martes, 21 de noviembre de 2023

Carlos Norberto Carbone-Argentina/Noviembre 2023


TODOS LOS POETAS

 

Todos los poetas tienen el hígado graso.

Todos los poetas tienen una mujer de bellos ojos.

Todos los poetas tienen un perro que le ladra a la luna.

Todos los poetas van a la misa que se da en viejos bares.

Todos los poetas hablan con la boca llena.

Todos los poetas aman a los caballos lentos.

Todos los poetas mueren un poco los días jueves.

Todos los poetas llevan un niño en los hombros.

Todos los poetas descubren baldíos dentro de su pieza.

Todos los poetas huyen de sus miedos y de su sombra.

Todos los poetas desconfían de los perfumados y prolijos.

Todos los poetas son lluviosos por dentro.

Todos los poetas son hermosos de a ratos.

Todos los poetas tienen duelos con la muerte.

Todos los poetas beben del zapato de su amada.

Todos los poetas cocinan magistrales pucheros.

Todos los poetas tiemblan ante las piernas soñadas.

Todos los poetas tienen sueños azules.

Todos los poetas son exagerados y tímidos.

Todos los poetas amanecen buscando la palabra

que los salve.

Miriam Brandan-Estados Unidos/Noviembre 2023


 

INGRATO

 

Después de haberte esperado con el alma desbordando de ilusiones, después de haber soñado que me adormecía envuelta en tu perfume, aún después de haber preparado con esmero mis mejores atuendos para salir de paseo contigo… llegas y me haces daño.

Ingrato! No llegaste solo... ella vino contigo...

Pareciera no importarte en absoluto el hecho de que la presencia de tu fea acompañante me marchita, me debilita, empaña mis enamorados ojos… que solo esperaban verte.

Esa... hace que arda mi frente, que se encorve mi espalda, que mis músculos se recientan y tiemblen.

Esa, que me roba la vitalidad, me quita el hambre y me obliga a tomar pociones amargas… a mí, que con tanto fervor te he esperado.

Ingrato… mil veces ingrato!

De la mano de mi adorado otoño, ha llegado la primera gripe de la temporada.

Estoy enferma… me duele hasta el alma.

Jorge Baudes-Argentina/Noviembre 2023


 

LA HOJA…

                Contempló el manzano, deslumbrante en la estación estival y ahora en franca merma con los primeros fríos otoñales. Sus frutos ya no lucían su roja y atrapante esbeltez. El ciclo estacional los devolvía a la madre entraña para saciar su sed. Solo las hojas quedaban de su altiva estirpe, como banderas que azotaba el viento.

                 El viejo árbol dejó caer las mismas, una a una, sobre el acolchado tapiz que lo ceñía a sus pies.

                Él, dejó caer la suya, justo frente a Eva.

                Meses después nacían Caín y Abel.