martes, 25 de octubre de 2011

Germán González Arquati-Octubre de 2011

PRÓLOGO para “Las Piezas de un Teatro” de Rolando Revagliatti

“REDUNDIO = GERUNDIO EN REDONDO”



Según el Pequeño Larousse Ilustrado, ROLAR quiere decir dar vueltas en redondo. Su gerundio es ROLANDO, esto es dando vueltas en redondo (galicismo).

RE-VA: va y va. Sin volver. Español castizo.

GLI ATTI: los actos, más tano que los tallarines.

ROLANDO REVAGLIATTI: El que dando vueltas en redondo va y va sobre los actos.

A Mandrake le serrucharon el cráneo. Tuvo buena cicatrización. Su magia consiste en convocar frases que provocan la penumbra y la oscuridad.

Fragmentos de Rolando que va y vuelve a ir sobre los actos: ahí están para muestra el Caballero Español con su invitación programada que siempre fracasa, la mujer que talla en jabón y repite su frase: “Nosotras no la matamos. Se murió sola.” El Hombre que se suicida con lo suyo comete actos comentado por un parlante que repite su mensaje hasta que termine de trajinar y suceda el apagón final. Alguien abre los dedos, embalsa arena fina y la deja libanizar (justo en el momento en que Mandrake anuncia: “No es tanto el dolor, sino que sangra.”). El mago Mandrake sangra y sus palabras mediatizan la realidad, la realidad, la realidad...

El Hombre que bracea sobre la mesa no deja de tener razón cuando sentencia entre brazada y brazada: “¡Qué capítulo, señor, escribiríamos todos si no tuviéramos que remar!...” La luna como una pastilla de Alka Seltzer cuelga de un hilo de coser pero el Hombre ni la mira y además la tutea como una vulgar trotacalles.

Cosa de nunca acabar y de nunca empezar. Se gasta lo que hay y no existe ningún relevamiento sobre lo que aún queda en el ovillo. Ellos dialogan sobre imponderables. ¡Qué lujuria senil! El mundo destila lujuria senil. El viejito se dormirá con el numerito ROLANDO entre sus dedos que luego caerá de sus dedos. Todo caerá despacio como si se precipitaran bulones de goma. El Angel cubre a los niños con su sábana blanca, para ocultar sus juegos eróticos. Los niños nunca duermen: “Le hundimos los bichitos en el agua. Le cantamos el bolero.” Nada termina.

Re-va. Va y vuelve a ir. No regresa. No hay vuelta para volver a ir. Es el que va dos veces. El que no conoce el viaje de vuelta: jinete que cabalga únicamente corceles que van. Dando vueltas en redondo porque SOLAMENTE SE PUEDE IR DOS VECES HACIENDO VIAJES EN REDONDO. No hay otra manera de ir y volver a ir sin volver, que haciendo viajes en redondo (ROLANDO: dando vueltas en redondo). La fatalidad de llamarse de una manera también es un viaje de ida. Pongámonos nostálgicos: la vida es esencialmente un viaje de ida (la palabra misma lo contiene: vida).

Seres trasnochados sorprendidos por sus propios textos que viajan en góndolas oscuras en medio de tempestades de utilería. Las palabras son ganglios que gotean y supuran incertidumbre. El derrumbe se produce en sordina y los pesca a todos enzarzados en pensamientos que no descansan, amotinados en la misma nuca, expresados turbiamente con una claridad aterradora. Hay luces curvas y torvas que vaporizan la escena. Sería mucho simplificar decir que estamos asistiendo a un drama sicoanalítico, pero “por algo será”.

Teatro redondo que se regodea en no avanzar, eludiendo la perentoriedad del conflicto, porque es conflicto en sí mismo. Para sí. Para no. Para ni. Para so. Se da el fenómeno de asistir a un curso de acciones sin futuro, que obliga a no alentar expectativas. La acción se agota en sí misma y a menudo no es antecedente ni consecuente. Teatro sin futuro. Teatro optimista.

