martes, 25 de octubre de 2011

Germán González Arquati-Octubre de 2011

PRÓLOGO para “Las Piezas de un Teatro” de Rolando Revagliatti

“REDUNDIO = GERUNDIO EN REDONDO”



Según el Pequeño Larousse Ilustrado, ROLAR quiere decir dar vueltas en redondo. Su gerundio es ROLANDO, esto es dando vueltas en redondo (galicismo).

RE-VA: va y va. Sin volver. Español castizo.

GLI ATTI: los actos, más tano que los tallarines.

ROLANDO REVAGLIATTI: El que dando vueltas en redondo va y va sobre los actos.

A Mandrake le serrucharon el cráneo. Tuvo buena cicatrización. Su magia consiste en convocar frases que provocan la penumbra y la oscuridad.

Fragmentos de Rolando que va y vuelve a ir sobre los actos: ahí están para muestra el Caballero Español con su invitación programada que siempre fracasa, la mujer que talla en jabón y repite su frase: “Nosotras no la matamos. Se murió sola.” El Hombre que se suicida con lo suyo comete actos comentado por un parlante que repite su mensaje hasta que termine de trajinar y suceda el apagón final. Alguien abre los dedos, embalsa arena fina y la deja libanizar (justo en el momento en que Mandrake anuncia: “No es tanto el dolor, sino que sangra.”). El mago Mandrake sangra y sus palabras mediatizan la realidad, la realidad, la realidad...

El Hombre que bracea sobre la mesa no deja de tener razón cuando sentencia entre brazada y brazada: “¡Qué capítulo, señor, escribiríamos todos si no tuviéramos que remar!...” La luna como una pastilla de Alka Seltzer cuelga de un hilo de coser pero el Hombre ni la mira y además la tutea como una vulgar trotacalles.

Cosa de nunca acabar y de nunca empezar. Se gasta lo que hay y no existe ningún relevamiento sobre lo que aún queda en el ovillo. Ellos dialogan sobre imponderables. ¡Qué lujuria senil! El mundo destila lujuria senil. El viejito se dormirá con el numerito ROLANDO entre sus dedos que luego caerá de sus dedos. Todo caerá despacio como si se precipitaran bulones de goma. El Angel cubre a los niños con su sábana blanca, para ocultar sus juegos eróticos. Los niños nunca duermen: “Le hundimos los bichitos en el agua. Le cantamos el bolero.” Nada termina.

Re-va. Va y vuelve a ir. No regresa. No hay vuelta para volver a ir. Es el que va dos veces. El que no conoce el viaje de vuelta: jinete que cabalga únicamente corceles que van. Dando vueltas en redondo porque SOLAMENTE SE PUEDE IR DOS VECES HACIENDO VIAJES EN REDONDO. No hay otra manera de ir y volver a ir sin volver, que haciendo viajes en redondo (ROLANDO: dando vueltas en redondo). La fatalidad de llamarse de una manera también es un viaje de ida. Pongámonos nostálgicos: la vida es esencialmente un viaje de ida (la palabra misma lo contiene: vida).

Seres trasnochados sorprendidos por sus propios textos que viajan en góndolas oscuras en medio de tempestades de utilería. Las palabras son ganglios que gotean y supuran incertidumbre. El derrumbe se produce en sordina y los pesca a todos enzarzados en pensamientos que no descansan, amotinados en la misma nuca, expresados turbiamente con una claridad aterradora. Hay luces curvas y torvas que vaporizan la escena. Sería mucho simplificar decir que estamos asistiendo a un drama sicoanalítico, pero “por algo será”.

Teatro redondo que se regodea en no avanzar, eludiendo la perentoriedad del conflicto, porque es conflicto en sí mismo. Para sí. Para no. Para ni. Para so. Se da el fenómeno de asistir a un curso de acciones sin futuro, que obliga a no alentar expectativas. La acción se agota en sí misma y a menudo no es antecedente ni consecuente. Teatro sin futuro. Teatro optimista.

El lenguaje no apela a los sentimientos sino a la tiranía caprichosa de las ideas que bullen en la nuca. La palabra es portadora de acción: es acción en sí misma y nunca ilustra ni comenta la acción física de los personajes. No nos pongamos pedantes. Los hombres y las mujeres hablan de cosas íntimas, fuleras, callosas, vergonzantes. Parecen desandar continuamente el tiempo, ese tiempo que se desplaza por las ventanillas de los trenes y queda embolsado en el furgón de cola. Uno siente que detrás hay una sala de espera de mayólica, con salivaderas de hierro enlozado, higienizadas con creolina. Humor viciado por la falta de aire, por el olor del sexo que surte entre las enaguas. La pobre humanidad retrocediendo cualquier cantidad de pasos, descuajada, errática, agolpada entre las dos caras de un vidrio opacado por la fina lluvia de otoño.

