jueves, 22 de septiembre de 2016

Ezequiel Cámara-Mar del Plata, Argentina/Septiembre de 2016



EL NIÑO DE LOS DISCURSOS

El Niño de los discursos tejía diversos discursos a lo largo del tiempo. 
Esos discursos eran uno y eran varios a la vez.
Por momentos decían una cosa, y después otra que contradecía a la anterior.
Ese niño era muy inteligente, le llamaban de apodo "El ser del lenguaje",
fueron tantos los significados que emanó a lo largo del tiempo que su discurso se automatizó, y comenzó a curvarse sobre sí mismo. 
Al punto que esas palabras se vaciaron de su contenido vital. 
Era un lenguaje autorreferencial, ya nadie lo podía entender, en cierta manera era un discurso complejo, ya no era ese discurso sencillo al alcance de todos y por lo tanto se fue haciendo cada vez más hermético, en otras palabras ese discurso se fue deshumanizando.
Las personas que antes se acercaban al niño de los discursos para escuchar palabras tan hermosas hoy se alejaban ante tanto hermetismo, la humildad que lo caracterizaba ahora daba lugar a una soberbia de corte intelectual, filosa lastimaba al mero contacto, la gente temía a esto porque hería en lo más profundo dejando un amargo sabor en el alma. El Niño de los discursos sentía orgullo de mostrar toda su "sabiduría" y siempre desplegaba sus armas simbólicas quitándoles el derecho a expresarse a los otros que no tenían las múltiples lecturas de él. 
Cuando el Niño de los discursos quiso darse cuenta ya era tarde, su hermetismo había destruido su esencia. Ya no había más nada que decir, las palabras eran carentes de significados.

Dedicado a mis compañeros y profesores de la carrera de letras

2 comentarios:

Martín Rabezzana dijo...

Bien expresadas las consecuencias del desarrollo intelectual; lo bueno es que al advertirlas uno las puede en alguna medida, revertir.

Muy bueno.

Salud

Ezequiel Andrés Cámara dijo...

¡Gracias Martin! Abrazos. Ezequiel.