lunes, 21 de marzo de 2011

Anna Rossell-Cataluña, España/Marzo de 2011

             APRENDER VIVIENDO

 

COMO AGUA ENTRE LOS DEDOS

Miguel F. Villegas

Ediciones Aljibe, Málaga, 2010, 302 págs.

Anna Rossell


Encantadora y principal esta nueva novela de Miguel F. Villegas. Encantadora en el sentido literal, pues atrapa al lector como por arte de encantamiento –aunque nada en ella sea sobrenatural, aunque todo se deba a las virtudes tangibles de la buena capacidad para la escritura y la fabulación de historias-. Principal, porque todo en ella es esencial para una cuestión fundamental en toda sociedad responsable y civilizada: la educación de sus jóvenes.

Miguel F. Villegas (Jerez de la Frontera –Cádiz-), maestro, licenciado en geografía e historia, músico y escritor, cuenta a sus espaldas con una larguísima experiencia como profesor de instituto en Sevilla. Su dedicación a la escritura se nutre de esta experiencia, que ha ido forjando su convicción y su fe en el ser humano y sabe de la trascendencia de la etapa adolescente para la vida de todo individuo. El autor reúne las cualidades de un verdadero maestro, el que sabe enseñar aprovechando las cualidades positivas de cada cual, en las que cree y por las que apuesta firmemente. Como agua entre los dedos destila este espíritu por los cuatro costados. La novela, cuyos protagonistas son chavales de instituto de quince años, apunta y ha de atraer a un público lector más amplio aún -aún más joven-, con lo cual asegura un mayor impacto educativo, objetivo que el libro se propone claramente. El autor sabe manejar a las mil maravillas todos los ingredientes que han de sazonar, en sus justas cantidades, un libro así para surtir el efecto deseado en sus lectores. Frescura, simpatía, suspense y tensión dramática son los aderezos para un texto que toca en mayor o menor medida los problemas más acuciantes de nuestra actualidad: la democracia, la homosexualidad, los fanatismos, la violencia gratuita –incluida la de género-, la ecología y las graves consecuencias de una conducción irresponsable. Y, aunque fácilmente pudiera haber caído en el tópico recetario maniqueo del clásico pedagogo teórico, Miguel F. Villegas sabe evitarlo. Si a veces tiende a tratar las situaciones con cierto esquematismo, lo hace en su justa medida como tributo al público al que se dirige en primera línea (aunque también es de interés para profesores), para captar su empatía, algo que a buen seguro logra. La historia de Como agua entre los dedos - aunque el nombre del centro, Mercadante de Bretaña, insinúe su ubicación en Sevilla, ciudad en cuya catedral trabajó el escultor bretón del siglo XV al que hace honor el título-, transcurre en un instituto de enseñanza secundaria que pudiera ser el de cualquier ciudad del mundo de nuestra órbita cultural. La iniciativa del profesor de filosofía, Samuel, un educador nato en buena sintonía con los chavales, juvenil, luchador, optimista y positivo, consigue poner en marcha en el instituto un proyecto de participación democrática e implicación de los alumnos que cambiará por completo sus vidas y los redimirá de su apatía. El texto da vida a una amplia palestra de caracteres que Villegas recrea con verosimilitud: la variopinta plantilla de profesores, la matizada idiosincrasia de los adolescentes, cuya psicología sabe pormenorizar hábilmente, sus enfrentamientos, su honradez, su agresividad, sus simpatías y sus odios, sus miedos y frustraciones… La rutina del instituto se ve alterada por el revitalizador proyecto de Samuel y la historia axial de suspense detectivesco en que acaban envueltos los protagonistas, una historia genialmente pergeñada alrededor del intento de asesinato de un alumno homosexual a manos de ultras. Encomiable la maestría del autor en el manejo del argot juvenil, que sabe matizar a discreción según la psicología de cada personaje, encomiable también la genialidad de las imágenes -casi siempre simpáticas, a menudo poéticas- de que hace gala la voz narradora. Por su parte, la editorial acierta en la tipografía y en las ilustraciones, de estética cómic muy en consonancia con la frescura de la historia. Falla sólo un poco en la revisión del texto, que contiene algunos errores dactilográficos que habrá que corregir en la segunda edición.
De Villegas se han publicado, además, La isla de los espejos (6ª edición), El monasterio perdido (3ª edición), Tocata y fuga con Bach (agotada la 2ª edición). Es también autor de poemas, obras de teatro para jóvenes y relatos. Según el Barómetro de Hábitos de Lectura 2008, publicado por la Federación de Editores de España, es el segundo autor español más leído, entre lectores de 10 a 13 años.


