LA ESTACIÓN DE TREN
Nuestra sombra dibujó la silueta cautiva
de una despedida.
El instante se fue en palabras inútiles,
y también recuerdo
que el sol de la tarde no abrigó lo suficiente.
Las horas siguientes se llevaron todo,
todo,
y trajeron un ocaso inevitable:
frío en la memoria.
Ya no importa si las flores fueron artificiales,
si la música, descartable o las palabras, vanas:
se ha ido todo.
Solo queda
no sentir,
ni pensar: nada.
Nada.

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