lunes, 23 de febrero de 2015

Rolando Revagliatti-Argentina/Febrero de 2015







Hugo Alberto Patuto: sus respuestas y poemas

Entrevista realizada por Rolando Revagliatti



Hugo Alberto Patuto nació el 26 de enero de 1961 en Conesa, provincia de Buenos Aires, la Argentina, y reside desde 1990 en otra localidad de la misma provincia: Pergamino. Es Profesor Nacional de Castellano, Literatura y Latín. Fue docente y empleado judicial. Y uno de los fundadores, en 1982, del Grupo Literario “Disámara” de la ciudad de San Nicolás, también en la provincia de Buenos Aires, donde dictó las conferencias “Ernesto Sábato: aproximación a su narrativa” (1988), “Federico, qué corazón!”, compartida con el poeta Astul Urquiaga, hijo (1997), “Homenaje a Roa Bastos” (1999) y el seminario “La metáfora: señal de la intemperie sin fin” (1997). Además de actuar como jurado en certámenes literarios regionales, nacionales e internacionales, obtener numerosos premios y ser incluido en antologías de su país y de Italia, fue difundido su quehacer, por ejemplo, en las revistas “Clepsidra” y “Sr. Neón” (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), los diarios “Rosario” (Rosario, Santa Fe, la Argentina), “El Norte” (San Nicolás), “La Opinión” (Pergamino) y en propuestas electrónicas.  Con el artista plástico Sergio Bonzón y el actor Miguel Fanchovich organizó dos muestras pictórico-literarias en el Colegio ICADE de Pergamino (1997 y 1998). Coordinó en 2001 el taller literario “La posta de los versos”, dependiente de la Escuela Municipal de Bellas Artes de Pergamino. Sus libros de narrativa breve son “Acuario de sorpresas” (1994), “Jauría y otros relatos” (2012), mientras que  son sus poemarios editados: “Precioso ángel en llamas” (1982), “Orilla en la sangre” (1989, Faja de Honor otorgada por la Asociación de Escritores Nicoleños en 2012), “El destino de la nube” (1993), “Como podría decirse del viento” (2001), “El tatuaje de las voces” (2009).




          1 – Conesero durante casi treinta años, Hugo, habrás ido tornando a pergaminense por adopción y con intensos lazos nicoleños. Sos un exponente de escritor bonaerense consubstanciado con el transcurrir de una de las zonas más ricas de nuestro país. Sos testigo y partícipe privilegiado de las derivas de Conesa, Pergamino (“La Perla del Norte”) y San Nicolás de los Arroyos. Te propongo que nos interiorices sobre tu transcurrir en dichas localidades.

          HAP – Cursé estudios primarios y secundarios en Conesa; egresé como técnico mecánico de la Escuela de Educación Técnica Nº 1 "Juan Bautista Alberdi" en 1979. Había obtenido, en 1978, una mención honorífica en el Certamen Literario "XXXVII Aniversario de la Asociación Cultural Rumbo" de San Nicolás; conocí a Jimmy Urquiaga, también galardonado. Su padre, Astul Urquiaga, poeta que integrara el Grupo "Arroyo del Medio", fue inspirador y acompañó hasta su muerte (ocurrida en 1990) a "Disámara". Fui empleado administrativo en la Cooperativa Agrícola Conesa entre los años 1981 y 1985. Inicié el Profesorado de Letras en San Nicolás, en 1983, obteniendo el título en 1988. Desarrollé tareas en el Juzgado Federal de San Nicolás, en el período 1986 y 1990. En ese último año me establecí en Pergamino, cubrí suplencias como profesor, me casé con Adriana Mínguez y nuestros hijos se llaman Ignacio (1992) y Gastón (1997).
          Conesa, San Nicolás y Pergamino han significado para mí la ferviente adhesión a un movimiento social y artístico, cuya relevancia pulsa en el teatro, la plástica, la música y la literatura. Destaco la labor del Teatro Estable de Conesa, dirigido por Miguel Ángel Mutti: “Bon your Tailandia”, su última puesta en escena. El Grupo Literario "Disámara" está abocado al homenaje al poeta Astul Urquiaga, con motivo de cumplirse en julio de 2014 el centenario de su natalicio. En Pergamino tuvo lugar el estreno de "La Piaf", exitosa comedia musical. Con el Grupo Literario “Hojarasca” llevé a cabo la edición de mi libro "El destino de la nube", y con el Grupo Literario “Siete Mujeres”, la presentación de "El tatuaje de las voces", además de la participación en cafés literarios. El Taller Libre de Poesía y Narrativa de la Casa de la Cultura de Pergamino, coordinado por Edna Pozzi (1997 a 1999), fue una experiencia que valoro; aprendí a replantear el hecho estético dentro de la creación. 



          2 – A los 21 años, en simultánea con la aparición de tu primer poemario, ¿con qué otros escritores fundás el Grupo Literario “Disámara”? ¿Qué iniciativas sostuvo el grupo?

