EN EL SILENCIO DE UNA ESPERA
En el silencio de las horas que se pierden
en una espera donde se acrecienta,
casi siempre en armonías disímiles,
está un remolino de palabras de versos expuestos
ante la ausencia presencial de tu figura.
En el desorden de una mente de avaricia por tenerte
se confunde una ansiedad
dentro de una mezcla de impotencia
por no tenerte entre esos versos
lanzados en el silencio…
Ese silencio de cuantiosas horas de espera,
malgastando medianoches con tu ausencia,
quedando solamente la posibilidad
de abrazarte con mi mente
y de susurrarle a tu imagen desdibujada
que con una sonoridad ya acostumbrada
No deje de navegar en la profundidad de mis arterias;
tratando que un torrente repentino
te haga naufragar en su lejanía...
Y aún te siento más...
Aún te extraño mucho más...
dejando que solo ese silencio
transcurra en una codiciada espera.
Revista Literarte creada en Noviembre de 2001 para la difusión de todas las disciplinas del arte.Declarada de Interés Cultural por el Honorable Concejo Deliberante de Vicente López en Diciembre de 2002. DECLARADA DE INTERÉS CULTURAL POR LA SECRETARÍA DE CULTURA DE LA PRESIDENCIA DE LA NACIÓN ARGENTINA SEGÚN RESOLUCIÓN 1706/10, en Junio de 2010 Si querés publicar tu texto, música, pinturas, esculturas, danzas; enviá el material a: revistadigitalliterarte@gmail.com
sábado, 18 de julio de 2015
Alba Bascou-Argentina/Julio de 2015
El TRÍPODE
A sus diez años, Hipólito
Buonocuore jugaba con sus amigos y no
faltaban en el pueblo, las chicas que lo rodeaban, necesitando compartir aunque
sólo fuera con los ojos, la diversión. Él, junto a los otros, parecía que lo
izaban como una bandera por las ramas de las viejas araucarias, mientras los
pantalones cortos se inflaban con las ráfagas del aire fresco que llegaba desde
el Pacífico. Cuando sucedía, las muchachitas, casi de la misma edad o con algún
año más, quedaban embelesadas con esas piernas que terminaban en dos
protuberancias enormes que se asomaban ingenuas a través de los shorts
henchidos. Después se despedían contentas cuando el juego terminaba e Hipólito
no llegaba a darse cuenta porqué el beso de despedida era algo tan esperado y
caliente.
Llegó la
escuela secundaria. En ella, siempre se destacaba por sus buenas notas y su
comportamiento y era puesto como ejemplo por los profesores, hecho que no era
del agrado de todos. Pero las chicas lo buscaban más que a otros y simpatizaban
extasiadas hasta que llegó la época de los acercamientos y el sexo le explotó
causando sensación no sólo en él, sino en las compañeras que se disputaban su
elección. Hipólito sonreía en su adolescencia y a veces se miraba en el espejo
metido en su narcisismo. Agradecía a
Dios de haberlo provisto de semejantes testículos porque era muy creyente. Esta situación hacía que todas las noches
tuviera la necesidad de rezar con sus manos adolescentes adosadas al pijama, un
padre nuestro, agradeciendo al Seños, y rogándole que nunca lo abandonara en
esa gracia concedida.
En el
último año, apareció en el Colegio una monjita hermosa y suave, para colaborar
en las tareas catequísticas, dado que se trataba de una Institución privada y
católica de los Hermanos del Sagrado Verbo, y verla y volverse loco fue sólo
uno. Por las noches, soñaba con esa carita blanquecina de oscuros ojos que lo
miraban con cariño y en su cabeza empezaron a cruzarse los pensamientos. Nunca
fue tan religioso como desde ese momento. Había cambiado el ruego del
agradecimiento por sus virtudes físicas por el de que Nuria, la monja,
accediera a sus reclamos. El día lo encontraba con los ojos abiertos, llenos de
sueño y debajo de ellos, no tardaron en dibujarse unas sombras violáceas.
