sábado, 22 de enero de 2011

Maximiliano Spref-Provincia de Córdoba, Argentina/Enero de 2011

Enamorado


Entre todos llevaron el pedazo de madera adentro de la casa y lo
pusieron en el piso del comedor. Los hermanos lo miraban ahora
con curiosidad. El viejo les había dicho que se los regalaba solo si
lo iban a cuidar bien, porque dentro del leño vivían las mariposas
que el había rescatado de su estomago cuando era joven y estaba
enamorado. Ellos accedieron y se quedaron con el madero. El
viejo pronto se fue, rápido, dando saltitos y riendo despacio.
Ahora querían ver las dichosas mariposas. Pero el pedazo de
tronco era un solo bloque macizo. Era imposible que algo
sobreviviera ahí dentro. Lo observaron unos minutos y se dieron
cuenta que el viejo los había engañado. Nunca pudo sacar las
mariposas de su panza y meterlas ahí dentro. Lo que si pudo hacer
fue dejar de sentir, y crear un misterio envuelto para regalo en un
pedazo de madera. Nunca iban a saber si alguna vez en verdad
estuvo enamorado.

Silvia Loustau-Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Enero de 2011

  VII

a la hora justa
se quitará
la sed / los vestidos / las ilusiones
y
se dormirá
pero su sueño correrá por los tejados
murmurando amor violentamente
Silvia Loustau
                          ( de: Entramándonos)

VIII

a l’hora justa
es despullarà
la set / els vestits / les il·lusions
i
es dormirà
però el seu somni correrà pels teulats
mormolant amor violentame...


      traducido por el amigo y poeta :Pere Bessó

Ingrid Loschkin-Concepción del Uruguay, Provincia de Entre Ríos, Argentina/Enero de 2011

El Culpo

La tristeza enmaraña su alma, son muchas preguntas, la incertidumbre secuestra sus días. Piensa en la otra. Teme y siente culpa. El culpo la atrapa con sus tentáculos y la hace flaquear. Sus noches son eternas, el insomnio acecha, el pensamiento y el deseo se vuelven obsesión, lo quiere solo para ella. Pero él sigue jugando como un niño. Ella no entiende. Los treinta ya la han pasado y no quiere jugar más.

Los sentimientos se encuentran; el enamoramiento y la alegría se defienden de la desconfianza y la ansiedad. De aquella que parece haber enloquecido, que no entiende que el amor se termina, de una mente enferma, de la cual se ha hecho esclavo; ella, una carcelera cruel, atrapada por la locura; él, un hombre que siente miedo, al que la presión y un resto de cariño lo paralizan.

Lo intenta, pero la pasión la vence, como tantas otras veces, y las heridas duelen, tanto duelen que a veces siente ganas de que todo se apague, que el silencio la envuelva y acurrucarse como una flor que cierra  sus pétalos, tibia y protegida hasta que el invierno venga y la arranque con vehemencia.

Otras noches quiere volar por  cielos de libertad, junto al poeta, el que le robó una sonrisa entre lágrimas pintadas de grises oscuros. Sueña con él, se sueña junto a él y guarda cada palabra escrita como un tentador pedazo de  chocolate. No quiere ser una musa inspiradora estúpida, solo necesita que la sienta, la acaricie con sus versos y sus manos tiernas. Que su voz le susurre como aquella mañana en el café y, como aquella vez, los labios se resistan a separarse, a dejarse por un largo tiempo, un tiempo que pronto será, pronto.

