lunes, 22 de junio de 2026

Rosa Esther Moro-Argentina/JUnio 2026


 

EL OJO DE FEDORA

 

      Me duele el ojo derecho.

      El ojo de Fedora.

      Sabemos que hay frecuencias que no hay que mirar, ni siquiera de reojo porque la basura que capta esa mirada cierra la visión por la agitación que produce lo intruso. Pero Fedora se desplaza e indaga por todos lados. El ojo izquierdo, el de Leedor es diferente, pero no deja de molestarlo el deambular de su compañera.

     Es cierto que a mí también me gusta viajar. Últimamente, anduve por muchos lugares salvajes, como los eriales del cinturón de asteroides. De regreso a la Tierra fui a los increíbles valles de la Antártida; tierra recóndita entre dimensiones de una atmosfera tan límpida que parece purgar todo elemento nocivo.

    A los pocos días de mi regreso comenzó el malestar, y hoy decidí consultar al Santuario, para saber que ocurría con mi visión, y así poder recobrar el equilibrio de mi sistema biológico. Allí, en un lugar especial me hicieron dormir, donde sé que soñé, pero no recuerdo esos sueños, pero se tomó nota de material onírico, y alguien lo imprimió en la pantalla de mi historial.

   Realicé, como se acostumbra un ritual, solicitando permiso a la energía del lugar para iniciar el proceso de cura. Después de un rato de espera, una mujer vestida con hábito de sarga gris se acercó e informo: Ser, el Maestre está reconstruyendo seres afectados por los disturbios en la vía Láctea intermedia, pero me hizo saber que su situación no es grave. No necesita salir al espacio para resolver su problema. Me indico un lugar al fondo de un pasillo donde vería a una ingeniera en medicina oftalmológica.

     Al pisar el umbral del pasillo una ráfaga de luz se activó y de inmediato fui trasladado ante otra mujer con cara de media luna y una sonrisa enorme escapándosele de la cara, que ella trataba de achicar con gestos insólitos. Me manoseo con manos huesudas, limpiando mi energía aletargada por la espera.

    Una esfera dorada suspendida en el aire era el consultorio, también flotaba un cuadrado de cristal de cuarzo que parecía agua flotando, era una cabina telefónica inter espacial, donde acababa de entrar una mujer desnuda, su cabello iridiscente según la moda, iluminaba a través del cristal líquido del locutorio todo el entorno.

   Es la especialista, aclaró, la mujer con cara de media luna, va tener que seguir esperando y no sé por cuánto tiempo: ella está buscando a su otra parte, a su alma gemela, si no la encuentra va tener que dejar de atender. Ya agotó la energía de esa otredad que la compensa, siguió diciendo la mujer, sin su pareja se desafecta el emocional, como usted sabrá, decae, y el conocimiento se torna peligroso.

   Comprendí que mi espera podría ser de una eternidad; pues vaya a saber a donde la llevaba su investigación, podría extender su búsqueda por todas las redes del universo; si sabré yo de esas indagaciones por las redes, que a veces llegaron más allá de los límites de lo acreditado como seguro.

   Me quedé por allí, dando vueltas, con Fedora intranquila por la irritación en el ojo, Y Leedor deprimido por el esfuerzo de ver la realidad con una sola mirada. Hay que reconocer que Fedora es la entusiasta y la creadora de vidas novedosa, alegres, y Leedor su contrapartida. Normalmente se equilibran, pero no era lo que estaba sucediendo.

  La de la cara como media luna, se acerca y me dice, hay una solución para su problema: la doctora hace dos horas todavía estaba bien, si quiere le doy mi reloj de ir en el tiempo, veo que usted no lleva el suyo, es un modelo viejo que puede ir tres horas para atrás nada más, pero para el caso le puede servir.

  Me extendió el reloj; era un modelo antiguo, pero que todavía se usaba. Lo amarré a mi muñeca, lo encendí y sentí como absorbía todos mis cuerpos, caminé unos pasos hacia atrás y me encontré nuevamente con la mujer con cara de media luna. Midió mis pulsaciones y anotó algo en una de las pantallas que la rodeaban. Subimos a la cinta transportadora y nos deslizamos hasta el interior de la esfera dorada, me presento a la médica y le entregó la pantalla donde estaban mis registros.

La mujer no estaba desnuda, vestía una túnica blanca y no tenía el pelo tan deslumbrante como lucia en el futuro, me hizo sentar en una almohada, apenas la ocupe comenzó a flotar en el aire girando ante aparatos que ella con sus manos traía de la nada; median y fotografiaban todos mis cuerpos físicos, energéticos y espirituales, luego introdujo sus dedos en el ojo y quitó su energía, que guardo en una pastilla transparente que acomodó en un haz de luz blanco que giro por todos los colores hasta el violeta.

Suspendido en la nada, contacté con el momento presente cuando ella con gesto preciso acomodó mi materia.

No es nada delicado, me informó, son los trastornos del despertar a una nueva conciencia, está eliminando material oscuro. Mañana en la dimensión donde realiza su tarea, despertará en su cama como siempre, y su ojo estará bien. Le recomiendo, dijo, consultando un artefacto que reseñaba las condiciones meteorológicas multidimensionales, que salga a correr por la mañana de árboles rumorosos y de aire claro y frío que están a su disposición en el perímetro de su vida actual.

Le aseguró, que sus opuestos dejarán de molestar y usted podrá realizar con total libertad eso que vino a transformar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bueno