Me acuesto pensando en ti
y amanezco ardiendo.
Tu nombre baja por mi cuello
despacio
hasta instalarse en mi centro
como una llama que no se apaga.
Tu olor me invade.
Tu sabor me despierta la boca.
Mi lengua te recuerda
aunque no estés.
Quiero tu mano
sin prisa
descendiendo firme
reclamando territorio
hasta posarse entre mis muslos
como quien sabe
que ya fue elegido.
Mi respiración se rompe.
Mi espalda se arquea.
Mi centro late
hambriento
abierto
esperándote.
Contigo no es fantasía.
Es pulsación.
Es piel pidiendo más piel.
Es mi cuerpo llamando al tuyo
sin pudor
sin pausa.
Y cuando me imagino tu boca
recorriéndome lenta
precisa
sé que no quiero una parte.
Te quiero entero.
Encima.
Dentro de mi fuego.

No hay comentarios:
Publicar un comentario