Uno a cero
Pero vos hermano, en este partido, jugá para vos. Pegale a la número 5, aunque la pifies, aunque patiés la tierra. Seguí insistí pegale con rabia con bronca con esa esperanza que te la retorcieron como a un trapo de piso… Mirá de frente a la verde gramilla, no tiembles contra las puteadas que bajan con sorna, concentrate en ese arco blanco rojo y blanco, en ese rectángulo de promesas que tenés que atravesar como a una prueba, en esa circunferencia que se queda quietita sola abajo y te dice: - Dale, entrame bien soy toda tuya, adonde quieras, voy. Y el cielo… este cielo terso y tenso que te mira y es testigo y cómplice y juez y nada.
Insistí, pegale a la de cuero, aunque salga chingada, vuele lejos describiendo una parábola extraña. Dale, metele… aunque le errés al arco y le aciertes al banderín del córner. Pegale con el corazón, con las tripas, con tu bendita sangre resignada. Fuerte seco al centro latigazo, llenate el botín con esa promesa de tres milímetros de espesor: ángel cruel y vagabundo ahogado en lágrimas siempre ajenas.
Porque un día… un día ya sin fuerzas de tanto machacar y machacar le vas a dar un viandazo de esos que ya no se ven, hecho con los últimos retazos de tu dignidad vencida y la vas a clavar en el ángulo…
Y ahí sí. Ahí sí hermano te van a alumbrar todos los soles juntos de la primavera. Arderá entero el eterno fuego en tus entrañas, trayendo los abrazos de todas las pieles que de verdad te amaron; y vas a ver que regresan una a una, las frescas ilusiones que te entibiaron el alma.
Dale, intentá intentá.
Que este viejo mundo necesita más como vos.

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