Pero por ventura está la pietá. El descenso de la cruz. La lánguida eternidad abandonada en brazos de la madre adolorida. ¡Pobrecitos! Se la pasan llorando sangre, tendiendo la mano al padre ausente, amarrados a las tetas de la madre omnipresente. Las palabras circulan, se atropellan, chocan, estallan, brincan entre los hombres y mujeres que degradan la escena. Se vive entre los socavones de la conciencia. El mundo exterior aparece tan deformado que ni es ridículo. Más bien todo lo visible aparece patético sin que nadie haga nada para que lo sea. Todos los personajes hablan con la cabeza en la mano. Todos terminan encallando y preguntándose a pesar de sí mismos: “¿Qué hago yo conmigo ahora? ¿Qué hago yo conmigo ahora?...” “Me falta la cabeza...” “Los fantasmas vienen a caballo. Diversos. Nunca llegan y siempre vienen.” Esto hay que leerlo y archivarlo en la frente. Si uno lo ve, tal como sucede con las imágenes visuales, las palabras que uno oye viéndolas pasan como esos “fantasmas diversos”. No vienen ni llegan. Pasan. Y el teatro no es un libro que se puede volver atrás. Lo cual es una verdadera lástima. Porque sería hermoso que en la representación cada espectador pudiera parar el espectáculo, hacerlo regresar a un tramo que desea retener o regozar y luego saltar hasta el hiato. Peligroso. Muy peligroso. Eso sería volver a ir pero no en redondo. Y entonces Revagliatti no tendría nada que ver con esta operación, más que nada por llamarse Rolando.

lunes, 24 de octubre de 2011

Nora Coria-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

QUENA DE LOS ANDES

Dedicado a la música y talento del maestro Raúl Olarte

¡Oh, quena de los Andes!
Quena de Los Andes, soñada desde
la cuna misma de la caña, por aquel
capaz de intuir la perfección de tu
sonido.
Caña destinada, transformada en
quena por las manos del que supo
tallarte, esperarte y sostenerte; caña
hecha música por el arte del que
crea sonidos desde el aire.
Quena de Los Andes, sólo el aliento
del elegido es capaz de invocar en
melodías los antiguos espíritus
tutelares de los cerros.
Quena de Los Andes, armonía
ancestral del Altiplano.
Aa, qena Antimanta
Qenaqa antimanta, nosqosqa
kirawnin soqosmantapuni,
jaqhayrayku usaqennin tinkaynin
allin sumaqe kaymin qanpa
chanrayki.
Soqos rajnisqa, wajnachaska qenapi
pichus llajtayta yachaq, suyaynipi;
jap´iyniypi; soqos ruwasqa chanray
allwika pichus kaman wayramanta.
Qenaqa antimanta, samalla
ajllasqajpa usaqen waynayashan
misk´i takikuna unaykuna llakhayan
orqhokunamanta.
Qena antimanta, munijya
ñawpamuchiq Punamanta.
Poema seleccionado desde Ministerio de Educación de la Nación,
publicado en revista “El monitor”; el maestro Raúl Olarte lo ha elegido
para sus conciertos en Centro Cultural Borges y otras presentaciones.

 Agradecimiento especial al Profesor
de Cultura y Lengua Quechuas
Carmelo Sardinas Tayta Ullpu

Nélida Vschebor-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

¿COINCIDENCIA?

Terminaba de vestirse cuando sonó el teléfono. Lo atendió apresurado porque se le hacía tarde, pero nadie contestó. Silencio y luego cortaron. Lo intrigó un poco, pero debía apurarse.
Ya casi salía cuando volvió a sonar. Tomó el tubo con urgencia gritando un ¡Hola!. Sólo el vacío. Esta vez fue él, quien colocó el aparato despacio sobre la horquilla.

Estaba llegando a la esquina, cuando vio al colectivo alejarse. . Caramba, si no tuviese que marcar tarjeta, se dijo, y encima ese reloj que nunca se atrasa, más bien adelanta….  Miró la hora. Las seis y diez. Echó una ojeada alrededor. No había nadie. Decidió caminar hasta la próxima parada para ganar tiempo. Así lo hizo.
Entonces escuchó ecos de pisadas que lo iban siguiendo. Fue en ese momento que recordó las llamadas y se asustó.
En el bolsillo trasero de su pantalón tenía un pañuelo. Lo sacó para enjugar la transpiración que surcaba su frente.
Apretó el paso. Atrás hicieron lo mismo. Comenzó a correr, y atrás las pisadas se acercaban. Llegó a destino rezando porque apareciera el micro. Y se paró.
Al darse vuelta vio a un joven acercándose con la mano extendida hacia él. ¿Un cuchillo? ¿Un arma? No lo sabía. Sólo atinaba a mirar ese rostro que tenía un rictus por sonrisa.
-“Oiga don, esto es suyo, se le cayó la billetera”      

