono, baja el volumen del equipo, se arroja al tubo. Oye y especifica:
         - Habla Gloria.
           Su prima tienta: hay dos tipos bárbaros y a uno de ellos la prima se lo quiere presentar. Gloria se juega por Ernesto, renuncia, se abstiene de conocer hombres nuevos por ahora, que no le enturbien el sortilegio del martes, ya sin menstruación lo aguarda, si no fue a las diez será a las veinte, pero será, será, ella lo sabe, gracias, que los disfrutes y chau.
          A todo Gato otra vez, fundas y cubiertas de discos por aquí y por allá y los auriculares sobre un bafle. También Beatles y Rolling Stones y Kiss. And Joe Cocker and James Taylor and Bee Gees. Discos en las estanterías junto a los libros de la profesión, apuntes y agendas de los últimos años y un retrato de Gloria adolescente, óptima potra incabalgada. Tiempos de resaltar las pestañas y pronunciar el escote para fastidio de su papá (atemorizado): toda esta potra, digo, esta hija para mi; digo, no es para mí: es mi hija. Tiempos de vigilar la expansión de las pantorrillas, la tersura del abdomen, la consistencia de los muslos. Tiempos de evaluar apetencias a la salida del Normal, de dejar con las ganas, tiempos de acalorada soledad. Nunca hacía frío en su alma. En otro retrato, Gloria miraría a cámara, inmarcesible, mordisqueándole una oreja a un felino bicolor. Y en otro, en una toma posterior, una Gloria baqueteada durante su tránsito por la facultad: orgías al paso con compañeros o auxiliares de cátedra.
          El teléfono, sobre una mesita rodante conseguida en Emaús, al lado de la cama de una plaza, de caña, descuarejingada, con la almohada sin funda, suena.
          -Habla Gloria.
... al muchacho supuestamente bárbaro. Y lo cita para el lunes. Cuenta las chinches que en la pared coral sujetan su espléndido vestido bahiano, cual si fuera un tapiz. De su estadía en San Pablo viene memorando con insidiosa frecuencia los dólares que se agenciara sin proponérselo, devenidos de una desleída cogida con un hotelero. Recién en vuelo al norte descubrió en el estuche de cosméticos los billetes que le posibilitaron alquilar automóvil, comer langosta a la Termidor y adquirir alguna pilcha cara. Posponía encarar ese episodio, maremágnum de sensaciones displacenteras al principio, en su análisis.
          Al dorso de una tarjeta de su depiladora, asienta con un marcador: "Estoy Lavándome El Pelo". La incrusta en la mirilla de la puerta del departamento. Lava su violenta cabellera con champú de huevo en la pileta del lavadero. Se enjuaga, se seca, y se mira en el espejo circular y estropeado que aprisiona un fierrito sobre la pileta. Retira la tarjeta de la mirilla. La guarda en una cigarrera. Teclea en plena siesta, a doble espacio en papel tamaño oficio y con dos copias, la versión nunca se sabe si definitiva de "La Demanda de Atención Kinésica en un Instituto de Día Geriátrico", que urdiera con Carmelita Pizzurno, terapista ocupacional. La presentarán en el congreso de paramédicos de la ciudad de Córdoba. Irá con Carmela. Ernesto examinará la versión por si hubiera incorrecciones de estilo. Estilo el suyo de mecanógrafa. Mucha Pitman y Academias Orbe, pero ataca el maquinón con fogosidad digna de causas menos preciosistas. La Underwood negra salió a prueba de Glorias desmañadas. El escritorio en el que está, herencia de un abuelo abogado y ex-senador, ya temblequea.
          Rodolfo Mederos se desgrana desde un casette que Gloria grabara en vivo, cuando ella llama a casa de Ernesto:
          -Habla Gloria.
          Atiende el amigo de Ernesto, a quien ella conociera también el martes. No había llegado, le dice; él creía que Ernesto estaría con ella. Escueto y amable.
          Manduca en la cocina un racimo exuberante de uvas rosadas: una mordida y glup, una mordida y glup. Efectúa insignificantes enmiendas en el trabajo de investigación. Larguito. Y no meramente descriptivo. Ernesto se olvidó los Parisiennes. Enciende con el Magiclic una hornalla y con la hornalla un cigarrillo. De la mesa de luz extrae el pote (dado vuelta) de quitaesmalte Miss Blue, el quitacutículas, dos limas y un neceser de plástico rosa Dior. Introduce el meñique de la mano izquierda en la abertura de la inflamable esponjita y gira el pote. Y así con los siguientes nueve largos dedos. Lava sus manos con agua fría y sin jabón. Se seca. Empuja las cutículas con el aplicador del quitacutículas y las recorta con el alicate. Da forma a las uñas con la lima de acero y luego con la de esmeril, y además, suprime los rebordes. Se lava ahora las manos con agua tibia y jabón La Toja. Esmalta sus uñas, agita las manos y sopla.
          Abraza a la almohada, transversal en el lecho, durante media hora se permite el desfile de buenos mozos y ... ¿ qué hace en la pasarela el amigo de Ernesto? Errabunda, considera: La ranura del pote me mambea, me deja... ¿ así serán las de las muñecas inflables?... Y luego: No lavé los corpiños, ni el toallón, ni el vaquero, ni cosí la blusa. Y hasta yo me doy cuenta de que el placard está hecho un quilombo. Ernesto no llama. Ya me veo a la medianoche: lavar, coser, ordenar y meta sublimar. Y se nos queda dormida la que sueña con teléfonos tornasoles afirmados al cielorraso:
          -Habla Gloria.
          Susurra: -Habla Gloria.
          Canturrea:  -Habla Gloriaaa....
          Grita: ­-¡Habla Gloria!
          Ni aunque vocifere. Verdes ojos abiertos. Ha ido demasiado lejos. Transida saca, saca, saca pullóveres, camisolas, medias, pañuelos de seda, saca del placard bolsas de celofán, remeras, un mantón de Manila, cinturones, cuatro polleras y dos túnicas saca y apila, perchas, carteras en el piso, y la dormidera se va, se va, viene lo tangible, con humor ya que no con pasión, música, falta música.
          Percibe la inefabilidad melodiosa del timbre del departamento, oprimido varias veces: Gloria se entera de que Ernesto llegó. Abre la puerta, ríen y se le cuelga haciendo pinzas con las piernas. Festeja, besándolo. El patea la puerta, la cierra y traslada a Gloria, la pasea, la acaricia, la zarandea. Todo es confuso y divertido y ella no inquiere ni reprocha. Son las veinte.

