martes, 21 de abril de 2015

Solana Camaño/Abril de 2015



Ayer apareciste
 Ayer apareciste al fin, después de un tiempo largo. Te noté un poco mas gordo y risueño. Se te veía bien, contento. O eso es lo que pude apreciar en los pocos minutos que duró tu visita. Hace mucho que no me dabas un abrazo. Ya pasaron horas y todavía lo pienso porque fue sinceramente hermoso, cálido. Y lo más terrible de todo: real.
 No me mal interpretes, sé como son las cosas. Aun en mi estado onírico lo sabía. No me ilusioné nunca, porque con vos las cosas siempre fueron claras, transparentes. Bueno, quizás no siempre. Me acuerdo de nuestras partidas de ajedrez cuando yo era chica y estoy casi segura de haber ganado algunas veces, lo cual en realidad era imposible. Digamos entonces, que por la niñez de tus nietos hacías algunas excepciones.
 El tema es que ahora crecí, ya no hay más lugar para trucos o engaños. No me dijiste nada pero había un acuerdo tácito entre los dos: estarías un rato y cuando abriera los ojos las cosas retomarían su curso normal. Recién a lo último te pusiste serio y soltaste algunas palabras: "Es jodida la cosa, Solanita". Te pregunté a qué te referías, si a acá o allá arriba, pero la imagen se esfumó velozmente cuando sonó el despertador.
 Ahora necesito que prestes atención, abuelo. No sé como serán las cosas por allá, pero necesito que me entiendas. Vos mas que nadie conocés la monotonía de la rutina, los lazos que nos atan a nuestros horarios. Vos, que tenías que ir a la clínica y te escapabas en el tren al negocio al cual le habías dedicado una vida.
 Supongo entonces, que no será mucho pedirle a un tipo de valor como vos que se anime otra vez a desafiar al cielo y vuelva a visitarme en mis sueños.
 Prometo esperarte sin relojes o compromisos, y quién sabe con un tablero de cuadros en el medio y el partido de fondo.
 Y si no, si en realidad el único fin de lo que pasó era que me quede con una imagen distinta de vos, sentite realizado.
 Me queda el recuerdo de mi abuelo abrazándome y riéndose. Mi abuelo vivo.
 Te quiero mucho y te extraño.

Saúl Buk-Argentina/Abril de 2015



                                                   
Anita y la fontana
                                                                                        La necesidad del mito, estará presente allí donde
                                                                                        haya personas que se llamen a sí mismas humanas.

