sábado, 18 de julio de 2015

Julio Enrique Cepero-Perú/Julio de 2015

EN EL SILENCIO DE UNA ESPERA

 

En el silencio de las horas que se pierden

en una espera donde se acrecienta,

casi siempre en armonías disímiles,

está un remolino de palabras de versos expuestos

ante  la ausencia presencial de tu figura.

En el desorden de una mente de avaricia por tenerte

se confunde una ansiedad

dentro de una mezcla de impotencia

por no tenerte entre esos versos

lanzados en el silencio…

Ese silencio de cuantiosas horas de espera,

malgastando medianoches con tu ausencia,

quedando solamente  la posibilidad

de abrazarte con mi mente

y de susurrarle a tu imagen desdibujada

que con una sonoridad ya acostumbrada

No deje de navegar en la profundidad de mis arterias;

tratando que un torrente repentino

te haga naufragar en su lejanía...

Y aún te siento más...

Aún te extraño mucho más...

dejando que solo ese silencio

transcurra en una codiciada espera.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

Alba Bascou-Argentina/Julio de 2015



El  TRÍPODE

A sus diez años, Hipólito Buonocuore jugaba con sus amigos y  no faltaban en el pueblo, las chicas que lo rodeaban, necesitando compartir aunque sólo fuera con los ojos, la diversión. Él, junto a los otros, parecía que lo izaban como una bandera por las ramas de las viejas araucarias, mientras los pantalones cortos se inflaban con las ráfagas del aire fresco que llegaba desde el Pacífico. Cuando sucedía, las muchachitas, casi de la misma edad o con algún año más, quedaban embelesadas con esas piernas que terminaban en dos protuberancias enormes que se asomaban ingenuas a través de los shorts henchidos. Después se despedían contentas cuando el juego terminaba e Hipólito no llegaba a darse cuenta porqué el beso de despedida era algo tan esperado y caliente.
            Llegó la escuela secundaria. En ella, siempre se destacaba por sus buenas notas y su comportamiento y era puesto como ejemplo por los profesores, hecho que no era del agrado de todos. Pero las chicas lo buscaban más que a otros y simpatizaban extasiadas hasta que llegó la época de los acercamientos y el sexo le explotó causando sensación no sólo en él, sino en las compañeras que se disputaban su elección. Hipólito sonreía en su adolescencia y a veces se miraba en el espejo metido en su narcisismo.  Agradecía a Dios de haberlo provisto de semejantes testículos porque era muy creyente.  Esta situación hacía que todas las noches tuviera la necesidad de rezar con sus manos adolescentes adosadas al pijama, un padre nuestro, agradeciendo al Seños, y rogándole que nunca lo abandonara en esa gracia concedida.
            En el último año, apareció en el Colegio una monjita hermosa y suave, para colaborar en las tareas catequísticas, dado que se trataba de una Institución privada y católica de los Hermanos del Sagrado Verbo, y verla y volverse loco fue sólo uno. Por las noches, soñaba con esa carita blanquecina de oscuros ojos que lo miraban con cariño y en su cabeza empezaron a cruzarse los pensamientos. Nunca fue tan religioso como desde ese momento. Había cambiado el ruego del agradecimiento por sus virtudes físicas por el de que Nuria, la monja, accediera a sus reclamos. El día lo encontraba con los ojos abiertos, llenos de sueño y debajo de ellos, no tardaron en dibujarse unas sombras violáceas.
            A todo esto, tanto el ecónomo como el provincial de la orden no podían explicarse qué sucedía con ese ángel que habían mandado a la casa para instruir a los alumnos en catequesis. Ella se escurría por los pasillos con su voz cantora, con una agilidad felina, moviendo acompasadamente  las caderas debajo del manto, bajo la mirada de todos. En esos momentos, a aquéllos se les esparcía por el cuerpo un simple temblor, que se les duplicaba cuando tenían que sostener la mirada. Ellos pasaban la noche divagando y perdiéndose en esa figura cubierta por el hábito, durmiéndose con la cara enrojecida de pensamientos lujuriosos pero reales. A Hipólito, le sucedía lo