martes, 21 de febrero de 2017

Lilia Cremer-Argentina/Febrero de 2017



Siempre el mar
       Lo vio en la orilla. De bruces contra la arena. Suaves ondas acariciaban sus pies descalzos. El cabello revuelto olía a sal. La de los besos del reencuentro, la de los cuerpos entre las olas, la sal que permanecería aún cuando él se marchase.
        De rodillas, absorta, no podía llorar. Cada átomo de su cuerpo era un grito ahogado. El mar rozó sus piernas.
         El mar que se va y vuelve, como su amor. El mar que da  y quita. La bruma del mar al verlo partir. La felicidad efímera al verlo volver.
       Una vida de ficción. Y otra vida paralela. Dos puertos. Ausencias como agonías. Alma de gaviota que en la orilla recoge migajas.
       El cansancio que horada el corazón, como el mar carcome las piedras.
        Esa noche, la del regreso, cuando él ancló en su pasión, ella estaba vacía. Vacía de esperanza, de ilusión. La luna alumbraba sus cuerpos entrelazados entre las sábanas complacientes. Y lo amó, como nunca, por última vez.
         Dijo adiós en el suspiro final de placer. Y lo vio enloquecer. Lo vio correr maldiciendo. Lo vio entrar al mar, sin barco, sin cordura, sin consuelo. Con espanto. El mar se lo quitaba definitivamente.

Nora Coria-Argentina/Febrero de 2017



HOY HE VISTO EN UNA MUJER

Hoy he visto una mujer. Hoy, acaba de nacer.
Fijé en sus ojos los míos; ella detuvo su mirada
en mí.
Lleva la belleza y el bien en sus pequeñas pupilas.
Parte de un estratégico destino dormita
delineado  en el iris de uno de sus ojos;
y en el otro, el azar es misterioso.

Sé que desde hoy,
incapaz en descifrar herméticos diseños,
e inhabilitada  para predecir fortunas,
intentaré imaginar  infinitos futuros de armonía
en su mirada.
Sé que desde hoy, empeñada en su felicidad,
seré mejor.

Hoy me ha sorprendido otra mujer.
Por primera vez, hoy, acaba de parir.
Me ha mirado como nunca antes,
y me ha visto diferente;
acaso  se ha reconocido en mí,
acaso  se ha encontrado,
definitivamente,  conmigo.

Yo siento  en ella  apenas otra…
Es para mí la misma chiquita
en cuyos ojos deseo advertir
siempre, la felicidad.

Hoy he visto una mujer,
he visto dos;
y somos tres.

Hoy supe del amor, un poco más.

Javier Claure-Suecia/Febrero de 2017

Foto: Javier Claure



                                                         Palabras con aroma a café
                                                             
Es un día cualquiera de invierno. Afuera hace un frío del diablo, y el aire se siente como puñaladas en el rostro. Aún no son las cuatro de la tarde y está oscuro. Me encuentro en la cafetería de la Casa de la Cultura, en el segundo piso, en el corazón de Estocolmo. En realidad, no es una cafetería en el sentido estricto de la palabra porque además de ofrecer al público café, té, pasteles, tortas, jugos y postres; uno puede pedir también pastas ligeras, una sopa caliente, emparedados, vino y cerveza. Día tras día llega la gente a este lugar para beber o comer algo. También, como suele ser toda cafetería, es un punto de encuentro. Ese es mi caso. Vine aquí para encontrarme con Selamawit, una guapa eritreana  que la conozco desde hace varios años. Me llamó por teléfono, hace unos diez minutos, para comunicarme que lamentablemente no podía acudir a nuestra cita. Es enfermera y tiene que trabajar algunas horas extras. Las trabajadoras y los trabajadores de la salud están cada vez más insatisfechos por la cantidad de trabajo que pesa en sus hombros. Además, el sueldo que reciben no siempre es bien compensado. Según algunas estadísticas, la cantidad de enfermeros y enfermeras, que están a disposición, no es suficiente para cubrir las necesidades de hoy y del futuro. Me atrevo a decir que es un fenómeno a nivel mundial.