Abel Espil-Buenos Aires, Argentina/Enero de 2011

LA NEGRITA


La historia se refiere a un tiempo muy lejano, pero siempre recordado, en Atlántida :  Roberto había llegado al lugar  junto a su familia . Al padre , por ser contador del  Banco Pan de Azucar, lo iban trasladando a nuevas sucursales cada dos o tres años . Fue aquí , donde  conoció a Ricardo Sandler , hijo primogénito de un acreditado médico -ginecólogo del Uruguay. Al llegar el verano , la familia se instalaba desde mediados de diciembre hasta fines de marzo en las bellas playas de Atlantida .
El Dr. Sandler había fundado una muy importante clínica en Montevideo . Además, en el transcurso de cuarenta y seis años de profesión , generó una acreditada reputación.
Roberto y Ricardo , se hicieron amigos en el verano de 1948 , en la playa La Mansa . A ambos les atraía , más que el hecho de nadar,  jugar al fútbol en la arena .
En un domingo de Febrero --- a causa de la mucha gente--- decidierón ir en bicicleta a la solitaria y pequeña playita ---con forma de mediocirculo---que está atrás de la hostería El Fortín .
Al llegar , observaron que entre la arboleda , sentada en una roca , estaba una muchacha delgada , cabellos oscuros , las piernas largas y un poco abiertas . Su rostro dulce . Ensimismada miraba al horizonte .
Ellos no la conocían .
En cada atajada --de uno o del otro --con el rostro pegado a la arena , miraban a la muchacha . Sus sangres de adolecentes desprejuiciados , los llevó a ponerse de acuerdo en un plan plagado de eterno secreto .
La noticia  llego a Maldonado , cruzó San José , embistió al departamento de Durazno , se desparramó en cada negocio  ubicado frente a la prolongada rambla de la capital Uruguaya .
La Negrita , hija menor de los Buschiazo, dueños de todas las estaciones de servicio del Uruguay , Brasil y Paraguay,  había sido violada en una playa pequeña del Uruguay .
Había sido encontrada por una monjas recidentes cercanas al lugar .
Transcurrieron  varios años . Los Buschiazo se habían radicado en Londres . Nadie de la familia podía olvidar este terrible y deleznable hecho . Contaban los mas cercanos , que este hecho incomprensible  nunca fue investigado , por consecuencia pasó al cajón de los olvidos .
Los mayores ---al tiempo---relataban que Roberto había terminado sus días , cercano a los cuarenta años , siendo abogado penalista , pero con serios problemas de adicción a las drogas. Decían que algún hecho quería olvidar o alguna enfermedad lo estaba acuciando , porque más de una noche lo habían visto caminar solo, tomándose de las paredes en el barrio pobre  cercano al puerto .
La Negrita , hacía casi veinticinco años que vivía sola en pleno centro de Londres , muy cercano a la casa Imperial . Desde su departamento de dos ambientes  , con una amplia ventana , podía de noche disfrutar la vista de gran parte de la capital inglesa .
Su trabajo de médica la cansaba , más que físicamente en lo psíquico . Era ginecóloga de la clínica médica perteneciente al Sindicato de Camioneros. Escuchaba todo tipo de historias. Desde mujeres golpeadas por sus maridos después de haber tenido relaciones sexuales , como así también las historias de mujeres que habían dejado de amar a sus hombres , porque en el trato diario del trabajo o del estudio , habían encontrado la comprensión y el amor en otra mujer.
En la noche del 28 de Abril de 1989 , La Negrita llegó a su casa  con el rostro desencajado . Abrió la heladera , tomó una botella de wisky y se acerco a la ventana .El calor era intenso y bebía de a sorbos . No podía entender  porqué - en la última entrevista - tuvo la sensación de conocer al hombre que se presentó  con una mujer diminuta ,enbarazada y con  algunas marcas de golpes en sus muslos . Inclusive cuando le preguntó el nombre y apellido a él , al dárselos la mujer lo miro con cara de asombro .
Todo era demasiado extraño . Ambos daban el aspecto de personas muy deterioradas por el difícil vivir.
Apoyó en el ventanal la botella , buscó en su cartera el celular y llamo a la clínica. Esperó un breve tiempo y marcó el interno de Ginecología : ----"Hola , habla la Dra. María Carmen Buschiazo , ¿ me podría por favor transmitir el nombre y apellido del último señor que hoy entrevisté junto a su esposa ?
----Sí Dra,un momento por favor. El señor se llama Ricardo Sandler y la mujer no es la esposa sino su hermana, llamada Sara Sandler---
Cortó . Se bebió todo el wisky , subió a la enorme ventana y abriendo los brazos , voló al vació . ¡ Al fin libre !

Juan Disante-Buenos Aires, Argentina/Enero de 2011


Senso

No soy un número en las estanterías

Por las mañanas al levantarme
el mar sacude mis orillas,
las cataratas me contienen,

el viento que rodea mis piernas
se lleva los pantalones.
La lluvia altera todo goce
cuando desde el balcón miro el cielo
buscando gaviotas
desnudo

Si en todo esto alguien supone sexo,
no está mal,
supone sexo.
En las ramblas de los márgenes
retumba la gran ciudad,
dentro de ella los mercados
desatan sus gritos
sus pasiones.
Los feriantes descargan hortalizas de sus carros,
en sus mandados las señoras
inclinan la cabeza sobre las nabizas,
un joven mira como una joven
aspira el aroma de las frutillas,
las muchachas cohibidas tocan con su meñique
los pimientos rojos.

