jueves, 23 de agosto de 2012

Bottale Patricia-Rosario, Argentina/Agosto de 2012

TODAS


Todas las mujeres que soy se encuentran reunidas, quietas, como precisas figuras que dibujó el rocío en el pasto, y esperan secarse bajo la autoridad del sol. Todas, repitiendo un extraño ritual, expectantes, ansiando mis próximos movimientos, mi ineludible reacción…
   La madre, que reclama su propia niñez y sus últimos juegos, como un espiral que vuelve a ovillarse indefinidamente. La arqueóloga, incansable buceadora de caminos antiguos, cuyos secretos la tierra guarda sólo para ella, dejando pequeños rastros en las piedras para que arme, con sus manos de agua, el rompecabezas de culturas muertas, toda su vida. La escritora, que posee baúles de palabras atropelladas que nunca sellará. La princesa de un castillo adormecido, donde aún se oye la música que cantan sus torres musgosas y vacías, con su magia de cuentos y campanas.
   La que anda en caballos que no llevan montura, la que descubre el mar junto a la herida de la tormenta; esclava de la pasión más secreta, la de la obra escrita con tinta insolente.
   La que es madera astillada esperando el rescate, en un encierro de aguas palpitantes y oscuras. No puede moverse sin dejar escapar las cadenas; su destino siempre fue la vieja nave hundida que presiente el mundo por su eco rítmico y tirano.
   La que tiene por amigo un nombre y por camino, un recuerdo que siempre la lleva al mismo lugar…
   Es un encuentro arcano, me encara la luna de aquel muelle que creo que es mía cada noche, en un juego de ajedrez, perplejo de creación y desmesura.
   Música de infancia y líquidos desiertos con soles de otras tierras. Lenguas que asoman su idioma con olor a  romero, a tabaco y a guerras que nunca han comenzado, que nunca terminarán.
   Me involucro, me quemo, respiro, me acuesto, las observo, me desnudo de miedos, me visto, las llamo.
   Las llamo otra vez…
   Se han ido, regresaron a sus encierros de horas de verano o páginas amarillentas de íntimos libros inacabados.
   Las necesito, creo.
   Preciso la constancia y la aventura de la que descubre voces en cacharros de civilizaciones sin tiempo; la dulzura de la madre que aún no juzga; la alegría de la que vive para disfrazarse con lunas propias y ajenas; la furia de quien galopa en un laberinto, aferrada a la fuerza de la vida. Necesito oler el mar…
   Pero se han ido…
   Estoy sola, cansada de batir alas que chocan contra la jaula. Siempre partiendo, siempre llegando. Sentada incómoda y derecha en el estante alto, el que nadie alcanza, junto a los libros de viejos monasterios y diarios de viaje con tapas de cuero.
   Sola, frente a tu mirada y a tu beso. Defendiendo los límites, intentando escapar y retornar sin heridas.
   Sola… con la boca cerrada. De pronto, tus manos colocan gaviotas en las mías, tus risas atardecen en mis labios y me recuerdan aquella luz y aquella presencia colmada de mensajes, y vuelo por fin hacia la altura donde la única distancia son los latidos. Puedo desprenderme del contorno de tu cara y la libertad es la elección entre las nubes altas y las despedidas cortas.
   Tengo alas, todas las tenemos… Entonces vuelvo, vuelvo a mí; a la loca y desordenada fuerza que me nombra. 

Teresa Benedosi-Cañuelas, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Agosto de 2012


                                                              Sortilegio




Todo adquiere recogimiento y ensoñación.


Una suave brisa perfuma de violetas
la tarde aquietada de sonidos.
Se silencian pensamientos
y las palabras se vacían de contenidos.
Reflejos azulinos en el cielo
aminoran sus brillos hacia oriente
ribeteando el horizonte de pinceladas bermejas.
El tiempo acelera sus latidos
y el ritual nocturno se adueña del paisaje.
Chispitas en el prende y apaga
de los bichitos de luz cual farolas en el parque.
Venus ya custodia el éter del oeste
mientras las estrellas en bambalinas        
se bañan en polvo de diamantes.  
Extraños lienzos aperlados avanzan
sembrando estelas luminosas en la oscura serenidad.


En lo alto de la noche la luna se hace eco de este hechizo.


Alba Bascou-Buenos Aires, Argentina/Agosto de 2012

LAS CIRCUNSTANCIAS
                                        SEGÚN GASSET.