domingo, 20 de marzo de 2011

Luis Tulio Siburu-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2011

 TRES LLAVES

Lo conocí a comienzos de la década del ochenta.Sus hijos jugaban al básquet con los míos y entre partido y partido , viajes al interior del país por intercambio con otros clubes , cenas de los viernes , asados de los domingos y vacaciones junto a otras familias , fué naciendo una amistad.
Tenía una personalidad muy particular.Pasaba de la carcajada estentórea a la hosquedad profunda. De algún gesto propio de adolescente a una seriedad de hombre maduro , quizá mas madura que su edad real. Tenía un acompañante permanente , el diario La Nación , al cual llevaba bajo el brazo  o tomado por la punta de los dedos. A veces , mientras esperaba se hicieran las brasas o en el ocio de la playa , lo reemplazaba por un libro. Quizá  me equivoco , seguramente en el fondo de la canasta de las viandas , estaba acurrucado el periódico. Es que las noticias de economía y política – y en especial los editoriales - le apasionaban , aunque lo hicieran renegar.
Era abogado de una institución bancaria relacionada con el gobierno de turno por su carácter promocional de créditos para el desarrollo , pero no era un fanático de su profesión ,  hasta le parecía una carga, una pesada carga.El ambiente del banco lo agobiaba y de alguna manera su rostro cansado , semidespeinado , en los atardeceres de los días laborales , traslucía su interior.
Era un hombre afable , buenazo , pero había un tema que lo rebelaba , que lo transformaba.Era anti-imperialista fanático , para él no había mal argentino que no tuviera principio y final en la influencia norteamericana o de algún estado europeo.En esos casos era mejor dejarlo hablar , no disentir , porque el tono de su voz subía violentamente. Creo que esa posición era una fachada que escondía algunas frustraciones interiores donde las banderas del primer mundo no tenían nada que ver.
¿Alguno de ustedes leyó La Tregua de Benedetti ?.......bueno , él era algo así como el personaje de Martín Santomé , a veces eufórico , a veces resignado . Alegría y fervor por fuera , tristeza y pesadumbre por dentro. Y el tremendo esfuerzo de mantener el equilibrio emocional.
Habitaba un departamento a metros de Plaza Italia pero sus hijos lo convencieron para venirse cerca del club, a Martínez , donde estaban las amistades de toda la familia.Una oportunidad también para vivir en un chalet que su esposa y él siempre habían soñado y donde tenían la esperanza que algunos problemitas de madurez que tenía su hijo menor mejoraran.
Se lo veía mas sonriente que de costumbre , en la casa siempre había algo para hacer . La señora renunció al banco donde trabajaban juntos  y se estableció como independiente , abriendo una mercería y un video , en sociedad con mi mujer y otra amiga en común.La vida parecía tomar otros rumbos.
Una molestia , análisis , tomografía , operaciones , cáncer.En  poco más de un año se quedó viudo y con  tres hijos que extrañaban a su madre. Su vida cambió de mano de la misma manera que él  cambió de vereda. Sí , extrañamente , cuando volvía del trabajo camino a su casa y pasaba frente a los negocios donde siempre a esa hora había alguno de nosotros parado en la puerta , él se cruzaba a la vereda de enfrente para no encontrarnos,  sin saludarnos , como queriendo esquivar el pasado reciente o el revés de su destino.Lo comprendíamos pero creo que no alcanzábamos a interpretar , detrás de esa actitud de escape , cuan grande era su dolor, su soledad , su quiebre.
Un día llegó a su casa , estacionó el coche y lo cerró con llave.Era la primer llave. Luego abrió la puerta de la casa y cerró. Era la segunda llave . Recorrió los ambientes , se aseguró que no hubiera nadie, empujó la mesa ,  subió a la silla debajo de la araña , pasó la soga entre el gancho del cielorraso y su cuello y luego pateó la silla.Había utilizado la tercer llave.La llave que abrió el paso a la eternidad y cerró el laberinto oscuro donde se había perdido.  