          HAP – Me acompañaron en la fundación los escritores Miriam Cairo, Laura Malatesta, Ana Santillán, Piero De Vicari, Daniel Erne, Jorge Maciel, Sebastián Olaso, Daniel Ruiz, Pedro Antonio Salinas, Pablo Scervino (quien ha fallecido), Javier Tisera, Astul y Jimmy Urquiaga. Nos fuimos dando a conocer en la Feria del Libro de San Nicolás, compartida con el Círculo de Escritores de Ramallo (como sabés, esa otra ciudad de la región) y en ciclos y espacios de arte de la provincia y de la ciudad de Buenos Aires. Mantuvimos durante cinco números (1983 a 1987) la revista literaria “Disámara”. Del editorial del Nº 1 transcribo: "Aunque sean molestas y parezcan frías y súbitas, las explicaciones un poco técnicas o científicas son necesarias en este principio y queremos ser entendidos. Disámara es un fruto seco, con pocas semillas y pericarpio extendido a manera de ala como la del fresno, el olmo, el arce, la tipa y otros cuya diseminación se realiza por medio del viento (anemófila), pero además, a partir de este momento y por su humilde condición de vehículo de vida, Disámara pasa a constituir el nombre de esta revista... Nosotros creemos en la tierra fértil, pero también consideramos el asfalto interno y el frío albergue del cemento. Hemos emprendido vuelo deseando no caer, o caer, para radicarnos definitivamente en la luz o en la oscuridad que te acompañe. Sabemos que no es fácil afrontar esta condición de Disámara solitaria y, desde este inicio, esperamos no caer en el lado asfaltado del mundo."


          3 – Vos y yo nos contactamos por correo postal no mucho antes de la irrupción de “Orilla en la sangre”. Nos vimos en dos oportunidades: cuando como invitado de un evento que amigos nuestros organizaron en San Nicolás, realicé una lectura, tal vez como parte de una entrevista, y cuando como invitado mío realizaste una lectura y respondiste un par de preguntas, en el segmento a mi cargo que durante cuatro años formó parte del café literario “Último Infierno”. Introducción ésta para proponerte que nos aportes tus impresiones sobre los efectos en el público de las lecturas de poemas por sus propios autores. Y, además, sobre los efectos en vos como público y en vos como lector.

          HAP – La lectura de poemas genera calidez; una sensación recíproca, de encuentro. En los primeros recitales de "Disámara", escuché el comentario: "Los poetas no saben leer sus poemas", aludiendo a esa rara combinación de timidez, ansiedad y pavor que me invadía; y recibí, luego de mi participación en el Segundo Festival Internacional de Poesía  (2012), la opinión de los poetas John Oliver Simon y Craig Czury. Un gesto relacionado con lo maravilloso de cada lectura. Siempre la voz del poeta extiende, al leer, un secreto que la palabra recrea en el público. Así lo he vivenciado al escuchar a Joaquín Giannuzzi, Ana Emilia Lahitte, Diana Bellesi, Astul Urquiaga, Mario Verandi, entre otros autores. Y como lector, intento una asimilación del motivo lírico para que la gente disfrute, con pausas, armoniosamente. 



          4 – En 2011 presentaste al poeta Jorge Boccanera en el curso “Imagen y trama dialogada: los movimientos de vanguardia en la poesía latinoamericana contemporánea”, organizado por la Asociación de Escritores Nicoleños. Creo factible que integres la A. E. N. Me gustaría que nos informes y opines sobre ella.

          HAP - Soy socio de A. E. N. desde 2012. En 2011 había participado del Ciclo de Poesía "Hasta Romper las Cuerdas" y al año siguiente del Ciclo de Narrativa "Fogatas de Otoño". La Asociación de Escritores Nicoleños ha venido desarrollando una labor que se refleja en los festivales internacionales de poesía y regionales de minificción, lectura de poemas con debate y conferencias. La camaradería, el placer de cuanto subyace detrás de la palabra y la posibilidad de transformarlo en algo tangible, merecen un aplauso. En 2013 fui invitado, junto a Ivana Szac, Sandra Latanaferro Pasquini, Juanchi Galeano, Patricia Durando y Cintia Bravo, al Ciclo "Sábados de Poesía" en el Museo y Archivo Histórico Municipal "Gregorio Santiago Chervo". El silencio del público dejó en claro el nivel de atención y respeto para con los poetas. Añado, Rolando, que no he integrado ni integro otras asociaciones de escritores.



          5 – Varios años transcurren entre cada uno de los poemarios que fuiste dando a conocer. ¿Podrías describir un poco cuál fue el punto de partida para la composición de “Precioso ángel en llamas”? En 1993 aparece otro libro tuyo: “El destino de la nube”. ¿Qué dirías que ha cambiado en 2001, al llegar a “Como podría decirse del viento”? ¿Cuáles serían las preguntas esenciales que recorren “El tatuaje de las voces” y cuáles son las respuestas que propone?

