lunes, 19 de marzo de 2012

Nélida Vschebor-Buenos Aires, Argentina/Marzo de 2012


EL BANCO DE LA PLAZA


Vestido en jirones que otrora fuera ropa, un anciano deambula y se instala en el banco preferido de su plaza. Despaciosamente sienta su humanidad en ese colchón de piedra. Se arrebuja con una rotosa frazada y piensa pasar la noche en ese lugar. El frío es intenso, las hojas bullen y no le permiten dormir. Al fin el cansancio y el hambre pueden  más. Se queda adormilado. Y sueña. Se ve ubicado en un vergel, rodeado de flores y plantas y pájaros. Unos niños corretean y se le acercan ruidosos. Él los cobija en un abrazo.
            De pronto la oscuridad lo invade todo y aún semi dormido tiene conciencia de su pesar.
            Aliviado piensa que la muerte lo está acunando y lo lleva en raudo vuelo hacia el infinito, hacia la nada. Bendice a la muerte que piadosamente se ocupa de él.
            Siente un tirón en el brazo. Con mucho trabajo abre los ojos.
            El guardián de la plaza le pide que se levante. El sol ya inunda el entorno y los niños no tardarán en ocuparlo.
            Se sienta, recoge sus bártulos, trabajosamente se levanta y emprende su diario vagar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nelly: me gusto tu relato, como siempre tu prosa tan equilibrada y sin desperdicio.
besos y bendiciones.

Esther

Sayama Serena dijo...

Gran sentimiento en este escrito, que muestra la escondida necesidad de calor y cariño de un ser humano cuyo techo es el cielo.