jueves, 17 de marzo de 2011

Marta Díaz Petenatti-Zona Rural de la Provincia de Santa Fe, Argentina/Marzo de 2011

PAREDES QUE HABLAN

El día cerraba sus ojos. Las sombras comenzaban a aferrarse a todo aquello que ocupaba un lugar.
Juan caminaba con displicencia hacia su casa, disfrutaba de la luz mortecina.
Llegar le causaba angustia. No soportaba estar solo entre esas paredes que las sentía tristes y no podía internalizarlas como suyas.
Llegó a la ciudad para completar sus estudios. Tanta magnificencia lo asombró,  comenzando  a sentirse solo entre tanta gente.
Esa soledad envolvía sus días, lo asfixiaba hasta producirle un dolor constante que no podía explicar, sólo sentirlo y padecerlo.
Entró, fue hacia la heladera, tomó una botella con agua y siguió hasta el patio. Se sentó y fue como si todo su cuerpo se desmoronara. El cansancio hacía estragos en él.
Bebía de a sorbos saciando en parte su sed. El agua fresca y cristalina le reinauguraba energías. Al mirar hacia arriba sus ojos vieron las primeras estrellas. Tuvo un momento de plenitud espiritual donde el silencio, el infinito y él eran los protagonistas.
Se recostó apoyándose en la pared, fue perdiendo noción del tiempo cuando una voz visiblemente contrariada lo increpó diciéndole:
_¡ No te apoyes!, ¿no ves que me lastimás?
_¡Perdón!_ dijo tímidamente_ no sabía que te molestara.
_¡Claro, nadie sabe nada… nunca! ¿Sabés lo que es aguantar las cabezas apoyadas en mí desde que nací? Y el motivo es siempre el mismo: están tristes, borrachos, delirantes, desahuciados. Muy pocos están alegres, eso hace que mis energías estén siempre alertas para padecer, escuchar, contener.
_¡Nunca imaginé que tuvieras sensibilidad!
_¡Claro que la tengo… y mucha! Todos estos años he conocido muchas realidades, he sido partícipe de amores nuevos, rencores viejos, desilusiones, pasiones, peleas, y todo aquello que la vida regala a personas como vos que no saben cómo manejar sus problemas.
Viven lamentándose sin saber aprovechar lo que la vida les brinda. En lugar de amar, odian; no ríen por llorar; son soberbios debiendo ser humildes, pero especialmente nunca están conformes con lo que tienen, y en lugar de mejorar copian, imitan, envidian. La mediocridad es una de sus mayores defectos.
_¡Hablas con tanta convicción!, me cuesta creer en tu sapiencia pero veo la realidad de todo lo que decís y me estás haciendo pensar en ello.
_¿Aún tenés que pensar? En lugar de pensar ponete alegre, alejá de vos la tristeza y agradecé que estás solo porque sos uno de los elegidos que pueden estudiar aunque debas pagar el precio con soledad, sacrificio, adrenalina, pero que el resultado es el objetivo logrado, la convicción de que uno es capaz y puede, que los sacrificios valieron la pena y que se debe agradecer por las oportunidades y por las aptitudes que nos dio la vida. Más no voy a decirte,  analizalo vos.
El maullido de un gato hizo que se despertara sobresaltado. Al abrir los ojos, sintió seca la boca. Extendió el brazo para tomar la botella de agua y ahí mismo se dio cuenta de que su tristeza y angustia habían desaparecido.
Recordó lo sucedido y pensó que evidentemente había soñado, ¡pero le había hecho tanto bien! ¡qué diferente veía su vida ahora!
Se levantó presuroso a buscar los libros. Iba a estudiar en el patio, la noche estaba hermosa.
Mientras caminaba pensó qué importante sería si todos tuvieran “paredes que hablan”.
Tomó los libros y se fue a estudiar.

