martes, 21 de febrero de 2017

Carmen Membrilla Olea-España/Febrero de 2017



TODO AQUELLO QUE FUE

¿Sería posible volver al pasado? Tal vez si pudiese volar planearía sobre todo aquello que fue; desde arriba, sobre mi propia existencia, viéndome a mí mismo de nuevo. Podría rectificar los nombres y las caras que nunca me gustaron y todas las palabras que me hirieron y aquella pérdida por la que aún siento el mismo dolor y tantos desencantos y tantas decepciones. Podría diseñar otro mundo para mí. Que mi vida se desvaneciera como un castillo de arena, como una pompa de jabón para resurgir desde el lugar donde se concentran todas las horas. De nuevo distinto; un yo desconocido, hecho a capricho de no se sabe muy bien quién. Un nuevo ser que me acogería otra vez para pasear conmigo de la mano y me demostraría que nada es tan diferente nunca.

Ana María Manceda-San Martín de los Andes, Argentina/Febrero de 2017




DOS COPAS DE VINO  Y LA VIDA


            ¡Cómo olvidar! Todo fue maravilloso; el viaje desde Buenos Aires, el Congreso Arqueológico, Madrid. Vertiginoso, quería verlo todo, vivir. El grupo de congresistas no quería perderse nada, todas las invitaciones eran aceptadas. Así fue como organizamos  la excursión a Toledo, tú Jordi deseabas presentarnos tu bella ciudad y tu fantástico hogar situado dos metros bajo tierra ¡estabas tan entusiasmado mostrándonos el tesoro que poseías! Te habías comprado esa casa en tu ciudad natal, muy estrecha, debiste edificar hacia arriba y hacia abajo.— Es una cueva de la época de los romanos— nos explicabas fascinado y nosotros escuchábamos de igual manera, éramos jóvenes arqueólogos ávidos de experiencias aunque tú ya estabas un escalón más al ser titular de una cátedra. Fue una experiencia inolvidable. Yo no podía dejar de mirarte, tu postura y tus ojos delataban la mezcla étnica, eras un imán. Ya en Madrid fue la cena de despedida, al finalizar me acompañaste hasta la habitación del hotel, busqué un buen pretexto  para invitarte a pasar, tenía unos artículos del profesor que tanto admirabas.  No te despedirías así como así querido Jordi, te invité una copa de vino, y tu mirada a través del violeta de la copa insinuante de siglos, ya me había poseído.
           Un nuevo congreso, esta vez en mi tierra; la Patagonia. Pasaron veinticinco años y tantas cosas en el mundo y en nuestras vidas. Cayeron el Muro de Berlín y el apartheid, aunque no las desigualdades, siguen las luchas por el poder,  nos acecha el calentamiento global, ambos tenemos matrimonios frustrados, hijos, pero las pasiones no cambian querido profesor, no cambian.
           Te veo bajar del avión, con tu prestancia, canas y esa mirada ardiente. Te prometo Jordi que esta noche estás invitado a cenar en mi casa patagónica, de mujer sola, con hijos independientes. No tengo una cueva romana ni la juventud que nos arrolló en Madrid pero te brindaré una copa de vino color ciruela,  coloreado por los valles de estas tierras, y mientras nos amamos, escucharemos  el silencio de la nieve que se avecina sobre la ausencia de estos años.***


Seleccionado por editorial Dunken Bs.As para la antología “Senderos con historias” 2012

Gabriel Alejandro López-Chascomús, Argentina/Febrero de 2017



RESISTO

Soy fuerte, frondoso,
de savia amarga pero consistente,
hojas húmedas, rígidas ramas,
raíces dispersas bajo un suelo agreste.

Y soplas con ganas para abatirme,
me crees rendido,
a punto de caer,
pero solo bailo para confundirte,
a pesar de que despeinas mi copa
sin descanso,
luego te enojas, ruges, arremetes,
hasta que te retiras como una simple brisa
disipada en el espacio
en tanto yo sigo aquí, casi intacto,
ansioso
y aguardo
tu regreso.


