lunes, 20 de julio de 2026

Nilda Bernárdez-Argentina/Julio 2026


 

GRACIAS PIBE

 

—Y encima se enojó conmigo ¡y me gritó! después que lo saqué de la trompa del colectivo ¡le salvé la vida y se puso a pelearme! ¡viejo pelotudo! Le dije, por mí, otra vez que lo vea cruzando la calle, lo dejo que lo haga mierda cualquier camión, a ver si me agarra a mí, por andar haciéndome el héroe.

 

—Mire, la fecha bien no me acuerdo, pero seguro eran más de las dos de la madrugada. Antonio terminaba de acostarse y oímos un estruendo en la casa de al lado. Le golpeamos la puerta y como no contestaba, Antonio la tiró abajo. Don Santiago estaba en el dormitorio parado a los pies de la cama, con la carabina amarrada a una silla apuntando para arriba ¡tremendo boquete en el techo! Yo no entendía nada. Pero Antonio se dio cuenta enseguida y me explicó. El viejo nos pidió que no lo contáramos ¡y hasta nos hizo jurar! y hasta hoy ¿vio? ¡a nadie!

 

 —Buena persona don Santiago, pero cuando se murió doña Luisa, el año pasado, no fue más el de antes. Para colmo, el hijo que está en Norteamérica, no vino cuando se le enfermó la madre, ni le contestó las cartas cuando le avisó que había fallecido. Andaban mal desde hacía tiempo, parece. Pero morírsele la madre y no venir. Dicen que él está muy bien allá y el pobre acá, con sus ochenta largos, solito… Hay cosas que no puedo entender, qué quiere que le diga...-

 

 

—Para mí era un viejo amarrete, una vez me contó que con la mujer habían juntado plata para ir a ver al hijo, a conocer los nietos, Hace  poco salió diciendo que había cobrado no sé que juicio de la jubilación, mucha guita y que no le tenía confianza a los bancos. Lo cierto es que a mí me compraba los churrascos de a gramitos, de miserable nomás,  mire si con la plata que decía que tenía  no podía haber vivido muy bien el resto de su vida.

 

—Ustedes no se daban cuenta pero Santiago estaba muy solo. Cuando se le fue la compañera de casi sesenta años, la tristeza empezó a carcomerlo. Si, hacía chistes como siempre, se lo veía fuerte como siempre pero no quería vivir, se los digo yo, que jugando al truco no necesitábamos ni mirarnos, miren si lo conocería. Desde que me vine de Mendoza en el cincuenta y siete, desde entonces, siempre fuimos vecinos.

 

—A mí lo que me llama la atención es que haya andado contando por todos lados eso de que cobró el juicio, que guardaba la plata en la casa, nosotros le decíamos, ojo Santiago, el día menos pensado te van a robar la guita y encima, te van a hacer boleta. Metela en el banco y callate la boca, no hay que andar contando por todos lados ¿querés que te maten?

 

— ¡Qué bien informado Turco! ¡te felicito! Liquidamos al viejo al pedo, le revolvimos hasta las tripas y ni una moneda. ¿De dónde sacaste vos que tenía cinco mil dólares guardados en la pieza? Y ahora para peor, no sé por cuanto tiempo no me voy a olvidar de esa cara…¿sabés? Mientras se va cayendo despacito…despacito…ensopado en sangre, me mira y me dice... ¡gracias pibe!

 

 

 

 

 

 

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