miércoles, 23 de mayo de 2012

Richard Debenedetti-Buenos Aires, Argentina/Mayo de 2012


Mirando a través de la vidriera
de  mi negocio, contemplaba un roble
que en primavera y hasta otoño
las hojas estaban verdes, muy verdes.
Luego más bonitas, rojas.
Y así año tras año se cumplía
el mismo ciclo, hojas verdes
hojas rojas, la caída de las mismas.
Las ramas, liberadas de todo pasado.
Pero noté que el árbol ya no era
el arbolito que un día fue plantado.
Las ramas estaban muy altas
más cerca del cielo.
El tronco más grueso y las raíces
más profundas para sostener
el cambio producido en el árbol.

Todos tenemos en nuestro interior
un árbol imaginario con muchas hojas
que ya deben ser desechadas
porque ocupan un espacio que impide
que nuevas hojas nazcan
y así poder crecer como el arbolito.
Pidamos al Señor que nos guíe
en este proceso de cambios
y nos de la sabiduría para reconocer
errores y forma de vida negativa
para nuestro diario vivir.

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