mismo, salvo que ninguno de ellos se animaba a comentar el infierno al que habían penetrado. Hipólito, joven y decidido, se acercó en una tarde de primavera que siempre todo lo resuelve, y susurró palabras al oído de Nuria. Su rostro generalmente pálido empezó a tomar color como si hubiera incorporado una gran dosis vitamínica y apretó la mano de él, en señal de asentimiento. Esa noche, el cielo y la tierra estuvieron de fiesta y las estrellas brillaron como nunca. Hipólito durmió sosegado desde la madrugada en su cama, de regreso del paseo que había hecho entre recovecos hasta el humilde camastro, donde Nuria había dicho adiós a su virginidad. La historia llevó meses y cuando ya estaban por empezar el tránsito a una huída conjunta, Hipólito se encontró una noche que a la muchachita mística pero con sexo como corresponde a una mujer, la habían enviado a Roma. Llanto y tristeza inundaron su mente y sus gestos.
Había nacido signado.
Al poco tiempo, otra adolescente empezó a acorralarlo con arrumacos y mimos y se enlazó de tal manera que terminó en casamiento. La felicidad duró un tiempo, pero como el amor no se vende ni se compra en ninguna empresa, un día reconoció que se le había acabado cuando otra muchachita rubia, ganada por sus encantos lo volteó en un jardín de espumoso pasto.
            La fama de Hipólito siguió creciendo. Hubo una seriada de mujeres enloquecidas que rugían como leonas cuando lo encontraban y él volvió a agradecer a Dios el haberlo dotado con semejantes dones. Con tanto ejercicio erótico, aumentó el desarrollo de los genitales, habiéndose corrido de tal forma la voz en el pueblo que empezaron  a visitarlo de localidades vecinas, algunas mujeres hambrientas de sensualidad. Fue allí, donde Hipólito empezó a sentirse un fuera de serie, pero tanta dedicación  a su figura le generó cansancio.
Decidió viajar hasta otros lugares donde fuera un desconocido y así llegó a un país de América Central, donde el calor aumentaba la temperatura de los cuerpos. Si bien había aprendido a funcionar con perfil bajo, pronto ante algunas escapadas empezó su casa a llenarse de flores,  en señal de agradecimiento por los servicios prestados. Y fueron caléndulas, gladiolos, rosas de todos colores, rojas, amarillas, violetas que llegaban sin descanso a la cabaña, desde la que todas las mañanas partía hacia su trabajo. Las mujeres de la zona guatemaltca estaban acostumbradas ancestralmente a agradecer a los hombres que les habían dado aunque fuera unos segundos de felicidad, de esa manera…
            Y un buen día, llegó ella. Lo miró y se le plantó erguida y contoneándose con una sonrisa y una mirada dulce, llena de palabras. Algo se le nubló en su cordura. Su confusión fue en aumento cuando la mujer no respondía a insinuaciones, si bien en algunos momentos acercaba y le jugaba con su cuerpo, apretadito a él, pero retirándolo al instante, dejándolo como clavado en el piso con sus dos piernas y ese miembro que se aferraba a la tierra, mientras ella, le daba un radiante adiós. Enterados de sus complicaciones, sus amigos no tardaron en apodarlo Trípode, hasta que se unió a esa mujer que lo volvía loco y que le prohibió religiosamente que después de ella, hubiera otras. Él lamiró largamente a los ojos, ella sostuvo la mirada, se tomaron de las manos
y  como eran muy creyentes dijeron amén.
           
            Con el paso de los años, parece haber cumplido la promesa. Regresado de aquél otro país,  se lo ve caminar por las calles de Santiago colgado de su matrona o tomado de la mano.
            Lo que no se entiende es cuál es la razón por la que siguen llegando del Valle del Elqui, de Barcelona, de Suiza, de los mismos Alpes, de Miami, ramos floridos que transforman su oficina de los barrios altos en un colorido paisaje. Incluso, ahora, desde Croacia.
            Él no contesta a esas preguntas. Entra en silencio. Sonríe y une sus manos en un saludo zem, bajando los ojos hacia el suelo. Cuando los alza, se encuentra con un cuadro de Rembrant del señor estampado en la cruz.