                             “ Cuando uno enciende una lámpara, no la esconde ni la cubre, sino que la pone   
                              sobre el candelero para que los que entran vean la claridad.”
                                                                                                        Lucas 11, 41.

Él decía:me gusta que seas prejuiciosa. Me gustaa. Las mujeres como vos tienen misterio, y sonreía mientras grababa la conversación y la encajonaba en ese aparito del subdesarrollo que la repetía y al que llamaba lámpara de Aladino, para escuchar las palabras en sus momentos solitarios, clandestinamente , cuando ella no estaba  y él había partido recordándole , insistiéndole , rogándole ordenándole, imperándole su fragilidad de sirena y su firmeza de pirata en aguas extrañas. La mujer, primero escuchaba las frases con atención, y mientras las iba deglutiendo y saboreándolas se le perdían los ojos , vaya a saber en qué fantasías eróticas, o en qué confusión de ideas. Y se sentía desprendida de esa realidad que en segundos se esfumaba  y de la que quedaban sólo palabras impresas  en postales y cartas. Sólo palabras. Hermosísimas metáforas. Piénsame, ámame,  quiéreme, acompáñame, no me olvides, decía el hombre en sus efímeras visitas al subir al avión. Estoy solo. Te necesito. Eres mi aleph y yo soy el tuyo. Y la mujer sentía los vocablos gastados, sin brillo, deslucidos y las fuerzas se les resbalaban por el cuerpo además del azote de los imperativos.
Y un día, mientras sonreía memorando la verborragia de aquél y la importancia para los hombres de la significación de los prejuicios, la posesión, se acomodó blandamente, con ternura entre los brazos de otro hombre que le besaba el pelo y que con sus prejuicios y sin pedirle nada, se enloquecía de que ella no los tuviera. Con él.

Sol Baral-Provincia de Mendoza, Argentina/Agosto de 2012


LA BIFURCADA


Cuando ella le dijo que quería un tiempo, él estaba cocinando.
Dejó la cuchara de madera adentro de la olla donde se doraban inútilmente algunas cebollas y la siguió hasta el cuarto.
Sentada en la punta de la cama que habían compartido los últimos nueve años, prendió un cigarrillo, y se lo repitió. Necesitaba un tiempo para pensar si lo seguía queriendo.
Con la mirada clavada en ese cuerpo minúsculo y femenino que le decía lo que nunca imaginó que podía escuchar, tapándose el rostro con el delantal de cocinero que llevaba prolijamente puesto, empezó a llorar por primera vez en veinte años.
Ella le pidió que tomara la situación con madurez y racionalidad, que al fin y al cabo eran esas las mayores virtudes por las cuales habia estado tanto tiempo en pareja con él.
Acaso te quedarías conmigo por eso? Preguntó  angustiado con un hilo de voz.
Sino fuera porque estoy embarazada de Ernesto, tal vez.
A pocos metros crujían las cebollas en el aceite quemado, hasta que antes de abrir la puerta para marcharse, ella se acercó y apagó el fuego.


.

Yanina Audisio y Carlos Carioli/Agosto de 2012


CERCA (Cadáver exquisito)


Te veo arremangado de temblores, alzando la puntería hacia lo oculto, te veo escudriñando el punto próximo a mis venas para apuntarle y errar, para trazar la línea donde mi sombra tenga aún tu perfume, te veo y confío en la calma de tu locura, te veo fijo en mi mirada fija que te desafía a rendirte, a volcarte entero en la demanda de mi confianza no ciega, en mi confianza de mirada fija, te hago cerca de lastimarte

te hago cerca de lastimarte entre mis temblores desnudos, y temo errarle a tu zona oculta, quiero clavar mi perfume en la forma de tu cuerpo para ver esa sinuosidad que se huele, pero desafino en la calma de mi locura arrodillada frente a vos cerca de la pared, y te fijo desafinada a rendirte en el único ojo que cierro para verte más real, más babosa en la pared, más almeja desemejada, para hacerte un camino de clavaduras y así te hago cerca de lastimarte