El lenguaje no apela a los sentimientos sino a la tiranía caprichosa de las ideas que bullen en la nuca. La palabra es portadora de acción: es acción en sí misma y nunca ilustra ni comenta la acción física de los personajes. No nos pongamos pedantes. Los hombres y las mujeres hablan de cosas íntimas, fuleras, callosas, vergonzantes. Parecen desandar continuamente el tiempo, ese tiempo que se desplaza por las ventanillas de los trenes y queda embolsado en el furgón de cola. Uno siente que detrás hay una sala de espera de mayólica, con salivaderas de hierro enlozado, higienizadas con creolina. Humor viciado por la falta de aire, por el olor del sexo que surte entre las enaguas. La pobre humanidad retrocediendo cualquier cantidad de pasos, descuajada, errática, agolpada entre las dos caras de un vidrio opacado por la fina lluvia de otoño.

Pero por ventura está la pietá. El descenso de la cruz. La lánguida eternidad abandonada en brazos de la madre adolorida. ¡Pobrecitos! Se la pasan llorando sangre, tendiendo la mano al padre ausente, amarrados a las tetas de la madre omnipresente. Las palabras circulan, se atropellan, chocan, estallan, brincan entre los hombres y mujeres que degradan la escena. Se vive entre los socavones de la conciencia. El mundo exterior aparece tan deformado que ni es ridículo. Más bien todo lo visible aparece patético sin que nadie haga nada para que lo sea. Todos los personajes hablan con la cabeza en la mano. Todos terminan encallando y preguntándose a pesar de sí mismos: “¿Qué hago yo conmigo ahora? ¿Qué hago yo conmigo ahora?...” “Me falta la cabeza...” “Los fantasmas vienen a caballo. Diversos. Nunca llegan y siempre vienen.” Esto hay que leerlo y archivarlo en la frente. Si uno lo ve, tal como sucede con las imágenes visuales, las palabras que uno oye viéndolas pasan como esos “fantasmas diversos”. No vienen ni llegan. Pasan. Y el teatro no es un libro que se puede volver atrás. Lo cual es una verdadera lástima. Porque sería hermoso que en la representación cada espectador pudiera parar el espectáculo, hacerlo regresar a un tramo que desea retener o regozar y luego saltar hasta el hiato. Peligroso. Muy peligroso. Eso sería volver a ir pero no en redondo. Y entonces Revagliatti no tendría nada que ver con esta operación, más que nada por llamarse Rolando.

lunes, 24 de octubre de 2011

Nora Coria-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

QUENA DE LOS ANDES

Dedicado a la música y talento del maestro Raúl Olarte

¡Oh, quena de los Andes!
Quena de Los Andes, soñada desde
la cuna misma de la caña, por aquel
capaz de intuir la perfección de tu
sonido.
Caña destinada, transformada en
quena por las manos del que supo
tallarte, esperarte y sostenerte; caña
hecha música por el arte del que
crea sonidos desde el aire.
Quena de Los Andes, sólo el aliento
del elegido es capaz de invocar en
melodías los antiguos espíritus
tutelares de los cerros.
Quena de Los Andes, armonía
ancestral del Altiplano.
Aa, qena Antimanta
Qenaqa antimanta, nosqosqa
kirawnin soqosmantapuni,
jaqhayrayku usaqennin tinkaynin
allin sumaqe kaymin qanpa
chanrayki.
Soqos rajnisqa, wajnachaska qenapi
pichus llajtayta yachaq, suyaynipi;
jap´iyniypi; soqos ruwasqa chanray
allwika pichus kaman wayramanta.
Qenaqa antimanta, samalla
ajllasqajpa usaqen waynayashan
misk´i takikuna unaykuna llakhayan
orqhokunamanta.
Qena antimanta, munijya
ñawpamuchiq Punamanta.
Poema seleccionado desde Ministerio de Educación de la Nación,
publicado en revista “El monitor”; el maestro Raúl Olarte lo ha elegido
para sus conciertos en Centro Cultural Borges y otras presentaciones.

 Agradecimiento especial al Profesor
de Cultura y Lengua Quechuas
Carmelo Sardinas Tayta Ullpu

Nélida Vschebor-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

¿COINCIDENCIA?

Terminaba de vestirse cuando sonó el teléfono. Lo atendió apresurado porque se le hacía tarde, pero nadie contestó. Silencio y luego cortaron. Lo intrigó un poco, pero debía apurarse.
Ya casi salía cuando volvió a sonar. Tomó el tubo con urgencia gritando un ¡Hola!. Sólo el vacío. Esta vez fue él, quien colocó el aparato despacio sobre la horquilla.