          HAP – “Precioso ángel en llamas” tuvo, desde la idea original, un propósito: divulgar algunos trabajos que había compartido en reuniones de mate y lectura. “Lo mejor de mí quedará cuando yo no sea visible; para ese fin me he preparado sin tregua”… La cita de Walt Whitman, epígrafe de “Enunciación”, el texto que cierra el libro, sintetiza el afán de comunicación, de búsqueda. Y éste es uno de sus poemas: “Lenta, tu mano recorre la piedra/ Quieta, de sol y de miedo, de tiempo/ Ebria, tu mano en mi pecho reclama/ Tierna, delicia de viento y parral.// Vital, la danza aflora del núcleo/ Ardiente, por tanto fuego y memoria/ Agreste, el cabello tiene misterio/ Breve, como una ilusión que se apaga.”
          Según Daniel Mastroberardino, poeta y escritor pergaminense radicado en Buenos Aires, “El destino de la nube” señala uno de los posibles momentos futuros de la Humanidad… El agua como refugio y alternativa”. Del poema “Ofrenda y Retorno”, la segunda estrofa: “Llevo al dominio de la poesía mi tributo/ de hombre que se funde a los murmullos/ de un bosque infinito.” El libro consta de tres partes, “Mutación”, “Escala de mi llamado” y “El poema”; un planteo existencial, el amor y la creación, respectivamente.
          “Como podría decirse del viento” tiene otra energía. En una cita inicial, declaro: “Mi casa tiene que ver con las palabras y con el adiós a la llanura. Irme canción como podría decirse del viento.” También dividido en tres partes, “Mejillas de laurel robado” (el amor, los hijos), “Cercos de niebla” (los devaneos del amor) y “La textura del río” (homenajes a Borges y Olga Orozco, un poema dedicado a mis abuelos).  
          En “El tatuaje de las voces”, dividido en dos partes, me pregunto por esa huella vital que la pasión ha dejado… El tesoro inagotable de los artistas, amalgamado con detalles familiares y personales. “Con sed acaso ebrio”: “Un destello vibra con el andar de la serpiente./ Aunque parezca imperceptible, su magia/ toca las paredes del corazón/ y al instante crece la dentellada/ en el paisaje más puro de quien mira/ con sed acaso ebrio/ por el dolor o la espera.”
          Mi poesía intenta bucear en el amor como un modo de conocimiento; retoma el devenir humano desde la palabra, entendida y consolidada por el misterio de iluminar con sencillez, gracias al poema.



          6 – Llamas, sangre, nube, viento, voces… ¿Cómo has ido decidiendo el título de cada uno de tus poemarios? ¿Qué trascendencia tiene para vos y qué alcance creés que tendrá en el lector?

          HAP – La elección de cada título se ha vinculado con la atmósfera que define el contenido. “Precioso ángel en llamas” es un poema; sin embargo, “Orilla en la sangre” pone el acento en esa limitación humana (o, mejor dicho, condición) que prepara el viaje a la otra orilla, no reflejada en versos. “El destino de la nube” comienza con una cita de Olga Orozco, y tampoco lo trasladé a un poema. “Como podría decirse del viento” abre a la perspectiva de irse como canción, de transformarse. “El tatuaje de las voces”: especie de racconto lírico de impresiones afectivas.
          Personalmente, creo en la identidad que fundará  –con el lector- un motivo para trascender el espacio del instante.



          7 – Algo así como dieciocho años pasaron entre la aparición de tu primer libro de narrativa y el segundo y último. ¿Qué asuntos abordan uno y otro? ¿Cómo ha ido modificándose o no tu forma de encarar los relatos? ¿Tenés ya material para un tercero? ¿Cuál sería su título?

          HAP – “Acuario de sorpresas” fue el primer título de la Colección Narrativa “Fin de Siglo” de Yaguarón Ediciones, de San Nicolás. Consta de trece relatos. He proyectado la ironía, el desamor y la pincelada poética a una serie de motivos; lo autobiográfico cede con la irrupción del misterio. La influencia de Cortázar es notoria.
          “Jauría & otros relatos” fue publicado por Ediciones Baobab. Lo integran veinticinco textos, en su mayoría breves. Los fantasmas del pueblo (amor, venganza, locura, etc.) surgen con aparente naturalidad. Uno de los cuentos, “Justine Ducrot”, fue concebido inicialmente como nouvelle… Reconozco mi dificultad para escribir prosa; y debo a la síntesis del discurso poético una cadencia que hace más atractiva la lectura. Voy anotando y corrigiendo… Me gustaría publicar minificciónes. ¿Un título?:  “Caminata en el corazón de la tarde”.


          8 - ¿Cuando te das cuenta que un poema o un cuento están terminados, que sólo es cuestión de pulir? ¿Hay palabras que jamás utilizarías?

          HAP – Ha sido materia de discusión en todas las épocas, y sostengo la idea del “borrador”. La intuición a través de la palabra consigue un sentido. El desafío latente guiña desde cada lector y se percibe un grado de conmoción, que puede abrazar o no al poeta o escritor.
          Las palabras que jamás utilizaría: aquéllas donde la idea y el contenido pudieran desvirtuarse.   


          9 - Alberto Girri en una carta le trasmite a Jorge Calvetti: “...y eso que más admiro en un hacedor de poemas: la constante coherencia de un punto de vista propio sobre la realidad. ¿No es eso el verdadero estilo de un creador?” ¿Te promueven, Hugo, estas líneas, un comentario?...

          HAP – Uno lee a Whitman, Rimbaud,  Auden, Pessoa –enumeración personal que denota preferencias, claro- y entra en contacto con el estilo. Una irrepetible combinación de perspectiva, sabiduría y enorme talento.