Oscar Alfonso Vera-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

Hojas secas de otoño

Hojas secas de otoño,  giraban en el alma.
arremolinadas,  parecían querer arrancarnos vestigios
de hermosas primaveras recorridas, rodaban,
arrebatándonos el tiempo  en cada rulo,
y las flores impolutas,  se deshacían como nubes
en el vertiginoso descenso, de nuestro amor,
ya en el ocaso, montañas de nieve,
 nos cubrían el alma, en el rojo atardecer
 de nuestras vidas, bajo un cielo sideral
 que iba sangrando, el viento era un sordo puñal,
 clavado en un corazón que yacía inoperante
ahí, sin lágrimas, mientras los dos nos ahogábamos,
 en hermosos recuerdos de primaveras,
en el sordo abanico de la noche ya muerta,
solo se escucha del corazón, su fuelle.

Loreto Silva-Chile/Octubre de 2011

De mi Sangre

Soy policía, forma parte de mi trabajo hacer turnos en la comisaría tomando declaraciones, recibiendo denuncias y constancias. Aquí se conoce en profundidad al ser humano, necesitan de nosotros para enfrentar variadas situaciones que les ocurren, muchas cruzadas por la desgracia otras no tanto y a veces se presentan hechos inesperados de corte trágico y sesgo cómico. Como hace unos días atrás, en que vinieron una pareja de mujeres, provocaron tal bullicio que llamaron la atención de cuantos estábamos aquí. La gritona era una mujerota ordinaria, recia, con el pelo tieso de raíces oscuras y puntas amarillas. En su imagen se confundían por un lado un físico agostado con unas impúdicas carnes rosadas que pugnaban por aparecer entre una serie de prendas superpuestas, y por otro la trifulca que armaba. Traía a rastras, y es así de literal porque la tironeaba del cinturón y de la ropa mientras trataba de huir, a una joven veinte añera que silenciosa se debatía contra las garras que la tomaban e intentaba en vano, dada su físico dispar, evitar el ingreso a nuestra sala.
Con mis compañeros nos esforzamos para refrenar la risotada al ver el inusual dúo, en tanto la guardia les ordenaba entrasen, así que les hice un gesto para que se sentaran frente a mí. La grandota vulgar dirigió una mirada filosa a la muchacha con la cual perentoria ordenaba “no te muevas”.
Aplicando el procedimiento les pregunté que deseaban. La rucia fornida tomó la palabra:
_Mire oficial, a ella le pega el marío, y es tan poco hombre el cobarde, sinvergüenza, que le pega donde no se le ve, pero yo la toquetié y me di cuenta que está toda machucá, -y dirigiéndose a la chica dijo:
_¡Muéstrale! ¡Muéstrale la barriga y los brazos! -mientras tanto, a pesar de los gestos renuentes de la joven, le levantaba la blusa dejando ver una piel llena de marcas moradas; al recogerle las mangas también sus brazos exhibían lo que parecía ser el resultado de golpes reiterados: al tocarle la espalda, por instinto, se encogió de dolor.
Entendí que la escandalosa tenía razón y pese a las negativas de la joven, le pedí el carné de identidad, hice el registro de datos y consigné la declaración de los hechos para dejar constancia de esa golpiza. La matriarca, ahora dueña de la situación, entrometiéndose agregaba una serie de datos irrelevantes que hacían ver que el golpeador era un mal hombre y contaba con toda su animadversión; su único deseo era que la chica lo dejara y buscase una mejor compañía para vivir. Debí pedirle que guardara silencio, pues sus interrupciones, aunque bien intencionadas, no me permitían terminar de interrogar a la víctima. Concluí con esto y les leí el texto, ella lo aceptó de inmediato; la joven, a regañadientes, lo aprobó. Cuando le solicité que firmase la declaración estaba indecisa, le pregunté por qué no quería firmarla si el marido la maltrataba, con una voz clara y suave me respondió:
_Es que yo lo quiero y me prometió que iba a cambiar -la zafia que no perdía palabra, una vez más metió su cuchara:
 _¡Ve, oficial! ¡Si ésta es re tonta!, ¡está enamorá!, si al hombre no hay que aguantarle que le pegue a una, mi marido me levantó la mano una sola vez, me tiró un cachetazo y yo le rompí una lámpara en la cabeza de ahí nunca más se me insolentó -en medio de gesticulaciones y con lo que me pareció una mezcla de desdén y amargura agregó:
 _Esta no es agallada, no se defiende, entonces el otro se aprovecha; cuando me di cuenta le dije: “si no te defendís, entonces cabra, tenís que ir a los pacos y hacer la denuncia, si este gueón no cambia entonces te divorciai, ¿y qué sacai con estar tan enamorá? ¡a puros combos te le van a quitar el amor!” -Iracunda, remató ordenándole:
 _¡Firma esa custión! -al quedar la tinta sobre el papel, la mujerota hasta ese momento rabiosa pareció desplomarse.
Mientras terminaba la documentación, mencioné lo positivo que era que la joven contase con su ayuda, pues la red familiar colabora para que las víctimas superen estos episodios, una vez más la mujer asentía a cuanto yo hablaba y respondió:
_Si oficial, no se preocupe que siempre la voy a defender. -Brusca y todo abrazó con ternura a la joven besándola en la frente, la chica desconsolada, se puso a llorar.
Les entregué las indicaciones a seguir, entonces me despedí de ambas; evitar involucrarme fue inútil porque la mujer terminó despertando mis simpatías; pensé que si todas las madres defendieran con esa pasión a sus hijas, no habría tantas mujeres abusadas, me despedí de ambas diciendo:
_Vayan señoras, vayan tranquilas. -Su respuesta fue:
_Sí, si me llevo a la niña. -Me pareció ver que se ponía a llorar, y para infundirle ánimos agregué:
_Y, señora, siga cuidando a su hija. -Con la mirada húmeda, casi en una exhalación, me respondió:
_No es mi hija, -y para mi sorpresa, por lo bajo, añadió: _soy la mamá del desgraciado que le pega...

