martes, 21 de febrero de 2017

Mónica Serpa-Argentina/Febrero de 2017



Perderme


Perderme, por no sé qué caminos,
vestidos de fragilidad primaveral,
andar sobre las piedras,
como se anda sobre las sedas.
Encontrar las respuestas,
que no llenaron los abismos de las preguntas.
Remontarme por bocas y manos extrañas,
para encontrar la esencia de los espíritus,
perderme, y desorientada, hallar los rumbos que
quiero.


Del Libro Buscando Raíces (1975-2013)
 

Nilda Sena-Argentina/Febrero de 2017



A VECES

A veces sucede que el domingo puede
convertirse en algo bueno,
que puede dejar su silencio en el ropero
y convertirse en especial.
A veces sucede que las vacaciones
pueden ser para descansar
y no para ir a las playas llenas a gritar
y volver más cansados para trabajar.
A veces hay tragedias por las que pedir
perdón y recuperar humanidad.
A veces sucede que el mundo insensible
me duele y ya no me encuentro en él.
A veces sucede que me descubro viva
y Mafalda me representa tan real.
A veces inexorablemente camino
en sentido contrario al almanaque.
A veces mientras miro abajo no veo
que el cielo se vuelve más azul.
Y la melancolía por lo que no está
provoca la ceguera de lo que sí está.

Edelweys Schaffner-Uruguay/Febrero de 2017



          BUSCANDO MI CAMINO

Buscando mi camino,
Encuentro las maldades,
Que están en las pesadillas,
Y que insisten en aparecer,
Hasta en los sueños…
Y me obligan a huir,
Como un ave asustada,
Entre la neblina del tiempo…
Mentiras diamantinas,
Que engañan la razón…
Y obligan a perder…
No siempre gana el corazón…
Buscando ese camino,
Canto que la luz de mi alma,
No se apague…
Que el triste caminar,
Me lleve a donde pueda empezar a andar…
Andar que de eso se trata,
No sé si hay partida,
O si hay llegada…
¿será que el mañana puede darme una señal?

Lina Sánchez Michea-Chile/Febrero de 2017



MONTAÑISTA

Entre cuerdas y aperos
escalando montañas
su recia figura
a lo lejos se divisa.

Sin temor al vacío
sin retroceder jamás
alegre su corazón palpita
ante su esfuerzo y coraje.

El viento aúlla
piedras y arbustos
sus pasos saludan.
Cuando el ardiente sol
tras la altura se pierde
una admirada luna
guiándole aparece.

El montañista se cubre
con ropajes de ensueño
dejando tras de sí
su cansancio y sosiego,
hasta llegar a la cumbre
que acarician las estrellas.

Margarita Rodríguez-Argentina/Febrero de 2017



GAVIOTA ENAMORADA

Una bolsa de plástico blanca
                       Que el viento eleva,
                                       Flota sobre la arena.
Se infla y se desinfla,
                       Gaviota enamorada,
                                        Al compás de la brisa,
Late su corazón.
Otra gaviota la ve y
                       La persigue,
                                      Quizás un macho confundido
Que el vuelo de la bolsita
                       Sigue con gesto encendido.

Ascensión Reyes (Poema)-Chile/Febrero de 2017




A LA LIBERTAD DE AMAR



Dedicada a meditar razones
observando la luna en su pasar,
lancé brusco y sonoro
aquel grito de libertad.


Quise respirar, errar,  vagabundear.
Recorrer por llanuras de misterio,
deslizarme bajo tu cuerpo desnudo
y vagar por sensaciones de fuego.
Rasguñar puertas y tranqueras,
abrir candados oxidados
cubiertos de hojas prisioneras,
atragantar lenguas viperinas
por perrear en tu compañía.


Soñar en cañadas ocultas,
subir por pendientes nuevas
y fornicar ensueños…

Como verbo y sustantivo.
Como  vida y como un sueño.

