MISIVAS
Madre transcribe una carta
que no llegará a destino.
No es una más entre cientas.
Es la que, con letra temblorosa, le escribe
a quien -sobre la nieve yace-
como un pájaro, abatido en la penumbra.
Nadie la ve llorar ante su roble
y se dice: hijo,
la virgen te acompaña, te esperamos.
Y con la mirada perdida de quien mira lejos,
Escribe
Hijo, la muerte, el hambre, el frío.
Hay un andén de siempre
donde el tiempo es espera.
Cae la última hoja del parral
y esa mujer -mi madre.
torcaz de su patio,
gaviota y petrel en las lejanas islas,
lee
su carta que no ha enviado
y que, ahora, abrazo como a un fusil
bajo las frías lápidas de Darwin.

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