¿Nunca Más?
El juego del
Ying y el yang
-¡Hola, por fin volviste! Nos tenías
muy preocupados. ¿Qué pasó? ¿Es cierto que pusieron bombas? ¡Contá, por favor, che!
¿Qué te pasa que estás tan callado? -
De este diálogo entre
mi tío José, demudado, y mi tía Carmen (mamá), preocupadísima, ocurrido el 15
de abril de 1953, al volver el tío de una concentración de la CGT en Plaza de
Mayo en la que fueron detonadas bombas que mataron a varios Argentinos (además
de quemar algunos vagones de subte), yo tomé conocimiento años después. En ese
momento tenía solo un año y medio y aun no caminaba, retrasado en mi desarrollo
por la angustia de la pérdida de mi madre biológica, pocos meses antes. De
aquella época, solo me llega el vago recuerdo del cariño Mágico y Sanador con
el que me trataron en esa Bendita casa y un tango, cantado por el Tata Floreal:
“Aquel
tapado de armiño
todo
forrado en lamé
que
tu cuerpito abrigaba
al
salir del cabaré
Cuando
pasaste a mi lado
prendida
de un gigoló
aquel
tapado de armiño
cuanta
pena me causó”
-José, te lo pido por favor, no
vayas. Tenemos cinco chicos para alimentar. ¿Qué haría yo sin vos? -
De esta charla
también supe tiempo después. Yo estaba por cumplir cuatro años, y tuvo lugar,
según me dijeron, en la cocina de casa, mates mediante, alguna tarde antes del
16 de setiembre del 55, fecha del derrocamiento de Perón, episodio en el que
hubo más de doscientos muertos. Lo que sí recuerdo, son las lágrimas y el susto
de mi prima Olguita, de veinte años entonces, que me estrechaba con fuerza (y
yo a ella), temblando al escuchar el paso de los aviones, las explosiones de
las bombas y el tableteo de las ametralladoras, el 6 de junio, día del
bombardeo a la Plaza de mayo, con cerca de cuatrocientos muertos, (declarados).
Todo esto, matizado con los acordes tangueros salidos de una vieja vitrola:
“
Un pedazo de barrio, allá en Pompeya
durmiéndose
al costado del terraplén,
un
farol balanceando en la barrera
y
el misterio de adiós que siembre el tren
Un
ladrido de perros a la luna
el
amor escondido en un portón
los
sapos redoblando en la laguna
y
a lo lejos la voz del bandoneón”
Más
tarde, vinieron los fusilamientos de José León Suarez; los Uturuncos, primera
guerrilla de la resistencia peronista, en el 59; LA PROSCRIPCION; el
derrocamiento de Frondizi; azules y colorados en el 63, con tanques, aviones y
metralla en el potrero atrás de la cancha de Boca, a dos cuadras de donde vivía
(y en otros sitios, claro); Onganía, que nos metió una ley para que las radios
no pasen más del 20% de música “popular”
y fomentó el “rock nacional”, con el que no estoy en desacuerdo aunque No a
costa de ocultar el flolklore y el tango. Ahora, cuando La Morsa (ese era su
mote) quiso cambiar leyes laborales, el pueblo le metió el Cordobazo, dos
Rosariazos y qué sé yo cuantos “azos” más, hasta que cayó.
Entre tanto, yo crecí motivado por esa realidad
dura y decidí participar. En la secundaria, en la fábrica, en la universidad y en
la calle.
El 20 de junio de 1973 estuve en Ezeiza,
durísimo momento vivido por una multitud nunca vista que, Feliz y Esperanzada,
fue a recibir a su líder, y recibió, en cambio, una lluvia de balazos que nos
tuvo a todos cuerpo a tierra para salvar el pellejo. De la dimensión de la
masacre nos enteramos días después. Esa noche, en la larga caminata de vuelta,
claro, éramos jóvenes, además de la marcha, surgió cantar, entre nosotros,
aquella canción de la propaganda de Chesterfield con Liliana Caldini
“Las
olas y el viento
el
frio del mar
el
frio de tu alma
me
hace tiritar
El
viento y la arena
no
me dejan ver
que
eres una ola
dispuesta
a romper”
.
Con el tiempo, estudié y me informé acerca de
la Huelga de los inquilinos, en 1907; la Semana Trágica, de 1918/19 o La
Patagonia Sangrienta de 1923 y tantos otros.
Y hubo más.
-¡Dale, vení, apuráte!- Corríamos
tomados de la mano con una camarada, escapando de la montada que había
atropellado a una manifestación pacífica contra el cierre de la Universidad de
Buenos Aires. Para ocultarnos, nos metimos en una pizzería de Once en la que una
mesa recién desocupada de la que aún no habían retirado los platos nos sirvió
de “tapadera”, así como la viveza del mozo que, cuando llegó la policía nos
siguió el juego de clientes. Mi compañera temblaba. Al acercarse un cana
pidiendo documentos, le tomé una mano y mirándola a los ojos, le dije:
-Dame un beso- Al contacto de nuestros
labios el mundo se detuvo a nuestro alrededor, nos serenamos ambos y pudimos
seguir con la farsa.