Luis Tulio Siburu-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

TRES LLAVES

Lo conocí a comienzos de la década del ochenta.Sus hijos jugaban al básquet con los míos y entre partido y partido , viajes al interior del país por intercambio con otros clubes , cenas de los viernes , asados de los domingos y vacaciones junto a otras familias , fué naciendo una amistad.
Tenía una personalidad muy particular.Pasaba de la carcajada estentórea a la hosquedad profunda. De algún gesto propio de adolescente a una seriedad de hombre maduro , quizá mas madura que su edad real. Tenía un acompañante permanente , el diario La Nación , al cual llevaba bajo el brazo  o tomado por la punta de los dedos. A veces , mientras esperaba se hicieran las brasas o en el ocio de la playa , lo reemplazaba por un libro. Quizá  me equivoco , seguramente en el fondo de la canasta de las viandas , estaba acurrucado el periódico. Es que las noticias de economía y política – y en especial los editoriales - le apasionaban , aunque lo hicieran renegar.
Era abogado de una institución bancaria relacionada con el gobierno de turno por su carácter promocional de créditos para el desarrollo , pero no era un fanático de su profesión ,  hasta le parecía una carga, una pesada carga.El ambiente del banco lo agobiaba y de alguna manera su rostro cansado , semidespeinado , en los atardeceres de los días laborales , traslucía su interior.
Era un hombre afable , buenazo , pero había un tema que lo rebelaba , que lo transformaba.Era anti-imperialista fanático , para él no había mal argentino que no tuviera principio y final en la influencia norteamericana o de algún estado europeo.En esos casos era mejor dejarlo hablar , no disentir , porque el tono de su voz subía violentamente. Creo que esa posición era una fachada que escondía algunas frustraciones interiores donde las banderas del primer mundo no tenían nada que ver.


¿Alguno de ustedes leyó La Tregua de Benedetti ?.......bueno , él era algo así como el personaje de Martín Santomé , a veces eufórico , a veces resignado . Alegría y fervor por fuera , tristeza y pesadumbre por dentro. Y el tremendo esfuerzo de mantener el equilibrio emocional.
Habitaba un departamento a metros de Plaza Italia pero sus hijos lo convencieron para venirse cerca del club, a Martínez , donde estaban las amistades de toda la familia.Una oportunidad también para vivir en un chalet que su esposa y él siempre habían soñado y donde tenían la esperanza que algunos problemitas de madurez que tenía su hijo menor mejoraran.
Se lo veía mas sonriente que de costumbre , en la casa siempre había algo para hacer . La señora renunció al banco donde trabajaban juntos  y se estableció como independiente , abriendo una mercería y un video , en sociedad con mi mujer y otra amiga en común.La vida parecía tomar otros rumbos.
Una molestia , análisis , tomografía , operaciones , cáncer.En  poco más de un año se quedó viudo y con  tres hijos que extrañaban a su madre. Su vida cambió de mano de la misma manera que él  cambió de vereda. Sí , extrañamente , cuando volvía del trabajo camino a su casa y pasaba frente a los negocios donde siempre a esa hora había alguno de nosotros parado en la puerta , él se cruzaba a la vereda de enfrente para no encontrarnos,  sin saludarnos , como queriendo esquivar el pasado reciente o el revés de su destino.Lo comprendíamos pero creo que no alcanzábamos a interpretar , detrás de esa actitud de escape , cuan grande era su dolor, su soledad , su quiebre.
Un día llegó a su casa , estacionó el coche y lo cerró con llave.Era la primer llave. Luego abrió la puerta de la casa y cerró. Era la segunda llave . Recorrió los ambientes , se aseguró que no hubiera nadie, empujó la mesa ,  subió a la silla debajo de la araña , pasó la soga entre el gancho del cielorraso y su cuello y luego pateó la silla.Había utilizado la tercer llave.La llave que abrió el paso a la eternidad y cerró el laberinto oscuro donde se había perdido.  

