martes, 21 de febrero de 2017

Rolando Revagliatti-Argentina/Febrero de 2017



Alfredo Palacio: sus respuestas y poemas

Entrevista realizada por Rolando Revagliatti



Alfredo Palacio nació el 23 de diciembre de 1949 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. Fue incluido en antologías poéticas de su país y del exterior y textos suyos han sido traducidos y publicados en portugués, catalán y francés. Además de haber colaborado en revistas de soporte papel, lo ha hecho en Sitios, blogs y revistas electrónicas de América y Europa. En 2007 co-dirigió con Alicia Grinbank, Alberto Boco y Rolando Revagliatti el Café Literario “Mirá Lo Que Quedó” en el Centro Cultural “Raíces”. En ese mismo año se editó su poemario “Filamentos” (Ediciones del Dock; Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, filial Tafí Viejo, provincia de Tucumán, 2009; Primer Premio a mejor libro editado entre 2005-2010, otorgado en Santa Rosa, capital de la provincia de La Pampa, 2010). Permanecen inéditos “Segundos afuera” (2009) y “BluesEros” (2011; Primer Premio en el 1º Concurso Internacional de Poesía Marosa Di Giorgio, en Salto, Uruguay, 2013). Ha obtenido varios primeros premios y numerosas menciones en certámenes nacionales y de Uruguay, México y España.



          1 — Naciste en el barrio donde transcurrió la infancia de Roberto Arlt.

          AP — Nací en el barrio de Flores y allí residí hasta los veintitrés años. Desde entonces, en diversos barrios (en la actualidad, en el de Colegiales), y sin salirme de los límites de nuestra ciudad. Cursé estudios primarios y secundarios en la escuela pública, universitarios de abogacía, abandonados, en la universidad pública y en la privada, y estudios terciarios sobre temas de banca, economía y administración de empresas en universidades privadas. Soy consultor empresario, hace unos veinte años que trabajo por mi cuenta, tras larga trayectoria en el sistema financiero y empresario.
          Esperaba ansioso los extensos veranos de mi niñez para dar cuenta serialmente de la recordada Colección Robin Hood: “Ivanhoe”, “El príncipe valiente”, “Bomba”, “Los caballeros del Rey Arturo”, “El último mohicano”, las novelas del italiano Emilio Salgari (1862-1911), las que tenían a D’Artagnan como protagonista… Y es a los seis años que empiezo mis estudios de inglés, los que continuaría hasta los dieciocho: pura gramática inglesa e increíbles lecturas en ese idioma: Oscar Wilde completo, John Steinbeck, William Shakespeare, Somerset Maughan, Pearl S. Buck, J. D. Salinger, etc. Hasta que comenzó a decaer mi entusiasmo por la lengua británica. Tuvimos la explosión de The Beatles y la movida de los ’60, y allí me enfrasqué en interminables traducciones de las letras de los grupos de rock. Tanto o más que la literatura en mi vida predomina la música (ejercí de disc jockey). Gran parte de mi creación literaria se maridó a la par de Pink Floyd, Joan Manuel Serrat, Bill Evans, Keith Jarrett, Silvio Rodríguez, John Coltrane, Astor Piazzola, Dexter Gordon, Egberto Gismonti. Mis instrumentos predilectos son el saxo tenor y el contrabajo. Respecto de mi máximo deseo, Rolando, me reconozco como un músico frustrado.
          Mis rudimentarios intentos de expresión poética se avizoran allá por mis diecinueve años, con las clásicas versificaciones promovidas por mi primer amor arrasador. Me doy a transitar la Generación Poética Española del ’27 (con preferencia hacia Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y Federico García Lorca), Paul Eluard, Dylan Thomas, René Char, Jacques Prévert, Henri Michaux, Arthur Rimbaud… Pero el impacto que me instó a vincularme intensa y definitivamente con la poesía fue cuando descubro en una Feria del Libro, un pequeño volumen de Monte Ávila, soberbia editorial de Venezuela, que contenía “Poesía vertical” (de la primera a la quinta colección de esa dilatada propuesta) de Roberto Juarroz (1925-1995). Aquello fue un descubrimiento sin retorno: perdura como mi poeta favorito y por su obra me percibo influenciado. Potenciándose con Eluard y Rimbaud más ciertos libros de Antonin Artaud, y tres locales y esenciales: Joaquín Giannuzzi, Raúl Gustavo Aguirre, Edgar Bayley.


          2 — Ya afiatado lector, ¿qué siguió sucediendo?

          AP — En compañía de mi amigo y hermano de vida, el poeta Alberto Boco, llego al taller que coordinaba Mario Morales, maestro, disparador y ordenador a la vez, de todo ese material que caóticamente venía abordando. Me lanzó a las poéticas de la Beat Generation: Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, así como a las de Ezra Pound, T. S. Elliot, William Blake, Allen Tate, Hart Crane. Consubstanciado con el ritmo y la musicalidad que hallé en la lengua inglesa, procuro acceder a mi voz propia. En el taller conozco a quien fue convirtiéndose también en una hermana de vida, la escritora Alicia Grinbank. Tras dos años con Morales, Alicia, Alberto y yo hicimos taller durante un año con quien representa su antítesis: el poeta y ensayista Santiago Kovadloff. Enriquecedoras ambas incursiones. Y aunque después estuve casi doce meses sin trazar un verso en el papel, asumí que había hallado lo que sin saber, intuitivamente, fui a buscar: la síntesis, el peso del sustantivo, la moderación y cautela con la adjetivación. De ahí en más, en solitario y permanente trabajo, generé una estimable autoexigencia en la resolución de mis textos, desembocando en el verso en general breve y preciso. En la última década advierto en mí además el hálito de las poéticas de Juan García Gayo y Marcos Silber, y la de otros dos que me impactaron por su poesía potente y descarnada: Miguel Ángel Bustos y Jorge Boccanera.


