SED
Enséñame lo oculto de tus ojos
dale oxígeno a mi alma que se apaga
sin el aire que traes en la blusa
y la brisa que se mueve por tu cara.
Aquí estoy
ayunando de tu piel
invisible al sol de la mañana
curtido de la espera infame
de espaldas a los deseos insolentes
que revolean sobre mí en nuestra cama.
Sigo con la misma sed de siglos
aquella que tan bien conoces
esa que se adueña de tu boca
y recorre tus valles apetentes
para morir cada vez que te deshoja.

No hay comentarios:
Publicar un comentario