          10 - ¿Te ha sucedido que corrijas poemas después de haberlos leído en voz alta delante de otros? ¿La poesía te ha cambiado, o encauzado, o reencauzado o…?

          HAP – Si comparto una lectura, trato de reunir el material considerando el vuelo de la última línea en cada poema elegido. Con Edna Pozzi hablamos acerca del valor de la primera línea… Esa que va a permitir que la poesía fluya. En cuanto a la poesía, siento que cambia conmigo, así de simple.


          11 - ¿Qué es más importante en poesía, suscitar imágenes o conseguir cadencias musicales?

          HAP –  Ritmo: el equilibrado espacio de la imagen dentro de la música. 


          12 - ¿Qué relación existe entre superarse y resignarse?

          HAP – Un poema escrito a los catorce años dejó de volar en el secreto de cuanto imaginaba; confirma, treinta y nueve años más tarde, el aprendizaje y señala un desapego. Tal vez, aquel asombro de los primeros versos haya convertido lo estético en otra forma de celebrar la vida. Superarse y resignarse valen (y cuánto) para aceptarse… Volver al camino, con el entusiasmo del creador, con uno mismo reinventándose por las palabras.


          13 - ¿En una entrevista que le realizaran a Alberto Laiseca, él mentó algo que Oscar Wilde dijo: “El mero espíritu creador no crea, sólo imita. Sólo el espíritu crítico permite acceder a la creación.” ¿Cómo definirías el rol de los críticos?

          HAP – El crítico debe concentrar su esfuerzo, como el creador, para mirar en todas las direcciones, sensible y profusamente.



*



Hugo Alberto Patuto selecciona para esta entrevista, en 2014, seis poemas de su autoría:



CUANDO LA TARDE


El cabello suelto como el dibujo de una galaxia,
las ganas de correr hacia el nudo mismo
cuando la tarde se piensa noche
dentro del código de la siembra.
Atenazado por el viento,
ese papel trae un reflejo dorado
que te nombra.


                                                                                                                  (Inédito)


*



TEMBLOR AGAZAPADO

Vas a recorrer la mínima sensación del futuro
en el temblor agazapado que te desborda.
Y vas a soltar, como una promesa, los vicios
que nombran aquella luz inabarcable.
Vas a pensar el corazón furtivo de la piedra
cuando los barcos enumeren lo soñado,
voces que tramarán con el espejo
tu revés de plegaria y frutos.
Vas a decir, frente al andamio de las cosas,
que la sangre te desafía largamente
o que murmura el bosque
cuando la tarde
inunda el deseo más claro.


                                                                                                                   (Inédito)


*

     

POCILLOS


Ahí quedan los ojos,
cerca del remolino fugaz y temerario
que alimenta la mirada de los pocillos
en tanto crece, como dádiva del sueño,
tu boca
para nombrar eso que el mundo no sabe.


                                                                                                                       (Inédito)


*



AMOROSA CALIGRAFÍA DE OTOÑO


En la penumbra de la casa
una línea que va desatando
lo complejo del misterio
vuelve a probar que tu mano resiste.         



                                                                                                                                        (de “El tatuaje de las voces”)


*



LOS MAGOS DE LA SIESTA

                                                                                          A Ignacio y Gastón Patuto

Construyen la mejor visión de lo real y despiertan
a la marcha sanguínea con héroes impulsivos,
un juego de identidades que perfora
el diminuto bosque de adrenalina.
Saber de su raro mutismo
vale tanto como la palabra de los dioses
o la sonrisa teñida por el vino
cuando la mesa familiar colma nuestra espera.
Hay veces en que los pedales confunden
al pobre conejo y nadie busca salidas
con el agobiante calor
trocando sueño por agua.
Que los brazos de un soldado aparecen
detrás del modular, sin el color de la victoria;
que la Ferrari olvida su terco destino
de rayar el cielo a pura cilindrada.
Vamos a convertir en peces
el misterio del conejo hecho de alarmas
que siempre hablan del mágico perfume
donde cabe la pasión por la vida. 


                                                                                     (de “Como podría decirse del viento”)




*


                      
CONOZCO LA SALIDA, GEORGIE


Hay que desarmar la biblioteca del siglo
y pensar dos minutos en Babilonia.
Enseguida borrar los pasos de Chiclana,
de Nicanor Paredes, de Servando Cardoso
y poner luz en la garganta de Quiroga.
Con la memoria de Funes recuperar los caballos
que denotan al atardecer una fuga perpetua.
Celebrar en Ulises el amor prodigioso,
como si la máscara del amor nos condenara.
Sentir el hambre de la llanura en Acevedo
y los labios de Emma Zunz, vengativos.
Imaginar a Caín lejos de Abel, sin golpes.
Que Dios retorne como pájaro de sombra,
lloviendo secretamente varias lunas
en el gastado camino de los muertos.
Música, fuego y leones para inventar el vino
cerca de Heráclito, de Spinoza, de Whitman,
de Stevenson, de Poe, de Kipling.
A través del aleph espiar al unicornio herido.
Todavía jugar en Islandia con el mar de ceniza.
Conozco la salida, Georgie:
Mañana volaré a Ginebra.        