Delfina Acosta-Paraguay/Marzo de 2011

Buena junta

Hay gente que te contagia, ¡ay!, felicidad de felicidades, su amor apasionado por la vida, por el trabajo, pues su manera de ser es el reflejo más patente de la salud anímica. Busquemos la sombra de esa persona para darnos un refrigerio de sabiduría, y entender finalmente que la existencia tiene un sentido supremo y valioso para cada cual cuando se hace la tarea diaria con genuina entrega.   

En tantas oportunidades llenamos nuestra pobre cabeza con las malas ideas que nosotros mismas inventamos. Y bien pronto, la maquinaria de los pensamientos empieza a descomponerse, pues muy mal uso le damos, y es entonces cuando nos descontrolamos y encontramos obstáculos para relacionarnos no solamente con los compañeros de trabajo sino también con nuestra propia familia.   

Hay personas que tienen una notable visión del mundo y su incesante fluir, y se fijan una meta, y van hacia ella con el paso firme de su empeño sin considerar cuánto de sí dejan por la vía.   

Tantos son los seres que perdida la brújula, desprovistos de viático, aún de amor propio, se encaminan a menudo hacia un punto muerto.   

Pero yo hablaba de esos seres lumínicos, que no tejen problemas, sino descosen males propios e infortunios ajenos, y van clareando las mañanas pues sus buenas vibraciones se envuelven con el éter.   

Ojalá nos pareciéramos a ellos.   

Las personas tranquilas, risueñas, de buena voluntad y de corazón –permanentemente– abierto, aún en las más difíciles instancias, forman el resto de la humanidad que hace del Planeta un lugar donde aún se puede vivir y soplar algunas esperanzas.   

¿Qué sería de nosotros si nuestro espacio vital fuera absorbido por las gentes que solo quieren echar una cortina oscura sobre nuestros emprendimientos, y desean tenernos al maltraer con sus quejas, sus palabras desabridas, su mala onda, su sentimiento despojado de sanas intenciones, su mal querer y su egoísmo?   

Hagamos junta, pues, con las gentes que dan ejemplo de conducta rectilínea.   

Después de tanto vivir, he llegado a la conclusión de que una acción inteligente que podríamos llevar a cabo todos los días es nutrir nuestro espíritu con el cariño de los calmos, de los serenos de corazón.   

Necesariamente debemos ser selectivos.   

Cuántas malas amistades han echado a fundir el ánimo de los hombres y de las mujeres.   

Habla con un derrotista consumado más de una hora y el aire se te volverá irrespirable, y verás solo restos de oscuros nubarrones de lo que fue tu cielo.   

Escucha razonar al pesimista, y al necio insistir en su necedad, y entenderás por qué es tan valioso buscar la buena compañía, y aferrarse a la familia aún con el viento en dirección contraria dentro de sus integrantes. La familia es siempre la familia. Esta verdad la escuché durante toda mi niñez. Lleva conversación con el optimista, con el triunfador, el luchador por excelencia, y habrás aprendido muchas lecciones que te servirán para seguir remando contra la corriente, si fuera necesario.   

