miércoles, 20 de mayo de 2026

Cristina Daneri-Argentina/Mayo 2026


 

LA LEYENDA DE PAPANAETSU

 

 

Papanaetsu  tenía el cabello macusculinamente largo como las crines de un sayo, como si él mismo fuera ese sayo, fuerte y deslumbrante; largo hasta la cadera.

Corría por la pampa húmeda montado en su caballo ocre, amarillo y negro y la felicidad que le daba esa liberación le hacía parecer más joven de lo que en era.

Tenía cuarenta años y su torso era como el desnudo de una estatua broncilínea de la vieja Grecia, aparecía como un sol en medio de la sequedad de las temporadas en que no llovía.

Corría detrás de Juana, la bella muchacha a quien amaba con la pasión de un potro endiablado.

 

De pronto llegó a un bosque  y vio que Juana estaba rodeada de hombres que tiraban de sus ropas, en el suelo  y que un cuchillo refulgía como el metal del que era.

Se le nubló la vista, manaba sangre por todas partes y se  oían carcajadas y llantos.

Papanaetsu se recompuso, sacó su facón y uno a uno fue matando a los hombres que allí se resarcían, los que luego se supo no habían llegado a abusar de su amada y las demás mujeres.

Él al ver correr la sangre se desvaneció, creyó que ella estaba muerta… ¡Tan confundido estaba!

Pero no… ¡ESTA VIVA, ESTA VIVA, ESTA VIVA…! grito con una alegría que le desplumaba el pecho.

Desde ese día se dio como lugar de sangre sagrada a ese paraje y las poblaciones dicen que existe un milagro por año.

Se ha comprobado que es cierto…

 

 

 

 

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