Estaba llegando a la esquina, cuando vio al colectivo alejarse. . Caramba, si no tuviese que marcar tarjeta, se dijo, y encima ese reloj que nunca se atrasa, más bien adelanta….  Miró la hora. Las seis y diez. Echó una ojeada alrededor. No había nadie. Decidió caminar hasta la próxima parada para ganar tiempo. Así lo hizo.
Entonces escuchó ecos de pisadas que lo iban siguiendo. Fue en ese momento que recordó las llamadas y se asustó.
En el bolsillo trasero de su pantalón tenía un pañuelo. Lo sacó para enjugar la transpiración que surcaba su frente.
Apretó el paso. Atrás hicieron lo mismo. Comenzó a correr, y atrás las pisadas se acercaban. Llegó a destino rezando porque apareciera el micro. Y se paró.
Al darse vuelta vio a un joven acercándose con la mano extendida hacia él. ¿Un cuchillo? ¿Un arma? No lo sabía. Sólo atinaba a mirar ese rostro que tenía un rictus por sonrisa.
-“Oiga don, esto es suyo, se le cayó la billetera”      

Oscar Alfonso Vera-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

Hojas secas de otoño

Hojas secas de otoño,  giraban en el alma.
arremolinadas,  parecían querer arrancarnos vestigios
de hermosas primaveras recorridas, rodaban,
arrebatándonos el tiempo  en cada rulo,
y las flores impolutas,  se deshacían como nubes
en el vertiginoso descenso, de nuestro amor,
ya en el ocaso, montañas de nieve,
 nos cubrían el alma, en el rojo atardecer
 de nuestras vidas, bajo un cielo sideral
 que iba sangrando, el viento era un sordo puñal,
 clavado en un corazón que yacía inoperante
ahí, sin lágrimas, mientras los dos nos ahogábamos,
 en hermosos recuerdos de primaveras,
en el sordo abanico de la noche ya muerta,
solo se escucha del corazón, su fuelle.