                                                                                                                                    Rollo May 
                                                                                                                                                                                                                      Mi amigo y yo, decidimos premiarnos con un viaje al verano europeo. Ambos habíamos egresado ese año, de la Universidad de Buenos Aires, invictos en nuestra carrera profesional
Trámites y pago de por medio, llegamos a Roma en un vuelo directo.
 Transportados al hotel, sólo tuvimos un rato de descanso y salimos para encontrarnos con el resto de la gente que había contratado el mismo circuito turístico que nosotros.
Sabíamos, por haber leído y escuchado, que una de las excursiones que más nos iba a conmover sería la visita por la noche a la Fontana di Trevi, que era el horario en el que concurrían principalmente los solteros.
 El guía nos informó que además de llamarse así por haber sido el lugar de encuentro de tres vías o sea tres desembocaduras de calles de Roma, este lugar era antiguamente el punto final de un acueducto, el Acqua Vérgine.
Era costumbre que los visitantes, ubicándose de espaldas a la misma, arrojaran con la mano derecha tres monedas al interior de la fuente.
 Se procedía a este ritual, haciéndolo por sobre el hombro izquierdo, y de esa manera se cumplía el mito que se había originado en la filmación de la película La dolce Vita. Consistía simplemente en que la primera moneda hacía cumplir el deseo de  volver a visitar Roma. La segunda era conocer a una mujer italiana. La tercera era que uno se casaba con ella.
Estando al borde de la fuente, descubrí  que sólo tenía una moneda, por lo que me sentía algo apenado, a pesar de no creer mucho en los mitos.
 Mi amigo no tenía dinero metálico.
Yo tenía los ojos  fijos en los pequeños círculos que se producían en el agua, cada vez que una moneda chocaba con la superficie de la misma.
De pronto  apareció una imagen, casi fantasmal, de Anita Ekberg, en el medio de la fuente.
Ella flexionaba y extendía su dedo índice derecho, con la palma de la mano mirando al cielo y me decía en italiano:
-Qui, Marcello.
Entender, le entendí, pero…
Me di vuelta para ver quién era Marcello, pero parecía que para ella, Marcello era yo.
 La escultural belleza, de sugerentes carnes y estrecho corsé, se agachó e introdujo su otra mano en el fondo de la fuente, levantó dos monedas del piso y me las mostraba con mucha gracia para que yo fuera a buscarlas.
- Qui Marcello, me dijo acentuando cada  una de las letras ele.
Me introduje en el agua, que me llegaba a las rodillas, mientras mi amigo me decía que estaba loco. Me acerqué a la diva y tomé de su mano las dos monedas.
Salí de la fuente, busqué en el bolsillo del pantalón mojado mi moneda, me ubiqué de espaldas al lugar en el que se encontraba Anita y arrojé de a una por vez las tres monedas, pidiendo los correspondientes deseos.
Cuando me di vuelta para ver si había ocurrido algo, observé un espacio vacío, ella había desaparecido. Todavía no entiendo, pero me acongojé. Yo también me sentía vacío...
Lo más curioso, es que mi amigo (mientras ocurrían estos sucesos), no la vio. No me extrañaba, sólo confirmaba que era un atolondrado.
¿Hacia dónde estaría mirando?
Se lo pregunté varias veces y él, no sé por qué, me observaba con desconfianza.
El haber utilizado monedas arrojadas anteriormente por otro, me tenía mortificado.
 Luego nos fuimos y me quedé pensando si no le habría quitado la suerte a alguna otra persona,
 Pero el hecho ya no tenía reparación posible.
Por suerte esa noche tuve un sueño en el cual se me apareció Anita Ekberg, donde me confesaba que me estuvo esperando y que ella era la mujer predestinada.
Agregó que, seguramente, si ella hubiera sido italiana, se habría convertido en mi esposa.
Me desperté sobresaltado.
No lograba coordinar mis ideas lógicamente, lo sacudí a mi amigo que dormía en la cama vecina.
Se despertó asustado, miró el reloj, eran las tres de la mañana.
-¿Los sueños serán mitos y la vida será un sueño?, le pregunté.
Me miró muy fríamente, giró su cabeza (como lo hacen los muñecos de los ventrílocuos), se abrazó a la almohada y comenzó a roncar una dulce melodía.






Cristina Brito Altamira-Argentina/Abril de 2015



Despojo

Me robaron la brisa
y el atardecer solitario,
descansar junto al ocaso,
bañarme de amaneceres
junto al suspiro de las hojas,
el cuerpo entregado,
los instantes de silencio,
los torrentes de sueños,
y el gorjear dulce y tímido
de tantos, tantos pájaros.

Todo mi deleite
el botín del extraño.
Cuánto me han robado
no lo sabré nunca.
Está todo marcado
en mis sienes cansadas,
y las huellas permanecen,
las heridas supuran,
el perdón nunca alcanza,
y no olvido ni un capullo
ni un latido,
ni nada.

Victoria Asís-Paraná, Entre Ríos, Argentina/Abril de 2015



Mujer  con  sombrero


Sabiamente  cumple  con  el  ritual
deja  correr  el  lápiz  sobre  su  boca.
Sonríe  pensando  como  jugará  con  su  inocente
impaciencia  y  su  postura  de  amante.