                                                                                                                           (de “Como podría decirse del viento”)






Entrevista realizada a través del correo electrónico: Ciudades de Pergamino y Buenos Aires, distantes entre sí unos 230 kilómetros, Hugo Alberto Patuto y R. R., 2014.


Rosalba Pelle/Febrero de 2015



SOY

Caminar callejones de gemidos
gritos amordazados
agonías en la subsistencia
apenas el alba asoma a las pupilas
y el crepúsculo
tenue alegría de cada día.
Soy la vida que a la muerte desafía
sangre torrencial en desvelo
punto en la inmensidad del universo.
Soy libertad de ser, simplemente
hasta la hora  que ella ha de tenerme.

Marcelo de Oliveira Souza-Brasil/Febrero de 2015




Aguacate

Rompiendo el silencio de la noche,
A las obras cuchara agitados
La cocina iluminada
Ella se despierta, incluso cansado,
No dormir toda la noche
Con su deteriorada salud ...

Era un miedo de nunca ser recordado ...
Ella no se imaginaba
Que el aguacate no era
Pero al mismo tiempo,
Dicho todo esto ...
En esta música en espiral,
Con fruta magullada ...
Se produce sonidos que sacaban
Para la eternidad ...
El amor en forma de cuchara.

CAROL MIRALLES-MENDOZA, Argentina/Febrero de 2015




La prolongación de las Magnolias

Habrá empezado el otoño la última vez que fui a New York. Mi padre me llevó a Mount Kisco, en los suburbios donde nacimos mis hermanos y yo. Íbamos por una calle larga llena de Arces como una especie de invasores en el bosque, haciendo difícil el avance. Parecía estar viendo una pintura de Corot, hojas de colores rojos con venas verdes, bronces vinosos, púrpura con negro, amarillo punteadas con naranja, provocando sombra pero a través de los árboles el sol se derramaba como rayos por lo que el camino tenía un brillo cálido.
Bajé la ventanilla para que me diera el aire en la cara, como si eso me trajera algo de mi infancia. Y lo hacía a medida que avanzábamos. Comencé a sentir el olor a Las Magnolias, un árbol enorme que había en la entrada. Le pedí a mi padre que se detuviera y me bajé, allí estaba abierto y denso con sus hojas perennes, todo florido, blanco con un intenso aroma. Fue tan vivo el recuerdo con mi madre, nosotros pequeños, recogiendo las flores del piso , jugando a quién juntaba más y luego ella las colocaba en varios floreros en toda la casa y el perfume nos embriagaba en ese dulzor de otoño.
Veo como un cuadro vivo, el día en que me casé llevaba un ramo de magnolias y otro que me sostenía en cabello hacia un lado. Soy incapaz de acordarme si fue pensado o pura casualidad. Es extraña, la manera en que duermen en nuestras cabezas las cosas que aparentemente no prestamos atención.
Cuando llegamos a la que había sido mi casa me pareció pequeña, todo era de otro tamaño, la puerta, las ventanas, el porche ¿Será que no vemos las cosas del mismo modo? O es que no nos queda nada de la infancia porque cuando llegamos a la edad adulta todo se nos aclara o tienden a no quedar registradas. Hay momentos que el pasado posee una fuerza tan poderosa que parece que podría aniquilarte.
Hubo un día en que mi hermano se metió a la boca unas bolitas de ácido para destapar las cañerías. La recuerdo porque era una tarde gris y lluviosa y los pétalos sedosos de las Magnolias flotaban por el aire. Mamá nos subió rápidamente al automóvil, un Ford Station Wagon modelo 65, reluciente con apliques de madera y manejó nerviosa con un cigarrillo en la boca mientras que la ceniza se le caía y mi hermano sangraba por la boca. Llegamos al hospital del pueblo, asustados, ella se bajó gritando: - Es una emergencia, una emergencia - salieron tres médicos y lo subieron a una camilla, mi madre entró con él, nos quedamos en la sala de espera, solas, con ella, pero siempre solos. Llegó mi padre con ira y bronca, pasó la mirada sobre nosotras pero no nos vio. Mi único hermano varón era su vida al igual que la de mi madre, los dos compartían ese sentimiento.
Lo salvaron y quedó sin secuelas, como lo salvaron tantas veces de tantas cosas. Lo que permaneció dentro de mí de ese incidente no fue el accidente, si no la mirada de desasosiego de mi madre, sentada a su lado de forma triste y resignada como uno de esos fieles alucinado mirando una aparición. Levantó la vista y me miró, hizo una risita torciendo la boca que yo se la devolví de la misma manera como diciendo “ todo está bien” y siempre le creíamos que estaba todo bien.
Sería una mentirosa no decir que ella nos hizo una vida maravillosa, sola, con un padre sin padre. De esa infancia en Mount kisco mi madre es, la que está siempre en mi memoria, la versión que tengo de ella es aun mejor. La veo con ese pelo negro medianoche y esa piel blanca con un tono dorado que le daba el sol. Por supuesto que han habido cosas que jamás pudimos prever, la pérdida, el dolor, los días sombríos y las noches de insomnios, son sorpresas que nadie sospecha, como una noche de febrero donde se detuvo su tiempo.
La llevamos sus cuatro pequeños niños que alguna vez fuimos a su última morada, en viaje hacia un campo de arces donde había un árbol de Magnolias.