A todo
esto, tanto el ecónomo como el provincial de la orden no podían explicarse qué
sucedía con ese ángel que habían mandado a la casa para instruir a los alumnos
en catequesis. Ella se escurría por los pasillos con su voz cantora, con una
agilidad felina, moviendo acompasadamente
las caderas debajo del manto, bajo la mirada de todos. En esos momentos,
a aquéllos se les esparcía por el cuerpo un simple temblor, que se les
duplicaba cuando tenían que sostener la mirada. Ellos pasaban la noche
divagando y perdiéndose en esa figura cubierta por el hábito, durmiéndose con
la cara enrojecida de pensamientos lujuriosos pero reales. A Hipólito, le
sucedía lo mismo, salvo que ninguno de ellos se animaba a comentar el infierno
al que habían penetrado. Hipólito, joven y decidido, se acercó en una tarde de
primavera que siempre todo lo resuelve, y susurró palabras al oído de Nuria. Su
rostro generalmente pálido empezó a tomar color como si hubiera incorporado una
gran dosis vitamínica y apretó la mano de él, en señal de asentimiento. Esa
noche, el cielo y la tierra estuvieron de fiesta y las estrellas brillaron como
nunca. Hipólito durmió sosegado desde la madrugada en su cama, de regreso del
paseo que había hecho entre recovecos hasta el humilde camastro, donde Nuria
había dicho adiós a su virginidad. La historia llevó meses y cuando ya estaban
por empezar el tránsito a una huída conjunta, Hipólito se encontró una noche
que a la muchachita mística pero con sexo como corresponde a una mujer, la
habían enviado a Roma. Llanto y tristeza inundaron su mente y sus gestos.
Había nacido signado.
Al poco tiempo, otra adolescente
empezó a acorralarlo con arrumacos y mimos y se enlazó de tal manera que
terminó en casamiento. La felicidad duró un tiempo, pero como el amor no se
vende ni se compra en ninguna empresa, un día reconoció que se le había acabado
cuando otra muchachita rubia, ganada por sus encantos lo volteó en un jardín de
espumoso pasto.
La fama de
Hipólito siguió creciendo. Hubo una seriada de mujeres enloquecidas que rugían
como leonas cuando lo encontraban y él volvió a agradecer a Dios el haberlo
dotado con semejantes dones. Con tanto ejercicio erótico, aumentó el desarrollo
de los genitales, habiéndose corrido de tal forma la voz en el pueblo que
empezaron a visitarlo de localidades
vecinas, algunas mujeres hambrientas de sensualidad. Fue allí, donde Hipólito
empezó a sentirse un fuera de serie, pero tanta dedicación a su figura le generó cansancio.
Decidió viajar hasta otros
lugares donde fuera un desconocido y así llegó a un país de América Central,
donde el calor aumentaba la temperatura de los cuerpos. Si bien había aprendido
a funcionar con perfil bajo, pronto ante algunas escapadas empezó su casa a
llenarse de flores, en señal de agradecimiento
por los servicios prestados. Y fueron caléndulas, gladiolos, rosas de todos
colores, rojas, amarillas, violetas que llegaban sin descanso a la cabaña,
desde la que todas las mañanas partía hacia su trabajo. Las mujeres de la zona guatemaltca
estaban acostumbradas ancestralmente a agradecer a los hombres que les habían
dado aunque fuera unos segundos de felicidad, de esa manera…
Y un buen
día, llegó ella. Lo miró y se le plantó erguida y contoneándose con una sonrisa
y una mirada dulce, llena de palabras. Algo se le nubló en su cordura. Su
confusión fue en aumento cuando la mujer no respondía a insinuaciones, si bien
en algunos momentos acercaba y le jugaba con su cuerpo, apretadito a él, pero
retirándolo al instante, dejándolo como clavado en el piso con sus dos piernas
y ese miembro que se aferraba a la tierra, mientras ella, le daba un radiante
adiós. Enterados de sus complicaciones, sus amigos no tardaron en apodarlo
Trípode, hasta que se unió a esa mujer que lo volvía loco y que le prohibió
religiosamente que después de ella, hubiera otras. Él lamiró largamente a los
ojos, ella sostuvo la mirada, se tomaron de las manos
y como eran muy
creyentes dijeron amén.
Con el paso
de los años, parece haber cumplido la promesa. Regresado de aquél otro país, se lo ve caminar por las calles de Santiago
colgado de su matrona o tomado de la mano.
