sábado, 21 de mayo de 2022

Ana Bisignani-Argentina/Mayo de 2022


 

DEBÍ CALLAR A LA BESTIA

 

La toalla aún está mojada. Secó tu cuerpo y la abracé cuando te fuiste. Cargaba con el reclamo que, aún hoy, llevo en mis alforjas.

Quiero lavar la toalla. No puedo. Es como si al hacerlo te fugaras. La vuelvo a besar. Tal vez te llegue el ahogo que siento. No pensé herirte.

La bestia me desplazó momentáneamente y el bramido egoísta, fue un grito de amor errado. Porque si algo quiero es acariciar nuestro tiempo, no dominarlo.

Me duele tanto como si vos me hubieras provocado esa angustia, la siento a lo Pirro.

Maldigo mis palabras aunque hayan sido producto del desenfreno.

Mi bestia no quiso molestarte, tan solo se expresó en su idioma animal.

Mi espíritu entiende a esa bestia porque sabe de sus necesidades, pero ese mismo espíritu implacable, como juez divino, asestó el castigo de las palabras que se volvieron locas.

Mi bestia no quiso más que tu amor con total soberbia.

Mi bestia no pensó.

Por suerte me posee pocas veces, casi siempre le gano yo.

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