          3 — En muchas ocasiones, a lo largo de treinta años, participaste en mesas de lectura,  en ciclos de poesía, en festivales. Escasas son las declaraciones de los escritores en cuanto a los aspectos negativos o ingratos de numerosas de esas propuestas.

          AP — En ese más que extenso período de participar en la movida poética porteña (con algunas incursiones leyendo en las ciudades de Junín, Rosario, Tucumán y Campana), leí en ciclos por demás diversos, buenos, regulares y pésimos. Resaltando siempre el empeño y buena voluntad de los organizadores, los hubo (y los hay aún) por demás “multitudinarios” (en uno éramos once los invitados para leer…), donde a los concurrentes se les debe producir no poco enjambre de voces, además de que siendo tantos, cada invitado alcanza a leer un par de textos, o algunos más si son muy breves, que para nada llegan a representar ni su voz ni su estilo. Es como cuando en nuestra época de estudiantes secundarios abordábamos la historia medieval con los resúmenes Lerú. En cuanto a lo ambiental, muchos reductos son incómodos, sin un equipo de sonido que permita escuchar con claridad. Además irrumpen los que, desempolvando su crecido ego, se toman por su cuenta el doble o triple de minutos que sus colegas, así como están los coordinadores que incurren en severos desniveles en cuanto a la calidad poética de los especialmente invitados.
          Un condimento que nunca apoyé es el “micrófono abierto” (sabés que fue todo un tema cuando estábamos armando “Mirá Lo Que Quedó”). Si bien admito que hay que dar oportunidades de leer a todos, sucede que de repente en esa lectura hay un poeta, digamos, consagrado, y algunos que “ejercen” el micrófono abierto casi aún no saben lo que es un poema. Es una falta de respeto para el poeta en cuestión, y también para el principiante, pues es inevitable compararlos, y hasta suele generar un trauma en el principiante, al percatarse que él todavía ni arrancó en el oficio. Soy partidario de mesas de lectura que no excedan de los tres poetas, e idealmente dos. Eso permite que cada uno desarrolle el devenir de su obra y que quienes los escuchan terminen conociéndolos medianamente.


          4 — ¿A qué poetas destacarías por su forma de leer en público? ¿Coincidirías conmigo en que muchos boicotean sus presentaciones leyendo demasiado bajo o resistiéndose a “apuntar” hacia el micrófono o poniéndose a buscar entre papeles o entre libros de forma improvisada o dando explicaciones insustanciales o…?

          AP — Concuerdo absolutamente con vos en eso de boicotear la propia lectura; abundan los que así proceden. Y me inquietan aquellos/as que explican cada poema antes de leerlo (en ese escenario, cualquier explicación es banal e insustancial). También me exasperan los que empiezan a hurgar papeles (que nunca encuentran) y esa lectura se transforma en una penosa y nerviosa espera por parte de quien escucha. Cuando soy invitado a alguna lectura llevo preparado el material, y otro alternativo (hoy está de moda decir “el plan B”), por si me otorgan unos minutos más, o porque descubro, cuando estoy leyendo, que no prefiero lo que seleccioné.
          Por suerte hay muchos poetas a los que es (o ha sido) un placer escuchar; citaré al voleo apenas un puñado: Leopoldo Castilla, Gerardo Lewin, Beatriz Schaeffer Peña, Leonardo Martínez, Martín Andrade, Concepción Bertone, Luis Benítez, Marion Berguenfeld, Héctor Miguel Ángeli. Tuve ocasión de disfrutar lecturas de Antonio Gamoneda, Ángel González y Luis García Montero, soberbios poetas españoles, como asimismo del chileno Gonzalo Rojas.


          5 — Me informé, pero de un modo que no llegó a darme idea de qué se trataba exactamente, que con Alicia Grinbank y Alberto Boco has realizado u organizado lecturas y mesas de debate. ¿De qué se ha tratado y en qué contextos?

          AP — No exactamente organizamos mesas de lectura, sí lecturas puntuales. Una de esas fue en el Café “Bollini” cuando cumplimos sesenta años (somos los tres del ‘49), y que llamamos “60 poemas y ninguna flor”. Boco y yo presentamos, en una librería de Campana, nuestros libros “Riachuelo” (él) y “Filamentos” (yo) con la participación de periodistas literarios de la zona, que derivó luego más que a un debate, a una charla con los asistentes.


          6 — ¿A qué traductores de habla inglesa valorás más?

          AP — El mejor de todos, por su dominio de varios idiomas además del inglés, ha sido Borges. Es notable el trabajo que ha hecho Rodolfo Alonso, y destacable la tarea de Elizabeth Azcona Cranwell y Alberto Girri. En cuanto a la traducción de la Generación Beat, sin lugar a dudas, Marcelo Covián. También es buena la traducción del narrador César Aira de la poesía de Allen Tate.


          7 — Precede en la novena página de tu único poemario publicado: “FILAMENTOS – ‘hilo en espiral que genera la temperatura en las lámparas incandescentes’ – ‘obra formada por hilos’ - ”  ¿Proceso de escritura de “Filamentos”?

          AP — No hubo proceso de escritura de ese poemario. Llegado el momento de decidir su edición (y la necesidad de publicar mi primer libro), seleccioné textos escritos entre 1984 y 2004. Tal vez, por la fecha de publicación y la data de los textos, no sean un cabal reflejo de mi escritura al momento de publicarse, pero sí de mi propuesta y voz propia.


          8 — Dos poemarios están a la espera de socialización. El título del que concluiste en 2009 remite al boxeo; el del que concluiste en 2011, a la música. ¿Proceso de escritura de ambos…? Y, complementariamente, ¿en qué obra, formada acaso por otros hilos, estás en los últimos años?

