La última acera
Se desprenden,
se fragmentan los frutos maduros
para el gozo de una boca.
¿Acaso se estremecen los nidos
y los pichones enhebrados
a mitad del pensamiento?
Y sigo aquí, al final de la calle,
donde llora una farola,
donde cansa esta adicción
por esperarte, por pensarte.
Tal vez estamos en extinción
los locos que saborean el fruto,
que disfrutan de unos labios
aun cuando la abeja
sea miel de otros pistilos.
Siempre, siempre te vas,
pernoctas bajo otro techo;
tus huellas son polvo
que sacudes en la alfombra
de otra acera.
No se persiguen las sombras:
abro brecha para mi libertad,
sin condenas ni fisuras,
sin argumentos de salvación
...Te desato, te libero.
Que el viento disperse tu polvo,
y otra boca muerda tus frutos.

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