Humberto Pinho Da Silva-Porto, Portugal/Octubre de 2011


CULTURA AO QUILO






Conta Luís de Oliveira Martins, que certa vez o genial Camilo esbarrou, na Praça Nova, com negociante seu conhecido, sobraçando numerosos livros.
Admirado que o comerciante andasse com tantos livros, disse-lhe o escritor:
- Quantos livros você leva consigo! ….
- São para meu filho, que anda a estudar. - Respondeu, enfatuado, o comerciante. - São quatro quilos de sabedoria! - Concluiu o homem com sorriso de orgulho bailando nos lábios.
Ao que Camilo, prontamente, retorquiu:
- Veja lá se lhe roubaram no peso! ….
Esta historieta, quase anedótica, ocorrida entre o escritor e o lojista da praça portuense, lembrou-me outra, que presenciei em menino, na livraria de amigo de meu pai.
Certa ocasião o Dr. Saraiva, homem bom e temente a Deus, instou meu pai a visitar sua casa, pois queria mostrar-lhe a biblioteca.
Espicaçado pela curiosidade, ainda que contrafeito, acedeu; e numa manhã de domingo, após a missa, bateu ao ferrolho do antigo e sombrio prédio dos Saraivas.
Prontamente apareceu o dono da casa e alegremente conduziu-nos à famosa livraria; antes, porem, passamos por saleta, onde montara posto de radioamador.
Ligada a aparelhagem, soltou-se infernal chiadeira, chinfrim de ruídos graves e agudos, que este vosso criado, que acompanhava o senhor, seu pai, não encontrou outro remédio, senão servir-se das mãos, como tampões.
Mas isso é o menos.
Prestes passamos à biblioteca. O Dr. Saraiva escancarou as janelas, e jorrou sobre os armários envidraçados, que forravam as paredes, alegre e fresco sol matinal.
Seguiu-se a apresentação dos volumes:
- Aqui está a obra completa de Eça e Camilo; algumas são primeiras edições; a enciclopédia Luso-brasileira, a Britânica e o Larousse; os livros de Economia, História, Direito e Medicina, encontram-se naquele armário. Enfim, uma biblioteca de milhares e milhares de volumes! … - Rematou orgulhoso o Dr. Saraiva.
Meu pai olhava pasmado para tanta “cultura”; observava os livros vestidos a pele genuína, cobertos a letras doiradas, que pareciam acabados de sair do encadernador.
Então o Dr. Saraiva, querendo deslumbrar-nos, abriu a porta envidraçada de uma estante e retirou preciso livro, ricamente encadernado a meio-amador, e disse:
- Veja que beleza! …
Meu pai abriu a obra, que era de Florbela Espanca. Estava em branco! Tornou a abrir…e sempre folhas em branco!
-Abra ao meio! …Abra ao meio! … - Insistia o Dr. Saraiva. - Como era muito fininho, mandei encadernar com folhas em branco. Sempre fica mais bonito na estante.
Tanto o lojista de Camilo, que media a cultura ao quilo, como o Dr. Saraiva, que, como Jacinto, do Eça, tinha milhares de volumes que nunca lera, pensavam que a cultura resumia-se na abundância de livros.
Como eles, quantos não adquirem livros só para dizerem que possuem a obra completa de ***, ou a Bíblia ilustrada de Doré?! Compram “cultura”, a metro, para enfeitar estantes.
E o homem comum, vendo tanta abundância de livro, dialoga com os seus botões:
- Que homem culto é este senhor doutor! …