Ascención Arriagada-Chile/Julio de 2015



MIGRANTES

Gentes de España, inician una nueva colonización, esta vez, no por dominio político, no viajan en nombre del Rey para su poderío y grandeza. Son los primeros años del siglo XX, España ha perdido definitivamente su imperio colonial, vienen a establecerse en Las Indias, tierra amplia que ofrece oportunidades de crecimiento económico al que se esfuerza y trabaja duro.
Viajan con esposa e hijos, familias completas, en esta aventura sin retorno sobre la cubierta o en las bodegas de barcos mercantes, sin comodidades ni lujos.  Penosa travesía, meses cruzando el Atlántico, hacia la tierra del oro y la fortuna. Con ojos esperanzados, con fe en el corazón dicen adiós, muchos para siempre, al terruño que los vio nacer.
Benito, un hombre sencillo, honesto, entre muchos, viaja con su esposa y cuatro hijos. Vienen desde Zaragoza, ha vivido del trabajo en la tierra, cultivando hortalizas y verduras. Nunca antes había visto el mar, menos navegar sobre él. Lo acompaña su hermano Jacinto con su familia. El plan es apoyarse mutuamente en las nuevas tierras para obtener mejores horizontes, un buen pasar para ellos y sus hijos, posibilidades que la Patria no les ofrece; también viene con ellos su cuñada, hermana soltera de su esposa.
El viaje es tedioso, cruzar el Atlántico, el Estrecho de Magallanes, llegar al Océano Pacífico seguir al norte hasta Valparaíso. Las mujeres comparten el cuidado de los niños, quienes se aburren pese a sus esfuerzos, inventan miles de juegos con lo poco que encuentran a bordo, pero no es suficiente, son un grupo más de migrantes a la conquista de Las Indias,
Una de las niñas, estará próximamente de cumpleaños. Inquieta, pregunta una y mil veces cuánto falta, si llegarán a tiempo para celebrarlo en tierra firme, para poder correr libremente en el Nuevo Mundo. Los adultos sin certeza, le responden que sí. Lo celebraremos cuando desembarquemos allá en Valparaíso. ¡Comentan sin mucha convicción! Valparaíso, la Tierra Prometida, donde fundaremos nuestro nuevo hogar, con tenacidad y constancia tendremos una vida mejor. Eso piensan todos.
Los días transcurren con lenta monotonía, las modestas raciones alimenticias, cruzan el Estrecho de Magallanes, con sus riesgos, entran en el Océano Pacífico, se acercan.
- Hija llegaremos al Puerto para tu cumpleaños, de seguro llegaremos, allá festejaremos, reiremos, nos abrazaremos. Tranquilizan así a la pequeña.
-¿Me querrá la gente allá en Valparaíso? Pregunta inquieta la niña.
- ¡Oh sí, te querrán!, nos recibirán bien. Saldrán de sus casas para ver la entrada del navío y el desembarco. ¡Será hermoso!- Responde el padre.
Llega el día del anunciado cumpleaños, aún en alta mar, rumbo al Norte, los días se suceden con una calma enervante. - Ya falta poco para desembarcar en tierra firme, lo celebraremos, ten confianza - le dicen. La niña nada responde, gruesas lágrimas se deslizan por sus mejillas, se consuela. - Allá en Valparaíso, las gentes me esperan, allá en Valparaíso celebraremos mi cumpleaños.
Días después, una mañana llegan al ansiado Puerto, desembarcan con su escaso equipaje y su cargamento de ilusiones, ¡Valparaíso!, ¡ por fin Valparaíso !
La Armada está en la plaza, en uniforme de gala, 21 cañonazos retumban por la bahía, campanas al viento, silbatos marineros reciben a los viajeros, gentes eufóricas, banderas por doquier. Es el 21 de Mayo, se conmemora la gesta de Prat y sus valientes hombres.
Benito, le dice a su hijita, que no da crédito a lo que ve y escucha: - ¡Te lo prometí, ahora celebraremos tu cumpleaños en tierra firme! - La emoción de la niña es grande, no cesa de repetir,¡ Valparaíso! ¡Valparaíso, que lindo es! Las gentes los miran y saludan, les dan la bienvenida, algunos abrazan a los niños, todos están muy contentos. Se establecen momentáneamente en una Casa de Acogida. Luego, según sus actividades, se les va destinando dentro del territorio. A Benito, su hermano Jacinto, más las familias de ambos, se le entregarán tierras para que las hagan producir en las cercanías del lago Budi, un hermoso paraje en el sur del país, allí establecerán su hogar, ahí nacerán sus nuevos hijos.
La pequeña jamás olvidará su primer cumpleaños en Chile, la recepción en Valparaíso. Le comenta a su familia que, desde ahora, siempre lo festejará el 21 de mayo, tres días después de la fecha real. Su ilusión quedó intacta.