Lo que no
se entiende es cuál es la razón por la que siguen llegando del Valle del Elqui,
de Barcelona, de Suiza, de los mismos Alpes, de Miami, ramos floridos que
transforman su oficina de los barrios altos en un colorido paisaje. Incluso,
ahora, desde Croacia.
Él no
contesta a esas preguntas. Entra en silencio. Sonríe y une sus manos en un
saludo zem, bajando los ojos hacia el suelo. Cuando los alza, se encuentra con
un cuadro de Rembrant del señor estampado en la cruz.
Ascención Arriagada-Chile/Julio de 2015
MIGRANTES
Gentes
de España, inician una nueva colonización, esta vez, no por dominio político,
no viajan en nombre del Rey para su poderío y grandeza. Son los primeros años
del siglo XX, España ha perdido definitivamente su imperio colonial, vienen a
establecerse en Las Indias, tierra amplia que ofrece oportunidades de
crecimiento económico al que se esfuerza y trabaja duro.
Viajan
con esposa e hijos, familias completas, en esta aventura sin retorno sobre la
cubierta o en las bodegas de barcos mercantes, sin comodidades ni lujos.
Penosa travesía, meses cruzando el Atlántico, hacia la tierra del oro y la
fortuna. Con ojos esperanzados, con fe en el corazón dicen adiós, muchos para
siempre, al terruño que los vio nacer.
Benito,
un hombre sencillo, honesto, entre muchos, viaja con su esposa y cuatro hijos.
Vienen desde Zaragoza, ha vivido del trabajo en la tierra, cultivando
hortalizas y verduras. Nunca antes había visto el mar, menos navegar sobre él.
Lo acompaña su hermano Jacinto con su familia. El plan es apoyarse mutuamente
en las nuevas tierras para obtener mejores horizontes, un buen pasar para ellos
y sus hijos, posibilidades que la
Patria no les ofrece; también viene con ellos su cuñada,
hermana soltera de su esposa.
El
viaje es tedioso, cruzar el Atlántico, el Estrecho de Magallanes, llegar al
Océano Pacífico seguir al norte hasta Valparaíso. Las mujeres comparten el
cuidado de los niños, quienes se aburren pese a sus esfuerzos, inventan miles
de juegos con lo poco que encuentran a bordo, pero no es suficiente, son un
grupo más de migrantes a la conquista de Las Indias,
Una
de las niñas, estará próximamente de cumpleaños.
Inquieta, pregunta una y mil veces cuánto falta, si llegarán a tiempo para
celebrarlo en tierra firme, para poder correr libremente en el Nuevo Mundo. Los
adultos sin certeza, le responden que sí. Lo celebraremos cuando desembarquemos
allá en Valparaíso. ¡Comentan sin mucha convicción! Valparaíso, la Tierra Prometida,
donde fundaremos nuestro nuevo hogar, con tenacidad y constancia tendremos una
vida mejor. Eso piensan todos.
Los
días transcurren con lenta monotonía, las modestas raciones alimenticias,
cruzan el Estrecho de Magallanes, con sus riesgos, entran en el Océano
Pacífico, se acercan.
-
Hija llegaremos al Puerto para tu cumpleaños, de seguro llegaremos, allá
festejaremos, reiremos, nos abrazaremos. Tranquilizan así a la pequeña.
-¿Me
querrá la gente allá en Valparaíso? Pregunta inquieta la niña.
-
¡Oh sí, te querrán!, nos recibirán bien. Saldrán de sus casas para ver la
entrada del navío y el desembarco. ¡Será hermoso!- Responde el padre.
Llega
el día del anunciado cumpleaños, aún en alta mar, rumbo al Norte, los días se
suceden con una calma enervante. - Ya falta poco para desembarcar en tierra
firme, lo celebraremos, ten confianza - le dicen. La niña nada responde,
gruesas lágrimas se deslizan por sus mejillas, se consuela. - Allá en
Valparaíso, las gentes me esperan, allá en Valparaíso celebraremos mi
cumpleaños.
Días
después, una mañana llegan al ansiado Puerto, desembarcan con su escaso
equipaje y su cargamento de ilusiones, ¡Valparaíso!, ¡ por fin Valparaíso !