Ascensión Reyes (Cuento)-Chile/Febrero de 2017



LAS AVENTURAS DE UN TRAJE INGLÉS

            Probablemente, fui confeccionado a comienzos del siglo pasado. Estaba entre un pequeño lote de ternos que iban a usarse de moda, en una elegante y exclusiva tienda de ropa masculina, y a un precio al que sólo podrían acceder los pares de la corona. Creo que nos repitieron en varias tallas, yo era de las más pequeñas. Sin pecar de ostentoso, creo que la tela provenía de la mejor fábrica de hilados de Londres.       
            Un jovencito de ilustre familia fue el afortunado que me lució en un evento muy importante, donde sus padres cercanos a la realeza, debían presentarlo a sus pares. Lo normal hubiese sido que a la hora de decidirse en la compra, hubiera elegido un terno azul, para que la camisa blanca y la corbata de seda con rayas oblicuas, lo hubieran puesto a tono con los demás invitados. Pero ya se vislumbraba en este jovenzuelo, a un futuro hombre de carácter e ideas poco conservadoras, por ésto no quiso uniformarse con el resto de los asistentes, y me eligió a mí, un hermoso terno plomo claro con rayas blancas finísimas, que lo recorrían verticalmente, de tal manera que, quien me vistiera se vería un poco más alto. Es decir una ilusión óptica que a veces se da.
            Su debut en la sociedad londinense fue un éxito, las jovencitas asistentes, quedaron prendadas del hermoso muchacho tan bien vestido. Porque sin pecar de pretencioso pienso que en gran medida, su éxito se debió a mí. La más hermosa jovencita de la fiesta fue la elegida para invitarla a bailar y ello derivó en un romance que perduró por un par de años. Yo lo acompañé a varios eventos sociales y siempre fue el centro de las miradas, no sólo del elemento femenino, sino también de las madres casamenteras que deseaban dejar en buenas manos a sus hijas.
            Pero el tiempo pasa, y mi dueño creció, y quedé pequeño para su talla, guardado en el ropero por bastante tiempo, diría años, hasta que el joven casi a punto de casarse, después de conocer a la elegida entre muchas candidatas, se cambiaba de ciudad y yo me había convertido en una prenda a la cual debía desechar, fui colocado en la bolsa original que me protegía del polvo, y no supe cómo llegué al ropero de uno de los mozos que atendía a la familia de mi joven dueño.           
            Se trataba también de un hombre joven, pero de contextura gruesa, al probarme  frente al espejo, se dio cuenta que mi talla no le acomodaba, faltaban varios centímetros para cerrar la chaqueta y en cuanto a los pantalones habrían tenido que añadirle más género para que le cubriera su abultada barriga. Con mucho pesar, un día decidió que lo mejor era venderme en una casa de empeño del Soho, de esas que compran barato y venden caro. Porque entre tenerme guardado y sin utilidad, era preferible obtener unas monedas, aunque fueran pocas. Así lo hizo y yo nuevamente quedé colgado en un perchero junto a otros ternos que en los comienzos habían tenido días de gloria, como fue mi caso. Me enteré de muchas historias y entretelones sabrosos que no me habría imaginado que también sucedían entre la gente linda. Sin embargo linda o fea, refiriéndome a la pobreza, es lo mismo, se dan las mismas cosas, los mismos defectos y hasta los mismos vicios.
            Bueno, el caso, es que ahí me quedé por bastante tiempo, una polilla estaba casi a punto de descubrir lo apetitoso de mi textura, porque mis orígenes fueron de lana de la mejor calidad. Ya casi lo tenía asumido que terminaría convertido en un colador, alimentando a cientos de larvas de mariposas que gustan de la lana, cuando entró a la tienda un hombre de mediana edad, quien buscaba un terno. Dentro de todo lo que conversaron con el dueño, me enteré que era un sudamericano avecindado en Londres. El hombre esperaba ser padre dentro de algunos meses y por lo tanto se había comprometido con la futura madre antes de que naciera el bebé, que era un ella. Se casarían civilmente de acuerdo con las leyes inglesas. Y recuerdo que fui testigo de aquel matrimonio, él muy compuesto, se diría elegante, del tipo rubio que no desentonaba en absoluto de un inglés legítimo, y ella también interesante, de facciones bastante latinas, pero ambos formaban una bonita pareja. La ceremonia y posterior festejo, fueron bastante breves, las finanzas de los novios no permitían mayores gastos. Llegó la bebé y al poco tiempo creo que la bautizaron, y por segunda vez salí del ropero. El joven padre, había aumentado de contorno un par de centímetros, impedimento que se solucionó con una nueva disposición de botones en la chaqueta y del ziper, en los pantalones. Y nuevamente quedé guardado por tiempo indefinido, porque cuando mi dueño pretendía calzarse los pantalones, era imposible.