Lucía Lezaeta Mannarelli-Chile/Febrero de 2017



SEÑOR PALOMO

         La felicidad es bella pero incomprensible y, cuando la poseo, una helada inquietud me abruma. Tengo la convicción de que aunque soy yo quien manejo los hilos de mi destino, alguna vez podrían enredarse o quizás cortarse. Sin embargo, aquello sólo sería el resultado de alguna estupidez y yo no soy ningún estúpido. Además, soy como soy, así me han hecho, auténtico. Brindo todo lo que requieren otros  y tomo de la vida lo que yo requiero.
         Soy un excelente ingeniero llegando a la madurez. Mi familia está consolidada. Mi mujer y mis tres hijos me adoran. Nada les ha faltado jamás: casa, automóviles, estudios, paseos, medicinas, viajes y buenas amistades.
         El recíproco amor conyugal se ha convertido en un proceso mental en el que  ni siquiera existen discusiones. Elena se ha compenetrado tanto conmigo que adivina hasta cuál camisa deseo colocarme para tal o cual circunstancia, anticipándose a mi decisión. O cuál comida disfrutaré mejor, según mi estado de ánimo por mis frecuentes gastritis. De vez en cuando propongo un paseo en auto y arrancamos de la gran ciudad y su asqueroso aire emponzoñado. Vamos al campo, cuya extensión ensancha también nuestro espíritu.
         Recuerdo estos paseos familiares desde aquellos tiempos en que los hijos eran niños. Ahora los absorben sus propias amistades adolescentes. Por su  parte, Elena prefiere descansar en casa. A veces yo también lo hago, siempre que ella no esté de mal humor. Esta circunstancia me induce a pensar que conformamos ya un “matrimonio fatigado”. Naturalmente las relaciones íntimas se han espaciado. Elena ha sido una buena mujer, reconociendo que su piel no es la misma, el sistema muscular entero está más suelto y ha engrosado considerablemente. Al fin ¡sesenta años, son sesenta años…! Yo también los tengo, pero los hombres estamos hechos para ser considerados fuertes y no bellos.
         Estas evoluciones mentales me mantienen a distancia de introducirme más profundamente en mi propia siquis y en la de los demás. Estratégicamente planifico cada día con anterioridad. En mi oficina soy el jefe, en mi casa soy el jefe y en mi vida soy el jefe. He invertido muchos años en labrarme no solamente la estabilidad material, sino en hacerme a mí mismo, hasta conseguir el juicio lisonjero de quienes se apoyan en los convencionalismos.
        He sabido saltar a tiempo cuando las circunstancias han intentado convertirme en un aplastado y derrotado muñeco. Mi apariencia siempre será correcta, exenta de problemas escabrosos. Las mujeres forjan su seguridad y su integridad emocional  en este detalle, se apoyan en esta imagen. Elena, por ejemplo, no resistiría ofensas o conflictos de presión.
        Pero, sin embargo. ! Cuán hermosos son los días que transcurren junto a Susana!
        Rememoro su ingreso a mi oficina, hace veinticinco años…Delgada, frágil cual  junco. Su melena castaña enmarcando un rostro casi infantil. Era su primer trabajo y su voz tímidamente preguntando:
        -¿Está bien así, señor Palomo?
         Fue casi natural tener que quedarme hasta tarde para explicarle las complejidades técnicas de cada documentación. Pronto comprendí que mi presencia  le producía turbación y aquello me encantó.
         Curiosamente, también yo, -que podría ser su padre, - comencé a experimentar una confusa sensación. Un deseo intenso que fue adquiriendo velocidad como la lógica de un cuerpo que viene de lo alto.
         Yo, el correcto señor Palomo…, estimulado y excitado hasta la última de mis neuronas…