Andrés Aldao-Israel/Julio de 2015

Rubén Aldao
Rolando Revagliatti








Respuestas de Rolando Revagliatti, desde Buenos Aires, la Argentina, en abril de 2007, al cuestionario de http://www.artesanias.argentina.co.il & Andrés Aldao, en Israel



1)      ¿Cuándo empezó a escribir (poemas-cuento)?

R.R.: Versificaciones con la impronta de poema o de letra de canción, me suena que a eso de los trece años. Escribía y las recitaba o cantaba a mi amigo íntimo de mis primeros años de adolescencia, Ramón Guldris, en el subsuelo del edificio de la avenida Rivadavia 4986, en la ciudad de Buenos Aires, pleno barrio de Caballito, donde ámbos vivíamos. Él, en su carácter de hijo de los porteros del edificio, solía quemar la basura. ¿Te acordás, Andrés, de los llamados incineradores? En cuanto a cuentos y relatos, empecé a pergeñarlos más o menos a mis treinta y seis años. Y el otro género que abordé ha sido la dramaturgia, enrolado en el “teatro del absurdo”. Alrededor de los veintisiete años escribí mi primer monodrama. Cuando yo todavía no había abandonado mi proyecto de convertirme en un actor que pudiera asentarse profesionalmente.




2)      ¿Cómo surgió su pasión por la lectura y la escritura?

R.R.: Un puntal para la pasión por la lectura: sin duda, mi atracción por las revistas de historietas. A los diez años coleccionaba el “Rayo Rojo”, “Misterix”, “Patoruzú”, etc. (las atesoraba en un par de valijas en desuso para envidia de los otros pibes de la calle Argerich, entre Marcos Sastre y Santo Tomé, pleno (también) barrio de Villa del Parque, en la ciudad de Buenos Aires). “Corazón” de Edmundo D’Amicis era mi libro de cabecera, y antes, de chiquito, “La Hormiguita Viajera” & otros de Constancio C. Vigil.




3)      ¿Cuáles temas le atraen o prefiere para escribir?

R.R.: Los vínculos entre las personas, los modos de proyectarse, los personajes de las personas; las ambivalencias tan difíciles de admitir por las mayorías, las apuestas a la repetición suicida, la vulgaridad, el narcisismo irresistible; la caída en la supeditación al opio de los pueblos;  el destino; las odiseas, especialmente las precarias o pavotas; las  insignificancias, sin embargo, determinantes; la sobreadaptación; el erotismo (el practicado con densidad y altísimo involucramiento & también sus variantes torpes y rapidongas); los filosóficos.




4)      ¿Ha cambiado a lo largo de los años sus gustos de lector y escritor/poeta? Cuéntenos...

R.R.: En mi extrema juventud, lógicamente (creo), no me detenía tanto en la textura de lo que leía, sino que más en la musicalidad, en la anécdota, en la condición entretenida. Desde hace varios lustros lo que privilegio son las marcas de escritura.




5)      ¿Qué libros está leyendo en estos días?