De niña, me juntaba con los niños, obviamente. Ahora que ya soy mayor, muy mayor, busco de nuevo la compañía de los niños, quienes con sus revelaciones ingenuas me hacen pensar que la existencia tiene su lado saludable.
Hágase siempre la voluntad de los optimistas y alegres.

domingo, 20 de febrero de 2011

Dinelly Mercedes Bravo Albarrán-Cebil Redondo, Provincia de Tucumán, Argentina/Febrero de 2011


Noche de verano

Noche de verano, sedienta sombra que clama,
Prisionera que vaga entre pisos y paredes.
Pensamiento que espía detrás de una ventana
Ávido de agua de lluvia y miel de las mieles.

En las aceras verdes de musgo y abandono
Algo se confunde con los sedientos batracios.
Por los techos caminan  insectos temerosos.
Ya el febril sosiego anticipa un aroma a barro.

Un zumbido de grillos ahueca el sueño habitual.
Por mi frente rebasa un océano implacable,
Y  mis ojos no cierran sin su beso nocturnal.

El viento apremia azotando puertas en cada umbral.
No llueve aún. La palabra se antepone y nace,
Llevando a la piel de mi amado la noche estival.

Constantino Mpolás Andreadis-Buenos Aires, Argentina/Febrerro de 2011

A  PABLO NERUDA
si todo lo escribió y al escribirlo
todo quedó sin él y sin nosotros
sin un árbol sin un reloj sin un recuerdo
todo quedó reciente y esperado
por todo lo que viene sin venir
lo que vendrá sin duda sin nostalgia
lo que vendrá sin hombre y sin mujer
lo que será de pronto y sin milagro
lo que será sin ser

Trinidad Aparicio-Barcelona, España/Febrero de 2011

Por nombre Expósito

Se sabe que una casa es un edificio apto para ser habitado. Sin embargo su estilo cambia según épocas, adelantos tecnológicos, o caracteres arquitectónicos. Es cierto también, que en todo tiempo se han construido casas para ser habitadas por diferentes  clases sociales.

            Durante mis 77 años, guardo recuerdos muy distintos de cada una de las tres casas en las cuales he habitado. Si me permiten, luego de un pequeño preámbulo voy a contarles por qué.
           
Otoño transcurre con un clima muy variado, hoy 18 mayo, con una temperatura invernal, hemos decidido  pasar la velada reunidos junto al calor de la chimenea. Debo decir que  para nuestra familia, hoy es un día de Gracias y recuerdos.

Mi nombre es Expósito, signo evidente de que me acunaron en una Inclusa. Creciendo en esa Institución benéfica, presencié la partida de muchos afortunados niños; pero yo, pronto a cumplir 6 años seguía allí.

Fue justo el 18 de mayo de 1928, día de mi sexto cumpleaños; cuándo a media mañana llegaron los Martínez. La sonrisa que me obsequió la señora y el gesto del caballero posando su mano sobre mi cabeza, hicieron renacer la ilusión tan esperada y para ocultar mi emoción y lloriqueo incliné la cabeza mirando mis raídos zapatos.
Tras una larga conversación, que me pareció una eternidad, supe al fin, que los Martínez, sin importarles mi edad ni el color de mi piel, se convertían “en mis papás”. La capacidad de amar de ese ejemplar matrimonio, junto con mi necesidad de ser  amado, obró el milagro: asido fuertemente de sus manos y sin poder ocultar mi alegría,  dije adiós a la Casa Cuna, cerrando las puertas a mi naturaleza de huérfano. Mi flamante papá, tras caminar un largo trecho, con orgullo me cargó sobre los hombros y así llegué a la casa que por años sería mi nuevo hogar.

La casa me pareció una mansión digna de ser habitada por el Presidente Hipólito Yrigoyen, no podía creer que fuese exclusivamente para nosotros tres. Estaba edificada a la derecha de un extenso corredor. Al ingresar al zaguán, lo primero que captó mi atención fueron los elegantes sombreros y abrigos colgados ordenadamente en el perchero. Franqueando una puerta, entramos en el salón de recepción, allí había dos enormes ventanales  que  daban a la calle. Tres habitaciones de techos muy altos una al lado de la otra, daban al patio principal. Las puertas altas y de dos hojas, tenían sobre ellas una banderola a cadena que servía para su ventilación. Siguiendo por el corredor, otra puerta separaba estas dependencias de la cocina; la que hacía también las veces de comedor. A continuación seguía el baño, y por último en el enorme patio trasero donde   no faltaban: el gallinero, la huerta, el galpón, y el rudimentario horno a leña.