José Lavajos/Febrero de 2015



Encuentro

He de mirarte por un instante,
respirare fuertemente tu mismo aire
y cerrare mis ojos,
para recordarte, abrazarte y besarte
en silencio; sin que lo sepas,
pasando de largo a tu lado,
con una sonrisa boba en los labios.
Tú me miraras,
sé que no me reconocerás
quizás te preguntes en tu interior
por aquel rostro que viste pasar;
mas, no podrás recordar… lo sé,
yo me perdí entre sueños locos
y pasiones furtivas,
yo me volví en solo una historia
de esas tantas que vivías,
qué perdido quede
entre sabanas vacías.
Yo guardé tu recuerdo,
Almacené tu mirar en mi memoria,
como loco he buscado
día a día tu perfume
que en mi piel quedo impregnado,
arañe mil veces mi destino
buscando pedazos de tu voz
y al tener solo el vacio,
mire al frente;
seguí mi camino…
hasta hoy,
que los recuerdos al verte volvieron;
hasta hoy,
que las ansias de tenerte despertaron
pero al ver tus ojos ingratos
la herida también despertó
es por ello, que al pasar por tu costado
sin mirarte, solo sonriéndote
he dejado sembrado la duda
sobre aquellos ojos
en que tus ojos se posaron,
vivirás por siempre preguntando
de quien es el perfume
que se te ha impregnado
buscando entre los cuerpos del pasado
mis labios que en ese instante has deseado
mientras tanto
yo habré zarpado
a algún lugar Lejano
volviéndome por deseo propio
en la estrella que guie tus pasos

Revista Horizonte de letras-Entrevista/Febrero de 2015



Rolando Revagliatti respondiendo a Horizonte de Letras

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Rolando Revagliatti nació en 1945 en Buenos Aires (la Argentina), ciudad en la que reside. Su quehacer en narrativa y en poesía ha sido traducido y difundido a los idiomas francés, vascuence, neerlandés, ruso, italiano, asturiano, alemán, albanés, catalán, inglés, esperanto, portugués, maltés, rumano y búlgaro. Uno de sus poemarios, “Ardua”, ha sido editado bilingüe castellano-neerlandés, en quinta edición y con traducción del poeta belga Fa Claes, en Apeldoorn, Holanda, 2006, a través del sello Stanza. Ha sido incluido en más de cincuenta antologías y libros colectivos, la mayoría de ellos de poesía, en la Argentina, Brasil, México-Chile, Panamá, Estados Unidos de América, Venezuela, España, Alemania-Perú, Austria, Italia y la India. Obtuvo premios y menciones en certámenes de poesía de su país y del extranjero. Fue el editor de las colecciones “Olivari”, “Musas de Olivari” y “Huasi”. Coordinó varios Ciclos de Poesía, así como la Revista Oral de Literatura “Recitador Argentino” y diversos eventos públicos, solo o con otros escritores. Coordina talleres de escritura. Ha sido colaborador en más de seiscientos periódicos, revistas y colecciones de plaquetas, cuadernos, murales, etc., de la mayoría de los países de América y Europa, así como ha dado recitales en innumerables propuestas públicas. Su narrativa, piezas teatrales y poesía se socializa en revistas y boletines electrónicos, bibliotecas virtuales, Sitios, blogs, etc. En soporte papel publicó desde 1988 dos volúmenes con cuentos y relatos: “Historietas del amor”, “Muestra en prosa”; uno con su dramaturgia: “Las piezas de un teatro”; quince poemarios: “Obras completas en verso hasta acá” (tres ediciones), “De mi mayor estigma (si mal no me equivoco):” (dos ediciones), “Trompifai”, “Fundido encadenado” (tres ediciones), “Tomavistas” (cinco ediciones), “Picado contrapicado” (dos ediciones), “Leo y escribo” (cuatro ediciones), “Ripio” (tres ediciones), “Desecho e izquierdo”, “Propaga”, “Ardua” (cinco ediciones), “Pictórica” (cuatro ediciones), “Sopita” (seis ediciones), “Corona de calor”, “Del franelero popular” (dos ediciones), además de “El Revagliastés”, antología poética personal y “Revagliatti – Antología Poética”, con selección y prólogo de Eduardo Dalter.  Sus libros han sido editados electrónicamente y se hallan disponibles, por ejemplo, en http://www.revagliatti.com.ar. Cuatro poemarios suyos, inéditos en soporte papel, “Ojalá que te pise un tranvía llamado Deseo”, “Infamélica”,  “Viene junto con” y “Habría de abrir”, cuentan con dos ediciones-e de cada uno: en PDF y en Versión FLIP (Libro Flash). Es posible acceder a “Picado contrapicado” en html en http://rolandorevagliatti.blogspot.com, integrando la colección de Editorial Alebrijes. Sus 185 producciones propias en video, todas ellas debidamente diseñadas y editadas, se encuentran en http://www.youtube.com/rolandorevagliatti.









Enrique - Para empezar, ¿cómo anda el panorama literario en tu país?