          AP — Si bien el título “Segundos afuera” remite al boxeo (orden del árbitro de un combate a los entrenadores y asistentes que deberán bajar del ring antes de iniciarse la pelea), no responde en mi caso a ese deporte: establecí su título por lo que supone el contenido. “BluesEros” (así se escribe), está en la línea de la sensualidad, no del erotismo, vinculado a relaciones con mujeres, y partió de un poema incluido, “Baby Face”, el que hace referencia al blues, género musical que disfruto por su tensión, dramatismo, oscuridad y pasión.
          En los últimos años, y hoy día, ando enredado en los mismos hilos. Adhiero a lo que una vez adujo Roberto Juarroz: “Un poema nunca se termina, sólo se abandona”. Mantengo los mismos paisajes, vivencias, tramas, involucramientos y decepciones que voy expresando desde diferentes miradas y momentos. Morales alguna vez sostuvo que la única verdad es repetirse.


          9 — El año pasado una escritora me dijo que jamás se le ocurriría escribir una determinada palabra; y con anterioridad, en charlas informales oí a otros escritores afirmando que detestaban tales y cuales vocablos y que no los usarían. ¿Tenés los tuyos, que rechazás al punto de inferir que jamás los escribirías?

          AP — No registro aversión por ninguna palabra; las hay que, aunque eventualmente desagradables, pueden encontrar su lugar y hasta justificación de acuerdo al contexto del poema. Respeto toda expresión poética, como también la absoluta libertad para desplegar su lenguaje. Desde hace bastante tiempo el idioma se viene degradando, y eso no deja de reflejarse en la poesía, más entre los más jóvenes.


          10 — Párrafo de la nouvelle “Prisión perpetua” de Ricardo Piglia: “No hay nada tan abyecto, dijo Lucía, como la convivencia de un hombre y una mujer. En teoría podemos comprender a una persona, pero en la práctica no la soportamos. El matrimonio es una institución criminal. Con los lazos matrimoniales siempre termina ahorcado alguno de los cónyuges. En eso reside el sentido de la fórmula “hasta que la muerte nos separe”. El matrimonio: esa institución: ¿cómo la ves?

          AP — Incurrí en dos matrimonios, el primero por siete años; el segundo, tras un paréntesis de cinco, se extendió por diecinueve. Las experiencias dentro de esa “institución” son muy personales como para ser tomadas en cuenta por otros. A una década ya del último final, no incurriría en la experiencia, aunque no la objeto. La fórmula “hasta que la muerte nos separe” quedó en desuso a partir del vértigo de la vida actual. Por otra parte, no garantiza absolutamente nada, y mucho menos que se sea feliz hasta que la parca los convoque juntos, a menos que sea para abaratar costos…


          11 — ¿Matizamos con un juego? Imaginemos la estructura posible de un eventual texto literario: “No sabemos si sobrepasan los 500.000 esclavos…”, “No nos consta que hayan perecido 1.000.000 de…”, “Nos resultan antojadizas las estimaciones que determinan que…”: ¿rellenarías, completarías, proseguirías lo sugerido?

          AP — En verdad, ni rellenaría ni completaría ni proseguiría lo sugerido; no puedo allanarme a la proposición, pues jamás sería tema de un poema mío. Por otra parte, no soy afecto a los juegos.


          12 — De “antepasados de la poesía visual” nos habla Raúl Gustavo Aguirre en “Las poéticas del siglo XX”: “Se atribuye a Teócrito de Siracusa (308-240 a. C.), el creador de la poesía bucólica, una composición titulada “La siringa”, que presenta la forma de este instrumento. Simias de Rodas (hacia 300 a. C) escribió poemas que reproducen las figuras de un huevo, de un hacha de dos filos y de un par de alas, con doce versos o ‘plumas’. Dosiadas (hacia 300 a. C.) es autor a su vez de un “Altar” dedicado por Jasón a Palas Atenea, que es sin duda el más célebre de los poemas visuales de la Antigüedad. (…) Publio Optanciano Porfirio (hacia 324 d. C) escribió numerosos poemas ‘figurativos’. Más tarde, Venancio Honorio Clementiano (530-609) también contribuirá a este tipo de composiciones con sus emblemas y laberintos. De Rabano Mauro, discípulo del célebre Alcuino, conocemos veintinueve poemas con figuras y textos escritos en negro y rojo superpuestos. Otro antecedente es el libro “Los fenómenos”, del poeta griego Arantus, que ilustró Julius Hyginus en el siglo X.” También cita Aguirre al inglés Stephen Hawes, que en 1509 en un libro incorporó un poema figurativo que se hizo célebre y fue muy imitado. Francisco Rabelais (¿1494?-1553) en su “Gargantúa y Pantagruel” introdujo un himno báquico con forma de botella. Y ya más cercano, Stéphane Mallarmé. Los futuristas practicaron combinaciones tipográficas. Y tenemos a Guillaume Apollinaire con su “Calligrammes” (1918), a Tristan Tzara, a Vicente Huidobro, a Vladimir Maiakovsky. Y el listado podría seguir con Ilia Zdánavich, Carlo Belloni, innovaciones visuales en algunos poemas de César Vallejo, Paul Eluard, E. E. Cummings, Dylan Thomas, Ezra Pound, Décio Pignatari, Augusto de Campos, Haroldo de Campos. ¿Qué te sucede como lector, como “visualizador”, cómo repercute o ha repercutido en alguna etapa?

          AP — He abordado, con optimismo, un diez por ciento de lo que informás a partir del libro de Aguirre. No discrimino, como lector, los efectos que me produce la poesía. Si tiene ritmo, música, su tiempo y me permite elaborar mis visiones, la adopto de inmediato y seguramente producirá efectos en mí. Un gran amigo y poeta, José Emilio Tallarico, de los mejores lectores de poesía que conozco, una vez, escuchando textos míos, dijo que mi poesía eran “paisajes
mentales”: acaso medianamente emparentada entonces con cierta visualización.


          13 — En una de las últimas páginas de su “Salvo el crepúsculo”, establece Julio Cortázar: “…agazaparse en la ironía, mirarse desde ahí sin lástima, con un mínimo de piedad…”  ¿Qué poetas o poemas donde impere la sátira, la insolencia, la socarronería, la broma, la agudeza, la acrimonia, atinarías a destacar?

