sábado, 23 de agosto de 2014

Marco Polero-Miramar, Provincia de Buenos Aires, Argentina/Agosto de 2014

REDES

Gisella, cómo todas las chicas, a los quince años, recibió el ciber-implante-conector-CCC1001, el dispositivo más avanzado de la comunicación interpersonal. La maniobra quirúrgica es sencilla: un nano-chip en la base de la lengua,  otro en el oído medio y el último en el seno frontal. Se realiza en quince minutos, sin dolor, en un consultorio médico. Ahora la joven puede hablar con sus amigas, verlas y escucharlas constantemente. Y también se comunicará con Daniel, ese hermoso adolescente, de diecisiete años, que la mira y la saluda, que le guiña un ojo de vez en cuando y que la tiene loca de amor.
—Hola, al fín te pusieron tu propio CCC1001— llamó el muchacho.
El implante se conecta a una red que provee música multidireccional alfomega-fónica, juegos en cuatro dimensiones y comunicación constante.
Gisella ingresó por la puerta neumática del tren bala. Entró a puro codazo y empuje, se abrió paso entre los otros pasajeros. Chocó con un muchacho y casi lo despatarra. El muchacho hablaba por su CCC1001.
—Es excitante ¿No?
—Yo tengo el implante desde el verano pasado ¿No te sentís distinta?
Todavía no lo probé en todos sus potenciales. Dicen que la música alfomegasónica es fabulosa y los juego, ah, los juegos…
—y podés hablar conmigo con solo desearlo.
Ella calló, nadie se dio cuenta del cambio de color en su cara. Estaba roja.
— ¿Y te gusta hablar conmigo?
—Me encanta. Me gustás— Se volvió a poner roja. De nuevo, nadie lo notó.
Ella venía de visitar a sus abuelos, de Necochea. El tren forma una intrincada tela de araña que estaciona en cada uno de los pueblos y finaliza en la central sur de Constitución, Viaja a una velocidad que varía entre 500 kilómetros por hora y dos Mach.
Así hablaron de bueyes perdidos, enhebrando sus palabras casuales con signos de seducción. Se encontraron hermosos. Jugaron el juego del amor eterno, el amor primero, que, dure lo que dure, siempre es para siempre.
Y el viaje llegó a su fin. La niña llegó a la estación Villa del Parque. Cortó un instante su charla. Se puso de pie, en el último asiento y bajó desde el vagón número doce por la puerta seis.
Y Daniel, en la Estación Villa del Parque. Cortó un instante su charla. Se puso de pie, en el último asiento y bajó del vagón número doce por la puerta seis.

3 comentarios:

Héctor Labonia dijo...

muy bueno y original

Anónimo dijo...

¡¡Muy buen cuento!!! ileana

Anónimo dijo...

Es un relato original, en el cual percibo una importante y saludable crítica, expresada en forma subliminal, a este avance desmedido y demoníaco de lo llamado Mundo Tecnológico.
Es para leerlo dos veces y pensar , sino nos están llevando a una trampa, de la cual no podamos retornar.
Gracias escritor Marcos.
Abel Espil