martes, 25 de junio de 2013

Héctor Labonia-Miramar, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Junio de 2013

 CAMBIA LA VIDA


Comenzaba a amanecer, estaba oscuro todavía, el sol era apenas una raya en algún horizonte que ella no veía,  y aparte estaba ocupada en los cosas que debía hacer en la cocina, como ser, preparar el desayuno y la comida que les dejaba en la heladera, para el mediodía, cuando volvieran del colegio , para sus tres hijos, de doce, diez y ocho años, que todavía dormían, en una sola cama.
-En el comienzo de la noche, se vieron dos fogonazos, dos pequeñas luces que se apagaron rápidamente y un hombre que caía, víctima de esos disparos recibidos en su cuerpo, más exactamente en el pecho, provocándole la muerte instantánea.-
La señora seguía en sus quehaceres diarios,.
Antes tenía otra vida, tuvieron los hijos calculadamente, cada dos años, para poder atenderlos bien, y por ella sola, pues el marido, ingeniero y master de computación,
ganaba muy buen dinero , en base a sus estudios, y la experiencia que había acumulado en sus distintos puestos de trabajo, en muy buenas e importantes  empresas de su rubro; estaba haciendo, muy buena carrera.
Ella ahora trabaja en un hospital, como mucama y cumple un horario bastante largo para sustentar los gastos, y apenas  alcanza para llegar a fin de mes.
Y todo este presente, debido a esos dos relámpagos fugaces en la noche, que le causaron la violenta  pérdida de la vida de su esposo.
No le robaron nada, dejaron el auto, porque no lo sabían hacer arrancar,- ni  eso se preocuparon de aprender-  y le llevaron la existencia  de él y la tranquilidad y la estabilidad ganada, de ella y sus hijos.
Miserables, endiablados, no tuvieron conciencia, ni la tienen, del daño que ocasionaron a personas de bien, que se prepararon y estudiaron para tener la mejor arma, la del trabajo y la responsabilidad  aceptada y proyectada hacia el futuro  y
exterminada con dos tiros, por  ignorantes despreocupados de todo.
Mocosos de porquería !. Lo único que aprendieron , fue a manejar un arma  y apretar un gatillo.
La  ”sensación” de inseguridad la sigue angustiando.

1 comentario:

José Valle Valdés dijo...

Gracias por compartírnoslo, amiga.

Beso