         La relación surgió natural, espontánea, hasta que Susana se hizo mujer conmigo. Tengo todos sus gestos grabados en mi mente. La comparo inevitablemente… Es franca, auténtica, maravillosa y de una desinhibida vitalidad. Lo que inicialmente fue timidez, se transformó paulatinamente en confianza y despreocupación. Llevamos juntos un cuarto de siglo y ella es una mujer que está en su plenitud.
         Alterno algunos fines de semana para dedicárselos a ella. Le compré un departamento en la costa. Parece ser dichosa, dice sentir una emoción visual frente al mar. No le preocupa el matrimonio, - es una mujer emancipada-ni tampoco está en sus planes crearse amarras con hijos. Al menos eso me dice. Por prudencia, la coloqué fuera de mi empresa y ella maneja ahora su propio negocio de propiedades.
         Estoy orgulloso de su inteligencia y, ¿por qué no decirlo?  ¡Ella es Mi obra!  La he moldeado cual alfarero la arcilla. Aunque a veces atisbo que se ha vuelto mordaz, irónica y un poco burlesca. Casi me ha hecho sentir viejo y hasta ridículo. Esto me ha dolido bastante.
         Entonces pienso en Elena. Regreso a casa y la encuentro vacía y silenciosa. Allí encuentro la tranquilidad, aunque debo seguir afrontando los cambios en el carácter de mi esposa debido al climaterio, según diagnóstico médico. Intento asumir con calma esta etapa de su vida y confieso que me fastidia, diría demasiado.
         ¿Por qué un hombre no puede ser leal a dos mujeres, amándolas en sus diferentes roles? Un comportamiento así debería producir un equilibrio, un contrapeso de dos fuerzas, que no creo hagan daño a nadie. No me quedaría sino lamentar si hubiera dejado ir a Susana, hace veinticinco años. Existe multiplicidad de pistas que debe recorrer el ser humano. Realidades y no abstracciones. La mujer significa la tierra, la carne, lo divino y a veces hay que juntar dos para tener un todo.
          Ahora, ha llegado un tiempo en que mis negocios no marchan tan exitosamente como antes. No debería suceder esto cuando los años están encaneciendo las sienes. Siento que mis nervios se alteran y me disgusta llegar a mi hogar. Mi comportamiento se ha vuelto evasivo, temiendo algo sin saber qué. Paso al lado de Elena y su agrio carácter no me permite ni mirarla. Sé que ella no tiene la culpa de nada y esta certeza me hace sentir incómodo. ¿Podría ser cobardía?
         Yo recojo los estímulos como todos los humanos. ! Necesito estar estimulado!
         Se me está haciendo profundamente antipática la relación familiar. Preguntan todos…todos preguntan, Elena, quien siempre ha sido un ser pasivo, también bombardea preguntas y me exaspera. Soy un hombre ético, por decencia ahogo mis laberintos para que los demás respiren aire puro, pero la vida es una realidad y debo definirme. Tomé una decisión: separarme de Elena.
         ¿Qué objeto tiene vivir juntos? Los hijos están ya colocados independientemente y han formado sus propias familias. Elena tiene ahora un espantoso genio. Su mundo se ha estrechado. Una vida sin imaginación es una forma de muerte.
         Esa noche, al regresar algo tarde, ella me ha increpado colérica.
         ¡Acabo de saberlo todo!- grita furibunda, casi escupiéndome- ¡Has estado engañándome con otra mujer por años y tienes la hipocresía de quedarte a vivir con nosotros! Con ella has gastado todo el dinero de la familia y ahora ¡estás arruinado! Me han abierto los ojos, ¡te han desenmascarado!. ¡Canalla! ¡Vete de aquí, esta es una casa decente y tú has manchado su nombre!
         -Pero…yo te creía feliz…-balbuceo. En ese momento mi mentalidad era pobrísima para capturar la cuantía de la situación.
         Elena proseguía como un chorro de vitalidad.