No  le  tiemblan  las  manos,
que  sujetan  el  rimel  y  las  sombras
Lentamente  memoriza  los  gestos,  la  mirada.

Solamente  quiere  sorprenderlo
verlo  agitado  la  seduce,
la  predispone  al  beso,  a  las  caricias.


Se  ve  al  espejo,
descubre  a  esa  mujer  que  día  tras  día
se  maquilla, se  peina, se  coloca  el  sombrero,
cómplice  que  esconde  cada  gesto,  cada suspiro

Ni  siquiera  el  viejo  Chagall,
descifraría  esa  sonrisa salvaje, impúdica.
Sale  a  vivir  la  aventura  inesperada
que  le  ofrece  la  vida justo  a  las  diez. . .

sábado, 28 de marzo de 2015

Luis Tulio Siburu-Argentina/Marzo de 2015



Fiestas

llueve el treinta y uno
y se moja la tristeza
anticipando el adiós
de un año que ya se va
vendrá otro cualquiera
número continuado
hará las cosas más viejas
y quizás más duro el pan
será noche de nostalgias
chin chin de sidra o cerveza
laberinto de emociones
que cambian pero no se van
mañana será primero
pasado seguro el dos
y el tercero ya olvidando
me juego, como que hay un Dios
quedará un escaparate
con cintas rojas y blancas
y el arbolito hasta el ocho
y luego, luego nada más
habrán pasado las fiestas
los saludos, los deseos
y apretando un camafeo
alguien rogará por paz

miércoles, 25 de marzo de 2015

Alejandra Zarhi/Marzo de 2015



CALENDARIO INDIFERENTE

Pasan los soles
y los vientos.

Internándose en la piel
fríos intensos.

El calendario indiferente
se mofa de sus hazañas.


del libro Canción para el silencio

Jairo Sebastián Zanetti-Argentina/Marzo de 2015



A los abuelos inmigrantes

Abuelo gringo,
detrás de tus sueños fabricados en ciudad
se ocultan las escalas violentas de la sangre
la guerra del hambre de las almas
la miseria de valores inhumanos.
Desde muy lejos tus antecesores claman
entre las entrañas de una tierra olvidada
eternamente azolada por tu sombra
que desde los altos cielos suele zambullirse
al corazón de las montañas nevadas.
Detrás de tus sueños, la antigua Europa
lo que fue y hoy ya no es nada sino omisión.
Detrás de todo, los cascotes y las ruinas
los explosivos y municiones del terror.
Oh inmigrantes, que habéis venido de muy lejos
con fe en sus sueños, escapados de la guerra,
se han levantado museos por sus gloriosos triunfos
que han sembrado pueblos en los montes de ñandubay
e hijos de los hijos en los vacíos de la atmósfera,
muchos son los que viven de tu futura ilusión
pero pocos los que recuerdan
tus heridas, tus tristezas, tus ampollas,
tus esfuerzos de músculos con corazón motor,
la azada, el hacha, la pala, el arado a pulmón
la lámpara sin los versos eléctricos
el padecimiento del navegante,
que busca, ara y se funda sobre la tierra, patriota, cultivo de sueños.

Carmen Amaralis Vega Olivencia-Puerto Rico/Marzo de 2015




Desquicio del silencio

Se me cuela el silencio por los huesos.
Silencio irreverente que arrastra imágenes.
De esas imágenes que quieres olvidar.
Y desfilan entre el deseo y el desgano
La caridad desecha por la envidia,
El poder triturando al desvalido,
Y los egos, ahhh, los egos cada vez más sensitivos,
más torpes,
más inútiles.
Agito la cabeza para mover la mente,
Sacudir la necedad,
y arruinar el remolino de las voces.
Voces que reclaman tonterías,
gastando la energía en retóricas tristes
en lugar de calmar el hambre de la humanidad.
Hambre de todo,
Hasta de buenos juicios,
De cariño al dolido,
Hambre deseosa de verdadera amistad.
Estos silencios ruidosos me desquician.