"Deme medio kilo, pero que sean lindos".

Todo sonríen de felicidad.
La voz de un tenor le canta a Nápoles.
¿Acaso el mar no entrega su sal al piropo perdidizo
del alcachofero?
¿Y el viento no levanta las faldas de las niñas
que compran perejil?
¿No será que la lengua de las cataratas lame el ombligo de las toronjas
y la lluvia eterniza los humedales del género?
Una pareja de perdigueros juguetea al tocamiento.

El erizo alardea de arrullos.

El aroma de la albahaca se mezcla con los del pecorino.
Y el puestero de pescados,
que acaba de abrir una corvina para la parrilla,
sopla un beso al aire que termina cayendo
en una cadera bendecida y ostentosa.
Las aguas salobres y yodadas
mojan los pies de los changadores que cargan cajones
repletos de zanahorias betacaroténicas y remolachas azoradas de osadía
para la piel bronceada de las casaderas.

No soy un número.

No encuentro respuesta a los glotones apetitos
de la ciudad,
sólo reconozco en los íntimos mercados
el dejarse rodear por la libidez de un mar retozón
en olas que acosan la costanera del senso.
Bienoliente mar
que no cabe de travieso
en donde la expansividad del pepino,
la carnalidad del brócoli,
o la coquetería de las achuras
son sólo una excusa para el cariño
de las mañanas juguetonas
del tira y afloja.


Roberto Romeo Divita-Diciembre de 2011

EL BOXEADOR
 "Este cuento es un humilde homenaje a todos aquellos que vendieron sus vidas impulsados por la pobreza".
                                                                                      
          "Me estoy  * estrenando*  duro para que vuelva el día, sabés pibe, y te juro que esta vez voy derecho al título; lo gano, te juro que lo  gano, esta vez el cinturón no se me escapa".
          "Carlos Rivero apuró el vino y limpiándose con el revés de la mano recalcó".
          "Ya lo  tuve una vuelta y qué lindo era, la guita me sobraba, las minas también, los changos se me colgaban del brazo y todos me saludaban. !Chau Campeón! . !Qué lindo pibe! . !Voy a volver, y me voy a cuidar, te lo juro que me voy a cuidad!.
          La calle barrosa con un cielo gris y una llovizna traicionera parecía guiñarle un ojo al ex campeón. La soledad mañanera no le creía.
          "En la colimba me paso un carro por encima y no me hizo nada, fuerte el indio.  No?". 
          Rivero amaga un gancho de izquierda y saca una derecha, que da en pleno mentón del rival brumoso.
           "La leche, !qué espuma tenía esa leche calentita que todas las mañanas le afanábamos  a las vacas de don Ramón ! "
          Ahora es un directo de izquierda en plena mandíbula de una sombra que se escapa.
          "Comíamos bien, sabés; claro, nos amasijábamos diez horas seguidas en el frigorífico; hacía frío en la cámara . A muchos les agarró la brucelosis; a mí no; teníamos de todo, entrañas, cabezas y chinchulines, comida de negros nos decían, pero el asado de achuras nunca nos faltó en el rancho".
          El apercad de derecha parte en dos una hoja amarilla de un árbol raquítico.
         "Y Olga, !Qué guacha linda esa Olga!. A los demás les cobraba a todos, a mí no, . !Bah! una sola vez, la primera, pero después no, !Y cómo me quería !. Tenía once años cuando empecé,la seguí hasta los quince, el macho se hizo amigo mío y me  lleva de joda por todos los ranchos, pero Olga no venía, ella se quedaba trabajando, pasando puntos".
          Son dos izquierdas lentas que abren camino a una rápida, derecha en pleno rostro desfigurado del rival transparente.
         "Me voy a conseguir una mina rubia, como la mujer que tuve en Las Vegas. !Qué bombón pibe! , hablaba inglés y cuando me besaba me mordía todo; me mordía las orejas, me acariciaba el pecho, me clavaba las uñas en la espalda hasta hacerme sangrar".
          El cross de izquierda se incrusta en el hígado del viento.
          "Y Nancy, mi hijita, !cómo la quiero! una vez me hizo llorar. Resulta que pongo el pan en la tostadora para darle la mantequilla y   ¿ Sabés lo que me dice? : - Así nomás papá, ahora que nadie hincha con las buenas costumbres. Se quedo en Norteamérica con la madre, qué le vamos a hacer".
           Ahora una mano veloz estrecha un puño cerrado, en algo tambaleante que se derriba y cae por toda la cuenta.
          "La rubia lloraba, sabés, lloraba mucho, cuando volvía borracho de wisky y un montón de porquerías que me daban de tomar, me tiraba en la cama puesto en guardia, y ella me pegaba con sus manitas, pero yo me dormía hasta tarde. No me estrenaba.  ¿  sabés lo que pasa? . en Nueva York, el frío se mete hasta los huesos".
         Varios saltitos y  un amague de cintura dejan salir una mano alegre en el ojo del cielo.
        "Los muchachos del Barrio Derqui me quieren y en los actos me llevan con ellos para que los cuide, son comunistas, pero a mí no me importa porque defienden a los pobres. Y yo les digo que voy a volver. Voy a volver, sabés, y esta vez el cinturón no se me escapa".
        En este momento son dos brazos, que parten en clinch y dejan escapar un garrotazo de cinco dedos a un rayito de sol que se va.
        "Y el tano? . !Cómo perdió! . Era el dueño del almacén. No me despachó  ¿ sabés? . Y afuera me quiso empujar. Fue una mano suave, una caricia, pero durmió por toda la cuenta. ! Ese no le pega a ningún borracho más!.".
        Y siguen los saltos, sacando una derecha, una izquierda, dos derechas, tres izquierdas, amague de caderas, y una trompada cruza el centro de las horas.
        "Y cuando perdí el título con el negro Thompson. No lo vi pibe, me dobló  de repente con un gancho al estómago y la derecha, me rompió el mentón, dicen que pegué con la nuca en el piso, no lo sé, me desperté al otro día en el hospital".
         En este instante es un brazo tembloroso y débil en el corazón de la bolsa mañanera.  "Pero voy a volver sabés pibe, para ser campeón y para que vuelva el dia. !Ah se me olvidaba, gra, gra, gracias por el vino!
    