Loreto Silva-Chile/Octubre de 2011

De mi Sangre

Soy policía, forma parte de mi trabajo hacer turnos en la comisaría tomando declaraciones, recibiendo denuncias y constancias. Aquí se conoce en profundidad al ser humano, necesitan de nosotros para enfrentar variadas situaciones que les ocurren, muchas cruzadas por la desgracia otras no tanto y a veces se presentan hechos inesperados de corte trágico y sesgo cómico. Como hace unos días atrás, en que vinieron una pareja de mujeres, provocaron tal bullicio que llamaron la atención de cuantos estábamos aquí. La gritona era una mujerota ordinaria, recia, con el pelo tieso de raíces oscuras y puntas amarillas. En su imagen se confundían por un lado un físico agostado con unas impúdicas carnes rosadas que pugnaban por aparecer entre una serie de prendas superpuestas, y por otro la trifulca que armaba. Traía a rastras, y es así de literal porque la tironeaba del cinturón y de la ropa mientras trataba de huir, a una joven veinte añera que silenciosa se debatía contra las garras que la tomaban e intentaba en vano, dada su físico dispar, evitar el ingreso a nuestra sala.
Con mis compañeros nos esforzamos para refrenar la risotada al ver el inusual dúo, en tanto la guardia les ordenaba entrasen, así que les hice un gesto para que se sentaran frente a mí. La grandota vulgar dirigió una mirada filosa a la muchacha con la cual perentoria ordenaba “no te muevas”.
Aplicando el procedimiento les pregunté que deseaban. La rucia fornida tomó la palabra:
_Mire oficial, a ella le pega el marío, y es tan poco hombre el cobarde, sinvergüenza, que le pega donde no se le ve, pero yo la toquetié y me di cuenta que está toda machucá, -y dirigiéndose a la chica dijo:
_¡Muéstrale! ¡Muéstrale la barriga y los brazos! -mientras tanto, a pesar de los gestos renuentes de la joven, le levantaba la blusa dejando ver una piel llena de marcas moradas; al recogerle las mangas también sus brazos exhibían lo que parecía ser el resultado de golpes reiterados: al tocarle la espalda, por instinto, se encogió de dolor.
Entendí que la escandalosa tenía razón y pese a las negativas de la joven, le pedí el carné de identidad, hice el registro de datos y consigné la declaración de los hechos para dejar constancia de esa golpiza. La matriarca, ahora dueña de la situación, entrometiéndose agregaba una serie de datos irrelevantes que hacían ver que el golpeador era un mal hombre y contaba con toda su animadversión; su único deseo era que la chica lo dejara y buscase una mejor compañía para vivir. Debí pedirle que guardara silencio, pues sus interrupciones, aunque bien intencionadas, no me permitían terminar de interrogar a la víctima. Concluí con esto y les leí el texto, ella lo aceptó de inmediato; la joven, a regañadientes, lo aprobó. Cuando le solicité que firmase la declaración estaba indecisa, le pregunté por qué no quería firmarla si el marido la maltrataba, con una voz clara y suave me respondió:
_Es que yo lo quiero y me prometió que iba a cambiar -la zafia que no perdía palabra, una vez más metió su cuchara:
 _¡Ve, oficial! ¡Si ésta es re tonta!, ¡está enamorá!, si al hombre no hay que aguantarle que le pegue a una, mi marido me levantó la mano una sola vez, me tiró un cachetazo y yo le rompí una lámpara en la cabeza de ahí nunca más se me insolentó -en medio de gesticulaciones y con lo que me pareció una mezcla de desdén y amargura agregó:
 _Esta no es agallada, no se defiende, entonces el otro se aprovecha; cuando me di cuenta le dije: “si no te defendís, entonces cabra, tenís que ir a los pacos y hacer la denuncia, si este gueón no cambia entonces te divorciai, ¿y qué sacai con estar tan enamorá? ¡a puros combos te le van a quitar el amor!” -Iracunda, remató ordenándole:
 _¡Firma esa custión! -al quedar la tinta sobre el papel, la mujerota hasta ese momento rabiosa pareció desplomarse.
Mientras terminaba la documentación, mencioné lo positivo que era que la joven contase con su ayuda, pues la red familiar colabora para que las víctimas superen estos episodios, una vez más la mujer asentía a cuanto yo hablaba y respondió:
_Si oficial, no se preocupe que siempre la voy a defender. -Brusca y todo abrazó con ternura a la joven besándola en la frente, la chica desconsolada, se puso a llorar.
Les entregué las indicaciones a seguir, entonces me despedí de ambas; evitar involucrarme fue inútil porque la mujer terminó despertando mis simpatías; pensé que si todas las madres defendieran con esa pasión a sus hijas, no habría tantas mujeres abusadas, me despedí de ambas diciendo:
_Vayan señoras, vayan tranquilas. -Su respuesta fue:
_Sí, si me llevo a la niña. -Me pareció ver que se ponía a llorar, y para infundirle ánimos agregué:
_Y, señora, siga cuidando a su hija. -Con la mirada húmeda, casi en una exhalación, me respondió:
_No es mi hija, -y para mi sorpresa, por lo bajo, añadió: _soy la mamá del desgraciado que le pega...

Luis Tulio Siburu-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

TRES LLAVES

Lo conocí a comienzos de la década del ochenta.Sus hijos jugaban al básquet con los míos y entre partido y partido , viajes al interior del país por intercambio con otros clubes , cenas de los viernes , asados de los domingos y vacaciones junto a otras familias , fué naciendo una amistad.
Tenía una personalidad muy particular.Pasaba de la carcajada estentórea a la hosquedad profunda. De algún gesto propio de adolescente a una seriedad de hombre maduro , quizá mas madura que su edad real. Tenía un acompañante permanente , el diario La Nación , al cual llevaba bajo el brazo  o tomado por la punta de los dedos. A veces , mientras esperaba se hicieran las brasas o en el ocio de la playa , lo reemplazaba por un libro. Quizá  me equivoco , seguramente en el fondo de la canasta de las viandas , estaba acurrucado el periódico. Es que las noticias de economía y política – y en especial los editoriales - le apasionaban , aunque lo hicieran renegar.
Era abogado de una institución bancaria relacionada con el gobierno de turno por su carácter promocional de créditos para el desarrollo , pero no era un fanático de su profesión ,  hasta le parecía una carga, una pesada carga.El ambiente del banco lo agobiaba y de alguna manera su rostro cansado , semidespeinado , en los atardeceres de los días laborales , traslucía su interior.
Era un hombre afable , buenazo , pero había un tema que lo rebelaba , que lo transformaba.Era anti-imperialista fanático , para él no había mal argentino que no tuviera principio y final en la influencia norteamericana o de algún estado europeo.En esos casos era mejor dejarlo hablar , no disentir , porque el tono de su voz subía violentamente. Creo que esa posición era una fachada que escondía algunas frustraciones interiores donde las banderas del primer mundo no tenían nada que ver.