          AP — No recuerdo poemas de esas características. Aunque los hay notables, de los que podríamos llamar “serios”, que contienen elevadas dosis de sátira o socarronería. En ese campo incluyo a Gonzalo Rojas, en cuya obra se advierten algunas de esas premisas. Y está dentro de una gran poesía.


          14 — ¿Qué leés “por arriba”? ¿Qué leés “picoteando”? ¿Qué leés trastabillando?

          AP — Por arriba, picoteando, leo libros de poesía en las librerías, para ver si tal autor o su poesía pueden interesarme. Trastabillando no leo nada, es por demás incómodo, y peligroso para mis averiadas rodillas.


          15 — ¿Qué películas basadas en novelas, o eventualmente en biografías u otros géneros literarios, recomendarías?

          AP — En general las inglesas me parecen impecables en su conjunto de adaptación, actuación y sobre todo en la puesta de época. Me resultó muy potente la interpretación de Stephen Fry como protagonista del film “Oscar Wilde”, increíble, como también la participación de Vanessa Redgrave. Son excelentes las que he visto sobre novelas de las hermanas Brönte. Como cinéfilo, siempre disfruté enormemente de los grandes directores y, en especial, de actores y actrices británicos; por momentos siento que inventaron la actuación, sea teatral o cinematográfica.


          16 — ¿Personajes que te hubiera agradado encarnar por un día o unas horas? ¿De qué escritores (de todos los tiempos) te gustaría ser amigo o al menos tener una charla larga y tendida?

          AP — No me hubiese gustado encarnar a nadie ni por un día o unas horas, bastante trabajo he tenido, tengo y tendré por el tiempo que me reste en ser yo mismo, y de encarnarme, claro. Con respecto a escritores con los que me hubiera agradado charlar un buen rato en algún bar porteño o de París: Cortázar, sin dudas. Me alucinan su mente brillante y creatividad. Tuve la fortuna de compartir un par de encuentros intensos con Roberto Juarroz y en menor medida con Ernesto Sábato, Antonio Gamoneda, Mario Trejo, Francisco Madariaga, Edgar Bayley y Jorge Boccanera. Acaso una cuenta pendiente para esa propuesta sería con Odysseas Elytis, el mexicano Efraín Huerta, Joaquín Giannuzzi, Enrique Molina, Dylan Thomas. Y el listado podría seguir.


          17 — ¿Te recomponés rápida y satisfactoriamente de situaciones que te confunden y desconciertan?

          AP — Acontecieron más de las que quisiera, y la posibilidad de recomponerme en forma rápida y satisfactoria depende de la intensidad de la confusión y desconcierto que me produzcan. Lo que más me afecta y me cuesta remontar es la traición.


          18 — De una encuesta de www.mardulceeditora.com.ar adopto “la dulce pregunta… levemente abyecta” (Daniel Guebel), que ahora te formulo: ¿contra qué escribís?

          AP — No escribo absolutamente contra nada, jamás lo hice. No es el camino de la poesía, de la mía, al menos.


          19 — El 20 de junio de 2007 en nuestro café literario, teniendo como invitada especial a la poeta María del Carmen Suárez, leíste el texto —inédito en la Red— que habiendo sido articulado con Alicia y Alberto, vos redactaste, y que titularas “Evocación de Mario Morales”. ¿Lo damos a conocer?

          AP — Sí, desde luego, con pequeños retoques:

