Para extender sus garantías, sus potestades bíblicas,
el relato de Noé debió haber incluido un disidente.
Por ejemplo, uno de los patos, el pato, o la pata,
cualquiera de los dos, podría haberse fugado.
Esto hubiera provocado un pequeño desliz
en la concordancia de los hechos narrados.
Un pato menos es una alteración inaceptable
en el disciplinado mandato realizado por Dios.
Por otra parte, cuesta creer en un principio
de orden tan riguroso, sobre todo, si ocurre
entre un hato de bestezuelas atemorizadas.
Ya tenemos un pato que por feo es célebre.
Y otro malogrado pato que asiste a las bodas.
Y a no olvidarse del andar del pato criollo.
Bien pudo haberse sumado otro por descarriado.
El relato así hubiera sido otro, y por fuera
de las características mágicas del género.
Claro que esto no va en desmedro de aquellos
fervorosos creyentes, ni mucho menos.
Creer o reventar, enuncia la sabiduría popular.
¿Y si viendo al pato disidente, otras parejas
hubieran tomado la misma y díscola iniciativa?

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