Nilda Antonia Pigazzini-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

  INVOCACIÓN

-Cuando leo tus poemas
 aprisiono las páginas de los 
libros, en vano gritar
eres mi voz mi inspiración
absorta ,callo...

Me enamore de ti ,
mi duende imaginario
capa  bastón y sombrero...

---Época de príncipes y princesas !
 tenia barba y  bigote,
el cabello era largo ,el sombrero
de copa..

--Así te  invoco en mis sueños

-Así era princesa  un soñador ,
un gran soñador!

--No haberte conocido poeta...

Teresinka Pereira-Toledo, Ohio, EEUU/Octubre de 2011

AMOR PROHIBIDO

Una presencia sin delito
como un granizo que cae
y se disuelve antes de sentirse,
una idea sin forma
cayendo prudentemente
en la penumbra del espacio
o, tal vez perversa hambre
de aventura, que traspasa
la confianza del verdadero amor
y llamea, pero no quema de todo,
unos labios que fingen besar
pero muerden el corazon
hiriendo a todos
sin saciar a nadie.

Patricia O. (Patokata)-República Oriental del Uruguay/Octubre de 2011

NADIE PUEDE...
                                                                                                  
Alargo una mano al cielo
y tomo una estrella,
la prendo a mi pelo...

nadie puede quitarme los sueños.

Ni las palabras, ni los agravios
que suele ocasionar la indiferencia
de los perfectos.

Ni la erudición de los que llevan 
sus títulos colgados
con orgullo al pecho.

No son los libros 
los que construyen 
de forma innata el talento.

La inspiración va más allá 
de las letras,
la belleza de lo que se dice
va más allá del intelecto
y cuando el talento
va unido a la humildad...
se encuentra la panacea
que lleva a lo bello y lo perfecto.

Bien aventurados los escritores,
poetas soñadores 
humildes de corazón 
porque éso 
es lo que los hace grandes
ante el mundo,
dignos de gran admiración 
y de mayor respeto.

Bien aventurados los escritores,
poetas soñadores que cuidan el timón
y permanecen cuerdos,
ante el orgullo y la arrogancia,
y no pierden jamás
el norte de su puerto.

Álvaro Iván Ortegón González-Cali, Colombia/Octubre de 2011

Hades

Me andas sepultando sin tedio
mujer de velo negro e infausto;
presurosa, iracunda, penumbra de asedio
desde tus presidios gritas: ¡Fausto!

Tu negra saeta en pos de mi pecho nocturno
y tu trémula estancia bajo esta noche inerte,
laceran mi alma cual anillos de Saturno
con la infinita lobreguez de la muerte.

Amarga condena de espíritu doliente
y espectro hastiado de la maledicencia,
soy juglar de versos en agonía inclemente.

Cantan las ánimas mis poemas de árida demencia,
y tú, sombra gélida, sólo atisbas cual perverso vidente
el melancólico aliento de mi difunta existencia.





Cristina Noguera-Pergamino, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

DESNUDO AQUEL BESO
                                                                     

                                                        


      Aquel beso frágil, tierno
Que voló en medio de las miradas
Se cruzó entre el expectante silencio
Abrió con tu alma la puerta de mi boca
Rozó la caja con terciopelo
Navegó tu dulzura por mis entrañas

Así abrimos nuestros diáfanos cielos
Habitamos amores de fuego
Recorrimos paraísos deliciosos
Con la fuerza de nuestro cariño
Con las alas de nuestro beso


Sol de primavera