La Armada
está en la plaza, en uniforme de gala, 21 cañonazos retumban por la bahía,
campanas al viento, silbatos marineros reciben a los viajeros, gentes
eufóricas, banderas por doquier. Es el 21 de Mayo, se conmemora la gesta de
Prat y sus valientes hombres.
Benito,
le dice a su hijita, que no da crédito a lo que ve y escucha: - ¡Te lo prometí,
ahora celebraremos tu cumpleaños en tierra firme! - La emoción de la niña es
grande, no cesa de repetir,¡ Valparaíso! ¡Valparaíso, que lindo es! Las gentes
los miran y saludan, les dan la bienvenida, algunos abrazan a los niños, todos
están muy contentos. Se establecen momentáneamente en una Casa de Acogida.
Luego, según sus actividades, se les va destinando dentro del territorio. A
Benito, su hermano Jacinto, más las familias de ambos, se le entregarán tierras
para que las hagan producir en las cercanías del lago Budi, un hermoso paraje
en el sur del país, allí establecerán su hogar, ahí nacerán sus nuevos hijos.
La pequeña jamás olvidará su primer cumpleaños en
Chile, la recepción en Valparaíso. Le comenta a su familia que, desde ahora,
siempre lo festejará el 21 de mayo, tres días después de la fecha real. Su
ilusión quedó intacta.
Andrés Aldao-Israel/Julio de 2015
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| Rubén Aldao |
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| Rolando Revagliatti |
Respuestas de Rolando Revagliatti,
desde Buenos Aires, la Argentina, en abril de 2007, al cuestionario de http://www.artesanias.argentina.co.il
& Andrés Aldao, en Israel
1) ¿Cuándo
empezó a escribir (poemas-cuento)?
R.R.:
Versificaciones con la impronta de poema o de letra de canción, me suena que a
eso de los trece años. Escribía y las recitaba o cantaba a mi amigo íntimo de
mis primeros años de adolescencia, Ramón Guldris, en el subsuelo del edificio
de la avenida Rivadavia 4986, en la ciudad de Buenos Aires, pleno barrio de
Caballito, donde ámbos vivíamos. Él, en su carácter de hijo de los porteros del
edificio, solía quemar la basura. ¿Te acordás, Andrés, de los llamados
incineradores? En cuanto a cuentos y relatos, empecé a pergeñarlos más o menos
a mis treinta y seis años. Y el otro género que abordé ha sido la dramaturgia,
enrolado en el “teatro del absurdo”. Alrededor de los veintisiete años escribí
mi primer monodrama. Cuando yo todavía no había abandonado mi proyecto de
convertirme en un actor que pudiera asentarse profesionalmente.
2) ¿Cómo
surgió su pasión por la lectura y la escritura?
R.R.: Un
puntal para la pasión por la lectura: sin duda, mi atracción por las revistas
de historietas. A los diez años coleccionaba el “Rayo Rojo”, “Misterix”,
“Patoruzú”, etc. (las atesoraba en un par de valijas en desuso para envidia de
los otros pibes de la calle Argerich, entre Marcos Sastre y Santo Tomé, pleno
(también) barrio de Villa del Parque, en la ciudad de Buenos Aires). “Corazón”
de Edmundo D’Amicis era mi libro de cabecera, y antes, de chiquito, “La
Hormiguita Viajera” & otros de Constancio C. Vigil.
3) ¿Cuáles
temas le atraen o prefiere para escribir?
R.R.: Los
vínculos entre las personas, los modos de proyectarse, los personajes de las
personas; las ambivalencias tan difíciles de admitir por las mayorías, las
apuestas a la repetición suicida, la vulgaridad, el narcisismo irresistible; la
caída en la supeditación al opio de los pueblos; el destino; las odiseas, especialmente las
precarias o pavotas; las insignificancias,
sin embargo, determinantes; la sobreadaptación; el erotismo (el practicado con
densidad y altísimo involucramiento & también sus variantes torpes y
rapidongas); los filosóficos.
4) ¿Ha
cambiado a lo largo de los años sus gustos de lector y escritor/poeta?
Cuéntenos...