          “Mario Morales nació en Pehuajó, provincia de Buenos Aires, en 1936 y falleció en Buenos Aires el 29 de enero de 1987, a los 51 años. Fue discípulo de Roberto Juarroz y Antonio Porchia, a quienes siempre reconoció como sus maestros. Con Juarroz posteriormente desarrolló una amistad personal y una estrecha conjunción poética que desembocó en la fundación de una relevante revista, “Poesía=Poesía”, que produjo veinte números entre 1958 (un Morales de apenas 22 años) hasta 1967. Escribieron un poema conjunto, “El otro pensamiento”, el que lamentablemente no pudimos encontrar entre la documentación revisada para esta ocasión.
          Poeta de profusa formación literaria, filosófica y hasta religiosa (Profesor de Filosofía y Pedagogía, dictó Literatura, Metafísica e Historia del Arte), fue en los ‘80 un factor aglutinante de importantes voces poéticas con quienes formó el que se conoce como grupo “Último Reino”: entre otros, Víctor Redondo, Jorge Zunino, Daniel Chirom, Pablo Narral, Enrique Ivaldi, Roberto Scrugli, Horacio Zabaljáuregui, María Julia de Ruschi Crespo.
          Con anterioridad había integrado otros grupos, siendo el más relevante “Nosferatu”, el que llegó a editar doce números de la revista del mismo nombre entre 1972 y 1978. Mantuvo estrecha amistad con Edgar Bayley y Francisco Madariaga, con quienes solían embarcarse en interminables veladas de letras, vida y vino. Ha publicado entre 1958 y 1986, seis volúmenes de poesía: “Cartas a mi sangre”, “Variaciones concretas”, “Plegarias o El eco de un silencio”, “La canción de Occidente”, “La tierra, el hombre, el cielo” (conformado por los poemarios “El polvo y el delirio”, “El juglar de los ojos ciegos” y “La distancia infinita”), “En la edad de la palabra”. Mantenía inéditos al menos otros siete libros escritos entre 1962 y 1973 y un volumen de poemas comprensivo de su obra entre 1981 y 1985.
          Para Mario, “La poesía es la casa del relámpago”. Como afirma Daniel Chirom en una justa, extensa y relevante nota en la Revista “El Jabalí” (Nº 7, 1997), su poesía cumple lo que decía Morales en su último libro: “Persigamos excesos”. Poesía inconformista, vital, áspera y refulgente a la vez, jugando al filo del abismo con fragmentos de sangre y silencio, con ese gesto anónimo que las hojas escriben al caer en la soledad o en la tierra. A mediados de los ‘70 emerge una de las cofradías poéticas más amalgamadas de la literatura argentina: la del neoromanticismo. Declaraba, desde el inicio, su filiación con el romanticismo alemán (Von Kleist, por ejemplo) y el surrealismo, tanto el francés como el de su versión loca: el de los argentinos Enrique Molina —fundamentalmente con su exquisito “Hotel Pájaro”— y Olga Orozco.
          Nuestro paisaje político, como el del romanticismo o el de la mística, era la noche; pero una noche sin alba ni trascendencia, como la de una cárcel. Quizá la mayor noche de nuestra historia: la del Proceso de Reorganización Nacional, eufemismo de la más cruel dictadura que haya asolado a este país. Noche y desaparición de la democracia, de los derechos, de la verdad; desaparición de vidas y junto a ellas, miles de sueños. La poesía, su lenguaje, buscó la otra noche, otro reino, no como evasión, sino como salvación lírica, como habitar poético, diría Hölderlin, aunque el habitar haya sido un destierro abrazado. Eran años tan negros que buscar la belleza era una rebelión, era encender la noche.
          “Último Reino” aparece en octubre de 1979 y fue el encuentro, amalgama, fusión, síntesis entre dos grupos: “Nosferatu”, congregado en torno a Morales, y “El Sonido y La Furia”, que incluía a Víctor Redondo y Susana Villalba, entre otros poetas afines al planteo neoromántico que antes los había reunido en el intento de resistir el avance de la razón utilitaria, la razón instrumental, la desacralización. Más que una estética, una crisis. Esa misma noche le dará a su poética un cierto tono umbrío, un cierto hermetismo, no complaciente de sí sino necesario.
Allí no reinan los límites de la razón (que es la razón de los límites), sino los claroscuros de la profundidad, la penumbra de lo hondo, los bordes temblorosos de lo naciente. El mundo neoromántico fue un recorte de sentido en la prosa de la realidad para “Último Reino”. En ella no entraba lo que ya es sino lo que aspira a ser, lo que debe ser, no en el sentido moral sino en el sentido imaginario: se trataba de crear y, sobre todo, y como a priori, de imaginar: imaginar para elevar. La imaginación es en esta estética la fuerza motriz, el poder para transfigurar la realidad. Encasillado por muchos como fiel exponente del neoromanticismo (al igual que los integrantes de “Último Reino”), coincidimos con  Daniel Chirom en que por Morales corren además el surrealismo y lo beatnik (era admirador de Ferlinghetti, Corso, Kerouac, Ginsberg). El tono de su poesía es exaltado y vertiginoso, oculta la atroz visión del mundo para apoderarse mejor de ella. Y sus poemas se vuelven plegarias por la luz, porque la vida es la gran nostalgia de Morales. Y como mago y poeta, se sabe ni aquí ni allá, sino más acá y más allá. Y esa especie de ambigüedad la sintetiza en fragmentos, como cuando puntualiza que “el terror y la belleza nos salvarán”. Tiene la particularidad de no anular las oposiciones, sino de agudizarlas. Su poesía contiene una gran ironía crítica en medio de estallidos, excesos y manotazos desesperados.
Esa enjundiosa búsqueda, acaso inútil, se refleja en su decir:

“entonces la soledad única,
la salvaje lujuria: ‘la plegaria del hueso’
en la niebla final de los orígenes”

o

“y hay un porvenir de flor brotando de su propio color arrepentido.
Y hay un estallido
Ciego,
Y algo, y todo para nada.
Y desnudos.
Y despertar como una canción en el polvo.
Amén.”

o

“a veces,
cuando el silencio se da vuelta
y canta hasta despertar,
hasta cubrir de alas ese presagio de catástrofe
que tiembla como una penumbra en el fondo de las últimas raíces.
A veces, solamente a veces,
el fondo de la vida hecho de piedra y soledad
y cicatrices de lluvia buscando su forma de caer o permanecer
semejantes a un pensamiento abrazado
a su día y a su noche y a su edad
de relámpago, de flor unánime”.

o

“Pero, sobre todo, hay la noche:
esa caída en bloque, esa furia de témpanos, ese paso hacia atrás
donde la memoria vacila y se hunde
vulnerada por un poema que sabe a olvidos y resaca,
y a despertar en la niebla como el ala de un pájaro en la soledad”.


          Mario Morales es un poeta a quien aún se le debe una lectura en profundidad y un reconocimiento a su trayectoria y valores poéticos, debido a una muy marcada voz propia y a haber impreso con su sello una dirección diferente a la poesía de los años ‘80. Probablemente su escasa pretensión de notoriedad y figuración hayan contribuido al silencio con que se ha retribuido su enorme aporte a la poesía de las ultimas décadas. Esta evocación pretende, al menos, rescatarlo de ese podio invertido y generar la curiosidad de involucrarse en lo que generó y en su producción poética, inexistente hoy aún en los anaqueles de las amadas y casi extinguidas “librerías de viejo”. Quienes fuimos sus discípulos y amigos nos arrogamos la fortuna de contar con su obra editada completa.”


*

Alfredo Palacio selecciona poemas de su autoría para acompañar esta entrevista:


NO SE SI ES PRUDENTE
dar a luz este poema.
Es que no habla de la noche
del amor ni de los barcos.
No habita ventanas
ni hunde sus pasos en el mar.
Carece de magia y silencio
sus labios nada besan
                 y ha perdido el tacto
                                               en cualquier otra cintura.

Faltan el riesgo y la nostalgia
                               los bordes de sal
                                                       la desmesura.

No tiene fuego
         Furia
                  ni aún
                           el más común de los lugares.

Olvidó el tabaco
                        los licores
                                      cada color que baja la escalera.

No hay pájaros ni asombro
azufre, sándalo o trinchera.
Si hasta el papel y los latidos
                                        decidieron ausentarse.