Maité Sánchez Romero (Volarela)-Benidorm, España/Octubre de 2011

MUJER

En cada universo una caracola
de infinitos perlada,
girando,
recién creada en el mar,
en todos los mares posibles:
Mujer,
meciéndose,
en un sentir bravo y lánguido,
un sentir de océano.
Electrizada de soles, de lumbres, de rayos
que encuentran su cobijo
en el tacto redondo de su cuerpo,
se da:
bosque de coral mecido en la noche,
lágrima de pradera hambrienta,
sinuosa pluma desbordada de Dios, de todos,
de él.
Y se da
en un grito amoroso de nebulosas,
y se tiende en la arena para que las gaviotas
plieguen las alas
sobre su vientre;
para que el mar la bañe de albas, silencios o muerte,
para que el amor se lleve su cuerpo
de dunas hechizadas…
Mujer o amor derramado,
oleaje golpeando a la espera;
rayo partido en multitud de esponjas,
a la deriva,
a la deriva vas
de los sentires, de los aromas, del viento,
de la fiereza del círculo
que te muerde y te ama.
Arrastrando lunas,
recogiendo espumas,
ella
se da.

Ana Romano-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

Origen

Cansada
acuna la vida
la mano.

Evidencia

Silencio
sueños
hacia la decantación
del sosiego.

Carmen Rojas Larrazabal-Venezolana, reside en Los Ángeles, California, EEUU/Octubre de 2011

Lluvia, refugio de tu ausencia

Corro a encontrarte entre la brisa,
mis pasos alertando, sin querer,
con la breve diana de las hojas secas,
a mi soledad,
en sorprendida desnudez.

Reflejos de luz sobre mi piel.
El agua-olvido de sanar recuerdos
va delineando en su lluvia
cada huella de mi alma
y la infinita historia de su sed .

Como húmedo escultor
defines mi silueta
recordándome quién soy
si no soy árbol.
Elevando mis pies sobre las piedras,
reflejando pinceladas de agua clara,
mientras mis azules y naranjas
deciden revelar su noche y día
en el alto contraste de la espera.

Me descubro entre tu breve melodía
con el polvo que en arcilla me moldea
en la historia de verde centinela
que en claro retoño invita, sin querer,
a los nuevos colores de la tierra.

Lluvia, que al caer, has despertado
las breves líneas que revelan, sin pensar,
dónde habitan los silencios de mi alma,
dónde suenan los segundos que me quedan,
dónde vive el manantial que aún te espera.