R.R.: En estos días y en todos los días, querido amigo, leo y sobre todo, eso que no se practica lo suficiente y hace la diferencia, releo poesía.




6)      ¿Qué autores han tenido influencia en su vida personal y en su obra?

R.R.: Haciéndome cargo de lo que atisbo como influencias para mi obra literaria y para mi zarandeado transcurrir, apuntaría que hasta la mitad del aludido transcurrir, me son insoslayables Henry Miller, Ernesto Sábato, Federico Nietzsche, Herman Hesse,Constantin Stanislavski,  Marqués de Sade, D. H. Lawrence, Lenin,  Griselda Gambaro, Conde de Lautréamont, Sigmund Freud, Vasco Pratolini, Henry Michaux, Karl Marx, Allen Ginsberg, Marcos Ana, Hebe Uhart, Bertolt Brech, Federico García Lorca, León Trotsky,  Langston Hughes, Blas de Otero, José Portogalo, Esteban Echeverría, Armando Tejada Gómez, Federico Engels,  Homero Expósito, Eduardo Romano... Así como ubico, en este improvisado & oxigenante relevamiento, durante la segunda mitad de mi vida, a estos otros nombres en algún tipo de podio: Italo Calvino, Joseph Conrad, Jacques Lacan, Edgar Lee Masters, Gonzalo Millán, Joaquín O. Giannuzzi, Boris Vian, Clarice Lispector, Pablo de Rokha, Georges Simenon, Juan José Hernández, Miguel Brascó, Macedonio Fernández, Gabriel García Márquez,  Silvia Plath, Charles Bukowski, Francisco Gandolfo, Aghata Christie, Alfredo Veiravé, José Donoso, Silvina Ocampo...




7)      ¿Qué está escribiendo en la actualidad?

R.R.: En la actualidad y ya desde hace unos años: poemas (que siguen engrosando las colecciones “Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo”, “Viene junto con” e “Infamélica”). Además, intermitentemente, corrijo mis prosas, así como poemas, compelido por las reediciones, también intermitentes, de mis poemarios.




8)      ¿Qué proyectos tiene para el futuro?

R.R.: Preveo crear en 2008, en mi Sitio web o inaugurando un blog, la Antología de la Poesía Argentina. Preveo fundar con Alicia Grinbank, Alfredo Palacio, José Emilio Tallarico y, acaso, Alberto Boco, todos ellos poetas, una nueva propuesta con formato de café literario o de revista oral de literatura. En lo personal, continuaría coordinando “La Canción de Rolando”, sección en la que acompañado por músicos u otros artistas, presento poemarios hace muchos años no reeditados, o con alguna singularidad formal o simplemente, entrañables para mí; esos que me inciten a que yo intente algo no del todo convencional. Preveo socializar, ahora en “soporte papel”, la tercera edición corregida de mi primer libro: “Obras completas en verso hasta acá”, el cual cuenta con edición electrónica disponible, por ejemplo, en http://www.revagliatti.com.ar, junto con otros, también de mi autoría, electrónicos: “Propaga”, “Ripio”, “Corona de calor”, “Picado contrapicado”, “Sopita”, “Fundido encadenado”, “Ardua” (castellano-neerlandés), “Pictórica”, “Las piezas de un teatro”, “De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):”.  




9)      ¿Que opina de los certámenes literarios?

R.R.: Que los hay insospechables, que los hay amañados, que los hay bienintencionados y malencarados, que los hay de cariz delincuencial, que lo hay prestigiosos, que los hay diversos, modestos o interesantísimos. Que abundan tanto los ganadores estafados como los premiados que así obtuvieron un fuerte espaldarazo o concomitantes beneficios. Que se podría crear un certamen literario que convoque en el género ensayo a quienes desearan  presentar trabajos de cualquier extensión a propósito de los certámenes literarios.




10)  ¿Cree que la publicación virtual de libros y revistas extinguirá en el futuro la publicación en papel?

R.R.: “Extinguirá” es como  demasiado, Andrés. Pero, efectivamente, la incidencia de lo virtual seguirá asolando a lo tangible.

