miércoles, 19 de agosto de 2026

Rosani Abou Adal-Brasil/Agosto 2026


 

Aquario

 

Todo está frío en la madrugada.

Tu cuerpo ausente de mis brazos,

el colchón vacío y distante.

Apoyo la cabeza en la almohada de piedra,

soñando contigo con los ojos abiertos.

Vuelas como un halcón hacia lo desconocido.

La habitación está oscura y triste.

El pez en el acuario solitario

siente mis señales y movimientos.

Nada, se sumerge y me observa

con sus diminutos ojos.

Somos dos, rodeados de cuadros y libros,

en armonía como dos ermitaños.

En la cama, mi cuerpo desnudo.

En el acuario, el pequeño pez solitario

pide con sus branquias

un compañero con quien compartir

su espacio y su pequeñito corazón.

Entiendo el mensaje y lo transcribo

a través del cristal con un toque suave.

Él duerme, aliviado al sentir

cuidado y afecto a través de las fibras mortales.

El silencio se apodera de la noche,

las obras de arte pierden su color,

los libros —despojados de títulos y autoría—

las páginas en blanco enmudecen.                                                               

Dentro de mi alma, una tempestad de nieve

calienta mi cuerpo;

un invierno latente me abraza.

El pez inmóvil duerme,

tranquilo y esperanzado.

En su color ardiente, una paz infinita.

 

 

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