Y YO SIGO BUSCANDO A IVETTE
Hace par de días publiqué un
aviso con un pedido de ayuda porque se me había perdido Ivette. La verdad es
que no tuve ninguna llamada al teléfono que puse como contacto. Tampoco mis
amigos se ocuparon demasiado en colaborar, no entendieron mi angustia ni la
razón de mi necesidad. Unos pensaron que se trataba de algún familiar, otros,
para mi desesperación, solo dedujeron que la perdida era mi perrita, ¡no! mi
perrita se llama Luli y la tengo pegada a mis pasos a cualquier parte de la
casa en que me mueva.
Ivette es un ser adorable que
tiene todas las cualidades para que juntos logremos el éxito del año. Pero ella
ha desaparecido, se ha negado a aceptar las condiciones que impone el acceder a
la fama, el reconocimiento de los medios especializados y la devota fidelidad
de los fans. Para colmo de males lo tengo a Manzini llamándome a cada rato para
saber si ya di con el elemento que falta para completar el elenco. Creo que
nadie ha entendido la situación que estoy viviendo, pensé que no era necesario
hacer mayores aclaraciones pero si, voy a tener que decir que soy guionista de
telenovelas, de esas que convocan en el horario de la tarde para llorar juntas
a grupos de mujeres dispuestas a dejar todo lo que estaban haciendo hasta el punto
de olvidarse de ir a retirar los chicos a la salida de la escuela o dejar la
plancha encendida sobre la mejor camisa del marido ¿exagero? No, tengo
testimonios de tales hechos. En este momento estoy con toda mi energía creativa
dedicada a mi próximo culebrón, como le dicen algunos envidiosos. Y me ha ocurrido
lo peor, Ivette, la protagonista ha desaparecido, se niega a asumir el rol que
le he asignado. Nadie entiende que Ivette ha desaparecido justamente cuando
comencé a explicarle que su papel era el más importante pero que debía aceptar
sufrir abandonos, traiciones, pérdidas de toda clase y quizás alguna injusta
acusación. Tendría que llorar mucho, conmovedoramente, llorar y llorar, aunque
tuviera que tomar clases de llanto, hasta lograr contagiar a sus fieles
seguidores, pero que luego de infinitos capítulos lograría la máxima felicidad.
Todo ha sido inútil, siento que con mis palabras solamente logré infundirle
temor y todo su encendido entusiasmo por el proyecto se fue apagando y así la
he perdido.
Si no aparece tendré que
desechar toda la magnífica construcción que tenía preparada, ya no podrá ser la
misma historia, ya no me sirve sin ella.
Si no encuentro a Ivette
tendré que resolver qué hacer con tanto drama y el torrente de lágrimas que
tenía acumulados para su lucimiento.
Lo peor de todo es que mi
cuerda es el drama, soy especialista en dramas, esos que hacen llorar a las
mujeres y que los varones evitan con cualquier excusa para no dejarse atrapar en
su negada sensibilidad. No crean que no intenté otras formas, sí lo hice, pero
ni el policial ni la ciencia ficción, tampoco ninguna forma de suspenso,
lograron que yo pudiera concretar una trama medianamente atrapante, no puedo
salirme de mi fórmula eficaz, probada en tanto tiempo. Tampoco Manzini me
permite cualquier intento. Pensar que ya tenía resuelto el planteo, el
conflicto y el final, lo demás es todo relleno, soy un genio incluyendo
relleno, solamente Manzini tenía que decirme la extensión que necesitaba según
la programación y los contratos y yo sabría retorcer las historias para
prolongar los imprevistos siempre dramáticos que aseguraran el nivel de
fidelidad de los expectantes seguidores de cada tarde.
Tenía todo resuelto pero en el
momento del lanzamiento, ha desaparecido Ivette y no es que no hubiera
postulantes para actuar ser Ivette, si las hay, y muchas pero no es eso, la que
ha desaparecido es la propia Ivette, la de la trama.
Por eso, y hasta agotar todos
los medios, hasta los más descabellados, digo y repito ¡sigo buscando a Ivette!