No acuden el sexo y la memoria.

Frutas, música y corceles
                                     no son su fundamento.

Nada late
no hay esencia.

Y yo también
          estoy en otra parte.

No sé si es prudente     
                      dar a luz este poema.


                                       (de “Filamentos”)


*


TAL VEZ YA NO QUEDE CLARIDAD SOBRE LA TIERRA
y el único porvenir sea
                   pasear nuestros difuntos.           
Es posible que la noche confunda al poema
y apenas le deje una ventana
                             para sus ojos vacíos.
También
que esto ya se haya dicho
                                y yo deba
                                               marcharme incompleto.


                                                     (de “Filamentos”)


*


A VECES LA VECINA
busca en mí otra mirada.
De aceite
   vacío
           o entrepierna.

                                Se arriesga al tigre.

A veces la vecina
es otro territorio.

Luna menguante

sábana en espera
                    perfume para la ocasión.


A veces la vecina
es
    tan extranjera como yo.

Y caemos sin saberlo
                   del uno al diez
                                  por la lengua filosa del consorcio.


                              (de “Segundos afuera”, inédito)



*


ABRES UNA CAJA
                           y otra
                                y otra más.

Como muñecas rusas
o un laberinto chino.
Parece sólo un juego.
                       Habrá que ver.

Entras y sales
pero no te quedas en ninguna.
Ninguna te retiene
ninguna toca tu esencia
no llega al fondo ni a tu lluvia
a tu penumbra más fiel.

Apenas un roce
un perfume que alienta
una seda amarilla
con su labio a los costados.

Abres una caja
                     y no está
                                 llena de sorpresas.


                      (de “Segundos afuera”, inédito)


*


BABY FACE
machaca el blues
                      en la penumbra y sus alcoholes.

Baby Face es un recuerdo
una estación perdida
                       en la urgencia de los sueños.

Ella canta sin importar las consecuencias
este hueco en el alma
                          esta bruma que arrasa.

Baby Face ya no te veré nunca
tu piel de menta no resbalará entre mis dedos
quedará entre todo lo que no fue.

                                      Tu vino y el mío
                                                        no contarán su historia.

Baby Face
sólo fuiste un intenso blues
que mezclo con tu rouge corrido y mi caída
con tus piernas y cada amarillo
con la noche que se estrelló sin aviso
                                                 sin piedad
                                                              sin nosotros.


                                       (de “BluesEros”, inédito)



*


ELLA AVANZA EN PUNTAS DE PIE
sobre la fina cuerda en las alturas
sin trapecio ni red
                    ningún sostén si su paso decide equivocarse.

Va erguida y triunfal
su bello pecho de proa
el cabello negro entre cintas rojas
sus labios dibujando un beso de fuego.

Yo oscuramente
especulo con algún error de cálculo
alguna vacilación
una caída que me permita
abandonar mis dados y el cuchillo
sostenerla entre mis brazos
ser su salvador casual
que nada pase a mayores.

Y luego del sobresalto
jugar con mi copa de vino entre sus piernas
                                               que aún estarán temblando.


                                (de “BluesEros”, inédito)



*

Entrevista realizada a través del correo electrónico: en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Alfredo Palacio y
Rolando Revagliatti.


Ricardo Ponce Castillo-Chile/Febrero de 2017



TE QUIERO

Ya,  ya
no me atormentes más,
por favor, ten piedad de mi,
sí, sí, te quiero, ya,
porque decir algo
que se nota a leguas,
porque revelar una verdad
que es mejor ocultar,
para que lo nuestro
no alcance la mente
de los que no saben pensar,
de los Hodes
que sólo nos van a condenar.

Por eso lo prefiero así,
mirarte en silencio
y fustigar a mi corazón
con un guiño o una mueca maliciosa,
pues su latido rompe el silencio
y su canto llega
hasta las estrellas,
y su caricia imaginaria
abre los surcos
de mi poético corazón
que me llevan a decirte:
¡Sí amor mío,
te quiero!.


Carlos Parodiz Márquez-Argentina/Febrero de 2017




Entrevista realizada por Carlos A. Parodiz Márquez, a través del correo electrónico, a Rolando Revagliatti y publicada en el Suplemento “Espectáculos y Cultura”  del diario “La Unión” de Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, la Argentina, el 19.6.2011.





C.P.: ¿Cuál es tu historia personal, Rolando, por lo menos la que quieras contar?

R.R.: Elijo, Carlos, según mi ánimo actual, este recorte: Soy el único hijo de mi padre y mi madre. Mi padre fallece a sus 60 años, cuando yo tenía 21. Y mi madre soporta, desde hace varios años, en pésimas condiciones de salud, el sinsentido de la mera perduración. Mientras, yo perduro estaqueado por la mortificación extrema a la que me somete su  longevidad.


C.P.: ¿Géneros frecuentados?

R.R.: Dramaturgia, exclusivamente en los años setenta; narrativa, casi toda ella en los años ochenta; poesía, con intermitencias, desde la adolescencia.


C.P.: ¿Obra publicada?  ¿Y en qué soportes?

R.R.: En soporte gráfico he publicado un volumen que reúne mi dramaturgia, “Las piezas de un teatro”, dos con cuentos, relatos, microrrelatos: “Historietas del amor”, “Muestra en prosa”, y quince poemarios. Además, “El Revagliastés”, una pequeña antología poética personal, y “Revagliatti – Antología Poética” con selección y prólogo de Eduardo Dalter. Todos cuentan con ediciones electrónicas, disponibles gratuitamente en PDF y en libro Flash, no sólo en mi sitio de autor, www.revagliatti.com.ar , sino que también en bibliotecas virtuales, blogs, etc.


C.P.: ¿Qué significa para vos la poesía, la literatura o aquello que, en el camino de la expresión, te haya conmovido más?

