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| Foto de G.D.P. |
BUSCANDO FORMAS EN LAS NUBES
Siempre sueño con tirarme en el césped del Central Park, boca
arriba, olvidándome de la gente que pasa al lado mío con los altos vasos de
café de Subway, cuchicheando sobre si Trump va a ir preso o no; o de los que
corren sudando la gota gorda al estilo Dustin Hoffman en Maratón Man; o de los
aspirantes al infarto que leen el Financial Times sentados en un banco mientras
esperan que abra Wall Street. Definitivamente, sordo a todo.
Voy a tomarme un rato para hacer del sueño una realidad. Acá
estoy, cerca de la Gran Manzana pero muy lejos de Villa Crespo, mirando el
cielo que esta mañana es la cúpula celeste de los gringos y que se ha llenado
de nubes blancas.
Nubes que se dispersan al azar o arrastradas por una leve brisa.
Mi imaginación también se dispersa. ¡¡¡Y cómo!!!
Porque empiezo a notar que las nubes adquieren formas extrañas o
conocidas.
Quizás esté influenciado por las Pascuas, pero allí me parece ver
un conejo, lástima que no se derrita y empiece a caer lluvia de chocolate.
Más allá hay una lagarto gigante, como los que cruzan a veces las
carreteras, pero sin ese color verde oscuro ni con movimientos zigzagueantes.
Hay algunas que parecen venir con algo de amenaza de lluvia, pues
llevan manchones de grises y semejan un dragón amenazante.
Pero también las hay coquetas y sensuales, como chicas de Divito,
salvo que yo me esté volviendo un viejo verde.
El autor teatral Eugene Ionesco ha dicho: “la libertad de la
fantasía no es ninguna huida a la irrealidad; es creación y osadía” …
¿Por qué entonces no puedo yo, un simple observador de la
naturaleza, de ver figuras cuasi irreales en las nubes de esta hermosa tarde
neoyorquina y relatárselo a ustedes?