El nombre perdido
En un páramo helado donde gritan
las voces angustiadas de los vientos
bajo sombras de turba está mi lecho
al sur de las banderas y los días.
He perdido mi nombre y mis heridas;
fui solo un resplandor de carne hueso,
un vuelo de gaviota sin más cielo
que el fuego trepidante que aniquila
Una causa ancestral era mi guía,
latido irrenunciable de mi pecho,
antorcha que cegaron sin derecho
hundiendo el sentimiento en la desidia.
No le temo a la atlántica agonía
ni al frío tenebroso del invierno,
pero duelen los pasos y el acento
de la luna extranjera que vigila.
Si ansías rescatarme ven de prisa;
el mar busca llevarme hasta su seno,
me niego a disolverme en el silencio
y rendirle al olvido pleitesía.
Intenta recoger de las cenizas
la marca primordial de mis anhelos;
no arrojes a la hoguera de los tiempos
la huella insustituible de mi vida.
No exijo monumentos ni consignas
ni cubrirme de flores entre rezos;
es solo identidad lo que pretendo,
como el sol clama aquí soberanía.
Hasta el Sur de la antigua rebeldía
acércate en Abril con el recuerdo
del nombre que perdí entre los muertos
de este páramo heroico de Malvinas.
(Por los soldados argentinos sin identificar que descansan en el cementerio Darwin de nuestra isla Soledad)
-Finalista Juegos Bonaerenses 2017-

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