            Pasaron dos o tres años y el matrimonio se disolvió, había una hija de por medio, pero su partner tenía un genio del diablo, y la bebé como buena descendiente del tercer mundo con una salud frágil y propensa a las dolencias bronquiales. He sabido que de las herencias en cuanto a salud no se escapa ningún humano.
            Junto con mi dueño, partí a un departamento pequeño donde quedé hecho un ovillo en una caja, hasta que, con todo el tiempo a su disposición, un día me buscó, premunido de tijeras hilo y agujas y descosiendo por aquí, costureando por allá, cortando un poco  la basta para añadirla a la cintura, me dejó convertido en un mamarracho usable; en varias ocasiones pudo lucirme con cierta soltura. Sin embargo, ya se notaban los años en mi textura, el forro y los bolsillos comenzaron a ceder, transformándose en hoyos que hacía imposible ser usado con cierto decoro.
            Un día, mi dueño supo de un amigo que viajaba a su país de origen, y su hermana tenía a muchas personas a quienes ayudar con ropas usadas, de tal manera que rellenó dos maletas que recorrieron el Atlántico, en un container, donde ese señor trasladaba sus enseres porque se devolvía a su país. Largo fue el viaje y mis vecinos de maleta iban tan alicaídos como yo, habíamos perdido los deseos de comentar acerca de nuestras vivencias, porque temíamos el destino nos darían, desde servir a otra persona o ser convertidos en limpia pies en una casa modesta.
            Por fin llegué al hogar de la señora que me destinaría, con suerte, a otra persona. Poco a poco, las maletas se fueron desocupando y mis compañeros de viaje fueron remozados totalmente. Una buena lavada, remiendos por aquí y por allá, finalmente fueron a acompañar a hombres con poquísimos ingresos a quienes abrigarían por varias temporadas, terminando sus días de utilidad, en la cama de algún perro guardián de su casa.
            Al parecer yo fui el último, porque la señora no sabía que destino darme, considerando las condiciones en que llegué, felizmente me dio un baño en la lavadora, que hizo alejarse a mis grandes terrores, las polillas, hasta que decidiera ponerme en condiciones de uso. Y así fue en una temporada en que debió permanecer en cama por varios días, me sacó del closet y premunida de tijeras, hilo y agujas, más unos pedazos de género, muy parecidos al color del forro, comenzó el proceso de remozamiento. Increíble, casi quedé como nuevo, ni siquiera hubo necesidad que me planchara, bastó que me doblara cuidadosamente y pusiera ropa pesada sobre mí, para conseguir una caída perfecta. Ahí estuve otra temporada guardado dentro de la funda, esperando a mi futuro dueño, hasta que un día cualquiera escuché una llamada telefónica.
            -Que lamentable, pero estaba sufriendo, Dios fue piadoso al evitarle tanto dolor. Una pregunta. ¿Tienen ropa adecuada para vestirlo? ¿No? Bueno, yo creo que tengo algo que les va a gustar.
            Y de nuevo supe que me habían encontrado un nuevo dueño, pero la intriga era ¿de quién se trataría? Llegué en un paquete junto a una camisa blanca, una corbata celeste con pequeñas florcitas amarillas y una calceta  porque la otra se había perdido.
            Grande fue mi sorpresa al sentirme vistiendo a un difunto con una sola pierna, felizmente su paso a la otra vida había sido tranquilo, porque su rostro y su cuerpo lo demostraban.
            De lo último que me acuerdo en mi paso al Más Allá, porque para allá íbamos el difunto y yo, fue que un borrachito se acercó a la ventana del ataúd y dijo a media lengua:
            -¡Oh Jimmy! amigo de siempre, ¡no te habría reconocido si no supiera que eres tú! Realmente te ves muy elegante, si pareces un verdadero lord inglés.

