miércoles, 25 de abril de 2018

Saúl Buk-Argentina/Abril de 2018


  ITGADAL

Años han pasado
desde que te fuiste.
Un lamento profundo de mis células,
 lloran diciendo que no tengo
una convencida percepción de quién eras.
Ausencia de respuesta en mi débil consciente.
Lógico, si nunca te formulé las preguntas.
Hoy es aniversario de tu ida.
¿Dónde estarás?
¿Cómo era tu barrio en Polonia?
¿Qué te daba de comer tu mamá?
¿Fuiste a una escuela?
Me dijeron que participaste de una orquesta.
¿Es cierto?
Me flagelo cuando titubeando me consulto
si  en realidad quiero saberlo.
Soy portador de tus genes.
¿Debo mirar para atrás?
Hoy digo Kadish en tu recuerdo, papá.
¿Es suficiente?
¿Son palabras que se las llevará el viento?
O llegaran a movilizar tu alma.
Estoy por vos.

Edith Amieiro-Argentina/Abril de 2018


DULCE NIÑEZ

Dulce niñez, vano el tiempo de querer volver atrás,
los días, cual perlas sueltas, ya se han echado a rodar.
Los sabores eran otros, claro sonaba el cantar
y las mariposas blancas no cesaban de volar…
Insegura adolescencia, vistiéndose de coral
con sonrojos y latidos, como estallidos del mar.
Veranos de frutos plenos, henchidos de tanto amar;
con sonrisas y algún llanto, que embargaba el suspirar.
Hoy otoño, piel de seda que comienza a marchitar,
no dejes que amor se oculte, que con él me ha de bastar.

José Jorge Aldecoa-Argentina/Abril de 2018


SINFONIA OTOÑAL*
Atardeceres de otoño que en el tiempo
se esfuman y confunden con mis días,
de un devenir extraño pero cierto
cuando se agolpan en mi noche fría.
Empinados y agrestes los atajos
que toman mis recuerdos lentos,
y en mi mente se cuelgan cual andrajos
de un deshojado y algo triste cuento.
Sin embargo las dulces añoranzas
aun inspiran mis horas de poeta,
son tan viejas las nuevas esperanzas
casi tan viejas como mi alma inquieta.
El deambular cansino de los años
que casi con desgano rememoro,
me han permitido revivir de antaño
las horas juveniles que hoy añoro.
Sin embargo, en la trama de mis sueños,
solo surgen con sutil contorno
los sucesos aislados y pequeños
de un pasado sin huellas de retorno.
Son por cierto insolubles, los problemas
del intrincado acontecer del alma,
derrotero poblado de anatemas
que solo puede recordarse en calma.
Hacen falta mil noches de congojas
y otros tantos crepúsculos de sombras,
para entender que el tiempo nos despoja
de todo aquello que al pasar nos nombra.
Porque lo propio, lo que toca el cielo,
lo que nos hace vibrar de alguna forma,
eso siempre será cual terciopelo
de un camino extendido como alfombra,
que de un extremo al otro de la vida
nos acompañará como un amigo
de una señera página querida,
que al final servirá de fiel testigo.

* Poema galardonado como Segundo Finalista en el VII Certamen de Poesía “Cosmos de Poeta” (España) y con un 3er puesto en el XXXV Certamen Internacional de Poesía – Fiesta Anual de Poesía “Plaza de los Poetas José Pedroni” de Acebal (Santa Fe).