R.R.: Los desgarramientos han sido lo que más me han ido conmoviendo. Y los procesos de restauración, las iniciativas reformuladoras, a veces reformadoras o de horizontes revolucionarios. La dinámica entre aquello que cae, se diluye o degrada y el aura generatriz.


C.P.: ¿Las colaboraciones en medios y la creación de algunos, merecen alguna reflexión?

R.R.: He privilegiado la difusión de mi quehacer literario, tanto como he desestimado el tipo de esmero que requiere ofrecer libros inéditos en convocatorias de toda laya. Me complace llegar a lectores exigentes a través de medios acreditados y también a eventuales lectores de sencillas publicaciones periódicas. Como editor, lo he sido concienzudo y de humildes colecciones de pliegos: tales “Olivari” y Huasi”, en homenaje a esos notables innovadores de la poesía argentina que han sido Nicolás Olivari y Julio Huasi.


C.P.: ¿Sos cuidadoso en el tratamiento y difusión de tu obra?

R.R.: Lo soy (creo para mí). Y coherente.


C.P.: En la literatura, ¿mentores, referentes o valoraciones de alguno de ellos?

R.R.: Mentores, no. Escritores que leí con entusiasmo en mi primera juventud: David Viñas, Adolfo Bioy Casares, Oliverio Girondo, Nicolás Guillén, Ernesto Sábato, Marqués de Sade, Harold Pinter, Simone de Beauvoir, Alfred Jarry, Raúl González Tuñón, Florencio Sánchez, Alfonsina Storni, Honorato de Balzac.


C.P.: ¿Hay un tema no abordado sobre el que quisieras hacer mención?

R.R.: Sí, y podría ser conveniente información para algunas de la personas que recorran esta entrevista, Carlos: mi condición de productor de, hasta ahora, 185 videos absolutamente editados, diseñados (es decir, no socializados “en bruto”, como vienen) por diversos colaboradores. Ellos están disponibles en su totalidad en http://www.youtube.com/user/rolandorevagliatti.


Tres preguntas al margen:
¿Qué es el viento?

R.R.: Fascinante, si estoy a resguardo. Yo soy “hincha” de la brisa.


¿Cuando sale el sol el día saluda?

R.R.: Sobre todo a mí que, como afirmo en el título de un poema, “Yo sí que tengo algo grosso con la noche”.




La noche me encima
                me compele
la noche me vigila

¿Qué atribuyo a esa vigilancia?
¿Y qué vulnera?
¿Consigue vulnerar por un reclamo ínsito?
¿Dónde se formaliza el reclamo?
¿Es firmado e impartido por quién?
¿Hay un sello?

Está sellada
mi vigilancia
del vigilante.


¿Quién es Dios?

R.R.: ¿Un insoslayable? (a esta altura de un campeonato que se prosigue como de indetenible “clausura”).





*


Buenos Aires, abril 2011.