R.R.: En mi
extrema juventud, lógicamente (creo), no me detenía tanto en la textura de lo
que leía, sino que más en la musicalidad, en la anécdota, en la condición
entretenida. Desde hace varios lustros lo que privilegio son las marcas de
escritura.
5) ¿Qué
libros está leyendo en estos días?
R.R.: En estos
días y en todos los días, querido amigo, leo y sobre todo, eso que no se
practica lo suficiente y hace la diferencia, releo poesía.
6) ¿Qué
autores han tenido influencia en su vida personal y en su obra?
R.R.:
Haciéndome cargo de lo que atisbo como influencias para mi obra literaria y
para mi zarandeado transcurrir, apuntaría que hasta la mitad del aludido
transcurrir, me son insoslayables Henry Miller, Ernesto Sábato, Federico
Nietzsche, Herman Hesse,Constantin Stanislavski, Marqués de Sade, D. H. Lawrence, Lenin, Griselda Gambaro, Conde de Lautréamont,
Sigmund Freud, Vasco Pratolini, Henry Michaux, Karl Marx, Allen Ginsberg,
Marcos Ana, Hebe Uhart, Bertolt Brech, Federico García Lorca, León Trotsky, Langston Hughes, Blas de Otero, José
Portogalo, Esteban Echeverría, Armando Tejada Gómez, Federico Engels, Homero Expósito, Eduardo Romano... Así como
ubico, en este improvisado & oxigenante relevamiento, durante la segunda
mitad de mi vida, a estos otros nombres en algún tipo de podio: Italo Calvino,
Joseph Conrad, Jacques Lacan, Edgar Lee Masters, Gonzalo Millán, Joaquín O.
Giannuzzi, Boris Vian, Clarice Lispector, Pablo de Rokha, Georges Simenon, Juan
José Hernández, Miguel Brascó, Macedonio Fernández, Gabriel García Márquez, Silvia Plath, Charles Bukowski, Francisco
Gandolfo, Aghata Christie, Alfredo Veiravé, José Donoso, Silvina Ocampo...
7) ¿Qué
está escribiendo en la actualidad?
R.R.: En la
actualidad y ya desde hace unos años: poemas (que siguen engrosando las
colecciones “Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo”, “Viene junto con” e
“Infamélica”). Además, intermitentemente, corrijo mis prosas, así como poemas, compelido
por las reediciones, también intermitentes, de mis poemarios.
8) ¿Qué
proyectos tiene para el futuro?
R.R.: Preveo
crear en 2008, en mi Sitio web o inaugurando un blog, la Antología de la Poesía
Argentina. Preveo fundar con Alicia Grinbank, Alfredo Palacio, José Emilio
Tallarico y, acaso, Alberto Boco, todos ellos poetas, una nueva propuesta con
formato de café literario o de revista oral de literatura. En lo personal,
continuaría coordinando “La Canción de Rolando”, sección en la que acompañado
por músicos u otros artistas, presento poemarios hace muchos años no
reeditados, o con alguna singularidad formal o simplemente, entrañables para
mí; esos que me inciten a que yo intente algo no del todo convencional. Preveo
socializar, ahora en “soporte papel”, la tercera edición corregida de mi primer
libro: “Obras completas en verso hasta acá”, el cual cuenta con edición
electrónica disponible, por ejemplo, en http://www.revagliatti.com.ar,
junto con otros, también de mi autoría, electrónicos: “Propaga”, “Ripio”,
“Corona de calor”, “Picado contrapicado”, “Sopita”, “Fundido encadenado”,
“Ardua” (castellano-neerlandés), “Pictórica”, “Las piezas de un teatro”, “De mi
mayor estigma (si mal no me equivoco):”.
9) ¿Que
opina de los certámenes literarios?
R.R.: Que los
hay insospechables, que los hay amañados, que los hay bienintencionados y
malencarados, que los hay de cariz delincuencial, que lo hay prestigiosos, que
los hay diversos, modestos o interesantísimos. Que abundan tanto los ganadores
estafados como los premiados que así obtuvieron un fuerte espaldarazo o
concomitantes beneficios. Que se podría crear un certamen literario que
convoque en el género ensayo a quienes desearan
presentar trabajos de cualquier extensión a propósito de los certámenes
literarios.