Rolando Revagliatti-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

Habla Gloria



          En bombacha hace flexiones en la barra (un metro y setenta y siete centímetros de muy buena madera) engrampada en la pared lila. Hoy es viernes feriado nacional y nuestra kinesióloga no trabaja ni concurre al seminario de post-grado. Pudo haber ido a un pic-nic con gente del hospital, en Virreyes. No se suspendía por lluvia y garúa desde el amanecer. Pudo haber presenciado el ensayo de "Los Húsares" en el Centro Dramático Buenos Aires. Hoy es viernes y Ernesto no apareció a las diez de la mañana, feriado el día completo desaprovechándose. Hace flexiones con ímpetu admirable. Nuestra tromba se llama Gloria y desde el martes el zócalo de frente a la puerta del baño, ha quedado salpicado con gotas de su sangre menstrual. ¡Gozó tanto con Ernesto durante las escandalosas cuatro horas en que la sangre parecía no importar!... Había sido desnudada a manotazos, todo convenido, sólo "por las malas". La alfombrita añil también quedó manchada. La primera embestida incluyó a esa alfombra. Fantástico fue cuando él le rescató bucalmente el clítoris con tamaña dulzura. Si no recordaba mal, Ernesto fue el único que tras merodear en la zona en esas condiciones, además se instaló. ¡­La pucha! Así le gustaba a Gloria, la ráfaga del Cono Sur. Será por tanta emoción y gratitud que otro "clinch", meduloso y vehemente, culminó con la felatio más exhaustiva de su trayectoria, tolerando con naturalidad aquel precioso semen en su boca. Lo escupió en el inodoro, un par de buches con la pasta dental y retornó a Ernesto. El prometía "redactar un poema que le haga justicia a tus labios". Labios. Todos reparaban en sus labios. Tomaron whisky en la cama (él, con hielo) antes de renovar el frenesí. Ella encima de él acababa como una locomotora, el vapor (de la locomotora) los aureolaba, lo estaba haciendo bolsa al flaco, ­¡ay! si se pudiera circular con este pedazo hirviente, con este irredento entre las piernas, así aferradas las tetas, insistentes y malévolas las yemas de bibliotecario hundiéndome los febricitantes pezones, pensaba huija pero no lo exclamaba, y Ernesto sucumbió en la cumbre, aunque siguieron, había con qué, un rato.
          Concluye la sesión de flexiones, al tiempo que un largo tema del Gato Barbieri, del que abundan pequeñas láminas y pósters en su bulín, aun en los armaritos de la cocina. Suena el teléfono, baja el volumen del equipo, se arroja al tubo. Oye y especifica:
         - Habla Gloria.
           Su prima tienta: hay dos tipos bárbaros y a uno de ellos la prima se lo quiere presentar. Gloria se juega por Ernesto, renuncia, se abstiene de conocer hombres nuevos por ahora, que no le enturbien el sortilegio del martes, ya sin menstruación lo aguarda, si no fue a las diez será a las veinte, pero será, será, ella lo sabe, gracias, que los disfrutes y chau.
          A todo Gato otra vez, fundas y cubiertas de discos por aquí y por allá y los auriculares sobre un bafle. También Beatles y Rolling Stones y Kiss. And Joe Cocker and James Taylor and Bee Gees. Discos en las estanterías junto a los libros de la profesión, apuntes y agendas de los últimos años y un retrato de Gloria adolescente, óptima potra incabalgada. Tiempos de resaltar las pestañas y pronunciar el escote para fastidio de su papá (atemorizado): toda esta potra, digo, esta hija para mi; digo, no es para mí: es mi hija. Tiempos de vigilar la expansión de las pantorrillas, la tersura del abdomen, la consistencia de los muslos. Tiempos de evaluar apetencias a la salida del Normal, de dejar con las ganas, tiempos de acalorada soledad. Nunca hacía frío en su alma. En otro retrato, Gloria miraría a cámara, inmarcesible, mordisqueándole una oreja a un felino bicolor. Y en otro, en una toma posterior, una Gloria baqueteada durante su tránsito por la facultad: orgías al paso con compañeros o auxiliares de cátedra.
          El teléfono, sobre una mesita rodante conseguida en Emaús, al lado de la cama de una plaza, de caña, descuarejingada, con la almohada sin funda, suena.
          -Habla Gloria.
... al muchacho supuestamente bárbaro. Y lo cita para el lunes. Cuenta las chinches que en la pared coral sujetan su espléndido vestido bahiano, cual si fuera un tapiz. De su estadía en San Pablo viene memorando con insidiosa frecuencia los dólares que se agenciara sin proponérselo, devenidos de una desleída cogida con un hotelero. Recién en vuelo al norte descubrió en el estuche de cosméticos los billetes que le posibilitaron alquilar automóvil, comer langosta a la Termidor y adquirir alguna pilcha cara. Posponía encarar ese episodio, maremágnum de sensaciones displacenteras al principio, en su análisis.
          Al dorso de una tarjeta de su depiladora, asienta con un marcador: "Estoy Lavándome El Pelo". La incrusta en la mirilla de la puerta del departamento. Lava su violenta cabellera con champú de huevo en la pileta del lavadero. Se enjuaga, se seca, y se mira en el espejo circular y estropeado que aprisiona un fierrito sobre la pileta. Retira la tarjeta de la mirilla. La guarda en una cigarrera. Teclea en plena siesta, a doble espacio en papel tamaño oficio y con dos copias, la versión nunca se sabe si definitiva de "La Demanda de Atención Kinésica en un Instituto de Día Geriátrico", que urdiera con Carmelita Pizzurno, terapista ocupacional. La presentarán en el congreso de paramédicos de la ciudad de Córdoba. Irá con Carmela. Ernesto examinará la versión por si hubiera incorrecciones de estilo. Estilo el suyo de mecanógrafa. Mucha Pitman y Academias Orbe, pero ataca el maquinón con fogosidad digna de causas menos preciosistas. La Underwood negra salió a prueba de Glorias desmañadas. El escritorio en el que está, herencia de un abuelo abogado y ex-senador, ya temblequea.
          Rodolfo Mederos se desgrana desde un casette que Gloria grabara en vivo, cuando ella llama a casa de Ernesto:
          -Habla Gloria.
          Atiende el amigo de Ernesto, a quien ella conociera también el martes. No había llegado, le dice; él creía que Ernesto estaría con ella. Escueto y amable.
          Manduca en la cocina un racimo exuberante de uvas rosadas: una mordida y glup, una mordida y glup. Efectúa insignificantes enmiendas en el trabajo de investigación. Larguito. Y no meramente descriptivo. Ernesto se olvidó los Parisiennes. Enciende con el Magiclic una hornalla y con la hornalla un cigarrillo. De la mesa de luz extrae el pote (dado vuelta) de quitaesmalte Miss Blue, el quitacutículas, dos limas y un neceser de plástico rosa Dior. Introduce el meñique de la mano izquierda en la abertura de la inflamable esponjita y gira el pote. Y así con los siguientes nueve largos dedos. Lava sus manos con agua fría y sin jabón. Se seca. Empuja las cutículas con el aplicador del quitacutículas y las recorta con el alicate. Da forma a las uñas con la lima de acero y luego con la de esmeril, y además, suprime los rebordes. Se lava ahora las manos con agua tibia y jabón La Toja. Esmalta sus uñas, agita las manos y sopla.
          Abraza a la almohada, transversal en el lecho, durante media hora se permite el desfile de buenos mozos y ... ¿ qué hace en la pasarela el amigo de Ernesto? Errabunda, considera: La ranura del pote me mambea, me deja... ¿ así serán las de las muñecas inflables?... Y luego: No lavé los corpiños, ni el toallón, ni el vaquero, ni cosí la blusa. Y hasta yo me doy cuenta de que el placard está hecho un quilombo. Ernesto no llama. Ya me veo a la medianoche: lavar, coser, ordenar y meta sublimar. Y se nos queda dormida la que sueña con teléfonos tornasoles afirmados al cielorraso:
          -Habla Gloria.
          Susurra: -Habla Gloria.
          Canturrea:  -Habla Gloriaaa....
          Grita: ­-¡Habla Gloria!
          Ni aunque vocifere. Verdes ojos abiertos. Ha ido demasiado lejos. Transida saca, saca, saca pullóveres, camisolas, medias, pañuelos de seda, saca del placard bolsas de celofán, remeras, un mantón de Manila, cinturones, cuatro polleras y dos túnicas saca y apila, perchas, carteras en el piso, y la dormidera se va, se va, viene lo tangible, con humor ya que no con pasión, música, falta música.
          Percibe la inefabilidad melodiosa del timbre del departamento, oprimido varias veces: Gloria se entera de que Ernesto llegó. Abre la puerta, ríen y se le cuelga haciendo pinzas con las piernas. Festeja, besándolo. El patea la puerta, la cierra y traslada a Gloria, la pasea, la acaricia, la zarandea. Todo es confuso y divertido y ella no inquiere ni reprocha. Son las veinte.