Ascensión Reyes (Comentario libro)-Chile/Febrero de 2017



MARIO BENEDETTI.  URUGUAYO

(Paso de los Toros, 1920 - Montevideo, 2009) Escritor uruguayo. Mario Benedetti fue un destacado poeta, novelista, dramaturgo, cuentista y crítico. Junto con Juan Carlos Onetti, la figura más relevante de la literatura uruguaya de la segunda mitad del siglo XX y uno de los grandes nombres del Boom de la literatura hispanoamericana. Cultivador de todos los géneros, su obra es tan prolífica como popular; novelas suyas como La tregua (1960) o Gracias por el fuego (1965) fueron adaptadas para la gran pantalla, y diversos cantantes contribuyeron a difundir su poesía musicando sus versos.
            Mario Benedetti trabajó en múltiples oficios antes de 1945, año en que inició su actividad de periodista en La Mañana, El Diario, Tribuna Popular y el semanario Marcha, entre otros. En la obra de Mario Benedetti pueden diferenciarse al menos dos períodos marcados por sus circunstancias vitales, así como por los cambios sociales y políticos de Uruguay y el resto de América Latina. En el primero, Benedetti desarrolló una literatura realista de escasa experimentación formal, sobre el tema de la burocracia pública, a la cual él mismo pertenecía, y el espíritu pequeño-burgués que la anima.
            El gran éxito de sus libros poéticos y narrativos, desde los versos de Poemas de la oficina (1956) hasta los cuentos sobre la vida funcionarial de Montevideanos (1959), se debió al reconocimiento de los lectores en el retrato social y en la crítica, en gran medida de índole ética, que el escritor formulaba. Esta actitud tuvo como resultado un ensayo ácido y polémico: El país de la cola de paja (1960), y su consolidación literaria en dos novelas importantes: La tregua (1960), historia amorosa de fin trágico entre dos oficinistas, y Gracias por el fuego (1965), que constituye una crítica más amplia de la sociedad nacional, con la denuncia de la corrupción del periodismo como aparato de poder.
            En el segundo período de este autor, sus obras se hicieron eco de la angustia y la esperanza de amplios sectores sociales por encontrar salidas socialistas a una América Latina subyugada por represiones militares. Durante más de diez años, Mario Benedetti vivió en Cuba, Perú y España como consecuencia de esta represión. Su literatura se hizo formalmente más audaz. Escribió una novela en verso, El cumpleaños de Juan Ángel (1971), así como cuentos fantásticos como los de La muerte y otras sorpresas (1968). Trató el tema del exilio en la novela  Primavera con una esquina rota (1982) y se basó en su infancia y juventud para la novela autobiográfica La borra del café (1993).
            En su obra poética se vieron igualmente reflejadas las circunstancias políticas y vivenciales del exilio uruguayo y el regreso a casa: La casa y el ladrillo (1977), Vientos del exilio (1982), Geografías (1984) y Las soledades de Babel (1991). En teatro, Mario Benedetti denunció la institución de la tortura con Pedro y el capitán (1979), y en el ensayo comentó diversos aspectos de la literatura contemporánea en libros como Crítica cómplice (1988). Reflexionó sobre problemas culturales y políticos en El desexilio y otras conjeturas (1984), obra que recoge su labor periodística desplegada en Madrid.
            También en esos años recopiló sus numerosos relatos breves, reordenándolos, en la colección Cuentos completos (1986), que sería ampliada en 1994. Junto a la solidez de su estructura literaria, debe destacarse como rasgo esencial de los relatos de Benedetti la presencia de un elemento impalpable, no formulado explícitamente, pero que adquiere en sus textos el carácter de una potente irradiación de ondas telúricas que recorre a los protagonistas de sus historias, para ser transmitida por ellos mismos (casi sin intervención del autor, podría decirse) directamente al lector. La predilección por este género y la pericia que mostró en él, emparenta a Mario Benedetti con los grandes autores del Boom de la literatura hispanoamericana, y especialmente con los maestros del relato corto: Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.
            En 1997 publicó la novela Andamios, de marcado signo autobiográfico, en la que da cuenta de las impresiones que siente un escritor uruguayo cuando, tras muchos años de exilio, regresa a su país. En 1998 regresó a la poesía con La vida, ese paréntesis, y en el mes de mayo del año siguiente obtuvo el VIII Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía. En 1999 publicó el séptimo de sus libros de relatos, Buzón de tiempo, integrado por treinta textos. Ese mismo año vio la luz su Rincón de haikus, clara muestra de su dominio de este género poético japonés de signo minimalista, tras entrar en contacto con él años atrás gracias a Cortázar.
            En marzo de 2001 recibió el Premio Iberoamericano José Martí en reconocimiento a toda su obra; ese mismo año publicó El mundo en que respiro (poemas) y dos años más tarde presentó un nuevo libro de relatos: El porvenir de mi pasado (2003). Al año siguiente publicó Memoria y esperanza, una recopilación de poemas, reflexiones y fotografías que resumen las cavilaciones del autor sobre la juventud. También en 2004 se publicó en Argentina el libro de poemas Defensa propia.
            Ese mismo año fue investido doctor honoris causa por la Universidad de la República del Uruguay; durante la ceremonia de investidura recibió un calurosísimo homenaje de sus compatriotas. En 2005 fue galardonado con el Premio Internacional Menéndez Pelayo. Sus últimos trabajos fueron los poemarios Canciones del que no canta (2006) y Testigo de uno mismo (2008), el ensayo Vivir adrede (2007) y el drama El viaje de salida (2008).


LOS POCILLOS

            Mario Benedetti, fue genial al escribir estos trabajos que se pueden encasillar dentro del género cuento, con todos los recursos que exhibe un escritor de su talla, al presentar intrigas que tienen relación con sentimientos románticos, sin llegar a ser dulzones, más bien verdaderos dramas en donde están insertos comportamientos psicológicos fácilmente identificables en el diario vivir. En “Los Pocillos” hace gala de ello, llevando sutilmente al lector a interesarse de comienzo a fin en la historia que tiene un final imprevisto, dejándolo empeñado en darle una justificación al actuar de cada protagonista.
           
            “En su cumpleaños Mariana recibe de regalo, seis pocillos, dos rojos, dos negros y dos verdes y decide usarlos siempre taza y plato del mismo color.
            La historia comienza cuando la mujer se dispone a servir el café, pero José Claudio, su esposo, quiere fumar primero un cigarrillo. Mariana, piensa que sus ojos no parecen los de un ciego, sin embargo busca en el sofá el encendedor como lo hace un impedido.
            Alberto, su hermano, lo encuentra, pero el aparato no funciona, le sugiere botarlo, pero José Claudio le explica que el encendedor lo guarda como recuerdo de sus primeros años de romance, cuando él tenía 35 años, y el cigarro que encendió  lo fumaron a medias con Mariana.
            Ella le reprocha su poco interés de visitar al doctor, él explica la inconveniencia de hacerlo, estima que su visita no mejorará la situación de su impedimento. Mariana piensa que su carácter se reconcentró mucho desde que quedó ciego, lamentando que esta nueva faceta de su esposo los haya alejado, y en cierta forma, advierte que  él menosprecia la ayuda que ella le ofrece. Este alejamiento ha sido gradual, hasta llegar a la crueldad en términos refinados.

            Alberto, hermano de José Claudio y Mariana, la esposa del hombre ciego, comparten miradas comprometedoras. Él recuerda la noche en que tuvo que consolarla a raíz de la crueldad de su hermano y en ese instante nacieron, en su mente, sentimientos amorosos hacia ella. Aunque antes mantuvieron una relación cordial y frecuente, producto de la gran admiración que siempre sintió hacia su cuñada.
            Surge una conversación a propósito de un personaje conocido por todos, mientras la mujer recuerda todo el desarrollo de este callado  romance.
            El momento álgido del drama, se desencadena cuando Alberto se coloca detrás del sofá de Mariana, y sus manos acarician su pelo y siguen un recorrido ya conocido. La mujer toma esa mano y deposita un beso en su palma. Mientras José Claudio, los mira sin ver, y luego termina bruscamente la conversación, pidiendo a su mujer le cambie el pocillo por el de otro color.”