En la actualidad, mis padres ya no están; en homenaje a ellos, mis hijos llevan sus nombres;  en lugar de esa vieja casa que me vio crecer, educarme y hacerme hombre, hemos construido un hermoso chalet de dos plantas con todas las comodidades que nos han permitido obtener nuestro mayor ingreso económico. Tan sólo el horno de leña  conservamos en el jardín. Para muchos, es una pieza decorativa; para mí…¡Tiene el valor de una reliquia!

Es así, como año tras año, en veladas como las de hoy, nadie falta a la cita para agradecer aquel 18 de mayo, de 1928 y escuchar  recuerdos y anécdotas de mi juventud. Les cuento  que presencié la llegada de los primeros colectivos (autobuses), que vi aparecer y desaparecer el tranvía, que no teníamos refrigerador ni calefacción, que se cocinaba a leña o carbón, pero que con la cocina económica, mi madre, cocinaba manjares; les cuento que un enorme aparato de radio a galena con su gabinete de madera siempre bien lustrada, ocupaba el lugar de privilegio en el salón. Recuerdo con cariño a mi padre saboreando su copita de anís “8 Hermanos”, o salir con su sombrero al estilo Chevalier.

Mis nietos escuchan con atención, mas… la expresión de sus rostros da a entender que creen estar escuchando Fábulas  o cuentos de viejo ido. Mas yo, en esos momentos me siento feliz.

Alba Bascou-Buenos Aires, Argentina/Febrero de 2011

El adiós

                                                                                                       A Marcial, con mucho amor.
                                                                                                       Por siempre.
                                              
   “Dios, en el fondo no es más que una burda prohibición que se  nos hace: ¡no debeís pensar!"                                                                                                                  Friedrich Nietzsche