Humberto Pinho Da Silva-Porto, Portugal/Octubre de 2011


CULTURA AO QUILO






Conta Luís de Oliveira Martins, que certa vez o genial Camilo esbarrou, na Praça Nova, com negociante seu conhecido, sobraçando numerosos livros.
Admirado que o comerciante andasse com tantos livros, disse-lhe o escritor:
- Quantos livros você leva consigo! ….
- São para meu filho, que anda a estudar. - Respondeu, enfatuado, o comerciante. - São quatro quilos de sabedoria! - Concluiu o homem com sorriso de orgulho bailando nos lábios.
Ao que Camilo, prontamente, retorquiu:
- Veja lá se lhe roubaram no peso! ….
Esta historieta, quase anedótica, ocorrida entre o escritor e o lojista da praça portuense, lembrou-me outra, que presenciei em menino, na livraria de amigo de meu pai.
Certa ocasião o Dr. Saraiva, homem bom e temente a Deus, instou meu pai a visitar sua casa, pois queria mostrar-lhe a biblioteca.
Espicaçado pela curiosidade, ainda que contrafeito, acedeu; e numa manhã de domingo, após a missa, bateu ao ferrolho do antigo e sombrio prédio dos Saraivas.
Prontamente apareceu o dono da casa e alegremente conduziu-nos à famosa livraria; antes, porem, passamos por saleta, onde montara posto de radioamador.
Ligada a aparelhagem, soltou-se infernal chiadeira, chinfrim de ruídos graves e agudos, que este vosso criado, que acompanhava o senhor, seu pai, não encontrou outro remédio, senão servir-se das mãos, como tampões.
Mas isso é o menos.
Prestes passamos à biblioteca. O Dr. Saraiva escancarou as janelas, e jorrou sobre os armários envidraçados, que forravam as paredes, alegre e fresco sol matinal.
Seguiu-se a apresentação dos volumes:
- Aqui está a obra completa de Eça e Camilo; algumas são primeiras edições; a enciclopédia Luso-brasileira, a Britânica e o Larousse; os livros de Economia, História, Direito e Medicina, encontram-se naquele armário. Enfim, uma biblioteca de milhares e milhares de volumes! … - Rematou orgulhoso o Dr. Saraiva.
Meu pai olhava pasmado para tanta “cultura”; observava os livros vestidos a pele genuína, cobertos a letras doiradas, que pareciam acabados de sair do encadernador.
Então o Dr. Saraiva, querendo deslumbrar-nos, abriu a porta envidraçada de uma estante e retirou preciso livro, ricamente encadernado a meio-amador, e disse:
- Veja que beleza! …
Meu pai abriu a obra, que era de Florbela Espanca. Estava em branco! Tornou a abrir…e sempre folhas em branco!
-Abra ao meio! …Abra ao meio! … - Insistia o Dr. Saraiva. - Como era muito fininho, mandei encadernar com folhas em branco. Sempre fica mais bonito na estante.
Tanto o lojista de Camilo, que media a cultura ao quilo, como o Dr. Saraiva, que, como Jacinto, do Eça, tinha milhares de volumes que nunca lera, pensavam que a cultura resumia-se na abundância de livros.
Como eles, quantos não adquirem livros só para dizerem que possuem a obra completa de ***, ou a Bíblia ilustrada de Doré?! Compram “cultura”, a metro, para enfeitar estantes.
E o homem comum, vendo tanta abundância de livro, dialoga com os seus botões:
- Que homem culto é este senhor doutor! …