¿Alguno de ustedes leyó La Tregua de Benedetti ?.......bueno , él era algo así como el personaje de Martín Santomé , a veces eufórico , a veces resignado . Alegría y fervor por fuera , tristeza y pesadumbre por dentro. Y el tremendo esfuerzo de mantener el equilibrio emocional.
Habitaba un departamento a metros de Plaza Italia pero sus hijos lo convencieron para venirse cerca del club, a Martínez , donde estaban las amistades de toda la familia.Una oportunidad también para vivir en un chalet que su esposa y él siempre habían soñado y donde tenían la esperanza que algunos problemitas de madurez que tenía su hijo menor mejoraran.
Se lo veía mas sonriente que de costumbre , en la casa siempre había algo para hacer . La señora renunció al banco donde trabajaban juntos  y se estableció como independiente , abriendo una mercería y un video , en sociedad con mi mujer y otra amiga en común.La vida parecía tomar otros rumbos.
Una molestia , análisis , tomografía , operaciones , cáncer.En  poco más de un año se quedó viudo y con  tres hijos que extrañaban a su madre. Su vida cambió de mano de la misma manera que él  cambió de vereda. Sí , extrañamente , cuando volvía del trabajo camino a su casa y pasaba frente a los negocios donde siempre a esa hora había alguno de nosotros parado en la puerta , él se cruzaba a la vereda de enfrente para no encontrarnos,  sin saludarnos , como queriendo esquivar el pasado reciente o el revés de su destino.Lo comprendíamos pero creo que no alcanzábamos a interpretar , detrás de esa actitud de escape , cuan grande era su dolor, su soledad , su quiebre.
Un día llegó a su casa , estacionó el coche y lo cerró con llave.Era la primer llave. Luego abrió la puerta de la casa y cerró. Era la segunda llave . Recorrió los ambientes , se aseguró que no hubiera nadie, empujó la mesa ,  subió a la silla debajo de la araña , pasó la soga entre el gancho del cielorraso y su cuello y luego pateó la silla.Había utilizado la tercer llave.La llave que abrió el paso a la eternidad y cerró el laberinto oscuro donde se había perdido.  

Maité Sánchez Romero (Volarela)-Benidorm, España/Octubre de 2011

MUJER

En cada universo una caracola
de infinitos perlada,
girando,
recién creada en el mar,
en todos los mares posibles:
Mujer,
meciéndose,
en un sentir bravo y lánguido,
un sentir de océano.
Electrizada de soles, de lumbres, de rayos
que encuentran su cobijo
en el tacto redondo de su cuerpo,
se da:
bosque de coral mecido en la noche,
lágrima de pradera hambrienta,
sinuosa pluma desbordada de Dios, de todos,
de él.
Y se da
en un grito amoroso de nebulosas,
y se tiende en la arena para que las gaviotas
plieguen las alas
sobre su vientre;
para que el mar la bañe de albas, silencios o muerte,
para que el amor se lleve su cuerpo
de dunas hechizadas…
Mujer o amor derramado,
oleaje golpeando a la espera;
rayo partido en multitud de esponjas,
a la deriva,
a la deriva vas
de los sentires, de los aromas, del viento,
de la fiereza del círculo
que te muerde y te ama.
Arrastrando lunas,
recogiendo espumas,
ella
se da.

Ana Romano-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

Origen

Cansada
acuna la vida
la mano.

Evidencia

Silencio
sueños
hacia la decantación
del sosiego.