Uno nunca tiene claro cuando llega el final. Ni de los que quiere ni el de uno. Y la impotencia te gana cuando no podés pelear de frente con ella, la muerte,  ni hacerle preguntas.
Te enloquecés cuando sentís un ayudáme .Claro que te voy a ayudar. Soy tu compañera. NO DEJES QUE ME SIGAN MINTIENDO. Estoy mal, yo lo sé. Lo leo en las caras de los médicos y en la cara de desolación que tenés por más que te esfuerces…Yo te voy a ayudar, fue mi respuesta..
La cabeza se te transforma en una especie de remolino donde no conseguís que las ideas se ubiquen y cuando encuentran su lugar, un temblor te da en el cuerpo y las piernas no logran sostenerte. Te llevás sillas o puertas por delante porque ya no ves. Al mismo tiempo, los quejidos del otro se te meten en tu carne y te laceran y querés que dejen de existir porque él quiere una muerte digna. Porque toda su vida fue digna. De frente, luchando  y defendiendo ideales y poniendo  el cuerpo y el pensamiento. Sobre todo cuando con sus ojos metidos en los tuyos te implora, no puedo vivir así. Tenés razón, te voy a ayudar como sea, hasta el último momento pero entendé que a mí también me duele. Es un desgarro grande. ..
Y después las despedidas…Lúcidas. Te pido perdón por dejarte sola…No tengo que perdonarte nada. Te amo. Sos hermosa. Gracias, mi amor, te quiero. Te amo, te amo mucho como a los chicos. Me quiero despedir de ellos, de mis hijos y mis nietos y mis amigos. .Doctor,. no quiero seguir viviendo…YO FUI UN HOMBRE ÁGIL, SUPERACTIVO, militante de mis esperanzas por otro mundo, no puedo quedar postrado tipo “ Mar adentro”. Por favor, entiéndalo… Mientras hay vida, hay esperanza era la respuesta. ¡Qué esperanza de estar parapléjico en una cama, comiendo y defecando, alucinando, por unos meses…! ¡Por favor! Eso es maltrato. TORTURA. Doctor, en la Universidad nos enseñan contenidos, objetivos, y mucho bla, bla pero se olvidan de los derechos del hombre.¿ Qué, si creo en Dios? Creería si no hubiera hambre, diferencias entre ricos y pobres, falta de trabajo, educación, salud, maltrato, cobardía, envidia, donde todo no se manejara por el poder del dinero. Soy ateo. Creí en la gente como mi mujer que de agnóstica ahora con lo que me pasó se volvió re atea. Pero mientras haya vida, debo continuarla remacha el médico insistiendo en la receta reiterada  y creída por muchos. ¡Hasta cuando van a seguir con esa omnipotencia! ¿Para no dañarse, Uds.? ¿Qué se creen dueños de la vida y de la muerte como los milicos de las dictaduras? Por favor, es preferible que haga como la enfermera llegada de Israel que dice con una sonrisa que ella no se involucra porque sino se lastima .Y le enseñaron eso y tiene que llevarlo a cabo porque nunca le hicieron sinapsis las neuronas más creativas y pensantes que le dijeran que  la vida no es moral vivirla cuando se vive en un grito de dolor…¿O podés dejar que una persona sufra hasta lo infinito?. ¿Y vos,  hablás de Dios? Con respeto, ¿en qué salmo te lo dice? ¿Leíste la Biblia Latinoamericana? ¿Por ahí, algo te aclara? No me hagas reir. Repetís cosas. Sos un cobarde. El cuerpo no es tuyo. Es mío.
 Es de él y es como si fuera mío, lo interrumpo yo…
Las miradas lo dicen todo de los médicos, que desde ya por formación, corporativismo, convicción o lo que sea no quieren mezclarse. Que sufra, no pueden hacer nada. Sufrir para muchos de ellos es común, no entienden que es tortura. A lo sumo, alguno se atreve a  aumentar la dosis de morfina...Suspender ciertos remedios… Lograr un coma farmacológico…  El problema es  quién pone la cara. El miedo los gana. El temor de quedar involucrado es  mayor. El no salir a la palestra y vociferar, señores estamos equivocados, cada uno es dueño de su vida., carajo. Sucede  al revés, se sienten dadores de la  vida y de la muerte.
Pero a veces la muerte se acelera porque el deseo compartido entre los que lo entienden  hace que las horas sean minutos y los meses días. Y el ser que amamos se va, dándonos la mano. Una mano y un cuerpo que cuando lo acariciamos y besamos sigue calentito por un rato hasta que un frío cada vez mayor va creciendo por los miembros y lo rigidiza.
Y lo abrazás y lo besás miles de veces sin querer irte de su lado, porque es tu ser querido. Es él y no hay otro igual. Lo amaste y te amó y lo seguís amando. Y te hizo volver a creer en los días y las noches, y  fue el padre de tus hijos y el gran abuelo.
Junto a él están su hijo y la nuera .mientras madre e hija aprestan el entierro. Un enfermero se acerca  en el cambio de guardia. Viene a tomarle la presión.  El hijo le informa que está muerto. El muchacho se tambalea y llora. Acababa de tomar la guardia… apenas alcanza a decir, perdón,  pidiendo  disculpas. Es como si los enfermos pasaran a  ser una cama,  donde se cumplen con los ritos de la temperatura, la presión, la higiene…
Desde ninguna vida, el hombre muerto, no es testigo del último maltrato, porque su corazón se detuvo acariciado por el amor y la ternura de los suyos, soltando la mano de los que lo unían a la tierra, pero sabiendo cuánto lo han querido y lo llevarán guardadito en el corazón.
La admiración simplemente se suma frente a él, porque ejerció su derecho, su acto de LIBERTAD,
Y me voy llorando, entre sollozos y lamentos, mientras aprieto mi corazón, lugar en el que ahora vive.