Rolando - No tengo una respuesta fina. Un periodista cultural, acaso, estaría en condiciones de ofrecerla. Registro que, como siempre, hay mucha producción, y procedente de todas las provincias.


Enrique - ¿Se ha estancado la irrupción y proyección de escritores noveles talentosos?

Rolando - No lo creo. En cuanto a la proyección, Enrique, ése es un punto “controversial”. Y siempre lo ha sido. ¿Cuántos talentosos, careciendo de atributos del orden de la sociabilidad o de los contactos adecuados, habrán quedado ignotos, cuántos dejaron de serlo después de tener una obra vasta y de escasa o secreta circulación, y cuántos necesitaron ser “descubiertos” y proyectados después de muertos?


Enrique - Sabemos que tienes unos cuántos libros publicados. ¿Dónde te mueves con más agilidad, en la poesía o en la prosa?

Rolando - En la prosa me he movido durante algunos años, hace mucho. También tuve un lapso –en los setenta- de frenética concepción de piezas teatrales, en su mayoría, breves, de las cuales rescaté cinco (dos de ellas, no tan breves) y ésas integran un volumen. Otras piezas –las que no eliminé- se transformaron en cuentos y una en poema. La poesía es el género que, con períodos de ausencia total o casi total, más me ha buscado desde la adolescencia.


Enrique - De todos tus libros, ¿cuál prefieres?

Rolando – Hace poco me lo preguntaron en un reportaje público. No logro discernirlo.   En todos, en tanto los sigo validando, hallo textos que me reconfortan, que me restañan, que me justifican.


Enrique - Desde 1999 y durante varios años has organizado Ciclos o Muestras de Poesía, por donde han pasado especialmente invitados, cientos de poetas, según constato en tu Sitio web. ¿Qué nos querrías trasmitir sobre aquello?

Rolando - Voy a empezar a responder comentando que cafés literarios donde por entonces imperaba el humor por sobre la poesía, ya había; cafés literarios donde la música y la poesía se entrelazaban, ya había; cafés literarios donde por igual desfilaban cantantes con sus guitarristas, contadores de anécdotas, recitadores españolizados, artistas plásticos, bailarines, versificadores lunfardistas, ya había; cafés literarios donde la máquina de café exprés estropeara la audición del lector, ya había; cafés literarios con otros formatos y perfiles, parecidos a los que yo adopté, también había. En algunos detalles de la realización habrían de diferenciarse. Además de los autores programados ofrecíamos un tramo más informal para lecturas no programadas. Desde luego, me complacía que se dieran grados de sociabilidad entre los concurrentes, entre todos los participantes, pero por añadidura. Los invitados eran presentados sin acartonamiento ni improvisación. Me resistí lo más que pude a prestarles el Súper Yo: deploro que soliciten al coordinador que a viva voz les determine cuándo deben concluir la lectura, detesto las señas para que vayan preparando la despedida o que al oído esperen que se les susurre: “uno más”. Si el compromiso era disponer de quince minutos, doce minutos debía durar la lectura y los otros tres los utilizaba yo para dar un pantallazo curricular y muchas veces leer un poema de pocos versos del poeta en cuestión,  mientras éste se dirigía al escenario o a donde fuera, se sentaba, ponía sus libros o papeles sobre la mesa. El abanico de invitados incluyó desde veinteañeros hasta octogenarios. Y por lo tanto a quienes no habían publicado ni un sólo libro y a quienes tenían una trayectoria extensa. No usé terminología laudatoria. No agradecí con grandilocuencia. No cedí ante quienes hubieran aceptado incluirse siempre y cuando aprobaran ellos a los demás invitados, por lo cual me banqué la frustración que me infirieron. Respeto, sin embargo, a los que cuidan a tal punto sus exposiciones. Por suerte se incluyeron muchos poetas remisos a alternar con los que no son sus conocidos, sus “compañeros de banco”, sus amparadores. Cierto es también que unos cuantos, que padecen de aristocracia y de ello se vanaglorian,  rehusaron el convite, algunos sin ocultar el recelo, alegando surtidas dificultades circunstanciales (o permanentes). Y sin duda, los perfectos deleznables han sido aquellos que habiéndose comprometido por teléfono,  no sólo no aparecieron cuando correspondía, sino que ni siquiera atinaron a disculparse con posterioridad. Añado, Enrique, girando ya con ánimo de no estirar demasiado mi boceto, que si era técnicamente posible, según los ámbitos, disminuía la luminosidad en la platea; si disponía de dos micrófonos, uno era para los invitados y el otro para mí; cuando fue factible  realizar las presentaciones detrás de un atril y debajo del escenario, con una luz sobre mis papeles en el atril, las aproveché. Lo que dije: habría de diferenciarme en algunos detalles en la organización y ejecución. Las reseñas que de cada Ciclo o Muestra u otras propuestas, me he tomado el trabajo de pergeñar, junto con galerías fotográficas de tantísimos poetas y un cierto número de videos, no están únicamente en mi sitio de autor.


Enrique - ¿Un escritor nace o se hace?

Rolando - Ante esta clásica inquietud, el escritor Augusto Monterroso, tengo entendido, adujo: “No conozco a ninguno que no haya nacido, pero sé de algunos que nunca morirán.” Y me consta que el poeta y ensayista argentino José Antonio Cedrón, maravillosamente comentó: “Es una pregunta para la realeza.”


