jueves, 19 de abril de 2012

Marcos Polero Vélez-Abril de 2012





AUSENCIA

El camioncito recorría la montaña. Mi mano llevaba el vehículo por túneles recién excavados. Mi juego favorito, cuando papá y mamá se distraían, era destapar el montículo de arena protegido por ladrillos y meter las manos  armando autopistas y puentes para que pasaran los coches de juguete. El camión Duravit era el favorito, lo llenaba de cualquier material posible para vaciarlo operando la palanca de la caja volcadora.
Esa tarde, la atmósfera se hizo densa. Escuchaba a mis padres, ensimismados en una ardua discusión. Surgían palabras nuevas; papá dictaba algo a mamá, ella tecleaba en la Rémington una carta: “punto, coma,… punto, señor, por la presente…”
Yo me fui colocando cada vez más cerca de la puerta entornada. Trataba de ver lo que pasaba en la cocina.
Sus rostros severos dejaban notar que la cosa era seria y definitiva:
—No podés hacerme esto. Tenés una familia.
—Entendeme, Kitty, tengo que ir. Me preparé mucho tiempo para esto ¿O te crees que soy fotógrafo para vender “caritas” timbreando por la calle?
—Pero cuando volviste de Cuba…
—Eran las ganas del  momento, los extrañé a vos y a los chicos, pero la lucha es la lucha.
            —Esta vez es diferente,  todo clandestino, es muy arriesgado…
      —Siempre fue arriesgado, toda mi vida estuve esperando, además nos apoya el gobierno Revolucionario, y él está al mando…
Ansiaba descifrar cada palabra, cada gesto. Sólo podía estar seguro de que estaba ocurriendo algo grave, lo que comprobé cuando ellos me demostraron una dulzura solamente guardada para casos extremos, como el día en que el médico les dijo eso de la bronquitis asmática y casi me ahogan en abrazos entre toses y lágrimas, o la vez que la mamma, mi bisabuela, se fue para siempre a ese lugar impreciso del cual nunca volvería.
Traté de seguir jugando. Destripaba con bronca las colillas de cigarrillos a medio consumir y cargaba el tabaco en la caja volcadora del Duravit. Al ratito mi tía Victoria me llamó. Eran justo las cinco de la tarde. Ya había comenzado la transmisión y era la hora de Rin tin tin.
—Voy a la casa de tía Vito, a ver la tele.
Y en vez de decirme el “portate bien” formal y descuidado de todos los días me volvieron a abrazar. Él lo hizo por última vez.
Todavía trato de reconstruir sus rasgos, las facciones, el color de sus ojos, el timbre de su voz. De adulto intenté organizar los hechos: Que Prensa Latina, que Debray, que el Che; que nunca se supieron los detalles, que a algunos no los pudieron hallar.
A veces en madrugadas solitarias, cuando mi mujer y mis hijos duermen,  jugueteo descuidadamente con una carbonilla sobre un papel y me sale un rostro, siempre el mismo. Se me ocurre que es  papá surgiendo de mi inconciente y me he encaprichado en que esa es la cara que debo recordar.
Todavía sigo coleccionando detalles. Traté de evocar las pocas imágenes que quedaron registradas en mi memoria: las cámaras fotográficas, las cubetas de líquidos para rebelado, la máquina de escribir.
Todavía atesoro episodios confusos donde creo verlo. Ora practicando tiro en el paredón de la quinta de Luján, ora saliendo detrás de la frazada que usaba para tapar la luz de un improvisado cuarto oscuro.
Todavía lo sigo buscando, a veces creo encontrarlo en los gestos de mis hijos o en algún documental sobre la campaña del Ché en Bolivia.

Nilda Antonia Pigazzini-Buenos Aires, Argentina/Abril de 2012


Llueven lágrimas en

Buenos Aires …
El pueblo se cubre
de imposibilidades
Nos sorprende
este cielo ,
todo vuelve y procrea

Solo el que amó
conoce sus aristas
Perfil de pueblo chico
siempre añora…

Esta es Buenos Aires
mi lugar recurrente

El presente fugaz
el pasado se oculta

Infinito  vagar
por este insano
mundo
Sobre el caos
imprevisto

La pasión desordena
cuando  el perdón

Acusa y calla

Valeria Cecilia Pariso-Buenos Aires, Argentina/Abril de 2012


Imagen tomada de internet.Torreon del Monje 1926 - Foto de Jose Lago

Aguas Vivas



En Mar del Plata
cerca del Torreón del Monje
recuerdo que el mar
devolvía amores.

En general eran
amores de muchachas
que limpiaban las casas
grandes de Buenos Aires
y llegaban al mar
y el yodo las soltaba.

Ellas se enamoraban
los días que tenían
el franco semanal
las tardes que podían
ponerse tacos altos.


Ellos les prometían
construir la casita
tener hijos muy lindos
y algún vestido nuevo.

Ellas besaban mucho
Ellos mentían tanto

Entonces vomitaban
las promesas ahí
con almejas partidas
pedacitos de barcos
caracoles y lunas
te juro que me caso
que dejás de limpiar
y las olas tragaban.

No les cumplían no
y no volvían
a buscarlas jamás
en Buenos Aires.

Recuerdo haber tocado
las salivas de besos
los flujos de sus sexos
y sentir que picaban.

A veces veo alguna
todavía
suelen cambiar de playa
de acuerdo a dónde vayan
de veraneo
las señoras de las casas grandes.

El mar sigue escupiendo
gelatinas enormes
de desamor
como reproche.