10) ¿Cree
que la publicación virtual de libros y revistas extinguirá en el futuro la
publicación en papel?
R.R.: “Extinguirá”
es como demasiado, Andrés. Pero,
efectivamente, la incidencia de lo virtual seguirá asolando a lo tangible.
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domingo, 21 de junio de 2015
Alejandra Zarhi-Junio de 2015
DELIRANTE
Ya no gobierno
tus praderas
huyes ofuscado
hacia el olvido.
La sangre
ardiente y protectora
Se ha apagado
dejando los
espacios fríos.
Delirios
por un beso
alado y mágico.
Del Libro Canción Para El Silencio
Carmen Amaralis Vega Olivencia-Puerto Rico/Junio de 2015
He
besado el cielo
Hoy comencé mi día en el cielo de la esperanza,
Allí donde hay caritas de inocencia,
Ojitos de luz divina,
Manitas sin tocar el dolor.
Hoy revolotee en la delicia de la vida,
Cantaron mis manos delicados sonetos,
Burbujeaba mi boca el dulce del amor,
Entre niños,
Rodeada de mis querubines,
los que invoco cuando quiero hacer cosas buenas,
de esas cosas que brotan de un corazón dolido,
de un alma muchas veces cansada.
Y estos rostros pequeños me devuelven la paz.
Mil pinceles celestiales dibujan las rutas,
Y yo rio en medio de una algarabía de felicidad.
No pido más,
Hoy he besado el cielo.
Federico Skliar/Junio de 2015
duplicado
Un
duplicado de luz son
mis ojos al mirar,
aquella primavera
de manos que tu amor me suele regalar,
arquitectos
de realidades nuestro destino es par,
teniendo la comprensión exacta sabiendo al
otro escuchar,
el extasis de mi alma delata mi
corazón,
no habrá de
nuevo noches donde me falte
pasión,
la melodía
son voces la transfusión es tu
miel,
me embriago
de tu camino un sol es este querer,
rompi las
ataduras ahora reencarno
aquel cielo sin nubes,
y tus
besos son la
cordura que tanto quería yo,
es cien
porciento perfecto intoxicarse de amor,
desnudando
los limites del
otro lado estoy hoy,
Luis Tulio Siburu-Argentina/Junio de 2015
SORPRESA EN UNA FERIA
AMERICANA
Hola, soy la Tota. Estoy ansiosa. Siempre me había llamado
la atención esa esquina de permanentes persianas bajas, “la casa de las mujeres
solas”, como le dicen los vecinos. Más de una vez – cuando camino hacia la
parada del 60 y paso por allí imaginando a sus inquilinas – me viene a la mente
aquel comentario de Calvino sobre la turinesa Clelia de la novela de Pavese…“El personaje más hermoso de un escritor que no creía en los
personajes es justamente la Clelia de Entre mujeres solas, esa mujer amarga
pero aun con ganas de conocer los vicios y valores de la sociedad que la
rodea... Clelia c’est moi, podríamos decir con Pavese…”.
Pero dejémonos ahora de recuerdos de lecturas y vayamos al
grano, que en éste caso es la aparición de un cartelito que trata de ser
pequeño y discreto en ese cartón pegado con cuatro chinches a la puerta donde
viven la Beba y la Chola, pero que se convierte en un gigante comunicacional en
el boca a boca de las señoras en el minimercado chino y en la larga cola del
pago de servicios del Provincia.
Gran feria
americana el domingo 8, rezaba. En letras más chicas, para ahuyentar a los
especuladores, se leía: “sólo efectivo, no se aceptan tarjetas ni tampoco hay
canje”.
Acontecimiento
en el barrio, donde se ve poco este tipo de eventos de venta de ropa usada, al
menos en las diez cuadras a la redonda, donde sólo se habla de tiendas de vintage – forma estética y
comercial de llamar a las prendas de segunda mano que venden en los emprendimientos
con vidriera a la calle - porque las
conocieron paseando por Palermo Soho o San Telmo, donde es la última onda,
aunque ahora tengan nombre y local propio con potentes sahumerios y no son un
revoltijo con olor a humedad de telas que se mezcla con el de cebolla que viene
de la cocina de la casa que recibe a los invitados de las ferias americanas.
