martes, 20 de octubre de 2026

Santiago Espel-Argentina/Octubre 2026


 

De la declarada imposibilidad del poema.

 

Hay un poema que quiere ser escrito:

el cielo, a esta hora de la tarde,

como siempre en esta época del año,

otoño, gana su rojo, partido en ocres,

su azul, y también el violeta crudo.

El viento trae los residuos florales

ya secos, crujientes y en polen;

la voz lejana de un vecino resbala

en algún pasillo cercano, o balcón;

y hay ese olor, o perfume tardío,

esa rancia espera que se consume

en segundos: lo que tarda el rojo

en ser morado, hondo y oscuro.

Sobrevive casi por milagro algún

reflejo inadvertido: una olla

olvidada y pulida del almuerzo,

las manecillas fosforescentes

del despertador sobre la cómoda,

y el papel satinado de recetas

y poemas sobre la mesa. Nada más.

¿Pero cómo poner todo esto en palabras,

sangrías del minuto en el abismo, cómo

abrazar lo que no tiene cuerpo ni sombra?

 

No hay comentarios: