A modo de Epílogo para “Historietas del Amor”-e.
Impresiones
Hay en estos cuentos una galería de nombres de mujeres (Fortuna, Teresa, Olga, Mariela, Cuqui, Helia, Gloria) diseminados en párrafos que se estructuran combinando sabiamente el deseo de poseer con el aire victorioso que su consumación entraña. Hay referencias a la música, como una forma de quebrar el espacio del contacto carnal para convertirlo en algo sugestivo y envolvente. Hay citas extraídas de libros de Henry Miller o Tennessee Williams para prolongar el mensaje literario en el clima del encuentro total.
Un héroe furtivo recorre cada texto. Alguien que asume el llamado del goce dispuesto a entregarse hasta lindar con el delirio. Lo importante estriba, pues, en el vigor con que Revagliatti anima a ese fauno acechante; generalmente, la energía parte de la experiencia artística, o laboral. En “La llama de la patria” surge de un planteo existencial. Mientras comienza a desarrollarse el argumento, uno toma conciencia de cierta revelación –“ars amandi”- que progresivamente despliega su labor para culminar en abierta transferencia. El autor nos hace partícipes del sentido del sexo como instauración de identidad en el marco de lo real, un sello poderoso y definitivo.
Los cuentos traen a la memoria el culto a Dionisos y lo que inspira como adentramiento en la condición humana. Señalo, asimismo, que el carácter festivo se mezcla aquí con la nostalgia. Pasiones violentamente desatadas, voluptuosidad que reina por encima de gestos y palabras son elementos equilibrados con ingenio, cediendo terreno ante el rechazo, la resignación o, simplemente, un cambio de ruta.
La mujer vacila entre la seriedad y el desenfreno, si bien es cierto que ambos extremos sintetizan, según el efecto que persigue Revagliatti, el aporte a la conjugación que vislumbra el intercambio erótico.



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