Laura Beatriz Chiesa-Buenos Aires, Argentina/Enero de 2011

DESPLANTE DE SOMBRA


 En figura alargada me acompañas
queriendo fusionarte con mi vida.
Sin un enojo admites mi salida.
Nunca sufres, ni juegas ni me dañas.

Te diviertes conmigo y  mis hazañas.
Tampoco permaneces escondida,
pues si camino sumas tu partida.
No pudiendo escaparte, no me engañas.

Al dormirme te unes a mi lecho.
Sintiendo mis latidos en tu pecho
te place descansar algún instante.

En sueños busco un límite sin borde.
Tanteo por la noche algún desborde
con mi mano, que intuye tu desplante.

Àngel Catalano-Buenos Aires, Argentina/Enero de 2011

   NACIÓ UN HADA EN NAVIDAD                                                                 

                        En casa, nos esperaba la familia para la reunión de la Nochebuena, introducción de la Navidad, nos esperaba tanto cariño, tantas ilusiones, tantos sueños... ¡Todo se asociaba con esta fiesta incomparable!
                        Dentro de siete días se viviría el comienzo de otro año nuevo. ¡Ah, el Año Nuevo! Festejo que invariablemente nos inclina a esperar un futuro mejor. Siempre nos acompaña esa ilusión.
                         Continuamos caminando, advirtiendo con los pensamientos, las distintas ideas y hechos que hemos creído que eran los mejores, hasta que alguien nos convencía que estábamos equivocados.
                        Escribir, de todas las creaciones, debe ser la más linda, útil, entretenida y agradable, nos permite decir que todo es verdad, o todo es mentira, casi al mismo tiempo.
                       Hay reglas que se deben cumplir siempre. Unos las cumplimos, otros no.
                       Los ómnibus de pasajeros deben parar exactamente en los lugares indicados, para el ascenso y descenso de las personas, a veces no se observa su cumplimiento.
                      Uno espera con tanta inquietud la Navidad que no llega y de pronto, se produce su arribo ¡Está con nosotros! y luego pasa, ya estamos en abril...Y falta tanto para su regreso. Es la ansiedad que no nos abandona...
                      Y de pronto, la realidad nos golpea con una visión no agradable, tres criaturas junto a su madre, o a una mujer que hacía sus veces, tantas son las opiniones que se escuchan...
                     No pudimos continuar. Nos detuvimos. Ya nada existía. Sólo la palabra Navidad.
                    Las tres criaturas en el suelo junto a su madre, ésta, con la mano extendida...Se la tomé con las mías, la ayudé a levantarse y alcé a una criatura con mi brazo derecho y con la otra mano atraje a su hermanita y con un gesto  persuadí a la mamá que llevara al tercer hijo.
                   Comenzamos a andar. Nadie dijo una palabra, como si todos conociéramos el argumento a seguir.
                    Al llegar a casa, sin hesitar, abrimos la puerta y entramos. Todo era tan natural. En el interior abundaba la música, las palabras, las risas, la Nochebuena había llegado, la Navidad estaba allí.
                   No hubo que dar ninguna explicación, todo fue comprendido sin palabras.
                    El jabón, el agua, la ropa limpia, cambiaron rápidamente el aspecto de aquella pequeña familia y luego, entonces sí aparecieron los saludos, los comentarios, las preguntas.