De todas maneras, pedí un café caliente con leche y un “wienerbröd”, un pastel de mil hojas con una crema en el centro. Me acomodé en una mesa pequeña, para dos personas, junto a una enorme ventana. Esto significa que tengo un hermoso panorama. A mi derecha hay varias mesas con manteles azules. Y más al fondo están los ascensores y unos cuadros que lucen como propaganda para las obras del “Stadsteater” (Teatro de la ciudad) que se encuentra un piso más abajo. Desde donde estoy sentado observo lo que comúnmente se llama “plattan”, un lugar en donde  a veces se hacen actos culturales, políticos, manifestaciones; pero al mismo tiempo es un lugar sospechoso porque pululan algunas personas del submundo. Y no es nada raro ver uno que otro coche policial aparcado en este sector. El piso es de baldosas blancas y negras. Desde arriba se ve como un tablero de ajedrez, pero en lugar de cuadrados hay triángulos. El tráfico está relativamente tranquilo, pues será porque están refaccionando las calles por esta zona. De pronto vi pasar un bus de dos pisos. En un lado decía: “Stockholm sightseeing”. Me imagino que, en este mes de diciembre, llegaron algunos turistas por estos lares. O quizá sean los galardonados con el Premio Nobel, y sus respectivas familias, que quieren ver Estocolmo “casi by night”.
Desde este lugar privilegiado observo a la gente que camina bien abrigada y con bolsas. Otros caminan escribiendo algún mensaje en su celular. Da la impresión que andan como sonámbulos, y que en cualquier momento pueden chocar con algo. A lo lejos diviso a un mendigo, uno de esos que han invadido Estocolmo. Está sentado envuelto con una manta que le cubre casi toda su cara. La cabeza la tiene un poco inclinada hacia abajo, las manos juntas frente a su corazón como si estuviera, en un templo, rezando a Cristo.
La torre de vidrio que normalmente suele estar iluminada, en estas épocas, pues ahora está muerta; rodeada con una lona en donde hay la siguiente escritura: 60000 prismas de vidrio, 16 toneladas de peso y construida hace 50 años. Y más al fondo se puede contemplar edificios bien iluminados, creo que son oficinas. Al costado derecho se ven letreros de tiendas comerciales como Mango, UR & Pen, Lindex, H & M etc.
En medio de la gente veo entrar a una señora alta con un maletín de cuero y un abrigo de piel, de esos que se venden en las tiendas de segunda mano. Camina sin observar el mostrador donde están los alimentos y bebidas; y se instala en una mesa, para dos personas, muy cerca de la mía. Se quita el abrigo, luce un jersey verde claro y un collar de oro que da brillo en su pecho. Saca un espejo de su bolsillo, lo coloca delante de su rostro, se pinta los ojos con un lápiz negro. Y se mira varias veces moviendo el espejo de izquierda a derecha como diciendo: espejito, espejito dime quién es la más bella en esta tarde. Luego extrae un pequeño ordenador de su maletín y lo enciende. Está un poco impaciente, mira alrededor una y otra vez. Supongo que no se ha dado cuenta que la estoy observando minuciosamente. De repente levanta la mano como señal de salutación, y otra mujer viene a su encuentro con una sonrisa en los labios. Piden algo para tomar y empiezan  a conversar. Una de ellas habla gesticulando con las manos, mientras la otra escucha escribiendo en el ordenador. En otra mesa hay un anciano agarrando una taza, varios minutos, cerca de su boca. Parece una estatua. Ese anciano, un día fue joven; quizá con muchos sueños, ilusiones y proyectos.
La tarde va cayendo entre la oscuridad. En el cristal de la ventana resbalan los copos de nieve, como el tiempo en la memoria colectiva. Me levanto de la silla, camino hacia las escaleras mecánicas. Y me doy cuenta que la sombra de mis pasos andan por mi delante.



Cristina Castelló-Argentina/Febrero de 2017



La palabra


La palabra— ese silencio extraviado
Esa hilera de hormigas que hoja a hoja
Modela el follaje corpóreo de la voz

La palabra— ese bálsamo promisorio
Esas manos ofrecidas a la ausencia
Ese tiempo transversal al llanto

Esa costura desatada, esa confianza
Ese pan, esa sedición del alfabeto
Esa cópula del verbo, esa memoria

Ese gentío fusionado en un son
Esa pupila abierta a todo albor
La palabra— esa metralla de lirios

Ese erotismo de Dios.