Cecilia Ortiz-Buenos Aires, Argentina/Abril de 2012


En palabras

 a
 Socorro Carranco- Chiapas- México


Tengo    la soledad lejos (en tiempo lejano)
              el espacio libre de acechos
              un cielo limpio en nubes
              sombra y pasos
              bajo el mismo sombrero.
Tengo
              hermana   amiga   compañía
              sol a medianoche
              luna en tarde creciente.

Por el Norte mis pasos y los suyos
            andando a contraluz en las esquinas
            cruzamos tantos días
            hicimos lazos

Por el Norte se une mi alma de poeta
al alma sinfonía
a la entrega de pan y chocolate
al suspiro callado que llega a tiempo

Y me uno   en el Sur
al solsticio pleno de cariño
porque tengo en verano
             un invierno que repara
y porque siento profundo
tan sobre la piel    tan dentro de mí
un alma idéntica
(mi hermana chiapaneca)

Marta Muñoz-Buenos Aires, Argentina/Abril de 2012


Desvelo

Otro amanecer, de este otoño incierto,
el desvelo me sorprende escribiendo mis silencios,
encienden mi sed, las estrellas fugaces
te percibo, abrazo tu sombra
y mis manos lo saben y lo sabe el silencio.
Habito tu ausencia, la noche tiñe de oscuro
la tierra te abriga,
mi piel se cobija en ébano y gema
socavo la ciénaga de cada palabra
y mi piel es nívea y mi piel es grana
esquivo  tus manos para que no sientan
que aun en mi cuerpo crepitan los leños
y bebo tus labios, estrujo la esencia
me quedo  en penumbras plasmando delirios
y me voy vacía… y me quedo inerte
porque no he plasmado del todo mis versos.
No sacio lo hondo que late en el alma
porque eres ausencia, porque eres calma
y aun cuando quiero tallar cada estrofa
se duermen mis manos, se asoma el ocaso.
Vuelan los gorriones de un lado hacia otro
van como heraldos, llevando mensajes
esos enigmas, azules, sombríos,
que en cada palabra, esconden mi piel.

Beatriz Minichilo-Buenos Aires, Argentina/Abril de 2012


AMANTES ANONIMOS

Se amaron meticulosamente
ese lunes a las tres de la tarde,
con dentelladas precisas,
con el exacto número
de cópulas y gemidos.
Midieron sin  prisa
y sin pausa
sus intenciones puntuales.,
se miraron lo justo,
se acariciaron lo suficiente
y casi no reposaron
para evitar las inconveniencias
de las palabras
y luego se marcharon
rápido, muy rápido
sin pasado ni futuro.
Solo quedó la evidencia
de las sábanas
como el estrépito de un tren
estrellándose en el vacío
y afuera
como único contacto humano
la lluvia y el viento
lamiendo dulcemente las calles.

Julio Joseph May-Israel/Abril de 2012


iglú
Estoy buscando un iglú
de muros blancos y fríos,
que nos acoja y proteja
mientras con pieles nos cubro.

Resido en el desierto ocre
a sus seres ya no entiendo.
Sus vendavales me aburren,
sus ruidos me atemorizan.

Las palabras  ya no valen
las amenazas dominan.
Hierros alzados en alto
jamas bajaran en paz.

Huido el sentido común
la historia no es aprendida.
Por los juglares cantada
la epopeya es conocida.

Dámaso Manuel Martínez-Buenos Aires, Argentina/Abril de 2012


Guernica

“ a la Juana , mi madrina” enfermera de Guernica.




Fue encendido el fuego,
De la tragedia humana.
La tierra sucumbe,
ante tanta infamia.
El dolor extremo,
muerde casi el alma.
Los llantos  atroces,
no se oyeron nunca,
nunca las gargantas,
se agotaron tanto,
de llorar desgracias.
Las manos dolían
de impotencia dada.
No existía un dios,
a que las viejas aullaran
Pidiendo la gracia.
De que el sol brillara.
Cuantas aves marías desperdiciadas
Mientras a las vírgenes,
se las violaba.
Hay manos  clamando.
Manos al cielo, orando.

Manos cortadas.
Desperdigadas.
Carne picada.
Relinchos,
revienta tímpanos.
Jamás oídos..
El diablo existe.
Grita Benigno!
Pájaros al viento,
explotan  contra  la iglesia.
Que se queda muda..
Como se queda siempre.
Cuando clama el amo!

Se encienden los fuegos.
Se estrechan las filas,
se acumula muertos.
Como si fuera nada.
Cada agujeró.
Tiene su nombre.
Y lo grita el pueblo.
Fue en lo de Paula!
Corre el boticario
Ya no queda nada.
Y sus frascos vuelan,
y su madre postrada.
Los perros que ladran.
pasan de largo.
 A la perra alzada.
La vaca riega sus tripas.
En la vieja plaza.
Pasa llorando,
no entiende nada.
Hay niños que lloran,
madres que sangran.
Hay niños muertos,
madres que claman.
 Y una nueva oleada.
La muerte presente,
ríe a carcajadas.
Que ha llegado ella,
y por placer mata.
Mata que mata.
Cuenta que cuenta,
contabilidad macabra.

Y la Juana baila.
Entre los escombros.
Ella esperaba vendas,
y le dan metralla.
Y la Juana baila,
ya no sabe ella ;
Si esta viva o muerta.
Ante tal maldad,
sola entre las bombas.
La Juana baila.
Ojos sorprendidos.
Ya la dan por loca.
Cuando Juana canta!
De entre el espanto,
surgen voces nuevas,
con el puño en alto.
Y le hacen coro,
a su claro canto!

Guernica renace,
mientras quede uno.
Seguirá  luchando!