                    La reunión  era agradable, los familiares, muchos y también estaban los amigos. Todos comentaron sus ideas, ganas, proyectos que deseaban realizar...Y no faltó quien criticara acerbadamente la ocurrencia de invitar a “semejante gente” a festejar con ellos la Nochebuena y la Navidad.
                  Ángel, joven estudiante, uno de los primeros invitados que había llegado, le preguntó con cariño, pausadamente, qué caminos había recorrido en la vida para llegar a esa situación, dijo ella:
                  “Nací humildemente en una región boscosa, con pocas posibilidades de salir de esa situación, una vida casi miserable. Me gustaba dibujar, pintar, cantar, no tenía la posibilidad de desarrollar dichas inquietudes allí. Entre todos los que me conocían y amaban, reunieron el dinero necesario para que viajara a la ciudad, donde cumpliría mis sueños...Hasta que nacieron los hijos y luego, perdimos a su padre. Elevarse en la escala de la vida, no es accesible, descender de ella, ustedes lo saben muy bien, decir  fácil, es poco. Las entradas, pequeñas y fijas, el costo de alimentos y medicinas, siempre altos... fuimos cambiando de viviendas para reducir gastos, perdí el empleo y llegamos a vivir en la calle, sin otro medio, que las ganas que tenían de hacer el bien, las personas que nos veían... hasta este momento, en que usted nos ve sentados cómodamente en un sitio tan agradable y poder manifestar, sin sentirme avergonzada, de cuales fueron los senderos recorridos para llegar hasta aquí”.
                 El temblor de su voz, la humedad de sus ojos – se puede decir lágrimas- hablaban de una persona sensible, plena, que expresaba el agradecimiento de aquella buena obra.
                 En cada brindis, en cada copa que se elevaba, había un pedido, un deseo, una manifestación de amor y el recuerdo inolvidable del Divino Nacimiento. Su nombre, ¡Jesús! en los labios de todos, con una sonrisa incomparable...
                 Todos la miraron, como si esperaran una palabra de ella, quien aceptó aquella solicitud, realizada sin un solo vocablo y comenzó: 
                “Yo también me llamo María y puedo decir, que cuando Jesús llegó, la Virgen, dijo en aquel día: “Este misterio, lo llevaremos siempre nosotros, naturalmente, vendrán aquellos que dirán muchas cosas sobre el mismo, no nos harán daño, las respetaremos, no serán más, que opiniones imaginadas. Siempre elevaremos la curva de nuestros labios hacia arriba, aún en los momentos más difíciles”.
                  La respuesta de los presentes fue un silencio absoluto. Hasta que aquél que criticara aquella presencia, tuvo la fortaleza suficiente para arrepentirse y pedir disculpas elevando su voz.
                 Y llegó el momento de las despedidas, los saludos tradicionales, caricias, besos, abrazos, los buenos deseos y promesas de realizar una nueva reunión,  para festejar la llegada del nuevo año. Estas fiestas, que llegan al final del mes de diciembre y derivan al mes de enero con un caudal de alegría casi sin límites.
                  Luego, aunque la música y las luces aún brillaban, las voces se habían apagado.
                  Cuando quedamos solos, les dijimos: Ustedes se quedan a vivir con nosotros.
                  María, junto a sus hijos, alzó los brazos, sonrió, nos miró con amor y se convirtió en la más hermosa de las  Hadas. Tres Angelitos demostraban su alegría...