te hago cerca de lastimarte cuando oficio la espera antes de sentir el filo de cada punta, antes de sentirlo, lo siento, definida en los bordes que configuran el territorio del cual no salirte mucho, solo un poco, tenés que poder rasgar apenas los contornos que son mi cuerpo, tenés que poder contar con mi confianza, cuando soy el ruido de tu nombre sin pronunciar, cuando soy el ruido a fuga de gas en mis oídos un segundo antes de acertar el yerro, te hago cerca de lastimarte

te hago cerca de lastimarte cuando suelto de mi mano algo de tu silueta en la pared y enclavo el perfume que me olés en el recuerdo, yo siempre tengo miedo de matarte, de desaparecerte, de hablarte tanto a cuchilladas que te escondas en esas cuevas de almejas y nunca salgas como lombriz, yo te enclavo en lo que digo sin saber y te huelo a distancia como lo que estoy perdiendo, siempre te hago cerca de lastimarte

te hago cerca de lastimarte en las manos que no pongo para cuidarme de lo que me arrojan tus manos, ofrecida entera al costado más afiebrado de tu miedo, al que busca arrepentirse sucesivamente de tener la muerte enlazada al deseo, el daño en la vaina perdida de todos los cuchillos que me lanzás, yo me voy quedando cada vez más quieta, cada vez más parte de la pared, cada vez más adorno de tu juego, y me olés donde casi me duelo, y me dolés en el desgarro que no se produce en las pestañas que separan las puntas de mi sangre, te hago cerca de lastimarte

te hago cerca de lastimarte en la silueta que ponés con las manos escondidas, te hago cerca de lastimarte porque no sé a qué apuntar en tu cuerpo, porque no sé qué resumir de vos entre clavaduras y escrituras, porque lanzo cuchillos para siluetarte y no pensarte ni escribirte sobre esa pared que te apoya y que te hace tan irreal como una almeja sin caparazón, yo lanzo partes de vos y te hago cerca de lastimarte

te hago cerca de lastimarte donde tenés miedo de matarme, miedo de que me asuste y me esconda, te hago cerca de lastimarte donde te miro fijo y desencadeno ese otro miedo, el que se retuerce en tu carne y no puede mostrarse, el miedo a que me hieras y no cese de exponerme a tus lanzamientos, si me quedo así ante vos para siempre, si me ofrezco en la línea de la mansedumbre para que me ultrajes con tu fuerza, para que ocultes tus pequeñas desapariciones en el error de los cuchillos, es porque nos une un vicio de la confianza donde dudás de vos y yo te confirmo así, así te hago cerca de lastimarte.-

Leonardo Apolo-Barcelona, España/Agosto de 2012

QUISIERA RECORDAR a los oyentes que les agradezco muy sinceramente
La oportunidad que me brindan para hablar sin tapujos del cadáver.
Yo no puedo hacerme responsable de esto sin tener otra alternativa:
No saben ustedes cuanto duele despertarse cada día sin despertar
Cuando los “hojos” fabrican el olvido en los devoradores párpados del sueño.

He pensado en lo que voy a decirles delante de una taza de café amargo,
Imaginándome el acartonado caballo de carrusel ensayando sus vaivenes de verano.
También he revisado todos los calibrados agujeros del negociado disparo
Mientras sostenía el entumecido corazón ensangrentado entre mis manos:
Pensemos en firmar sobre la vida que se ríe sobre sus amoratados labios.

“Si quieres la foto con mi beso tendrás que pagar por ello”, así rezaba el eslogan,
Y les doy fe de ello para que tengan la completa seguridad de que todo esto es cierto.
Si sobrevivió al funesto castigo de las solapadas y ultrajadas mareas
Fue arrinconando duras piedras de asfalto en la calidez de su hígado masacrado:
Bruscamente se precipitaron las olas ante el eternal y vano intento del Sísifo más humano.

Han de saber, que los frisos de los capiteles, ¿O los capiteles carecen de friso?
No saben del azul ni del blanco cuando se estampan contra la fabricada nieve.
El cadáver seguía yaciendo intacto, de esto no hay la menor duda después de examinarlo:
Mientras tanto  iremos a comer…
Y luego seguiremos sin más sobresaltos.