París, 6 de agosto de 2007
© Poema publicado en el poemario «Ombre/Sombra», de la autora
 –Éditions “Trames” – París 2010

ignacio Castellanos/Febrero de 2017



El festival de las hadas en Pascua

Ved, ved como engalanan con enorme gracia y solemnidad,
El valle con sus pasillos de floreadas ramas,
Oíd, oíd como cantan con añoranza y no pocas lágrimas,
Aquellos que aún están por partir,
Lejos, por el erial, el pasto, y el ancho mundo,
Bajo el dosel del cielo y sobre la hierba mojada;
Son todos aquellos que se reúnen bajo la capilla del atardecer,
Hijos del antiguo hilo del tiempo, custodios de la fe y el saber,
¿Eran todos tus hijos fieles y devotos? Oh, aquél que da pero no atesora,
Diles cuando han de partir, ofréceles un cáliz del que beber,
Hasta que el tiempo concluya, y el acto final revele el fuego de tu corazón,
Tus hijos escuchan ya, las notas atravesar su anciano recuerdo,
¡Ya cantan!
“Hemos de partir, con premura, hacia la montaña y el cielo estrellado”

Carlos Caposio-Argentina/Febrero de 2017

Foto: Carlos Caposio - Malacara Estepario


ECUACIÓN DE LAS PAREJAS

Cuanto más se recibe
menos se da,
falta de equilibrio.
Deriva en una especulación porcentual
de dividir el tiempo que doy
para multiplicar las ganas de verme.
Control al cuadrado
igual a mentiras por dos.
Deseos, caricias y besos con decimales
es un amor a la izquierda.
Dominante y dominado,
cincuenta por ciento,
ambas partes responsables.
Más menos mimos
menos más abrazos,
contención,
una mano en la mejilla,
la otra en la cintura,
por dos bocas opuestas,
sí sólo sí,
lenguas enredadas.
Dos enteros en una cama tiende a infinito
al igual que en el suelo, la mesada o la montaña.
Un corazón mayor a la razón
equivale a una mente irracional,
problemas a la décima potencia,
pero la pasión, también tiende a infinito
al pequeño punto de reconciliación
sí sólo sí,
lenguas enredadas.
Inversamente proporcional a la rutina
de amores periódicos y “perfectos”.
Que deriva en:
menos sexo, más trabajo,
por fin de semana de suegras
dividido cuentas por pagar
igual a, “hay que tener un hijo”.
Pero a mayor ganas de uno
menos coraje del otro,
se tiende a elevar la inseguridad del opuesto,
más pequeñas discusiones,
se suprime la apuesta al futuro
igual a vivir el presente.
Mano en la mejilla,
otra en la cintura
sí sólo sí,
lenguas enredadas.
Se entiende de esta ecuación:
Que el amor siempre es desigual
resultante, de desiguales formas de expresarlo.
Que las pequeñas peleas son fuego a la décima potencia
pero periódicas, saturan la memoria del procesador.
Que la raíz cuadrada del amor
es igual a la pasión al cuadrado
dividido menos discusiones
por más reconciliaciones.
Conclusión:
La relatividad de las cosas. Todo es relativo.
El amor tiende a infinito.
Buscar periódica y constantemente.
Sí sólo sí, lenguas enredadas.


Del libro CAJITA DE CARTÓN de Carlos A. Caposio Ediciones: Fusión de los géneros

Alexánder Buitrago Bolívar-Colombia/Febrero de 2016



Habitarás la ausencia
antes de tocar su concurrido timbre
y abrazarás el aire
y los trenes que pasan,
los árboles,
mi sombra,
y la noche inmensa entrará por las ventanas
       donde caben silbos solos
y besarás 
al poeta que cruza días verticales,
tus abismos,
al que está y no está,
mientras llueve.

Edith Amieiro-Argentina/Febrero de 2017



CAMINANDO HACIA EL RÍO

Hay una calle de perfume y tilos,
de jazmines  de níveos esplendores
y  pinos  desprendiendo su energía,
tras  las rejas  de grandes  murallones.
Hay una cuesta preñada de turgencias,
recostada   sobre el  río amarronado,
coronado  de velas  ondulantes,
en  un vaivén de aguas  en remanso.
Alvear  abajo, dulzor de primavera;
alegría del  alma que se  entrega,
buscando  desprenderse  de  las  penas..
Cuando acerco mis pasos a la costa,
está  el cuerpo  y la mente algo ligera,
y doy  gracias al SEÑOR  del  Universo,
por  sentir  que el corazón abre sus puertas.