Voy a tener que hacerme tiempo para preparar bien lo que
llevaré, no es cuestión de que estas brujas me tilden de cualquier cosa menos
de los que soy, una dama.
Quizás pueda ubicar la ropa de mi hermana fallecida, que
mi cuñado me pasó con la excusa de “se me caen las lágrimas cuando la veo”,
aunque yo estoy segura que se las sacó de encima por la llegada de la cajera
del Coto a sólo dos meses del sepelio.
También hay en el placard modelitos que han pasado de moda
y que el Beto me ha dicho que no quiere ya que me los ponga. Él no da razones
pero seguro que su pedido obedece a los rollitos que se marcan debajo de mi
cintura.
………………………………………………………………………………….
Ya estoy dentro de la feria, emocionante. Creí que
nunca llegaba el domingo. Preparé
pastelitos de dulce de batata para la merienda de mi marido y le dije que vea
todo el fútbol que quiera, que yo me tomo la tarde. Hoy vintage para todas. Era
hora de un poco de independencia.
Hay seis mesas muy grandes en el patio y jardín traseros
de la casa, como esas que se arman para los asados familiares. Cada
participante tiene un pequeño espacio reservado donde tira sus pilchas con el
precio puesto con un alfiler de gancho.
A mi lado veo que la bruta de la gallega de la panadería
trajo un culote bordado que debe ser de la época de la revolución española y
además un calzoncillo largo del Jesús porque pensó que la cosa era unisex, ya
que el cartelito de invitación no aclaraba los rubros.
Le digo que me avise si alguien quiere algo de lo mío y me
voy a chusmear lo ofrecido. El Beto estaba dulce y me dio cuatrocientos pesos,
aunque dijo que traiga el vuelto. Va a esperar sentado, hoy me enfermo de
consumismo y no le hago asco a nada.
Elegí una blusa violeta que hay que ajustarle una manga
pero es solucionable; un chemise a franjas blancas y negras con una pequeña
costura en el traste que ni se ve; una parka azul media descolorida que aun
sirve para cuando llevo temprano en invierno a la nena hasta el colegio y un
par de sandalias marrones trenzadas que habría que ponerle tapitas en los
tacos. Me quedaban preciosas y aunque tengo algunos kilos más que la gata que
me las vendió, creo que aguantarán porque si soportaron las caminatas de esta
loca, seguro que deben ser fuertes. Me faltaban $ 40 pesos pero me dijo no te
preocupes, que cuando me lo cruzo al Beto en el subte se lo pido….que hija de
puta ¡¡¡…me clavó la espina.
Cuando llegué a casa entré por la puerta de atrás para que
mi marido no me vea con los bolsos y empiece a preguntar. No hubo problema,
estaba allá delante gritándole Clemente al arquero Cherini por los goles que se
come.
Tranquila en la habitación, pongo todo sobre la cama y
reviso, no vaya a ser que tuvieran problemas que yo no había notado en la
feria.
Parece estar todo bien, al menos mirado desde afuera.
Frente al espejo me vuelvo a probar la parca. Pienso que si la llevo al ponja
de la vuelta algún secreto debe tener para que la haga resistir un buen teñido
en negro, que ahora está de moda. Hasta le puedo agregar esos botones dorados
con el ancla que tanto me gustaban cuando tenía veinte…
Meto las manos en los dos grandes bolsillos por si se
hubieran roto en su interior y noto que
entre la tela y el forro toco algo así como un papel doblado. Me la saco, con
una tijerita corto algunos hilos del dobladillo y logro extraer lo que tocaba.
Qué sorpresa…, una carta. Me tiemblan las manos al abrirla, de puro chusma, en
realidad no la juno a la rubia que me la vendió. Leo despacio, la letra me
parece conocida…”Rosita, la pasé fenómeno, podemos hacerlo otra vez en el Ruta,
si es posible un jueves a la tarde, cuando la Tota se va a yoga, sé buena,
llamáme…Beto”.
………………………………………………………………………………………………..
Beto no alcanzó a
ver el empate de River, se enteró por los gritos del vecino. La sandalia
trenzada entró justo por el símbolo de TVP y el aparato explotó más que la
hinchada. Y eso que al taco le faltaba la tapita.
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