Fidel Alcántara Lévano-Moquegua, Perú/Agosto de 2012

EL AMOR ES PAZ DEL ALMA


Una gran mayoría de los pueblos que están en vías de desarrollo, centran sus actividades específicamente en obras civiles con el fin que la población tenga trabajo y así sea temporal, logren un ingreso que les permita subsistir con decoro por un buen tiempo. La vida se torna en una continua  rutina, trabajar, comer y dormir y todos los días ocurre lo mismo. Más la existencia terrenal va más allá de tan humanas necesidades. Son básicas acciones que de todas maneras deben realizarse, pero eso  no es todo. El ser  no es un robot que en memoria a su ambición forja un sendero por encima de quien sea, o una máquina de hacer dinero y esa es su máxima aspiración. Claro, hay quienes tienen un nimio derrotero ante las inmensas oportunidades de lograr las alturas de realización total. Más no es el fin, ni el objetivo principal.  Sus aspiraciones lideran sobre tan reducido horizonte impío. No está hecho para encasillarse en esa pequeña fuente de vanas mezquindades. Está diseñado para trascender en el tiempo y el espacio según su vocación, habilidades, o destrezas innatas. Por eso   es my importante que se sepa en toda su dimensión, las capacidades que tiene la persona y cuál es su rol sobre la faz de la tierra. Por supuesto que nadie ha venido a este mundo a sufrir, sino a disfrutar de todas las bondades  que nos da la tierra.  En virtud a ello, si ya se tiene muy claro el panorama adónde se quiere llegar, es muy importante que se alimente a la entraña en toda su dimensión estelar con la bondad de la natura. Esta fuerza interna no se engrandece con el oro, sino  con las cualidades del alma, convertidas en acciones buenas en bien del que menos tiene. De ahí que es muy necesario que en los pueblos se cultive el arte integral en todas sus manifestaciones, ya sea la declamación, el teatro, la instrumentación, el baile, las  danzas, el canto, etc. Es que son el medio más directo para despertar en el ser la ternura, la dulzura, la entrega, el emprendimiento, el desprendimiento  y alguna otra manifestación de sutil humanidad. Ahora si dentro de este conglomerado de manifestaciones artísticas, se la da cabida a la música clásica, ballet, recitales de guitarras, entre otros; en este caso estaríamos hablando de palabras mayores que propenden el bienestar general  a  través  de las expresiones de creatividad en la cual muchos son los llamados pero pocos los elegidos.  Si hay la ausencia de estos latidos culturales, el hombre es frío, calculador, egoísta, deshonesto  y  no es capaz de motivar el gran cambio en si mismo ni en su entorno. Por eso es que hay tanta gente que actúa de una manera  en la que no  hace eco a la posición que tiene. Su halo cultural no va de acuerdo con los grados y títulos  que ostenta. Hay una diferencia abismal que no concuerda con sus actitudes cuando en el fondo es una fiera enjaulada. Qué se podría decir de la  connotada eminencia que al primer error ajeno, pierde los papeles, grita, llama la atención, se pone como loco y no sabe que hacer. Según él, quiere todo perfecto. Lo que ocurre solamente que es falto de dominio personal y es muy propio del inepto. Más así se vista de oro, sigue siendo el energúmeno que a la primera mala impresión, se extravía, desvaría y queda como un desadaptado más.  Quien su mundo interior encierra negatividad, eso será lo que da a conocer. Más si alberga, ideales, sueños, metas, razones y habilidades, el umbral de la excelencia lo espera, Más ese sitial de abundancia no es fácil Se requiere de equipos y herramientas  para consolidar el paso a la eternidad.  Por eso, de la unidad equitativa y racional que  se posee, si hay concientización hacia los más eternos ideales con armonía y visión planetaria, se logra la felicidad que deviene del conocimiento. Si bien es cierto, que sembrar fierro y cimento da comodidad, el arte y la cultura es el alimento del espíritu



Delfina Acosta-Paraguay/Agosto de 2012


Versos que navegan


Travesía es el nombre del poemario de la prestigiosa escritora y poetisa paraguaya Gladys Carmagnola. El libro fue publicado por la Editorial Arandurá. Hay en los versos de la autora el recuerdo de un pasado lleno de travesuras compartidas con su hermano Carlucho. Con un lirismo elevado, Gladys emprende una larga como apasionante travesía, desnuda de mentiras, en este gran mar que se llama vida. Sabe que va contra la corriente, según se desprende de lo leído en sus versos, pero aún así, ella puede entrever un puerto, un sitio de llegada. Hay un fondo moral y espiritual permanente a lo largo de sus poemas. Y ese fondo es una llama que, a pesar de las adversidades del destino, todavía ilumina y enciende una esperanza.