Nilda Antonia Pigazzini-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

  INVOCACIÓN

-Cuando leo tus poemas
 aprisiono las páginas de los 
libros, en vano gritar
eres mi voz mi inspiración
absorta ,callo...

Me enamore de ti ,
mi duende imaginario
capa  bastón y sombrero...

---Época de príncipes y princesas !
 tenia barba y  bigote,
el cabello era largo ,el sombrero
de copa..

--Así te  invoco en mis sueños

-Así era princesa  un soñador ,
un gran soñador!

--No haberte conocido poeta...

Teresinka Pereira-Toledo, Ohio, EEUU/Octubre de 2011

AMOR PROHIBIDO

Una presencia sin delito
como un granizo que cae
y se disuelve antes de sentirse,
una idea sin forma
cayendo prudentemente
en la penumbra del espacio
o, tal vez perversa hambre
de aventura, que traspasa
la confianza del verdadero amor
y llamea, pero no quema de todo,
unos labios que fingen besar
pero muerden el corazon
hiriendo a todos
sin saciar a nadie.

Patricia O. (Patokata)-República Oriental del Uruguay/Octubre de 2011

NADIE PUEDE...
                                                                                                  
Alargo una mano al cielo
y tomo una estrella,
la prendo a mi pelo...

nadie puede quitarme los sueños.

Ni las palabras, ni los agravios
que suele ocasionar la indiferencia
de los perfectos.

Ni la erudición de los que llevan 
sus títulos colgados
con orgullo al pecho.

No son los libros 
los que construyen 
de forma innata el talento.

La inspiración va más allá 
de las letras,
la belleza de lo que se dice
va más allá del intelecto
y cuando el talento
va unido a la humildad...
se encuentra la panacea
que lleva a lo bello y lo perfecto.

Bien aventurados los escritores,
poetas soñadores 
humildes de corazón 
porque éso 
es lo que los hace grandes
ante el mundo,
dignos de gran admiración 
y de mayor respeto.

Bien aventurados los escritores,
poetas soñadores que cuidan el timón
y permanecen cuerdos,
ante el orgullo y la arrogancia,
y no pierden jamás
el norte de su puerto.

Álvaro Iván Ortegón González-Cali, Colombia/Octubre de 2011

Hades

Me andas sepultando sin tedio
mujer de velo negro e infausto;
presurosa, iracunda, penumbra de asedio
desde tus presidios gritas: ¡Fausto!

Tu negra saeta en pos de mi pecho nocturno
y tu trémula estancia bajo esta noche inerte,
laceran mi alma cual anillos de Saturno
con la infinita lobreguez de la muerte.

Amarga condena de espíritu doliente
y espectro hastiado de la maledicencia,
soy juglar de versos en agonía inclemente.

Cantan las ánimas mis poemas de árida demencia,
y tú, sombra gélida, sólo atisbas cual perverso vidente
el melancólico aliento de mi difunta existencia.





Cristina Noguera-Pergamino, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

DESNUDO AQUEL BESO
                                                                     

                                                        


      Aquel beso frágil, tierno
Que voló en medio de las miradas
Se cruzó entre el expectante silencio
Abrió con tu alma la puerta de mi boca
Rozó la caja con terciopelo
Navegó tu dulzura por mis entrañas

Así abrimos nuestros diáfanos cielos
Habitamos amores de fuego
Recorrimos paraísos deliciosos
Con la fuerza de nuestro cariño
Con las alas de nuestro beso


Sol de primavera

Beatriz Minichilo-Buenos Aires, Argentina/Octubre de 2011

AQUELLOS, LOS AUSENTES

A veces
me escarbo la piel
y no me encuentro
en esa extraña certeza
que tengo
ahora
que puedo palpar
mis ausencias
una  a una,
como quien enumera
los detalles de un paisaje
y se me abroquela la voz
cuando sé
que hay personas
queridas
a las que ya no puedo llamar
porque no vendrán.
Me siento inválida
de mi y de los otros
atada a un hilo
invisible
que no alcanzo
pero sé que está allí
tenso
en la espera imposible
del tiempo que pasa
y me deja
como un río
que no se detiene
aunque corra tras él
con mi soledad
en los brazos
como un hijo muerto
al que ni siquiera
tengo el consuelo
de poder extrañar.