Mundial de Escritura
Edición Nº: 11
Actuará el grupo La Mala Sombra
La mirada perdida en el más allá: un punto que se ubica fuera de la cámara; las Sierras de la Ventana de fondo, los cinco integrantes de La Mala Sombra posan en blanco y negro. Su imagen transmite frescura, juventud, optimismo.
Liderados por El Vasco, primera guitarra y voz estuvieron ese sábado a la noche en el Club Huracán de Blanca Grande. Recién se había inaugurado en el pueblo la luz eléctrica y las caras lucían con un nuevo aspecto gracias a las imponentes farolas que pendían del techo como platillos voladores.
Esa luz blanca, hiriente, descubría al instante un descuido en la depilación; un bigote asimétrico.
De traje marrón claro, camisa blanca, zapatos negros, comenzaban siempre su show con su hit: Remendame ese Blue Jeans. Acción que luego derivaba en solicitudes más románticas.
La segunda guitarra y coro estaba a cargo de Adolfo, según el tránsito de sus hormonas podía tener una voz finita como una lombriz o grave y solemne, como el retumbar de un trueno.
Esto no atolondraba a los demás integrantes de La Mala Sombra: Pinino X, bajo, que hacía honor a su nombre, ya que media un metro diez pero le sacaba unos excelentes sonidos a su instrumento.
Gregorio Samsa en los teclados parecía multiplicar sus manos para extraer la nota más inesperada de aquel maravilloso órgano que brillaba hasta encandilar, bajo las farolas blancas, potentes; que hacían rebrillar las sueltas cabelleras rubias, castañas, renegridas, rubíes de las mozas, recién lavadas con agua de lluvia y champú Valet. Las notas se paralizaban en sus cabellos, los electrizaban.
Edgar Alan Poe en la batería solía imprimirle a la canción un tono lúgubre, sórdido, esdrújulo. Entre tema y tema, mientras las parejas amagaban soltarse, sorbía lentos tragos de caña quemada y sus ojillos perversos parecían viajar hasta Boston.
Otro de los temas consagrados del grupo era Saca la leche del fuego, que hablaba de un metafórico hervor proveniente de una cocina a leña.
El perro del hortelano tenía esa letra cursi pero a la vez profunda, que a todos nos dejaba cavilando:
El perro del hortelano/sube a un manzano/y con desgano/te hace sufrir.
¿Cómo hace un perro para subirse a un árbol?
La tiranía de la rima y la versificación le hacían hacer estas cosas al perro.
Por lo demás, escondía una gran verdad: el perro, con una paciencia digna de una araña, esperaba arriba del árbol hasta que la manzana se pudriera, la comieran los gusanos y solo entonces bajaba a roer algún hueso.
El baile, a las tres de la mañana, estaba en su apogeo: convivían el aroma a Pachuli, las Siete Brujas y el humo de los choripanes. De pronto se cortó la luz.
Acostumbrados a los faroles, estos se volvieron a encender y el grupo La Mala Sombra pudo proseguir con sus ya clásicos: Subite a mi Gordini; Corazón de zorrino y No le pongas ombú al mate.
El Corte de luz se prolongó más de lo habitual: un mes después de la partida del grupo La Mala Sombra se pudo solucionar el desperfecto.
A poco andar nos enteramos que el grupo era mufa: en Colonia Artalejos se había desatado una tormenta de tal magnitud que hizo volar a un Ford 8 hasta estrellarlo contra la sucursal del Correo Argentino.
Un extraño mensaje del cielo que dejó sin cartas a todo el pueblo.
En Pourtale había actuado el grupo, cuando otro tornado arrancó de cuajo la estación de trenes, prólogo al despoblamiento del interior bonaerense.
En Carabelas, mientras entonaban su ya clásico No mezcles sandía con vino, se desató una noche de domingo el diluvio: todo el pueblo debió refugiarse en los techos del Club.
En El Perdido, luego de actuar en Indio Rico, Bajo Hondo y Cristiano Muerto, mientras tocaban el recién estrenado El arcoiris de papá, se produjo un triple choque en la única calle del pueblo, situación inédita y que no se repetiría. Con todo, La Mala Sombra continuó paseando sus éxitos por toda la provincia de Buenos Aires.
Su última actuación, en la ciudad de Dolores, sirvió para estrenar su último éxito: Me duele el manguito rotador, extraña metáfora que derivaba en el acercamiento de unas manos femeninas al sitio de la dolencia.
Nada sucedió esa noche, pero los días siguientes todo el pueblo, incluida la banda, comenzó a sentir fuertes dolores en todas sus articulaciones.
La banda ya no pudo moverse al ritmo de: Para la yeta/caña con ruda/no cabe duda/ caña con ruda... Debió disolverse irremediablemente.
Todos lamentamos mucho esta enorme pérdida que tanto afecta a la cultura popular.