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domingo, 21 de junio de 2015

Alejandra Zarhi-Junio de 2015




DELIRANTE


Ya no gobierno tus praderas
huyes ofuscado
hacia el olvido.
La sangre ardiente y protectora
Se ha apagado
dejando los espacios fríos.

Delirios
por un beso alado y mágico.




Del Libro Canción Para El Silencio

Carmen Amaralis Vega Olivencia-Puerto Rico/Junio de 2015




He besado el cielo

Hoy comencé mi día en el cielo de la esperanza,
Allí donde hay caritas de inocencia,
Ojitos de luz divina,
Manitas sin tocar el dolor.
Hoy revolotee en la delicia de la vida,
Cantaron mis manos delicados sonetos,
Burbujeaba mi boca el dulce del amor,
Entre niños,
Rodeada de mis querubines,
los que invoco cuando quiero hacer cosas buenas,
de esas cosas que brotan de un corazón dolido,
de un alma muchas veces cansada.
Y estos rostros pequeños me devuelven la paz.
Mil pinceles celestiales dibujan las rutas,
Y yo rio en medio de una algarabía de felicidad.
No pido más,
Hoy he besado el cielo.

Federico Skliar/Junio de 2015



duplicado
Un  duplicado  de luz  son  mis  ojos al  mirar,
 aquella  primavera  de manos  que tu amor  me suele regalar,
 arquitectos  de  realidades  nuestro destino es par,
  teniendo  la  comprensión exacta  sabiendo al  otro escuchar, 
el extasis de mi alma delata  mi  corazón, 
no  habrá de nuevo noches  donde me  falte  pasión,
la melodía  son voces  la transfusión  es  tu miel,
me  embriago de  tu camino  un sol es este querer, 
rompi las  ataduras  ahora  reencarno  aquel  cielo sin nubes,
 y  tus  besos  son  la  cordura que tanto quería  yo,
  es cien porciento perfecto intoxicarse de  amor,
  desnudando los  limites  del  otro lado  estoy hoy, 

