miércoles, 23 de abril de 2014

Abel Espìl-Buenos Aires, Argentina/Abril de 2014



DOS BUENOS MUCHACHOS


Oscuro, extremadamente oscuro. Esta es la noche elegida. Nadie ve a nadie. Cachorro junto a Eliseo, escapan de la cárcel ubicada en la calle Bermudez. Organizaron la pelea de ranchos y quemaron colchones. Los guardias, como muchos presos , manifestaban ahogos. El humo apretaba aún más la oscuridad malsana de esa noche.
Rápidamente , Cachorro y Elíseo , la dejaron en el olvido. El acuerdo era llegar juntos hasta Fray Bentos. Cachorro seguiría rumbo a Brasil y Eliseo , que ya conocía Uruguay, se quedaría en  Rocha. 
Ambos tenían condena a 18 años . En la pequeña cárcel de Devoto, llevaban cumplidos dos años y medio. Conocían cómo realizar canales de acceso a los Bancos y también abrir enormes puertas de caudales. El futuro los esperaba. En lo suyo eran muy exitosos y lo habían demostrado cuando realizaron su mayor obra de arte, al cruzar de vereda a vereda , la Av. Las Heras.
Con tiempo pensaron y desarrollaron su huida, teniendo muy presente que no muchos pero algunos dólares, aparte de pesos debían de tener.
Elíseo es alto , ojos oscuros, cabellos abundantes y enrulados. Al sonreír , muestra una perfecta dentadura blanca.Lo más destacable , son sus uñas largas , prolijas y con transparente esmalte que las hacen aún más llamativas.
Al gerente del Banco de Rocha lo conoció en el super. Estaban ambos muy ensimismados eligiendo vinos tintos. Al tiempo se hicieron amigos.
Elíseo ya no vivía en el hotel, había alquilado una habitación en la casa de Doña Francisca. Además, consiguió trabajo de repartidor de diarios en el puesto principal de Rocha. Llegaba a las 3.30 hs. , recibía los diarios, ordenaba las secciones y, previo a salir de reparto , se fumaba un Imparcial. Al tiempo , era un eximio conocedor de calles y de cómo sus habitantes desarrollaban sus vidas simples y rutinarias.
El Sr. Edgardo Barrientos , gerente del Banco de Rocha , llegaba invariablemente a las 7.30hs., tomaba su cafecito y leía las noticias del día.
De a poco iban llegando los cuarenta y cinco empleados, vestidos con pantalones negros y camisas blancas. Algunos con  corbata y otros sin ella. 

Laurita, hacía treinta y siete años que era tesorera . Fue la que dio el grito de alarma, al comienzo de la jornada laboral: En el sótano, se  hallaba
la enorme caja de caudales, abierta y vacía. A un metro , un agujero de 0,85cm. de diámetro llegaba hasta la vereda de enfrente, donde está el comercio de pastas de Don Albino.
La conmoción recorrió toda Rocha como una ráfaga. Los vecinos no hablaban de otra cosa que del robo arquitectónico efectuado al Banco.
Jacinto --el dueño del puesto de diarios--- al día siguiente se dirigió a la pensión de Doña Francisca  , preocupado por si a Elíseo le hubiera sucedido algo ,ya que en  el corto tiempo que trabajó nunca había faltado. La encontró barriendo la acera. Ella le transmitió su desconsuelo. Eliseo no  estaba y además de haberse ido sin despedirse, le había dejado en la mesa de luz, el dinero del mes, cuando aún faltaban 23 días para que finalizara el mismo y un pequeño fajo de dólares.


4 comentarios:

Laura Beatriz Chiesa dijo...

Abel: rápido Eliseo...para escaparse y para armar un robo perfectamente planeado. Me gustó, amigo. Mi cariño,

Anónimo dijo...

Buenísimo, muy descriptivo. hora te pasaste a la narración de aventuras. Lo hacés muy bien.Felicitaciones por tu extensión literaria y tu pluma cada vez mejor. Marcos

ALICIA CORA dijo...

Lograste que mi atención se mantuviera al leer. Eso es muy difícil, porque el lector casi siempre quiere saber qué pasó ni bien lee las primeras líneas. Felicitaciones y beso Alicia.

graciela quinteros dijo...

Muy buen relato. Muy actual. Descripciones muy acertadas. Me gusto mucho.