Enrique - ¿Es posible aprender a escribir acudiendo a talleres literarios, tertulias, etc.? ¿Qué consejo le darías a un escritor principiante?

Rolando - Homero Expósito, fallecido en 1987, un notable letrista de tangos, lo fue de “Naranjo en flor”:

“Primero hay que saber sufrir,
después amar,
después partir
y al fin andar sin pensamiento.”


Versos sobre los cuales sobreimprimo:

“Primero hay que saber sufrir,
después leer,
después escribir
y al fin corregir sin sentimiento.”


Y en los recomendables talleres literarios se aprende a corregir, a vérselas con el narcisismo.


Enrique - ¿Has tocado el género narrativo de la novela?

Rolando - No, no intenté incursionar en la novela. Me conformé con fantasear con una que me agradaría que alguien escribiera: ¿personajes?: alumnos de formación actoral –en el Buenos Aires que va de 1967 a 1976, período (principal) en el que me he formado actoralmente y en el que fui actor y director teatral-; y donde se desplegaran primeras incursiones amateurs o profesionales, romances y otros embrollos entre el alumnado, conflictos con los profesores y directores, búsqueda de trabajo remunerado, etc.


Enrique - ¿Tus poemas y relatos parten de una imagen o de una idea?

Rolando - Los relatos han partido de ideas, de asuntos, de recuerdos, de ocurrencias. Los poemas pretenden partir de cualquier afluente.


Enrique - Uno de los principales problemas a los que se enfrenta un escritor a la hora de escribir es el bloqueo de la página en blanco. ¿Te ha ocurrido?

Rolando - He visto tantas películas en las que un novelista retiraba furioso una página casi en blanco, o con sólo un título, del rodillo de una máquina de escribir y hacía bollos que arrojaba al cesto con escasa puntería… Transcribo un poema de mi libro “Ripio”:


“La página en blanco”


¿La página en blanco es mi blanco
o soy el blanco de mi página
(en blanco)?

Espero que la página en blanco me supere
estoy esperando que esta página en blanco me
      [supere
esperar la superación de esta página
blanco en mí

y esperar mi supuración

Una vez advenida mi supuración
abasteciéndome en ella y con ella
liquidarla
      a la página en blanco.   



Enrique - ¿Te imaginas a tus lectores de alguna manera en particular?

Rolando - No a “mis lectores”. Sí a tipos de lectores: lectores que se resisten o que se entregan; lectores desconfiados o prejuiciados, lectores perspicaces, lectores “que leen por arriba”, lectores sorprendidos.


Enrique - Hoy en día, muchos autores optan por la autoedición. ¿Crees que es una buena elección, o que es imprescindible el respaldo de una editorial para poder llegar a vender su obra?

Rolando - Cada uno hace hasta donde puede, hasta donde la neurosis le permite. Ciertos toboganes son imprescindibles, según cada obra y el afán de cada autor, como para afianzar las chances de una mayor llegada en lo inmediato.


Enrique - ¿Cuáles han sido, cuáles son tus libros de cabecera?

Rolando - Según las etapas, claro. Poco después de los infantiles, los que tenía mi padre en casa –no de todos se podría decir que eran de cabecera-: biografías, historia de la música rioplatense, cancioneros, poesía gauchesca, lunfarda, épica, ciudadana, instructivos o informativos (sobre caballos, sobre pájaros, sobre reducidores de cabeza, sobre el folclore, sobre las costumbres en diversas culturas). Ya cuando en la adolescencia y primera juventud disponía de mi dinero, fui comprando casi todos los libros de Tennessee Williams, Ernesto Sábato, Nicolás Guillén, David Viñas, John Osborne, Jean-Paul Sartre, Eduardo Romano, William Shakespeare, César Vallejo, Griselda Gambaro, Ernesto Cardenal, Harold Pinter, Hebe Uhart, Sigmund Freud, Ricardo Monti, Julio Cortázar, Friedrich Schiller…, y todas las revistas literarias y culturales que se vendieran en los quioscos. Más adelante, de cabecera fui teniendo a Felisberto Hernández, Enrique Medina,  Roland Barthes, Alberto Adellach, Miguel de Cervantes Saavedra, Milan Kundera, Claude Lévi-Strauss, D. H. Lawrence, Fernando Savater, Michel Foucault, José Donoso, Jacques Lacan, Marqués de Sade, Macedonio Fernández, E. M. Cioran, Juan Carlos Onetti… En 2010 quedé fascinado con “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole. Y en los últimos años me rondan José Saramago, Paul Auster, J. M. Coetzee, Peter Márkaris, Siri Hustvedt, Haruki Murakami…


Enrique - ¿Estás trabajando en algún proyecto literario del que nos puedas contar algo?

Rolando - Mi único proyecto es el que vengo ejecutando desde hace algo más de un año: entrevistar a través del correo electrónico a poetas argentinos. Y que se difundan en la Red, con o sin la selección de textos que cada autor realiza para complementar el reportaje. Preveo editar un libro-e que reúna las entrevistas y sus muestras poéticas en un par de años.




Julio 2014