Luis Tulio Siburu-Argentina/Junio de 2015



SORPRESA EN UNA FERIA AMERICANA

Hola, soy la Tota. Estoy ansiosa. Siempre me había llamado la atención esa esquina de permanentes persianas bajas, “la casa de las mujeres solas”, como le dicen los vecinos. Más de una vez – cuando camino hacia la parada del 60 y paso por allí imaginando a sus inquilinas – me viene a la mente aquel comentario de Calvino sobre la turinesa Clelia de la novela de Pavese…“El personaje más hermoso de un escritor que no creía en los personajes es justamente la Clelia de Entre mujeres solas, esa mujer amarga pero aun con ganas de conocer los vicios y valores de la sociedad que la rodea... Clelia c’est moi, podríamos decir con Pavese…”.
Pero dejémonos ahora de recuerdos de lecturas y vayamos al grano, que en éste caso es la aparición de un cartelito que trata de ser pequeño y discreto en ese cartón pegado con cuatro chinches a la puerta donde viven la Beba y la Chola, pero que se convierte en un gigante comunicacional en el boca a boca de las señoras en el minimercado chino y en la larga cola del pago de servicios del Provincia.
Gran feria americana el domingo 8, rezaba. En letras más chicas, para ahuyentar a los especuladores, se leía: “sólo efectivo, no se aceptan tarjetas ni tampoco hay canje”.
Acontecimiento en el barrio, donde se ve poco este tipo de eventos de venta de ropa usada, al menos en las diez cuadras a la redonda, donde sólo se habla de tiendas de vintage – forma estética y comercial de llamar a las prendas de segunda mano que venden en los emprendimientos con vidriera a la calle  - porque las conocieron paseando por Palermo Soho o San Telmo, donde es la última onda, aunque ahora tengan nombre y local propio con potentes sahumerios y no son un revoltijo con olor a humedad de telas que se mezcla con el de cebolla que viene de la cocina de la casa que recibe a los invitados de las ferias americanas.
Voy a tener que hacerme tiempo para preparar bien lo que llevaré, no es cuestión de que estas brujas me tilden de cualquier cosa menos de los que soy, una dama.
Quizás pueda ubicar la ropa de mi hermana fallecida, que mi cuñado me pasó con la excusa de “se me caen las lágrimas cuando la veo”, aunque yo estoy segura que se las sacó de encima por la llegada de la cajera del Coto a sólo dos meses del sepelio.
También hay en el placard modelitos que han pasado de moda y que el Beto me ha dicho que no quiere ya que me los ponga. Él no da razones pero seguro que su pedido obedece a los rollitos que se marcan debajo de mi cintura.
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Ya estoy dentro de la feria, emocionante. Creí que nunca  llegaba el domingo. Preparé pastelitos de dulce de batata para la merienda de mi marido y le dije que vea todo el fútbol que quiera, que yo me tomo la tarde. Hoy vintage para todas. Era hora de un poco de independencia.
Hay seis mesas muy grandes en el patio y jardín traseros de la casa, como esas que se arman para los asados familiares. Cada participante tiene un pequeño espacio reservado donde tira sus pilchas con el precio puesto con un alfiler de gancho.
A mi lado veo que la bruta de la gallega de la panadería trajo un culote bordado que debe ser de la época de la revolución española y además un calzoncillo largo del Jesús porque pensó que la cosa era unisex, ya que el cartelito de invitación no aclaraba los rubros.
Le digo que me avise si alguien quiere algo de lo mío y me voy a chusmear lo ofrecido. El Beto estaba dulce y me dio cuatrocientos pesos, aunque dijo que traiga el vuelto. Va a esperar sentado, hoy me enfermo de consumismo y no le hago asco a nada.
Elegí una blusa violeta que hay que ajustarle una manga pero es solucionable; un chemise a franjas blancas y negras con una pequeña costura en el traste que ni se ve; una parka azul media descolorida que aun sirve para cuando llevo temprano en invierno a la nena hasta el colegio y un par de sandalias marrones trenzadas que habría que ponerle tapitas en los tacos. Me quedaban preciosas y aunque tengo algunos kilos más que la gata que me las vendió, creo que aguantarán porque si soportaron las caminatas de esta loca, seguro que deben ser fuertes. Me faltaban $ 40 pesos pero me dijo no te preocupes, que cuando me lo cruzo al Beto en el subte se lo pido….que hija de puta ¡¡¡…me clavó la espina.
Cuando llegué a casa entré por la puerta de atrás para que mi marido no me vea con los bolsos y empiece a preguntar. No hubo problema, estaba allá delante gritándole Clemente al arquero Cherini por los goles que se come.
Tranquila en la habitación, pongo todo sobre la cama y reviso, no vaya a ser que tuvieran problemas que yo no había notado en la feria.
Parece estar todo bien, al menos mirado desde afuera. Frente al espejo me vuelvo a probar la parca. Pienso que si la llevo al ponja de la vuelta algún secreto debe tener para que la haga resistir un buen teñido en negro, que ahora está de moda. Hasta le puedo agregar esos botones dorados con el ancla que tanto me gustaban cuando tenía veinte…
Meto las manos en los dos grandes bolsillos por si se hubieran roto  en su interior y noto que entre la tela y el forro toco algo así como un papel doblado. Me la saco, con una tijerita corto algunos hilos del dobladillo y logro extraer lo que tocaba. Qué sorpresa…, una carta. Me tiemblan las manos al abrirla, de puro chusma, en realidad no la juno a la rubia que me la vendió. Leo despacio, la letra me parece conocida…”Rosita, la pasé fenómeno, podemos hacerlo otra vez en el Ruta, si es posible un jueves a la tarde, cuando la Tota se va a yoga, sé buena, llamáme…Beto”.
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Beto no alcanzó a ver el empate de River, se enteró por los gritos del vecino. La sandalia trenzada entró justo por el símbolo de TVP y el aparato explotó más que la hinchada. Y eso que al taco le faltaba la tapita.