sábado, 22 de junio de 2019

Luis Tulio Siburu-Argentina/Junio de 2019


COLIBRÍ
“Como el colibrí, mi equilibrio y mi sustento
dependen del  incesante batir de mis alas”.
Santiago Espel
Me levanto en San Justo a las cinco de una mañana helada. Saludo a mi esposa y tres chicos con besos en rostros dormidos. Recorro seis cuadras peligrosas y a oscuras hasta el colectivo. Hoy ha aumentado el boleto a 18,50 para llegar a San Isidro, donde conseguí un trabajo de pintura para toda una semana. Es una buena changa, no se da siempre, generalmente paso entre diez y quince días sin hacer nada, no tengo relaciones con intermediarios que me ubiquen en alguna obra de mayor duración. A las ocho entro en la casa de familia que solicitó mi trabajo. Hasta las doce no paro de rasquetear, a veces en lugares sencillos, otras parado en peligroso tablón apoyado sobre las tejas y con un leve balanceo que atemoriza. Mediodía. La dueña de casa me alcanza un plato con tres porciones de tarta de queso y una manzana. Parece todo rico y además me ahorro de gastar en el bodegón de la esquina. A la una de la tarde retomo la tarea. Ya hay un sector que puedo comenzar a pintar. La mezcla con thinner me hace picar la nariz y seguramente mis pulmones deben estar protestando. Ya bastante deteriorados están de cuando salgo en las frías madrugadas a ponerme en la cola de los desocupados que se instalan bajo un pequeño cartelito manuscrito de una fábrica de barrio que reza: “ Se busca pintor con experiencia”, y hay cincuenta esperando entre mate y tortillas grasientas. Vuelvo a las seis de la tarde a recorrer el camino inverso. Cuando llego a mi casa los pibes ya están durmiendo, solo mi mujer me espera con un reducido puchero recalentado. Me baño apurado y me meto en la cama. La patrona quiere caricias pero yo estoy enfrascado en mis pensamientos. Me doy cuenta que soy como el colibrí. Si me achucho, me detengo, me asusto y dejo de aletear, toda la familia se me va al diablo. Destino de ave en continuo movimiento pero al revés de ella yo tengo olfato y mucho. Por eso calculo que esta sociedad de economía en descenso e indiferencia hacia los laburantes me tiene asignados en mi futuro miles de amaneceres de búsquedas infructuosas y apenas cientos de changas efectivas. Quizás por eso, un amigo  romántico y aficionado a las letras,  dibujó mi vida en tres versos de origen japonés que se llaman haikus y que dicen así…
Anoche soñé                          Futuro negro                        Fría mañana
Pared descascarada               Brilla pintura blanca              Exigente cliente        
Ahora roja                             Me gano un gris                   Changa difícil 

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