sábado, 20 de septiembre de 2014

Laura Beatriz Chiesa-Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Septiembre de 2014

BATALLA

Hay baldosas cual damero
en el entrecerrado rincón
de la esperanza.
Torres, reina y alfiles
saltan y bailan
para ganar la carrera de la vida.
Mientras, la realidad de soslayo,
cruza el campo de batalla
dando el último asalto.


Ángel Catalano-Buenos Aires, Argentina/Septiembre de 2014

MI PEQUEÑA GOTITA DE ROCÍO

Mi pequeña gotita de rocío
Que llegaste porque sí  sin darnos cuenta.
Esa novia pequeñita y perfumada
La que tanto soñé en mi adolescencia.

En los cuencos de mis manos te abrigaste
Frágil dueña de un idioma delicioso,
De ternuras  de paciencias y de abrazos
En un juego sutil y silencioso.

Mi pequeña mariposa iluminada
Que creciste sin querer  sin darte  cuenta,
En aquellos jardines de la espera
Al compás que la brisa murmuraba,
Y cumpliste los sueños que guardabas
En tu limpia y feliz adolescencia.

Nos bebimos la miel en cada beso
Y era un rezo singular cada palabra,
Tú soñabas con capullos y misterios
Yo, con rosas y pichones para el alma.

Si tuviera la varita de los magos
Y pudiera señalarte los caminos,
Que hasta un bosque encantado te llevara
Sentiría haber cumplido mi destino.


Lina Caffarello-Buenos Aires, Argentina/Septiembre de 2014

OTOÑO 


A la vuelta del sol
distraemos almanaques,
crujimos sombras y perfumes,
redimimos coordenadas.

De pronto,
hoja   ráfaga   pisada,
se agitan bailes ocres.

          Giran síncopas al sesgo,
          giran entretonos y suspiros.

A despecho de Pitágoras,
el equinoccio
interpreta su propia sinfonía
y desciende
                      sobre la mitad del mundo.


Saúl Buk-Buenos Aires, Argentina/Septiembre de 2014



Soneto isabelino


¿Qué oda Señor, puedo hacerle
con todo mi amor al destino?
¿Qué oda?, en silencio, sin hablarle,
después de haber bebido el vino.

Me refiero, a oda con jota.
Tremendo problema es el mío.            
Luego de vaciar toda la bota,
me sentí  con fuerza y con brío.

Entregué todos mis besos a ella,
que siempre los creyó  verdaderos.
La más hermosa de todas, la bella,
y me ofreció  su cuerpo entero.

¡Qué oda, ni oda! En este caso,
la joda devino en embarazo.

Cristina Brito-Buenos Aires, Argentina/Septiembre de 2014

Matinal

El verde juega entre soplos tímidos
de la brisa alegre que recién despierta,
Se escapa y vuelve,
Se me aparece quizás,
retozando con su sorpresa de azahar
que me colma y me embelesa,
mientras acompaña mi regreso.

El azul impecable no parecía celoso
Ni se inquietó el camino con tanta luz;
Ella me acaricia y yo le sonrío,
Luz mañanera y cantarina,
Partida en cien pedacitos de espejo
Como en hilera silenciosa,
No se deja atrapar y es toda mía
Entera, diáfana, presente
Esperando mi saludo reverente
Antes de cerrar mi puerta.

Azul, verde, limonero,
Blanco que platea de nieve
Los bordes de los objetos,
Todo es brillante a mis ojos serenos,
Algo escondido se despereza
Y la fragancia lo invita
A cantar juntos el día.

Miriam Brandan-es argentina, reside en Estados Unidos/Septiembre de 2014

UNA MIRADA


Solo quiero que me mires,
solo quiero una mirada
que me haga soñar despierta 
 y que tiemble al recordarla.
Quiero una mirada tuya
que se quede aquí conmigo
y que me llene de ilusiones
cuando tú ya te hayas ido.
Quiero una mirada tibia
pero con rastros de fuego,
que me haga perder la razón
y que me quite el aliento.
Que me dure para siempre,
quiero  una mirada intensa
que sea solamente mía,
que sea solo yo su dueña.
Regálame una mirada
que me conduzca al delirio,
que anule mis pensamientos,
que enloquezca mis sentidos,
que me haga desear tenerte
 y soñar con verte otra vez,
que me emocione, estremezca,
que haga erizar mi piel.
Que sea una mirada hechizante,
eterna, que me haga volar,
que me lleve al infinito,
que sea azul, como el mar.
Cuando pases a mi lado
solo quiero una mirada
que deje a mi alma perdida
y para siempre…  enamorada.



Trinidad Aparicio-España/Septiembre de 2014

Una jornalera precoz


Apremiaba el tiempo para   cosechar las aceitunas y el tío Pepe el “Tremolores” por muchas noches que pasaba en vela, no encontraba salida para su preocupación y dolor de cabeza. Ese año no había brazos jóvenes para ir a replegar las olivas. De perderse la cosecha… ¡Cuán difícil sería la situación!
-Pepet,-dijo la tía Encarnación la “Royica”- ¿Por qué no lo intentas llevándote a   la  chica?
La chica en cuestión, era yo, una muñaca de nueve años y para colmo “niña de capital” refugiada en Chella en casa de mis abuelos. ¿Qué sabría yo en aquel entonces  de ir a replegar olivas?
Pero aprendí. El abuelo fue mi maestro: una aceituna entre pulgar e índice va   al centro de la mano hasta tener un “puñaico” que luego se tiraba  a un capazo, extender las mantas bajo la olivera, muñir las ramas más bajas, etcétera, etcétera.
Teníamos en aquel pedazo de secano además de las oliveras, dos algarrobos, dos almendros, dos higueras y unas pocas cepas de “uvica” negra.
 Para llegar a la cima de la sierra a primera hora del día,  debíamos de  levantarnos muy de madrugada ya que un largo camino teníamos    que recorrer hasta tanto no llegar a lo que antaño era el Garisot, hoy (El Sapo.)
Con el abuelo compartíamos la borrica: hasta tanto no clareaba el día, era yo quien caminaba pero cuando ya, otros grupos de personas nos daban alcance, la “Morica” cambiaba de pasajero. A mí me avergonzaba que me vieran tal como iba vestida. La abuela, con tal de que yo no pasara tanto frío me disfraza poco menos que de espantajo; pero igual no pudo evitar  que yo llegara a destino titiritando y con mis dientes  castañeando. Terminado el jornal y una vez desandado lo andado, yo solo quería comer e ir a dormir. Extrañaba horrores a mi mamá.
Así día tras día, ese año y otro año más, un anciano con su borrica y una “muñaca” de capital con el cabello hecho un estropajo rojo, lograron llevar a su debido tiempo las olivas a la Almazara.

Edith Amiero-Buenos Aires, Argentina/Septiembre de 2014

EL AMOR SEMBRADO

No sé qué rara alquimia me sostiene
Renovando la fuente de energía,
Poniendo notas claras en el alma
Y la espera de nuevas alegrías.
No sé si llegarán a realidades
Algunos sueños que siempre entretejo;
Pero la fe emula a la esperanza
Y la ilusión renueva sentimientos.
Aguardo días nuevos, en el tiempo,
Portadores de mágicos milagros,
Donde el amor me besará la frente
Y yo pondré  mi alma  entre sus manos.
Esa con fianza me alarga la vida
Y me remonta  de tiempos amargos;
Porque creo en el premio de los justos
Y en las raíces del amor sembrado