Esa fue la noche del
primer beso que este caradura le robó a la que, luego, sería mi esposa, misma a
la que le cantaba, acompañándome con mi guitarra, aquello de:
“Muchacha
ojos de papel
¿A
dónde vas?, quedáte hasta el alba,
muchacha
pequeños pies,
no
corras más, quedáte hasta el alba
sueña
un sueño despacito entre mis manos
hasta
que por la ventana suba el sol
muchacha
piel de rayón,
no
corras más, tu tiempo es hoy”
Pero también fue esa la noche en que
asesinaron a Armando Ricciotti, tres tiros en una pierna en la esquina de
Castelli y Sarmiento, (murió después, desangrado, en una comisaría),10 de
octubre de 1974, primer militante de nuestra agrupación, Faudi, Frente de
Agrupaciones Universitarias de Izquierda, que muere, víctima de la represión.
Después… después hubo más. Muchos Más.
El 24 de marzo de 1976 surgió una Dictadura cívico-militar-eclesiástica que
hundió al país en una oscura noche de tortura, asesinatos y desapariciones y se
llevó a nuestros Hermanas y Hermanos. Tantos como 30.000 compañeres, lo mejor
de nuestra generación. Yo tuve que improvisar un trabajo de vendedor porque me echaron
de la fábrica, amenazado, y no conseguía empleo de oficina en ninguna empresa. Pocos
meses más tarde, un familiar de mi futura esposa nos trajo de “regalo” nuestros
expedientes en la Side (cómo los consiguió, no lo sé), con este aviso: ¡Déjense
de joder que se viene fulera!
Sin embargo, poquito después, el 30
de abril de 1977, un grupo de valientes mujeres, madres de algunos de esos
Desaparecidos, comenzaba a reunirse y a caminar alrededor de la Pirámide de
Mayo. Así, de la mano de Azucena Villaflor (PRESENTE); Hebe de Bonafini, Taty
Almeida y Estela de Carlotto, entre muchas otras, mujeres Fuertes que, según
ellas mismas dicen, fueron PARIDAS POR SUS HIJOS, aprendimos a luchar por
nuestros derechos pidiendo Justicia, no Venganza, mientras cantábamos los
versos de León Gieco y Victor Heredia:
“Todavía
cantamos, todavía pedimos
todavía
soñamos, todavía esperamos
A
pesar de los golpes
que
asestó en nuestras vidas
el
ingenio del odio
desterrando
al olvido
a
nuestros seres queridos
Todavía
cantamos, todavía pedimos
Todavía
soñamos, todavía esperamos
Como si esto fuera poco, la
Dictadura no se fue sino después de perder la guerra contra una potencia
mundial, los piratas (no, no es un grupo musical), luchando, en forma
equivocada, por una causa justa: Las Malvinas. Mientras tanto, los muertos los
siguió poniendo el pueblo. Me sorprendió la decisión de mi cuñado (hoy
fallecido por covid), que se anotó Voluntario para ir a pelear. ¡Todo un
ejemplo el Gordo!
Tras su manto de neblina, No las vamos a
olvidar
Las Malvinas, Argentinas, clama el
viento y ruge el mar
A continuación, ya con un gobierno
democráticamente elegido, comenzaron los juicios a los genocidas, se presentó
el NUNCA MÁS y, a pesar de endeudamientos fraudulentos, hiperinflaciones
prearmadas, golpes palaciegos, financieros y de todo tipo, intentamos y
logramos ser Felices, aun trabajando en doble turno, como fue mi caso, si hasta
me pegaron un balazo para robarme mientras manejaba un taxi de noche, además de
trabajar para una inmobiliaria. Pero era nuestro Orgullo ser el primer pueblo en
juzgar a sus propios genocidas y, cuando sentíamos algún temor, solo nos
bastaba ver la foto de unas Simples Mujeres, cada una de ellas con el escudo de
su Amor y su pañuelo blanco, enfrentando la carga de la policía montada.
Ahora, después de un buen trecho de
camino recorrido, con aciertos y errores, escuchando a algunos Negacionistas, (el
catalán cantaba: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”), como
digo, escuchándolos, me viene un fastidioso dolor de …testículos, y vaya si me
duelen. Pero… además: ¿Se acuerdan la canción Muchachos?, esa que una multitud
(increíble la gente que salió en paz a festejar el campeonato en diciembre de
2022) cantaba hace poco tiempo atrás:
“En
argentina nací,
Tierra
de Diego y Leonel
De
los pibes de Malvinas
Que
jamás olvidaré…”
¿Me explican cómo puede ser que en
diciembre cantábamos eso y unos pocos meses después unos cuantos votan a
alguien que admira a la tacher, enemiga de nuestro pueblo, que dirigió sus
buques contra estos mismos “pibes de Malvinas que jamás olvidaré”?
Misterio. Como sea, yo tengo fe que
pronto despertaremos de esta Pesadilla y que de entre toda aquella multitud apasionada,
que cantaba Feliz luciendo los colores de nuestro pabellón, aunque más no sea
en forma de casaca deportiva, de entre toda esa gente aparecerá alguien que,
mirándonos a los ojos, nos dirá que la patria es el otro, que el amor vence al
odio y…¿se acuerdan?:
“Les vengo a proponer un
sueño”