martes, 20 de enero de 2026

Mario Capasso-Argentina/ Enero 2026


 

Fragmento de EL ACAMPE, novela publicada por EDICIONES DIOTIMA. Se la puede conseguir en Cúspide, Yenny, y en muchas otras librerías de todo el país.-

 

 

Mientras tanto, antes de que se pudriera todo en serio, a fuerza de perseverancia y tesón, los dolores de muela impusieron su lógica de deterioro progresivo y así obtuvieron su período de auge entre los habitantes de la llanura. 

En efecto.

A medida que transcurrían los distintos plazos de vencimiento esos malhadados dolores se convirtieron, por arte de magia o por algún otro sortilegio afín a las encías y sus piorreas más consecuentes, en la expresión más representativa de un mal aliento tan vertiginoso como expulsado a los cuatro vientos, cuatro vientos que, dicho sea de paso raudo, cuando se ponían de acuerdo, se reunían a deliberar en las afueras del campamento, y ahí mismo por lo general acordaban, después de intercambiar algunos resoplidos, en ser más de cuatro y no cinco precisamente.

Para colmo de los flemones tan temidos, y ya volviendo al interior de las cavidades bucales afectadas por una sarta de dolores muy difíciles de soportar cerrando el pico, la pesquisa inicial concretada a deshoras confirmó, admitiendo un margen de error que osciló ente lo sacro y lo burdo, el nivel de inexistencia total de consultorios del ramo odontológico. Así como suena, sin ninguna obligación de recalcar lo dicho haciendo malabares con la boca.

Al poco tiempo de comenzados y expelidos los primeros gritos de auxilio, a modo de opinión generalizada se admitió que las caries se verificaban picadas en todo concepto y contaban con el pase habilitado para ir por más y mejor carroña, mientras los afectados y las afectadas carecían de chances de localizar un solo dentista vivo en la caravana y su zona de exclusión.

—Nos falló el cálculo de la duración del viaje.

—Ahí la pifiamos como párvulos recién salidos del noviciado, es cierto, parecía pan comido y al final nos atragantamos y acá estamos, con este estupor encima.

—Error fiero si los hay, lo nuestro es indefendible —dijo un tercero que se había ido arrimando como si lo convocara un fueguito reavivado durante una peña folclórica celebrada a mitad de una noche de invierno crudo hasta decir basta.

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