____________________________________________________________________

Susana Osti/Febrero de 2017



FRENO A TIEMPO

     Iba por la autopista rumbo al aeropuerto, pensando en los sucesos ocurridos los días previos al viaje.
     Había discutido con su novio, no podía entender que dejara un puesto seguro por una ilusión que, según él,  podía llevarla al fracaso. Ella quería cumplir un proyecto que hacía mucho tiempo tenía en su cabeza y este era el momento de cumplirlo, era joven, no tenía un matrimonio ni hijos y el trabajo que poseía no la gratificaba, solo le permitía vivir dignamente.
     Sus padres la apoyaron, no les gustaba mucho el novio que había elegido y creían que era una buena oportunidad para alejarse de él, además de la ventaja de desarrollar su profesión en el lugar que ella siempre había soñado.
     En el trabajo fueron muy comprensivos y,  aunque ella era una excelente empleada y  no querían perderla, entendieron su necesidad.
     Sus amigos la apoyaron totalmente, creían en su capacidad y más allá de la extrañeza, la impulsaron a mirar hacia adelante y a ser hacedora de su propio destino.
     Su vida empezaba a encaminarse hacia donde ella deseaba.
     Estando en este derrotero y mirando atentamente el camino, sin motivo aparente, clavó los frenos del auto, que chirriaron, largando un humo intenso y blanco.
     Luego de la sorpresa,  por esa frenada indeseada, miró alrededor para verificar que ningún accidente hubiera provocado e incluso para ver que su cuerpo no hubiera sufrido ningún traumatismo.
     Pero algo no entraba en su reconocimiento. El auto estaba ocupado por otras personas, la autopista ya no estaba. Le llevó algunos minutos  entender lo que ocurría. En realidad estaba en un patrullero, con dos policías en él, y ella estaba esposada. No comprendía nada, intentaba pedir explicaciones pero la hacían callar, aunque ella no entendía el idioma que hablaban, creía que era ruso. La bajaron a los empujones y la condujeron de mala forma hacia ¡la cárcel!
     ¡Dios! ¿Qué era esto? no podía comprender lo que estaba ocurriendo, hacia unos minutos que estaba a punto de concretar un sueño y ahora estaba entrando en una cárcel en un país que desconocía, ¿cómo había ocurrido?
      Ya no estaba segura de estar despierta, era obvio que esto era un mal sueño, o había perdido la memoria o…No sabía que día era, ni qué hora, ni siquiera qué año.
      Entró en un recinto gris, una mujer policía la cacheo de pies a cabeza y la llevaron a una celda, pequeña pero limpia, con un catre y un lavatorio en un rincón. Le quitaron las esposas.
      No sabía qué hacer. Se quedó parada en el medio de la habitación, se refregó los ojos, sacudió la cabeza para despertar de lo que era, de seguro, una pesadilla, sin embargo se sentía muy real. Estaba muy cansada, se miró y se vio vestida con ropas grises, estaba muy flaca. Decidió tenderse a dormir, seguro cuando despertara, otra sería la historia.
     Durmió mucho, o así lo creía ella. Cuando despertó se desperezo creyendo estar en su cama y aún con los ojos cerrados pensó en las últimas cosas que debía poner en el equipaje.
     Abrió los ojos y para su asombro comprobó que no estaba en su cama. La habitación en la que estaba era preciosa, una cama enorme, con mullidas almohadas, un cobertor muy suave y cálido. Las ventanas vestidas con hermosas cortinas. ¿Qué estaba ocurriendo?
     Muchas imágenes se les agolpaban en la cabeza. La autopista, el viaje, la cárcel y ahora esto. Nada era comprensible, su mundo estaba patas arriba.
     Un hombre entró en la habitación con una bandeja de desayuno. Muy contrito el saludo en italiano, le acercó la bandeja, le deseó un buen día y se retiró. Ella miró la bandeja y en la servilleta leyó grabado el nombre de un hotel de Roma. ¡Ahora era Roma!
     Comió con avidez y decidió no volver a dormirse, necesitaba entender que pasaba.
     Se levantó después de devorar el desayuno, por razones que ella desconocía tenía un hambre voraz,  miró por la ventana y desde allí divisaba no muy lejos el Tiber, y del otro lado el trastevere.
     Había llegado, estaba en destino. Entonces todo había sido un mal sueño, aunque no recordaba nada del viaje, ni de cómo había llegado hasta allí, quizás habría sufrido un golpe en la frenada del auto y tenía una pérdida de la memoria reciente. Era la única forma de entender.
     Se bañó, se vistió (toda su ropa estaba prolijamente acomodada en el placar), se maquilló y salió a la calle.
     Sin vacilar, caminó hasta su oficina, entró en ella con seguridad, fue recibida con naturalidad, saludó en italiano, se sentó en su escritorio y empezó a trabajar como ella imaginaba hacía todos los días. Solo que esta vez tuvo que mirar el calendario para confirmar el día en que estaba.
      Increíble, hacía seis meses que estaba en Roma, y aunque le pareció imposible de entender, el trabajo acumulado, su fluidez con el idioma y la soltura con que se manejaba, le confirmaban esta realidad.
      Una colega se acercó a ella y le comentó que su compañera de cuarto ya había dejado su departamento y que podía dejar el hotel y mudarse con ella.
      No sabía muy bien que contestar, pero por lo visto ella misma había solicitado mudarse con ella para no sentirse tan sola en la habitación de hotel,  y agradeció la noticia.
     Quedaron en hacer la mudanza al salir de la oficina, ya que en el hotel solo tenía sus efectos personales.
     Y así ocurrió, el traslado fue tranquilo, su compañera era muy charlatana pero muy alegre y solícita. El departamento era muy agradable con dos dormitorios, pero ella ya lo sabía porque había estado allí en varias oportunidades, aunque ella no era muy consciente de ello.
     Recibió una llamada de sus padres que le contaron que el embarazo de la hermana iba viento en popa. ¿Qué,  embarazada mi hermana? ¿Desde cuándo? No quiso preguntar mucho, no fueran a creer que estaba loca.
     El celular sonó, un SMS de un tal Gino invitándola a cenar. ¿Quién era este Gino? ¿Qué le contestaría? Decidió esperar un rato antes de responder. Se dio un baño de inmersión, con sales y espuma, que la relajó al punto de dormirla. Al despertar,  para su sorpresa seguía en la misma bañera del mismo baño. Bueno, parece que las cosas se acomodan.
     Se secó con fruición, se pasó aceite por el cuerpo, se secó el pelo y decidió salir del baño para aceptar la propuesta de Gino. No tenía idea de quién era, pero tenía la necesidad de entrar en una normalidad que por alguna razón había perdido.
     Salió del baño y una nube blanca la cubrió por completo, no alcanzaba a ver mucho pero sentía algo blando bajo sus pies. En realidad era arena, arena caliente, que le quemaba los pies. Empezó a correr para escapar del calor intenso, a través de la bruma,  hasta  llegar al agua del mar que tenía a unos pocos metros.
     Sentía que se estaba volviendo loca. ¿Qué pasaba ahora?  No alcanzaba a entender lo que ocurría a su alrededor. Temía mirarse por estar convencida de estar desnuda cubierta con una pequeña toalla en el medio de una playa. Al fin percibió que tenía puesto un traje de baño color violeta y que estaba rodeada de gente que disfrutaba del día de playa y que la miraban como un bicho raro.
     Esto parecía un proceso interminable, ¿cuándo iba a terminar este suplicio?  pasaba de un estado al otro, de un sitio al otro y no podía encontrar a nadie familiar que lograra explicarle que le pasaba.

     Sus padres la miraban a través de la ventana de su habitación de hospital, lloraban viendo como su hija se retorcía y se quejaba……la abstinencia estaba haciendo lo suyo.



Cecilia Ortiz-Argentina/Febrero de 2017



El amor anida en mis manos
como un día claro y virgen
mi corazón en plenilunio
ha mirado la tarde transparente
y alcanzo
a llamarme por mi nombre.
Reconozco el relámpago
de sellar puertas
con nuevo lenguaje.
Y late
y tiñe de rojo
-me invade por el centro de mis ansias-
y el oleaje que sacude mi corazón
me deja sin preguntas.

Soy
como una rosa que se abre
sin disfraces.

María José Mures-España/Febrero de 2017



Qué título tiene

Qué título le pongo a un poema
que solo quiere decir:
Te amo mi amor
y así hasta caer agotada.

Qué título tiene un poema
que me deja hecha un ovillo esperándote.

Qué título tiene media cama vacía
y unos labios esperando tus besos
¡mi amor!
¿qué título tiene la espera?
solo esperar…


Diana Mesterman-Argentina/Febrero de 2017



Amor

Y si fuera el amor
reptando en la sombra
perenne de los sueños
el cuerpo intacto de la inocencia
el lugar de una sonrisa
la ligera humedad de los pinceles más preciados
una puesta de sol.

Y si fuera el amor
la cautelosa distancia del naufragio
el hambre sigiloso de la agonía latiendo.