          -¡El correcto señor Palomo…!-su voz sonaba sarcástica- Fuimos el soporte para tu figura de relieve público. Esa es tu imagen de un individuo autoreferente. Pero aquí, yo soy un ser humano de carne y hueso que ha absorbido en silencio los hechos cotidianos que tú apenas percibes y me los achacas como construcciones imaginarias.
         Ante mi anonadamiento, ella prosigue: -Has acomodado por años mi persona a tu conveniencia. Jamás has intentado penetrar en el secreto de mi intimidad, ni has inquirido por mi plenitud emocional. Odio esta función femenina y servil en la que me has encasillado y que ha coartado mi libertad y creatividad. Cada día ha sido de tedios y silencios. He aceptado la cotidianidad, pero lo que no puedo aceptar es tu traición. ¡TU TRAICIÓN!... No existe relación entre mi lealtad y tu encubrimiento,- terminó jadeante.
         Sus gritos habían sido horribles. Comprendí que nada podía explicar. Ella había hecho dos maletas con mi ropa y me las tiró fuera de la puerta de calle con la mayor violencia que pudo. Las recogí con la poca dignidad que aún me quedaba.
        Ahora los acontecimientos tomarían su rumbo definitivo.
        ¡Susana! –Pensé- ¡Te tengo a ti, mi vida! Comenzaremos un nuevo destino. Ahora más que nunca anhelo tu presencia.
         A un taxi echo las maletas y llego hasta su departamento (lo compré a su nombre para evitar suspicacias). Demora en abrir. A estas horas de la noche su extrañeza es comprensible, pero su disgustado silencio al encontrarse conmigo es irritante. Comienzo a explicar.
        -Elena me ha echado de la casa.
        Su reacción es malhumorada y me acepta por esa noche, siempre que duerma en el sofá. En mi tribulación acepto cualquier condición, ya que he interrumpido su descanso.
         A la siguiente mañana, su cara está ceñuda y su voz suena durísima.
        -¡Esto tenemos que clarificarlo ahora mismo, Sebastián Palomo! Jamás te he pedido que vivas conmigo. Me he acostumbrado a una independencia que me satisface. ¡Cuántos años te he dedicado sin pedirte nada, sabiendo que eras casado, entregándote juventud a cambio de algunas horas! Ahora que soy madura, ¿crees qué voy a sacrificar mi libertad para cuidar de ti? Siempre he querido ser libre como un pájaro, sin tener que rendirle cuentas nadie. Hay algo cómico y absurdo en tu actitud de gran señor. A mí  solamente me has tenido para liberar tensiones.
       Observo con asombro que en Susana ha recrudecido ese gesto burlesco que me humilla.
        -Eres un estúpido por haber dejado una casa, una familia y una mujer que te ha soportado a pesar de tu enorme soberbia y vanidad.
        -Pero, Susana, cálmate. Conversemos. Déjame explicarte,- casi ruego.
        Ya no me hace caso y prosigue: -No me conoces todavía. ¡Nunca me has conocido! Me tomaste cuando era sólo una niña y no tuviste escrúpulos. Eres inseguro, tienes que sentirte apoyado en dos partes y en dos seres para mantener tu irracionalismo y vanidad. ¿Te preocupó alguna vez, o te detuviste a pensar si alguna de las dos sentíamos incertidumbre y vacilaciones?
         Ambas fuimos humilladas por ti. ¡El hombre íntegro! ¡El hombre de una pieza! ¡El correctísimo señor Palomo! Te has formado un juicio preciso de ti mismo. Quisiste eliminar en mí todo rasgo de identidad. Has proyectado hacia la realidad sólo lo que tú querías ver, pero has perdido tu punto cardinal. Ahora careces de influencia sobre mi persona. Ni moral, ni afectiva, ni intelectual, ni ideológica. ¡Ninguna!  He manejado mi tiempo lentamente, con una fuerza contenida y para ello he buscado un amigo joven, para compartir cuando yo lo deseo: distracción, amistad, convivencia y sexo.
          Me sentí penetrando en un incierto y ambiguo limbo como un traficado despojo.
          Con mis dos maletas a cuestas, salí de aquel departamento que alguna vez alojó la felicidad.
          

Isidoro Gómez Montenegro/Febrero de 2017



Fruto de mis labios
Bogas en fóticas aguas
casto manto de la noche.
Siento sudores de estrellas,
a lontananza lumen,
es la oscuridad.
Muere el sol… ocaso de vida;
en lágrimas de un vals de violín.
A distancia de extremos descubrí
secretos del arcoíris,
intensos brillos, colores múltiples.
Se estira en el cielo manto opaco,
sonido interminable, tela vaga,
individuales formas.
Espejos, hojas solitarias
toco viento en tu boca;
el verbo a pactar.
Acaricio tus pechos; dos manantiales,
dibujo silencios,
dejo aire en tu sonrisa
en deseos, de horas… hasta el alba.
Jardín de la alegría, en noche
envuelto en aguas marinas
bogar, bogar, bogar.
Eterna ventura en línea desesperada
despliegan las velas.
Apago sonidos en la fiesta de tu piel…
No me olvida.
Nos recobramos en la mirada
¡Allí… eres fruto de mis labios!



Maida Filippini-Argentina/Febrero de 2017



Vida

Caminando se puede ir, pero no tan lejos.
En auto puedo llegar, pero no pasa el mar.
En avión recorro el mundo, pero no todos tenemos ese privilegio.
Recorrer el mundo entero, es como encontrar al amor verdadero.
Estaciones, sin hospedaje.
Trenes de ida y vuelta.
Las vías son los cuchillos del miedo.
Camino, sin dirección, solo vamos por intuición.
La vida se convierte en sentimientos.
La muerte es innombrable, pero esta presente en los noticieros.
¿Cuántas veces te planteaste, estaré haciendo lo correcto?
Rimas y versos.
Poemas con destinatario.
Dicen que el amor hace daño, cuando es el mismo ser humano.
Coherencia y ortografía aun no lo aplicamos.
La historia se escribe en este místico mundo, sin papel para recordarlo.

Graciela Fernández-Rosario, Santa Fé, Argentina/Febrero de 2017



ESA DISTANCIA

Existe esa distancia,
un tramo que encierra tanto y no,
que aleja sentimientos y no.
En este, nuestro efímero tiempo,
como una rara contradicción,
que regala esperanzas y las roba.
He visto muchas albas y ocasos,
han transcurrido tantas estaciones,
y aquí permanezco, amor.
Oigo tus pasos, te detienes, titubeas, sigues.
Pero desandas caminos, regresas,
y allí se cruzan nuestras miradas,
nos invadimos, sin apuros, uno al otro,
en un intenso y perturbador instante.
Nos reconocemos en el brillo translúcido,
y en la franqueza de nuestros ojos.
Basta una palabra, un gesto,
y los latidos de los corazones
retumban en nuestros pechos,
queriendo escapar de ese encierro,
semejando inquietos aleteos,
que buscan la deseada libertad.
Y emprender el vuelo, por tu cielo, por el mío,
cual alondras que inician su cortejo,
batiendo sus alas, con una delicadeza tan cercana,
como acariciándose tiernamente,
reconociendo sus aromas, rozando sus picos.
Así es para nosotros,
tus labios, los míos, el ansiado encuentro,
y ya no hay espacios, ni tiempos.
Lo presiento, llegaste para permanecer.
No existe esa distancia...

Jorge Etcheverry-Chileno, vive en Canadá/Febrero de 2017



Minibiografía

Cuando era muy joven empecé a sentir que quizás existiera la posibilidad de que de alguna manera yo podía ser distinto a los demás, a quienes más adelante me sería dado concebir como 'mis semejantes', gracias a ese largo y costoso proceso de socialización a que somos sometidos todos nosotros, los seres humanos desde nuestro desvalido nacimiento hasta nuestra no menos agresiva y violenta juventud. En ese entonces no podía saber que esa sensación era el barrunto de eso que llamamos la 'conciencia', que según incluso ese filósofo feo y anteojudo que no me canso de representar y con que polemizo en muchos de mis escritos, se construye, brota y organiza como oposición a todo, a todo, a todo lo que no sea ella, es decir yo, y que se encarna en nuestros frágiles cuerpos y los hace agresivos y desconfiados por esas pocas décadas que nos es dado vivir.

Mis amigos de ese entonces--hablo de mi juventud--, que no son los de ahora, ya que desplazamientos temporales y espaciales hacen que esas primeras coordenadas hayan casi desaparecido como esas ciudades europeas casi demolidas por los bombardeos masivos de la Segunda Guerra Mundial o esas razas de hombre de lenguajes que chasquean y sibilan y que exterminaron los colonos anglosajones en alguna parte del hemisferio Sur, para el lado de Australia.